martes, 31 de diciembre de 2013

Entre almas de hierro. XXIII

El alma se rompió en pedazos
buscando los fragmentos del bien,
la verdad perdió su dulzura,
la culpa oscureció los corazones,
la felicidad se convirtió
en sueño quimérico,
lejana utopía,
porque la adorable libertad
no era patrimonio de los hombres.

Cimas del Paraíso. LXXVII

En mi pecho hay una ola
gigantesca y agitada,
llegar ansía a la orilla,
a la arena de la playa,
quiere humillarse en la tierra,
convertirse en onda llana,
ofrendar su reverencia
a aquello que allí le aguarda
pues toda su voluntad,
su más descomunal ansia
es entregarse ella toda
a lo que la encrespa y alza
y rendir todo el aliento
a lo que la mueve y llama.
Apenas llegue esta ola
a meta tan añorada,
se me levantará otra
con un ansia renovada
pues la fuerza de mi anhelo
ni termina ni se apaga.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LXXVI

En tu rostro, rutila
la claridad de un amanecer,
tanta luz y majestad
conmueve mi hondura;
mi aliento reconoce en tus rasgos
su fundamento más llano
y su destino más excelso.

Cimas del Paraíso. LXXV

Paloma y aire juegan,
bailan, retozan,
nada embaraza en las alturas
su aliento de libertad,
el mediodía sonríe
con labios de primavera,
las nubes excelsas
no conocen la aflicción,
los campos llenos de flores
se bañan de luz serena;
he dado todo mi pecho
a una dulce golondrina.
 
De miel es la aurora,
el amanecer rebosa
de esperanza y alegría,
el rocío rutila
sobre las hojas de hierba,
las alas de los gorriones
llevan júbilo en las plumas,
el clamor de la vida
va de confín a confín
y la noche no lo detiene;
he dado todo mi pecho,
a una dulce golondrina.
 
Negro océano de estrellas,
en la madrugada eterna,
brisa de perfumes leves,
la luna es un blanco velero,
las enigmáticas sombras,
sosegadas, se sumergen
en el valle de los sueños,
ríe el firmamento entero,
el regazo de la tierra
está preñado de gozo;
he dado todo mi pecho,
a una dulce golondrina.

Entre almas de hierro. XXII

Si ser débil era una culpa,
si los errores merecían la ira,
si el fracasado debía avergonzarse,
si un corazón orgulloso
no encontraba jamás el instante 
para ceder a la fragilidad,
¿qué era el mundo
sino un reino infernal
donde se torturaba las almas?

Entre almas de hierro. XXI

El amor era el triunfo del fuerte,
arrogancia y ostentación,
el amor no era para las almas libres,
ni para los hombres con corazón,
solo podían amar
los pechos crueles.

Entre almas de hierro. XX

Tenía el alma abierta a la belleza,
al conocimiento, a la vida,
al renacer de la primavera, 
al placer, a la libertad infinita
pero, tras cada pecho, encontraba
un espíritu impasible,
una barrera de indolencia,
la amarga punzada de la indiferencia. 

domingo, 29 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LXXIV

Donde no alumbra la luz
de las explicaciones,
donde lo que ven los ojos
desaparece y se olvida,
donde la felicidad no es
patrimonio del prejuicio,
allí nos lleva nuestro amor.
 
Donde la crueldad no tiene
refugio donde esconderse,
donde la trivialidad no existe,
ni el frío, ni el vacío,
donde la ternura ampara
la desazón de nuestras almas,
allí nos lleva nuestro amor.
 
El corazón nos transporta,
como en alas de mariposa,
fuera de este mundo triste,
evidente y razonable;
donde los locos aún pueden
sentir hondo su esperanza,
allí nos lleva nuestro amor.
 
Trenzándonos nuestros dedos,
rozándonos nuestros rostros
con el corazón de la infancia,
paso a paso recorremos
los senderos de la libertad;
donde el júbilo se hace eterno,
allí nos lleva nuestro amor.
 
La miel de nuestras bocas
se derrama en nuestros besos,
nuestro pecho se remansa
y, olvidándonos del mundo,
nos escapamos al cielo;
donde la vida desborda,
allí nos lleva nuestro amor.

Entre almas de hierro. XIX

Y, cuando mi pecho encontró
un remanso de armonía
en medio de la más opaca oscuridad
y se abrió
a toda la desolación que lo abrumaba
mientras contemplaba 
el vacío que se extendía
hasta donde alcanzaba a ver,
las lágrimas
manaron irreprimibles de mis ojos
y hondos sollozos
me estremecieron el aliento.

Cimas del Paraíso. LXXIII

Honda debilidad
palpita en mi corazón,
prisionero es, eterno,
del dolor y la flaqueza.
Soy alma expoliada
a la que atormenta el frío
y el vacío desalentador. 
Tengo herido el ser,
alcanzado por la saeta
del desánimo enervante.
Vagos temores me inquietan 
en este camino de soledad,
mi pecho siente la angustia
como el de un niño perdido.
Enferma tengo la entraña,
víctima de la fragilidad,
mis fuerzas siento atenuadas,
mi voluntad vacila,
no soy roca poderosa
sino impotente mariposa.
Ansío la felicidad
y junto a ti brilla, inmenso,
un sol de la esperanza;
poco valgo, poco alcanzo,
poco pueden mis pobres manos,
mis pasos son torpes y desolados
cuando avanzan solitarios,
pero tú le das la fortaleza
a la llama que me anima,
tú vuelves de acero
la fe que empuja mis venas
y haces realidad para mí
este mundo que nos explica.

Cimas del Paraíso. LXXII

Mi corazón desborda de placer
sabiéndote tan traviesa,
tan llena de juegos,
tan inocentemente perversa,
tan despejada, tan alegre,
tan orgullosa, tan libre,
tan bonita, tan graciosa;
mi corazón desborda de gozo
porque eres grata a mi espíritu
y colmas sus ambiciones.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Entre almas de hierro. XVIII

El instinto de ser estaba corrompido;
la culpa cautivaba
en lugar de liberar,
no había puertas abiertas
para el alma vacilante;
más allá de la tibieza de los otros
se extendía un sombrío vacío,
los hombres vegetaban exangües
como animales encarcelados.

Entre almas de hierro. XVII

La razón sofocaba toda esperanza,
los pechos, tibios y mezquinos, 
se obcecaban en la crueldad;
no había caminos para el alma,
ni siquiera se la dejaba existir.

Entre almas de hierro. XVI

Todo estaba permitido,
menos la felicidad;
nada se prohibía,
todo se podía hacer,
menos lo que pedía el corazón. 

Entre almas de hierro. XV

¿Qué tiene de malo ser humano?
¿Por qué hay que ocultarlo?
¿Para qué huir de lo que somos
sin descanso,
hasta la desolación?
¿Por qué piensan
que es más feliz el mundo
si no lo habitan hombres?

Entre almas de hierro. XIV

Demostrar fragilidad te hacía
abominable para los demás
pero lograr la excelencia
no daba derecho a casi nada. 

viernes, 27 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LXXI

Hay misterios que la razón
apenas logra desentrañar,
desafiantes y elusivos
ante el poderoso entendimiento;
incansables, los hombres
indagan en su enigma
porque el instinto les lleva
a aborrecer el fracaso 
de sus afanosas mentes;
tú eres el hondo secreto
que me empeño en explorar;
no me duele mi derrota
ante tu persistente bruma,
con los días va aumentando
tu oscuridad y mi asombro
mas cuanto menos comprendo
más encumbrada es mi dicha;
sin cesar aborda mi alma
tu irreductible incógnita
mi ansia viva es averiguarte,
conocerte, desvelarte,
mas cuanto menos te penetro
más excelsa es mi felicidad.

Cimas del Paraíso. LXX

Supongo, dulce niña,
que la dignidad humana
nos obliga a compadecer
las mayores vilezas de los hombres
y las mujeres,
incluso la traición y la hipocresía
aunque el alma que las perpetra
esté lejos de cualquier padecimiento;
supongo que hay que respetar
incluso al hombre taimado y falso
aunque él no respete nada
y mi respeto solo sirva a su jactancia;
pues bien, amada niña,
compadezco y respeto
a las almas corrompidas
por la sucia mentira
pero no las amo,
solo puedo amar la verdad
del corazón desnudo,
por eso tu aliento ha llegado
a la hondura de mi entraña,
tu pecho es franco y sencillo, 
libre y orgulloso,
y mi ansia más imperiosa
es sentirte a mi lado.

Entre almas de hierro. XIII

El infinito tenía
marca de fábrica,
la libertad moría
entre silogismos y demostraciones;
los dueños de mi aliento,
grotescamente sarcásticos,
se nutrían de mi humillación,
de mi horror y mi culpa;
la esperanza cayó en el destierro,
hasta el último confín, el mundo fue
sombrío reino de los muertos.

Cimas del Paraíso. LXIX

La costumbre erosiona
y cubre de niebla
los colores de la vida;
duerme el corazón sin saber
cuanto ama, cuánto adora,
cuánto necesita al otro,
qué poco vale este mundo
sin su dorada presencia;
la costumbre es un prestamista gris
al que retribuimos
con nuestra infelicidad;
que no se vaya este amor
de nuestro pecho
por el placer de una mecedora,
que no se extinga en nuestras venas
esta dicha
por una caricia obligada,
que no embote nuestro instinto
la servidumbre a las cosas.

Entre almas de hierro. XII

Los niños molestaban;
no había nada más insignificante,
con sus pantalones cortos,
con sus caprichos y fantasías;
su cabeza no estaba desarrollada,
no podían brotar de ella
más que necedades y gracias,
no había que escucharlos,
estaban para aprender
y no para enseñar.
¡Qué poca cosa era un niño!
Ni siquiera era necesaria
su felicidad,
solo la obediencia;
podía ser muy útil,
estaba para ser usado,
para eso lo criaban.
Pero un niño molestaba mucho,
que hablara en público
era una terrible bajeza,
los niños eran bobos,
una vergüenza para los padres.
No había nada más insufrible
solo podían esperarse de ellos
torpezas e iniquidades,
no valían nada,
eran un escándalo,
una maldición, un tormento,
una carga insoportable.
Era preciso que pesara una gran culpa
sobre sus pequeños corazones.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Entre almas de hierro. XI

Despreciable fantoche,
insignificante y grotesco,
inútil e insustancial,
vergonzoso dechado
de estupidez e impotencia,
el fracaso es mi elemento
y la soledad forzosa,
nada valgo,
no merezco
ni siquiera una mirada.

Entre almas de hierro. X

¿Qué baja sustancia
conforma a los hombres,
qué sucio telar de inmundicias
teje sus almas
para que abrume mi frente 
el tormento de la culpa?
¿Por qué siento esta aversión,
por qué detesto a mis semejantes,
por qué mis venas no encuentran
placer en su regazo?
¡Cuánto desprecio brota
de mi amarga mezquindad!
¡Qué desolador derroche
expulsar del corazón
la fe en los otros!

Cimas del Paraíso. LXVIII

Eres tierra húmeda,
palpitación viva,
raíz hundida en el mundo; 
no eres maquinación de mi frente,
sombra de un sueño fugaz,
adoración y entrega a sí mismo
del que solo ama una idea;
mi ansia es proteger
el corazón de tu fundamento.

Cimas del Paraíso. LXVII

El mundo es gris,
la monotonía es dueña de los días,
los corazones duermen,
la arrogancia llena de aspereza
los pechos cobardes,
escasa es la luz que entra en el alma
en los caminos de la vida,
casi no se halla felicidad
bajo las excelsas nubes,
ni siquiera los pájaros escapan
al tedio y al dolor;
pero el roce de tu ser,
tan fascinante, tan dulce,
tan admirable y bello,
lleva a mis entrañas la emoción
de los goces del Paraíso;
nada me falta a tu lado,
a tu lado no añoro
un mundo mejor que este;
no cambiaría tu mirada
por la eterna bienaventuranza,
toda la dicha que cabe en mis venas
la trae tu luminosa presencia;
solo por ti florecen las rosas,
solo por ti estalla el amanecer.


miércoles, 25 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LXVI

Me encuentro contigo
en el fondo de mi desolación,
en el extremo de mi culpa,
en el corazón de mi desesperanza,
en la raíz de mi soledad;
me atraviesas como una lanza,
eres dueña de mi hondura.

Entre almas de hierro. IX

Hay un olor a descuartizamiento
en las bocas de los hombres
con ira mastican culpas,
sus dientes las aplastan y trituran,
sus lenguas las hacen bailar,
sus manos las enredan con afán agónico,
su cuerpo se retuerce,
desdeñoso del mal,
del mal de los otros,
del abominable mal que infesta el mundo;
un abismo se abre
en los pechos escandalizados,
palabras de tormento que descalabran
la dignidad del impuro,
violencia y rencor,
con la máscara del justo,
inocencia de aspavientos,
candidez hozando en la perversidad;
hay un olor a descuartizamiento
en las bocas de los hombres,
nunca hay sosiego en las bocas,
cabalgan hacia la desolación,
en su saliva agoniza
la última esperanza.

Cimas del Paraíso. LXV

Somos dos extraños,
lejanos y diferentes,
casi estábamos destinados
a no conocernos jamás
y, sin embargo, nuestras almas 
buscan la una en la otra
el secreto de su propia esencia
como el lucero del alba
y la perla del rocío. 

Cimas del Paraíso. LXIV

Eres colosal aurora 
donde brillan amapolas,
brisa suave y apacible 
que se desliza entre las ramas,
lago de mansedumbre,
flor del arcoíris tras la tempestad,
arroyo tranquilo deslizándose claro
entre orillas solitarias,
prado inmenso colmado de mariposas,
que cautivan la mirada
como en una alucinación;
eres noche serena de estío,
firmamento infinito,
luna que danza en el cielo
entre sus perlas de luz,
viento tibio, cantar de grillos,
oscuridad familiar;
eres puerto añorado,
término de mis tribulaciones,
descanso y reposo del alma,
remanso de armonía,
plenitud sosegada,
sol en su cima, regio y eterno,
mediodía de mi ser.

Cimas del Paraíso. LXIII

Eres lo que más me importa;
me da igual que desaparezca
mi armonía interior
mi equilibrio emocional,
mi fortaleza, mi ánimo,
mi autoestima, mi felicidad,
mi calma, mi serenidad,
los avances que mi karma haya hecho
en los cien mil años anteriores,
mi talento y, con él,
mis poemas, mis cuentos
y todas las novelas que me quedan por escribir,
que se vayan al cuerno
mis pensamientos positivos,
la buena gestión de mis emociones,
la paz interior y las agradables sensaciones
de la vida en soledad,
no me importa perder la sintonía
y la voluntad de encuentro
con el resto de mis semejantes,
rómpase como un juguete frágil
mi reconocida bondad y generosidad,
váyase al diablo mi juicio
y transfórmeme en el loco
más bobo del psiquiátrico...
poco me importa
lo que le ocurra a mi pobre alma,
ya estoy acostumbrado
a sentirme idiota,
no sería un cambio muy notable,
no es por mí que te necesito,
no es por mí que te quiero tanto,
no es por mí que no sé vivir sin ti,
no es por mi provecho que cultivo este amor,
es por ti,
porque anhelo
más que cualquier otra cosa en el mundo
que tu corazón desborde de luz.

martes, 24 de diciembre de 2013

Entre almas de hierro. VIII

Buscaba esperanza, luz,
dulzura, libertad,
caminos para el ser
expeditos e inmensos
y hallé cautivo el infinito
y el vacío vistiendo las almas;
ríos de crueldad llevaba
el aliento de los otros,
no había refugio
para mi desazón abismal;
el mundo era un erial,
su tráfago solo traía
desaliento y horror.

Entre almas de hierro. VII

Las almas,
impasibles y desidiosas,
hocicaban en los lodazales
de la censura y el escarnio,
único entusiasmo que permitía
su código de la indolencia; 
había caducado en los pechos
el plazo de los afanes;
un frío adusto y mezquino
silenciaba los corazones;
toda voluntad de ser
se desvanecía en lo hondo,
estrangulada por la cobardía,
denostada por la crueldad;
la esperanza era indecente,
la ilusión, puerilidad 
y el bien, una vieja falacia.

Cimas del Paraíso. LXII

Canta, niña, con tu voz de perla,
contágiame
la felicidad de tu corazón,
canta, lucero del rocío,
tráeme a mis entrañas
un amanecer de rosas rojas,
canta con tu inocente gracia
en tanto que, entretenida,
trabajas sobre tu mesa
rutilantes de alegría y sueños
tus dulcísimos ojos;
la dicha de escucharte
y saberte así de contenta 
llevará raudales de luz
a lo más hondo de mis adentros.


Entre almas de hierro. VI

La belleza estaba secuestrada,
solo era libre el interés;
la esperanza era un brote marchito;
había una lógica aceptable
en la mezquindad más profunda, 
era como la inevitable cualidad
del hombre sin ataduras.
La existencia era un tráfago gris
con lo pequeño y comprensible,
nunca lo suficientemente noble,
nunca liberada del todo
de la transigencia de los otros. 

Entre almas de hierro. V

Hay una bondad de piedra,
una bondad arrogante,
arbitraria, obcecada,
intransigente y sombría,
una bondad segregada
que exilia del corazón
la paz y la esperanza;
almas sórdidas la empuñan
como un arma de ira
para esparcir por el mundo
su angustiada desazón.


lunes, 23 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LXI

En los innumerables días
que mi vida ha atravesado
el mundo se ha abierto a mí
como opulenta granada,
sazonada y rebosante;
muchas almas me he topado
en mi errante travesía,
 muchos placeres y horrores,
amarguras y seducciones
pero nada poseía
el sabor de tu presencia,
la delicia de tu perfume;
el mundo se ha desplegado
como una flor ante mis sentidos,
a todo puedo renunciar
salvo al calor de tu pecho;
todo mi corazón es tuyo,
todo mi ser te pertenece,
he nacido solo para ti.

Entre almas de hierro. IV

No descansa el corazón
del hombre gris;
su amor es
para una vejez digna,
su caridad, para el cielo,
su trabajo,
para no perder la honra,
sus palabras, para fingir,
sus ojos, para espiar;
el hombre gris
no conoce la esperanza,
los otros no tienen aposento 
en su pecho reseco.

Entre almas de hierro III

Hay almas adheridas al dinero,
almas manchadas de dinero
que no levantan sus ojos
al sol ni al viento,
a la primavera ni al arco iris,
que se inclinan hacia el dinero
grave y concienzudamente,
que lo miman y lo cuentan,
que lo sirven y cultivan;
hay almas esclavas del dinero,
agonizando en sus billetes,
en sus duros y sus céntimos,
susurrando cuentas día y noche
con la voz de su corazón;
no hay belleza para estas almas,
no hay flores ni estrellas,
tan solo dinero, susurrante dinero,
beneficios susurrantes,
dinero año tras año,
dinero amigo, dinero querido.

Entre almas de hierro. II

No se puede ser,
sentir está mal visto,
escóndete,
que no te vean,
que no te huelan,
eres pecado,
eres abyección,
esconde tu corazón,
mata tu alma,
regocíjate en la mezquindad, 
fíngete cobarde y humilde,
siembra desesperanza,
no creas en nada,
tu reino no está en este mundo.

Cimas del Paraíso. LX

Quiero envolverte en mi cuerpo
y rodearte con mi alma,
quiero abarcarte,
cubrirte, protegerte;
eres más bajita que yo,
más joven, más tierna,
más bonita, más graciosa,
más niña, más blanquita,
más delicada, más suavecita,
más buena, más tranquila;
quiero estrecharte contra mí 
con diez acogedores brazos,
quiero ser una madeja
y encerrarte en mi ovillo,
quiero hacerte redondita 
y apretarte contra mi pecho;
eres el ser que más amo,
la dulzura de mis entrañas,
la preciosa prenda de mi corazón; 
eres una blanca perla,
un tesoro, un pajarito,
una joya, una cosita,
quiero agarrarte,
cargarte, sostenerte,
meterte en mí, rellenarme de ti,
contenerte, envasarte,
acunarte, levantarte,
constreñirte, engullirte,
transportarte, amarte,
porque eres lo más chiquito,
lo más salado y cándido,
lo más lindo y delicioso
que han visto jamás mis ojos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Entre almas de hierro. I

Al mundo no se llega
para ser sojuzgado,
para inclinar la dignidad
ante el estrado arrogante
del dueño de los miedos;
no se llega al mundo
para sufrir el escarnio,
los reproches, las demandas
de los amos de la verdad y la vida,
para vivir sin esperanza
y ver morir la libertad
en cada esquina del alma.
Batientes de hielo
rompieron mi aliento,
asfixiaron mi corazón
apenas comenzado
el sendero de la infancia
como si mi fin fuera
ser piedra en la Tierra.

Cimas del Paraíso. LIX

Mi corazón no tiene coraje
para escribir
mejores poemas,
mi corazón no quiere,
mi corazón detesta escribir
mejores poemas;
mis versos beben de mi pecho,
son parte de mi vida y de mi alma,
si los cambiara, me negarían,
me angustia, me aflige escribir
mejores poemas;
no tienen los hombres
que buscar la perfección
sino la verdad de su entraña
que los hace únicos,
correr tras la vida que escapa,
sentir en su sangre
la libertad y el amor,
deploro, soy incapaz de escribir
mejores poemas;
solo quiero vivirte, amarte,
contemplar tu belleza pura
y expresarla con el alma
más que con las palabras,
solo quiero que por mis venas fluya
el fuego vivo
de la verdad del hombre,
me mata, me desespera,
me perturba en lo más hondo escribir
mejores poemas.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LVIII

Mi corazón no va a morir
envenenado por el desencanto,
no depondré mi esperanza,
seguiré creyendo en el instinto,
en la verdad, en el Hombre,
seguiré amándote
con la pureza de los niños,
seguiré sumergiendo el alma
en este manantial de felicidad
que me trae tu ternura;
no va a morir mi corazón
desengañado del bien,
cediendo a la seducción
de la corrupción y el cinismo;
no ganará mi plaza
la indolencia de este tiempo,
no se apagará en mi pecho  
la llama del amor y la inocencia;
no morirá mi corazón
porque el tuyo no ha muerto
y mi júbilo es amarte
con una bondad desnuda
y ofrendarte un aliento
despojado de iniquidad.

Cimas del Paraíso. LVII

¿Cuánto me quieres, niña?
¿Palpita tu corazón por mí
con la fuerza de un volcán
o está tranquilo y casi indolente
como las olas de la mar calmada?

¿Cuánto me quieres, niña?
¿Te traspasa la felicidad
como una espada de miel
o duerme tu corazón hermoso
ajeno a la tempestad?

¿Cuánto me quieres, niña?
¿Me cubrirías de besos,
me abrazarías llorando
o solo me ofrendarías
suaves y tiernas caricias?

Eres el ángel más bello,
la rosa más llena de luz,
la más cálida y dulce estrella;
la más pequeña chispa de tu afecto
prende en mi espíritu
un incendio de esperanza.

Mi hogar

No me apreses, no me encierres
en tu cárcel de las cosas;
mi hogar no está
entre estas tediosas paredes
en las que crees con tanta firmeza
sino en el regazo de ilusión 
de mi corazón herido.
No me pidas que me postre
ante tus dioses de lodo
porque mi aliento es posada 
del espíritu de la libertad.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. LVI

Tu ausencia inquieta mis venas  
y me hiere el pecho
como una espada de hielo;
el temor debilita mi aliento,
se me va la vida
cuando estás lejos,
soy frágil, miserable,
no tengo fuerzas para la soledad,
no quiero la felicidad
fuera de tu regazo;
mi corazón no es una roca
amasada en pensamientos,
trastero de trivialidades,
entregado al entretenimiento,
no quiero pasar el tiempo,
no quiero dormitar
entre cáscaras de la vida,
solo para amar quiero el mundo,
solo para quererte y entregarme a ti.

Cimas del Paraíso. LV

El pétreo corazón de una montaña,
el ciclo de las noches y los días,
la consistencia de lo real
en su más ínfima conformación,
las llamas inmortales de una estrella
o el alma déspota del tiempo
son más frágiles,
más inciertas,
más inseguras,
que el lazo eterno que nos une;
todo declina, todo se corrompe,
todo se descompone y extingue
como el vaho de una aparición
pero nuestras alas nunca dejarán
de rozarse sobre el viento
porque el aliento puro
de la amable libertad
nos ha entregado al amor.

Cimas del Paraíso. LIV

Nunca dejaré a la rutina
apoderarse de nosotros;
quizá nos casemos
y vivamos juntos
y los prosaicos niños 
invadan nuestra casa
amenazando nuestra ternura,
quizá el paso del tiempo
debilite en mis sentidos 
tu rostro, tu voz, tus fragancias,
tus besos, tus abrazos,
quizá los años apaguen
el brillo de tu belleza
y arrebaten su terso candor
a tu rostro de niña,
pero yo te amaré más cada día
renovando tu conquista
cada nuevo amanecer,
mis poemas te estremecerán
como la epifanía de un dios,
mis besos serán entregados
como el primero que te diera,
en tus ojos buscaré
cada vez que te mire
la tabla de mi salvación
en la tempestad de mi afecto;
nunca dejaré a la rutina
apoderarse de nosotros
porque nada me importa más en la vida
que servirte y amarte.

Cimas del Paraíso. LIII

Mi corazón no es justo,
solo se abre a la belleza,
discrimina lo corriente,
no transige con la desproporción,
no ama las contingencias,
solo el obrar de la lógica,
solo la acariciante claridad;
mi corazón tal vez no ama
a quien le exige su calor
como un derecho moral
o ley de urbanidad;
no tengo pretexto
como quien quiere por obligación
para ordenar que me amen;
mi amor por ti
no me lo inspira el catecismo, 
ni mi ideología política,
pero no lo puedo arrancar
de este alma que te adora,
es una llaga tan honda
que alcanza mis fundamentos,
las ansias mismas de mi niñez;
si tú no me amaras
de la manera en que lo haces,
no tendría excusa
para llamarte perezosa
o mala persona,
tampoco me serviría de nada
repasar el código civil
o hablar con el alcalde de mi pueblo;
ningún fuero garantiza
la dicha que colma mis venas,
es mi delito,
mi ilegalidad,
mi pecado, mi hurto,
mi estafa;
por esta felicidad, quizá merezca
que me arreste la policía.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Inútil

La belleza es inútil
y la ternura, la bondad,
el valor, la honradez,
la constancia, la sabiduría,
la transigencia, el esfuerzo,
la desnudez de corazón,
es inútil la entrega,
la generosidad, el esfuerzo,
la esperanza, la claridad,
la verdad, el rigor,
el esplendor, la perfección,
la música, la amenidad,
es inútil la energía,
la grandeza, la inmensidad,
el consuelo, la ilusión,
la gracia, la hondura,
la habilidad, el ingenio,
la paciencia, la elegancia,
no vale nada aspirar a lo sublime,
creer en la humanidad,
luchar por la felicidad,
clamar por lo que hay de noble
en nuestras perezosas almas,
todo muere confundido
en el lodazal de lo indiferente,
todo se lo lleva el río,
todo se pierde en el mar,
no importa, no preocupa,
lo mismo da,
ya no es difícil ser hombre
porque ser hombre ya no es nada.

Cimas del Paraíso. LII

Llena de ondas mi cuerpo,
lleva el océano a mi sangre, 
trae a mis nervios la armonía
con que me canta tu piel,
roza mi entraña
con tus peces y tus algas,
sumérgeme en tu piélago;
llena de ondas mi cuerpo,
riega de perlas mi pecho,
hazme de olas y sal,
hazme de viento y cristal,
hazme agua de tu agua,
 valle de tus crestas,
cresta de tus valles;
llena de ondas mi cuerpo,
cálmame la sed de tu infinito,
sáciame con tu vastedad,
llévame a orillas de remanso,
remueve mi aliento líquido,
agítame, contúrbame, derríteme,
que mi mar se desborde.

Cimas del Paraíso. LI

Tu camino no está desierto,
no es sombra y nada, 
ni niebla, ni herida viva,
yo estoy a tu lado, amada,
aunque tus ojos no saben verme;
que no estremezca tu pecho
el dolor de la desesperanza,
que no ahoguen tu aliento
las lágrimas negras de la soledad,
que no te agobie y derribe
la tristeza recóndita y fría
de los que no hallan la vida, 
yo estoy a tu lado, amada,
aunque tus ojos no saben verme;
nuestro sendero no es
la cicatriz que en la Tierra hacen
nuestros pasos vacíos
sino la estela de luz que surcamos juntos
entre las piadosas estrellas.

Cimas del Paraíso. L

No, alma de mis venas,
no arruinaré nunca
la inocencia de esta pasión 
convirtiendo el placer
en motivo de jactancia.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XLIX

Quisiera acunarte en mis brazos,
besar tu sien cuando cerraras los ojos
y dejar que reclinaras tu cabeza en mi pecho;
te apretaría contra mí
deseando que soñaras conmigo
y con la primavera en el campo
y, cuando dieras esos suspiritos que das
cuando te quedas dormida,
sentir el ritmo de tu respiración en mi cuerpo
y entregarme al gozo de tenerte conmigo
después de tanto tiempo
de lejanía y ausencias.


Cimas del Paraíso. XLVIII

¡Pero, niña...!
Vacía tu corazón del temor
de que yo no te ame cuanto precisas,
libera tu pecho de toda angustia
que te mane de esa duda;
déjame decirte, mi bien,
que te tengo dentro
como una herida profunda,
que tu ternura puebla mis venas,
que me dueles con tanta dulzura
que me desbordas el alma;
no me permito contigo
el más ligero desdén
porque eres mi prenda amada,
la niña de mis entrañas,
lo más bonito que tengo,
mi blanquísima perlita,
mi lucerito brillante.

martes, 17 de diciembre de 2013

¡Aléjate, insatisfacción!

¡Aléjate, insatisfacción,
aléjate y no vuelvas!
¿Por qué atormentas mi aliento
con tu corte de exigencias?
¿Por qué confundes mi frente
y abates mi corazón
pidiéndome siempre más
con obcecación delirante?
¡Aléjate, insatisfacción,
despeja mi camino!
Déjame vivir la alegría
de los días del mundo,
deja que me colme la esperanza
y el júbilo impulse mis pasos;
tu injusticia me subleva,
tu estupidez me cansa,
no necesito más cosas
de las que me da la suerte,
necesito que te hundas
en tu mismo oscuro pozo,
que tu voracidad encuentre
el veneno que te mate,
que el tiempo te haga cenizas
con las brasas que remueves.

Cosas

Lleno está el mundo de cosas,
es un baúl tan henchido
que se pierde el pensamiento
mirando su contenido;
tiene animales y plantas,
mares, montañas y ríos;
tiene desiertos, ciudades,
lluvias, ocaso y rocío;
tiene caminos de asfalto,
coches que lanzan pitidos
por la impaciencia del hombre
que conduce enfurecido;
tiene leyes generales,
normas, efectos, motivos,
tiene mil preocupaciones,
obligaciones y pleitos;
tiene colegios de pago,
juguetes para los niños,
instrumentos musicales
y una montaña de libros;
tiene normas de conducta
y rigores eruditos,
tiene hombres que dominan
con espíritu sombrío
y hombres que no tienen nada,
desterrados y cautivos;
muchas cosas tiene el mundo
su número es infinito,
el pensamiento se pierde
en tan hondo laberinto
y el corazón se adormece
y olvida todo su instinto;
las cosas matan la vida
y destruyen el destino
si las personas no aciertan
a recordar su sentido.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XLVII


Nuestro tiempo es esclavo
de las explicaciones,
el mundo evoluciona
arrimado a las causas
prisionero de la necesidad,
pero yo no puedo explicarte
ni puedo explicar este sentimiento,
mi frente se extravía
perdida en lo inefable y deslumbrante,
contemplándote en el umbral
de lo ignoto y lo sublime;
no encuentro tus razones,
no sé argumentarte,
me desbordas,
escapas a las redes
de mi inquieto pensamiento,
no me puedo apropiar
de la realidad que te encierra,
permaneces libre, pura,
asombrándome con tu belleza inmanente,
para la que todo mi corazón es poco.
El mundo idolatra
la claridad de las causas,
sacrifica la vida
a cambio de buenas razones
pero mi alma rebosa de júbilo
porque no soy capaz
de reducirte a motivos.

Cimas del Paraíso. XLVI

No son tiempos
de creer en la generosidad
o dedicar mucha atención
a un semejante;
más bien parece el momento
para el escepticismo cínico
y para huir de tanto dolor
cerrando los oídos al corazón;
no se escucha el susurro tierno
sino el bramido vulgar,
no hay espacio para los otros
en las almas de hoy,
solo seduce a los hombres
el brillo irreal de las cosas,
el insensato devaneo con la nada.
Pero a nosotros solo nos guía
la verdad del instinto,
el ansia de bien que anida
en la llama de nuestro pecho;
nosotros no somos siervos
de la poderosa importancia,
nos amamos con la opacidad
del sentimiento que no se finge;
tu caricia impacta en mis venas
con la contundencia reservada
a la realidad desnuda.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XLV

¿Qué verdad puede haber
en una caricia
que da la necesidad,
en un beso
que otorga la rutina,
en un abrazo
que ofrenda la lógica?
No me rozas nunca 
con un cuerpo vacío,
ni me quieres
con un alma cautiva
sino con tu corazón desnudo,
imprevisible y veleidoso,
obediente no más
que al designio del instinto. 
Eres mi gozosa dicha,
nada te ata a mí y, sin embargo,
no te marchas de mi lado, 
buscando anhelante en mi aliento
la libertad que te hace real.

Cimas del Paraíso. XLIV

Hoy estoy triste
y nada me consuela;
recorro en soledad
este día sin calor
sintiendo el vacío,
anticipo de la muerte,
en la estrechez de mi estancia.
¿Por qué no estás aquí
acariciando mi pecho,
que siente el horror de la nada 
helarle por dentro? 

Cimas del Paraíso. XLIII

El tiempo de tu ausencia silenciosa
es un reino de inquietud y desaliento,
de noche y amargura,
de resabio de la muerte,
mas, aún en las tristes fatigas
de mi soledad sin fin, 
tu huella brilla en mi alma
como la luz del lucero,
lejano pero lleno de hermosura,
que recuerda al amanecer.

Cimas del Paraíso. XLII

¡Cuántas veces hasta que llegaste
lamenté la intransigencia,
el desdén, la suspicacia,
la lejanía de mis semejantes!
¡Qué solo se siente el corazón
sumando sus decepciones,
creyendo que el mundo es
exilio y mediocridad!
El calor de tu regazo
me ha devuelto la esperanza,
solo en ti puedo vivir,
solo tú tienes mi llave,
eres luz en mis entrañas,
libertad desbordante,
solo tu ternura de niña
me hace posible.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XLI

El mundo fue roce áspero,
frío escarnio,
sombra y agonía
para mi tenue llama 
hasta que me tendiste tu mano
y tu sutil y delicado aliento
liberó mi esencia,
enterrada bajo el crudo manto
de la desesperación,
el horror y el sufrimiento.

La ciencia mata la herida

El alcance de la ciencia 
pone en la Luna cohetes
pero coloca grilletes
y le oculta la evidencia
con profunda incompetencia
a quien la lleva a su vida
para que el alma le mida
y le racione el amor
pues mata con su rigor
la ternura de la herida.
Las leyes inamovibles
del universo que vemos
que los hombres conocemos
son normas atribuibles
a las cosas repetibles
mas nuestro mundo real,
único e individual,
¿quién lo puede predecir,
qué regla puede seguir
lo que no tiene un igual?
El corazón no se rige
por reglamentos ni normas
pues no percibe las formas,
a la esencia se dirige,
lo particular elige,
lo individual se le alcanza
y esta dulce extravagancia
nos vincula con el mundo,
que llega a lo más profundo
de nuestra interior estancia.
El amor no tiene fines,
causas ni explicaciones,
desnudo está de razones, 
de barreras o confines,
no admite intereses ruines
ni a propósitos se debe,
es una llaga tan leve
que no se puede encontrar
siendo inmenso como un mar
el afán que la conmueve.

Cimas del Paraíso. XL

Quienes matan su corazón
haciéndolo esclavo del prejuicio
y entregan el alma a la trivialidad
¿qué pueden saber del placer?
Reirán incrédulos cuando les diga
que la felicidad más excelsa
que cabe en mi fantasía eres tú
y que ninguna contingencia puede
quitarme esta riqueza
porque el amor me ha redimido
y seré libre para siempre.

jueves, 12 de diciembre de 2013

El sendero del miedo

Seguí el sendero del miedo, 
el que mata la esperanza 
con poder de excavadora, 
el que destruye los sueños 
y pisa el corazón, 
el que lleva en línea recta 
hacia un abismo vacío; 
seguí el sendero del miedo, 
el que huella la multitud 
en su sombría servidumbre, 
el que se asfalta y señala
por ser el más cruel, 
el que hastía al alma 
y adormece la vida; 
seguí el sendero del miedo 
y fui sombra de hombre, 
carcasa abandonada. 

Cimas del Paraíso. XXXIX

Crece en mis manos, 
en mis brazos, en mi pecho, 
crece en mis arterias, 
en mi sangre, en mis nervios, 
crece haciéndote tú, 
poblándome, viviéndome, 
crece y derriba mis vallados, 
traspasa mis puertas, abre mis ventanas, 
que mi alma se haga 
de viento y de luz, 
que se derrita mi hielo 
con el fuego de tu enigma, 
crece en mí, amor mío, 
en la plenitud de tu ser, 
para que tu libertad sea la mía 
y, despertando al júbilo de existir, 
se extingan para siempre 
mis ansias de cautividad. 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XXXVIII

Eternidad de sosiego, 
apacible vastedad, 
calmo y remansado atardecer del alma 
adentrándose en el infinito; 
nuestro amor florece 
a la orilla de un lago manso, 
el contento invade nuestros pechos, 
no hay más que buscar. 
¡Aquí está, aquí está 
la meta de nuestros afanes! 

Cimas del Paraíso. XXXVII


Caminemos juntos 
con los corazones limpios y despiertos 
por este sendero del bien 
que nos hace reales; 
caminemos juntos 
escuchando a la vida en nuestras arterias, 
abiertas a los árboles y la hierba, 
a las montañas y las nubes; 
caminemos juntos, amada, 
que nuestros días en el mundo 
tengan el regocijo y la luz 
de una mañana de primavera; 
caminemos juntos, 
el amor nos redime 
y la esperanza resplandece en nuestro pecho; 
no hay límite para nuestra libertad. 

Cimas del Paraíso. XXXVI

Quiero ser tu llave del placer, 
abrir en tu pecho 
un ciclón de libertad, 
quiero desatarte, redimirte, 
conducirte hasta la luz 
en estos días del mundo. 

martes, 10 de diciembre de 2013

Apertura

"Vivamos, Lesbia mía y amémonos
y no nos importen un as
las murmuraciones de los ancianos ceñudos.
Los soles pueden ponerse y volver a salir;
pero nosotros, una vez se apague nuestro breve día,
tendremos que dormir una noche eterna.
Dame mil besos, luego cien,
luego otros mil, luego cien más,
luego todavía otros mil, luego cien,
y finalmente, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para no saberla
y para que ningún malvado pueda echarnos mal de ojo
cuando sepa que han sido tantos los besos".

(Poema de Cayo Valerio Cátulo)