miércoles, 31 de diciembre de 2014

Fruta madura. CVI

Hay escritores que creen 
que su trabajo es 
más importante que el amor 
pese a que, en el fondo, lo hacen 
por vanagloria y dinero, 
no toleran la tristeza 
que me infunde mi afán por ti, 
para ellos, los otros 
no merecen tanto la pena, 
lo saben de primera mano 
porque no hay nada que desprecien 
tanto como a sí mismos, 
yo no soy más poeta 
que ser humano 
y no vivo para escribir versos 
sino para amarte, 
eres mi añoranza infinita, 
mi llaga mortal, 
mi nostalgia profunda, 
desearía estar contigo 
y recibir tus besos, 
tocar tus manos y tu cara 
y escuchar tu tierna voz, 
sentir tu presencia cercana 
y tu mirada amante 
pero, aun cuando todo eso lo tenga, 
mi desazón y mi agonía 
me perturbarán con frecuencia 
tanto como en este momento 
en que tu ausencia me ensombrece el alma 
porque eres remota y desconocida, 
misteriosa e inaccesible 
como la última estrella 
que brilla en la inmensidad. 

Refugio de sensatez. XXI

Reina el mal, 
la desilusión, el tedio, 
no es una vida para los hombres 
sino para la servidumbre, 
el camino es amargo y frío, 
vacío, lleno de añoranza, 
el mundo me estafa, 
sus promesas no llegan, 
el tiempo va pasando 
baldío y en penumbra, 
no es una vida para la esperanza 
sino para el escarnio y el dolor, 
nací para la desolación, 
no quiero la anestesia 
que aletarga a la multitud, 
quiero sentir mi sombría pena 
mientras no reciba mis sueños. 

Refugio de sensatez. XX

Porque me siento muy lejos 
de mis semejantes, 
porque mi pecho arde 
no más que por unos cuantos, 
porque sé que no soy nada, 
siquiera polvo expuesto al viento, 
porque el vacío es más fuerte, 
porque el frío es lo que vence 
y la noche y el tedio eterno, 
porque ahora quisiera 
haber nacido a otro mundo 
donde nada se perdiera 
ni siquiera la flor 
para volverse semilla, 
estoy amargado y triste 
como el hombre más tonto, 
como el loco más absurdo, 
sin razones de verdad, 
de las que mueven los días, 
de las que pueden remediarse, 
estoy amargado y triste 
como si estuviera viendo al mar
traerme sus olas. 

Refugio de sensatez. XIX

Camino de soledad y nostalgia, 
de melancolía y silencio 
es el de la verdad y la ventura, 
lleno está de desengaños 
el pecho que codicia la felicidad. 

Estante luminoso. XV

Tres décimas de orgullo para un fin de año 

A mi amada 

Yo he de tener dignidad 
solo por ser un humano 
ante el pecho de un hermano; 
muy poca es la libertad 
de un mundo en que la bondad 
no anida en el corazón 
sino que es la convención 
arbitraria e imperiosa 
de una sociedad medrosa 
sin instinto ni pasión. 

No es restringido el valor 
del sentir de un semejante, 
no hay nada más importante, 
ni merece más honor 
que su agonía o su amor, 
sus placeres o su anhelo, 
su esperanza o su desvelo, 
son su esencial fundamento; 
solo tasa un sentimiento 
una mirada de hielo. 

En el orgullo de ser, 
se sustenta mi ventura; 
caminando la estrechura 
que me concede el poder 
de lo que soy conocer, 
recorriendo humildemente 
ese sendero valiente, 
hago del mundo un edén 
pues espolea hacia el bien 
un pecho limpio que siente. 

Estante luminoso. XIV

A Luisa Furtado 

Mi corazón ha encontrado 
la humillación con frecuencia, 
vestida de inteligencia 
o del acto más honrado, 
la afrenta han disimulado, 
querían que pareciera 
cual caricia placentera, 
cual encumbrada bondad 
siendo la fea maldad 
de un alma muy cicatera. 

Estante luminoso. XIII

Me duele la altanería 
del hombre que no me aprecia, 
que me atribuye vileza 
y que, en el mar, dejaría 
perecer la vida mía, 
me hace daño el duro agravio 
de quien se jacta de sabio, 
que, fatuo, me tenga en poco, 
que juzgue que me equivoco 
y tuerza ufano su labio. 

martes, 30 de diciembre de 2014

Fruta madura. CV

No se puede amar ni ser poeta
sin ganas de vivir,
obedeciendo al prejuicio
y entregándose a la servidumbre
de la razón de los otros,
no se puede alcanzar el Edén
si seguimos el sendero
por el que los otros nos guían
desentendidos de lo que nos pide
a gritos el corazón,
no es camino para la ventura
la mansa sumisión
a la corriente y el consenso
porque se nace uno
y también uno se ha de morir,
yo no soy escritor
para halagar a las masas,
no quiero un éxito fácil,
no sigo estrategia alguna,
nací en un mundo con guerras,
con odio e intransigencia,
que, pese a ser tan gris,
dormía en el conformismo,
carente de sueños, sofocada
la ilusión y la esperanza,
no son mejores estos tiempos
donde los hombres recomiendan a su amigo
que se aleje de su instinto,
cargados de razones, afectando
velar por su bienestar,
pidiéndole que atempere
y atenúe sus afanes,
que se pliegue a una existencia
sin luces ni sombras,
anodina y explicable,
limitada y práctica,
se ansía escuchar versos de amor
mientras, en la Tierra, triunfan
los sentimientos mediocres,
egoístas y prosaicos,
interesados y pragmáticos,
no se puede amar ni ser poeta
sin creerse conformado
de luz y de brisa,
cuanto sujetan las manos
es solo barro y sufrimiento,
servidumbre y freno,
ni tú ni yo
comerciamos con el amor,
tú colmas de bienes mi existencia
y yo te reverencio y exalto
como lo más sublime del universo,
nos deseamos el Paraíso
sin mezquinas reservas,
no nos ponemos límites
a la felicidad,
caminamos de la mano
por un camino de estrellas
que no se termina nunca,
en nuestro pecho, arde libre
la llama de nuestra emoción
y no hay bien que no esperemos
de la gozosa existencia. 

Refugio de sensatez. XVIII

Al idiota infeliz y dañino 
hay que enseñarle la senda del sabio 
para que cese de una vez 
de atormentarse y atormentar 
haciéndole saber sin pudor 
cuando, ufano, exhiba su insidia 
que, para su vanagloria, no existe 
lógica, motivo ni fundamento, 
no hay alma más fría y mediocre, 
más áspera, indolente y depravada 
que la del desleal a sí mismo, que cree 
que ser solo él merece el peor castigo 
y hace de su libertad 
una huida de su corazón, 
los hombres temen la verdad porque imaginan 
que esconde decepción y amargura 
pero, al contrario, ella es 
su única salvación. 

Refugio de sensatez. XVII

Hay seres humanos 
con aliento de hielo 
que temen el calor de un corazón, 
no ansían esperanza, no ansían sueños, 
no quieren la verdad de la vida, 
sino la muerte, la oscuridad, el silencio, 
la prisión, la humillación, la asfixia, 
su empeño es mancillar la inocencia, 
enfriar el afán, destruir la fe, 
son sombras de este mundo 
que sirven al sufrimiento, 
sembradoras de desilusión 
que pasan por la Tierra en la penumbra 
de su amargura y su derrota. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

Refugio de sensatez. XVI

El mundo es un jardín de infancia 
sin demasiados momentos 
para la seriedad. 

Fruta madura. CIV

Prefieren las gentes dedicar su tiempo 
a ver correr una pelota 
o a escuchar arengas políticas 
que a expresar sus sentimientos, 
dicen que son tonterías, 
que lo que importa es el fútbol 
o las sesiones del Congreso, 
quieren demostrar que son maduros 
porque aún siguen en la infancia, 
son una tropa de mocosos 
con muy poca seriedad 
que se sienten menos adultos 
cuando expresan ternura, 
quieren hacer creer 
que son ya muy inteligentes 
y que ya no les hace falta 
derrumbarse en un abrazo 
o implorar una caricia, 
a ti y a mí 
no nos da vergüenza el amor, 
no tenemos el alma 
estancada en la adolescencia, 
a la inteligencia, no le damos 
más importancia de la que tiene, 
no nos pasamos la vida 
afectando que somos mayores, 
que les den morcilla a los políticos 
con todas sus grandes palabras 
de pillastres acomplejados 
y los deportistas que se hinchen 
de agujetas y esguinces 
que tú y yo vamos 
a disfrutar de la vida 
como merecen nuestros corazones 
y, si a alguien le parece 
que, por eso, somos tontos, 
no nos importe nada 
porque, en rigor, son ellos 
los borricos y mostrencos. 

Refugio de sensatez. XV

Desprécieme el mundo, 
inspírele solo desdén 
mi anhelo de dignidad, 
máteme en sus corazones 
y entiérreme en sus entrañas, 
cierre los ojos a mi victoria honesta 
contra sus humillaciones, 
diga que no soy nada, 
que nada valgo ni merezco, 
vuelva hacia otra parte sus rostros 
con la frialdad de un adiós, 
poco me importa 
su ojeriza despechada, 
no son más que niños grandes 
en su pandilla de los domingos. 

Refugio de sensatez. XIV

Yo no hago zalemas, 
no me excuso por haber nacido, 
no pido permiso para ser, 
no mendigo dignidad, 
no rindo culto a un dueño, 
no vendo mi libertad, 
no doy mi amor a cualquiera, 
no soy esclavo de nadie, 
no debo el aliento, 
mi alma es solo mía. 

Refugio de sensatez. XIII

Bestia de tiro, mono de circo es 
quien humilla y restringe 
la dignidad de sus semejantes. 

Fruta madura. CIII

No hay un poeta en la Historia 
ante el que yo me humille, 
mis versos tocan las estrellas 
como los del más reverenciado, 
tu nombre brilla en la cumbre, 
no has de inclinarte ante nadie, 
los ángeles más altos te envidian 
porque no es tan grande su pureza, 
no tenemos un dueño 
que ofenda nuestra dignidad, 
somos seres inocentes, 
honestos y bondadosos, 
no nos agravia un límite, 
no nos cercan afrentosas orillas, 
vivimos la eternidad 
como dioses infinitos. 

Refugio de sensatez. XII

¿Solo hay vagas ensoñaciones,
solo hay vacío,
solo hay prisión y muerte en la vida?
¿Es el mundo solo un escenario
para la decepción y el desengaño?
¿No habrá un día
en que mis manos toquen su anhelo
o mis ojos vean su afán?
¿Es todo vapor, aire, polvo, ruina?
¿No merezco el Paraíso,
una hacienda para mí, la miel de la Tierra,
nunca alcanzaré una estrella?
¿No habrá más que quimeras,
castillos en el aire, espectros sin sustancia,
sombras sin sentido?
¿Me iré desnudo y hambriento
tal y como he venido? 

Refugio de sensatez. XI

Que no se desprecie a un ser humano
porque remonte el aire,
que no se le despierte
cuando sueña con la eternidad,
que no se le humille
porque anhele el infinito,
que camine sobre el viento
sin que lo derriben los reproches,
que sea hermano de los pájaros,
que lleve las nubes blancas
metidas en el pecho,
que no reciba el escarnio
por beber de la vida,
que no muera en el corazón del otro
si es solo amor lo que le mueve,
que no se le arranque la inocencia
a quien solo busca el bien. 

Refugio de sensatez. X

Si cayera la máscara 
del intransigente, 
veríamos a un niño egoísta 
cargado de tontos caprichos. 

Refugio de sensatez. IX

Si hay una pizca de bien en este mundo, 
que las máscaras lo repudien 
porque solo se les va a permitir 
el sufrimiento y la servidumbre. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

Refugio de sensatez. VIII

Ser feliz, gozar de la vida 
es un rasgo de mala educación 
y no merece la tolerancia 
de la gente seria. 

Refugio de sensatez. VII

La muerte y la oscuridad, 
el vacío y la desilusión 
son en rigor 
lo más correcto. 

Fruta madura. CII

La sinceridad no está de moda, 
solo triunfa 
la hipocresía y la vanagloria, 
solo se alaba el brillo de la apariencia 
porque casi nadie tiene 
el suficiente corazón, 
la necedad se extiende como una niebla 
que muy pocos quieren disipar, 
una estupidez desesperante 
reina en el escenario público, 
los payasos de la tele 
son todo lo que se tolera, 
ni un gramo de realidad más, 
ni una pizca más de verdad, 
la auténtica dignidad humana 
nada importa ya, 
no mueve ya resorte alguno, 
el sonido de un lamento 
no conmueve ni perturba, 
solo es relevante la fatuidad, 
la mentira y el oprobio, 
no está de moda la honestidad, 
casi nadie tiene ya 
suficiente corazón, 
las almas son prisioneras 
de su mundo sin horizonte, 
quieren alcanzar el goce 
sin que, en sus pechos, se agite 
la lengua de una ardiente llama, 
aprenden muy poco los hombres 
de la Historia y el sufrimiento, 
no buscan la felicidad 
sino un torrente de cosas, 
no desean a los otros 
porque se odian a sí mismos 
y creen que nada es peor 
que un espíritu desnudo 
despojado de servidumbre, 
solo mueve la Tierra el interés, 
la humanidad no quiere 
vivir el infinito 
sino el tedio de una vida gris 
encerrada entre estudiados límites, 
no atraen mis poemas 
a demasiadas personas 
pese a que los escribo para el bien, 
la esperanza y la ventura, 
mis obras no dicen nada 
en este mundo de espectáculos 
multitudinarios pero huecos 
que enfrían el aliento 
y deshumanizan la sociedad, 
¿se leerá alguna vez mi poesía 
con verdadero interés? 
Quizá cuando ya esté muerto 
después de vivir el amargo fracaso 
y el despiadado olvido de todos, 
quizá demasiado tarde, cuando la Historia 
haya dado otra decepción 
a la ilusión de los buenos. 
Déjame que piense en ti 
como mi único refugio 
en este planeta tan helado 
que está aumentando su temperatura, 
déjame que crea solo en ti, 
en tu luz tierna y delicada, 
en tu brisa de bondad, 
en tu sencillez insobornable, 
en tu decencia rigurosa 
que brota de tu conciencia 
obediente al instinto y a la voz de la verdad, 
déjame que me refugie 
en el remanso de tu pecho, 
cálida patria de mis ansias, 
consuelo de mis decepciones, 
déjame que sienta 
que eres madre del mañana 
y vea en ti a la multitud dichosa y libre 
que algún día heredará el orbe. 

Refugio de sensatez. VI

Yo sé que no importan al mundo
los asuntos de mi vida,
un poema tiene que hablar
de temas encumbrados,
no debe aburrir con los problemas
insignificantes de un poeta,
ningún poema se queja
de lo mal que se pasa
cuando estás en la cama
y, aunque estás cubierto de mantas,
están tan revueltas que te entra frío,
los lectores dirían:
-Vaya poeta tan delicado que, en un mundo 
en que se muere de hambre, 
se lamenta por un frío 
que podría remediar fácilmente 
si no fuera tan perezoso.
Es un abuso cargar
al mundo con las propias frustraciones
porque ya carga con las suyas
que no son pocas,
ya me lo advirtió una mujer malvada
que me dijo que yo tenía
la cara del eslabón perdido,
lo mejor para un poema,
según he oído decir,
es que sea cortísimo
y dé consejos útiles,
a mí, en cambio, me gusta alargarlos,
porque me imagino componiendo
una pieza musical,
soy un hombre educado
al que no le gusta molestar,
mis padres fueron muy pobres
pero muy honrados y formales,
no quiero cansar con mis cosas
a gente que no me conoce,
hay que escribir para todos
y no para el propio ombligo
porque los otros, cuando escuchan
a alguien contarles su vida,
se sienten tan aburridos
que casi les parece una tortura,
cómo aburren los amigos
con el vídeo de su boda
o los de las comuniones
pero ellos creen
que nos lo estamos pasando tan bien
como viendo Forrest Gump
o Centauros del desierto,
debería haber ahorrado
este poema a la gente
y haberles escrito un encomio
del Museo del Prado
o de la Real Academia de la Lengua,
donde tanto se reza el rosario,
pero soy un poeta muy malo
que no sabe escribir con palabras
sino solo con el corazón
y esta tarde mi corazón
siente amargura,
mis lectores querrían escuchar
chispeantes muestras de lirismo
pero solo puedo ofrecerles
un poquito de mi desencanto.


Estante luminoso. XII

A Rosa Valenzuela 

Los que mandan, los que son, 
los que ganan e interesan, 
los que más valen y pesan, 
los que asfixian la ilusión 
del que sí tiene emoción, 
los que usan la falsedad 
creyendo en su utilidad, 
los que triunfan, los que ofenden, 
los que dictan, ya me entienden, 
son cumbres de frialdad. 

Refugio de sensatez. V

Los necios viven una vida,
los sabios, la eternidad. 

Fruta madura. CI

Si te digo que soy libre 
y que tengo henchida el alma 
y que mis anhelos están 
posados sobre mis manos, 
si te digo que ya creo en la vida 
y que desbordo de alegría 
y que me siento infinito 
y que estoy caminando 
entre las estrellas, 
si te digo 
que no hay cercado ni límite 
para la ventura que gozo, 
¿por qué crees que me sucede esto? 
¿Quién sino una mariposa 
ha podido redimirme 
del barro del que surgí? 

sábado, 27 de diciembre de 2014

Refugio de sensatez. IV

El mezquino consuela 
quitando las esperanzas. 

Refugio de sensatez. III

El canalla siente poco, 
sabe poco 
y goza poco. 

Refugio de sensatez. II

Solo el cargado de vanagloria 
interesa con su charla 
y es capaz de deslumbrar con su saber, 
los demás somos 
ingenuos, mediocres y necios. 

Refugio de sensatez. I

Nuestro corazón encierra 
todo el bien de la vida, 
no precisa nada más 
pero hay quien le mete dentro 
hasta cruces de campanario. 

Fruta madura. C

En la universidad, me enseñaron 
que la sustitución en el habla 
de la ce por la ese 
o la métrica de un soneto 
eran temas de extremada relevancia 
y yo sentía con amargura 
que se les daba tanta importancia 
que casi no quedaba ya espacio 
para la libertad o el amor, 
hay almas capaces 
de reprochar con dureza a otro 
que no sepa que ogro 
se escribe sin hache 
y, al mismo tiempo, 
de tolerar la corrupción 
si es favorable a sus intereses, 
hay almas tan indolentes 
que, aunque vean a un hombre 
sofocado en la angustia, 
le niegan el alivio del afecto 
y, sin embargo, hacen 
ufana ostentación de su sexualidad 
o alarde de su sensatez, 
hay almas cuya bondad 
abunda en sus palabras y sus gestos 
pero no es más que una máscara 
de urbanidad y conveniencia 
y quien espera su afecto 
solo encuentra desengaño, 
humillación y amargura, 
en la vida, me ha costado mucho 
descubrir el amor, 
hallé tu puerta abierta 
cuando más desesperado estaba, 
los otros estaban llenos 
de demandas y reproches 
pero tú eras indulgente 
y no me pedías nada, 
los otros me abandonaban 
y me negaban su ternura 
pero tu eras leal a mí 
y permitías la inocencia, 
los otros eran sombríos 
y cargados de desencanto 
pero tú encerrabas en tu seno 
una esperanza infinita, 
tú y yo estamos locos, 
añoramos las estrellas, 
perseguimos la belleza 
con la obstinación de los obsesos, 
dejamos el pragmatismo 
para los cuerdos de este mundo 
que duermen la vida sin sueños 
como durmiendo la muerte. 

Estante luminoso. XI

Las Gracias 

Áglaye 
(Mi amada) 

Eres de tal condición 
que no he hallado en el mundo 
un remanso tan profundo, 
tan desmedida emoción, 
tan hermosa aparición, 
tan deleitoso jardín, 
tan despejado confín, 
un ángel de tanta altura, 
una tan clara dulzura 
como tú, mi llama afín. 

Eufrósine 
(Susana Escarabajal) 

Tu sonrisa y tu mirada 
llevan los rayos del bien 
y, al contemplarlas, no hay quien 
no considere extremada 
tu belleza serenada; 
tu pecho es pura bondad 
y blanca sinceridad, 
tienes un alma indulgente, 
apasionada y valiente 
que sublima la amistad. 

Talía 
(Lluvia Rojo) 

Eres bella entre las bellas, 
destello de claridad, 
luz de la felicidad, 
un rebaño de centellas, 
una corriente de estrellas, 
eres un fuego inocente, 
un sol saliendo al oriente, 
un cielo azul despejado, 
arcoíris hechizado, 
eres toda transparente. 

Fruta madura. XCIX

No hay manera 
de escapar de la soledad, 
el amor y la amistad 
son virtuales para mí, 
sé que los tengo 
pero no aquí y ahora, 
nunca aquí y ahora, 
llevo una vida 
de ermitaño sacrificado, 
en la calle, puede haber 
multitudes esperando 
pero ¿qué tengo yo que ver con ellas 
si, en toda mi vida, no he hallado 
más de tres almas afines? 
Algún día viviremos 
en la misma casa 
y, cada cinco minutos, 
me levantaré del ordenador 
para ir a darte un beso 
y a mirarte la carita, 
cuando te cases conmigo, 
no me sentiré solo 
ni el más breve instante, 
llenarás con tu presencia dulce 
mi mundo cotidiano 
y traerás a mi existencia 
la infinita belleza que contienes. 

viernes, 26 de diciembre de 2014

La presencia del bien. CCXVI

El de hombre
no es un oficio muy duro
si hay verdadera vocación
pero está muy mal pagado
y muy pocos lo quieren. 

Fruta madura. XCVIII

Tengo el alma llena de amargura, 
he vivido una vida 
de tedio desolador, 
aún recuerdo el hermetismo 
de aquellas páginas de orografía peninsular 
que había de aprenderme de memoria día a día, 
al llegar al recreo, 
no disfrutaba, no me divertía, 
nadie jugaba a nada 
que alentara mi fantasía, 
no tuve amigos con los que salir 
en mi adolescencia, 
pasaba las tardes y las noches 
en un cuarto de estar 
escuchando la radio, 
pobre compañía, fría y distante, 
banal y llena de rutina, 
mi juventud no fue mejor, 
duros años de trabajo en la tierra, 
trabajo que mi corazón no deseaba 
y los fines de semana, 
visitas formales a la familia 
donde escuchaba conversaciones 
en las que no me atrevía a intervenir, 
ni siquiera capaz 
de sobreponerme al pudor 
que me obligaba a mirar al suelo, 
a veces, me quedaba en casa 
para eludir tan fatigosa prueba 
pero lo pasaba aún peor 
porque la soledad me perturbaba, 
leí muchos libros 
con la lentitud desesperante a que me obligaba 
mi medicación psiquiátrica, 
había de comprarlos 
en una librería diminuta 
donde era raro encontrar 
algo que valiera la pena, 
anhelaba el amor pero estaba 
vetado para mí, 
anhelaba comunicar mis sentimientos, 
mis ideas, mis sueños pero no había 
un alma para escucharme, 
llené muchos cuadernos 
para hablar conmigo mismo 
pero nunca hallaba la paz 
porque me creía un condenado, 
cuando llegaste, aún no había hallado 
un puerto para mi agonía 
en internet no encontraba 
un alma pura que me hablara, 
tú te hiciste mi amiga 
con la sencillez de un ángel, 
no me pedías nada 
ni me reprochabas nada, 
te apiadaste de mi soledad 
y me diste un afecto inocente, 
dejaste que te amara 
hasta que se abrió tu corazón, 
la luz alumbró mi pecho 
porque tú entraste en él, 
traías la dulzura de la brisa 
y la libertad del amanecer, 
diste a mis días sentido, 
me alumbraste la esperanza, 
no he vivido la vida 
más que para conocerte, 
en ti se justifica el mundo, 
eres el Paraíso, 
el hogar de mi corazón. 

jueves, 25 de diciembre de 2014

Fruta madura. XCVII

Algunos hombres, 
por guardar las formas sociales, son capaces 
de demostrar afecto y admiración 
a aquel por quien solo sienten 
odio y menosprecio, 
lo mantienen engañado hasta el día 
en que caen sus caretas 
y se descubre al fin el hielo 
que había merecido de ellos, 
a nadie obligo a que me ame 
ni necesito que me reverencien, 
la falsa efusividad 
me hiere en el corazón 
tan inevitablemente como hiere 
la visión de una deformidad, 
hay espíritus que comercian 
con sentimientos y emociones 
como con sucias monedas 
y están tan vacíos 
que solo inspiran desolación, 
tú nunca me dices 
palabras de afecto 
ni halagas jamás mi vanidad 
y, sin embargo, yo sé que el amor 
te atraviesa el alma. 

Fruta madura. XCVI

Nuestros corazones están vivos, 
palpitan y gozan, 
habitan el más alto paraíso, 
nuestra emoción solo sirve 
a la ventura que anhelamos, 
nadie sujeta nuestro aliento, 
podemos remontar el infinito, 
somos dueños 
del entero firmamento, 
el amor transfigura nuestro sendero 
y lo vuelve eternidad, 
la existencia no dona sus tesoros 
a las almas que vegetan, 
prisioneras de su indolencia, 
atravesadas del frío, 
tibias y dañinas, 
sin esperanza ni claridad 
pero tú y yo somos 
criaturas de la brisa 
y nuestras alas nos llevan 
al umbral de todos los sueños. 

Fruta madura. XCV

Puede seducir 
con el esplendor de su apariencia 
el amante frío y sin corazón 
que desprecia y se desprecia, 
no besar con sus labios 
sino con su máscara de fausto y fuerza, 
no tocar con sus dedos 
sino con el peso de sus logros, 
no amar con su pecho 
sino con sus palabras vacías, 
no entregar al otro el calor de su mirada 
sino un helado cálculo de su valor 
pero tú y yo 
no soportamos la crueldad 
ni menospreciamos la vida, 
nuestras almas son sencillas, 
ardientes y luminosas, 
no cobijan la mentira, 
no comercian con el amor 
y, mostrándose su desnudez 
con inocente impudicia, 
nunca dejan que las separe 
un muro de vanagloria. 

Fruta madura. XCIV

¿Por qué me amas tú?
No me amas por mis obras,
ni por el brillo de mi inteligencia,
no me amas porque cumpla
con cuanto de mí se espera,
no me amas porque sea fuerte,
ni porque triunfe,
ni porque mis cualidades te complazcan,
ni por la accidental abundancia
en que las circunstancias me han puesto,
lo que ha herido tu pecho,
lo que me ha clavado en tu profundidad
han sido mis flaquezas,
mi debilidad, mi desvalimiento,
mi patente fragilidad,
cuando viste que no era más
que un ser humano real
capaz de sufrir y gozar
con el roce de la vida,
permitiste que entrara en ti,
me diste posada en tu casa
pues supiste hermano mi aliento
de tu alma clara. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Estante luminoso. X

Diez descripciones del amor en redondilla 

A mi amada 

Quisiera expresar el todo 
abarcando el mundo entero 
por no decirte te quiero 
mas solo encuentro ese modo. 

Antes de ti, fue el Infierno 
y después, el Paraíso, 
lo que mi ser tanto quiso 
lo trajo tu aliento tierno. 

En mi raíz más profunda, 
tu semblante está grabado, 
todo de ti me es amado 
y, en mis entrañas, abunda. 

Idolatro tus virtudes 
y me apiada tu inocencia, 
solo siento reverencia 
cuando a mi sentir acudes. 

Amarte me hace el más rico 
porque todo te lo doy, 
idiota y necio no soy 
pues es como te lo explico. 

Aunque con afán la ansío, 
la ventura no querría 
mas que haciendo tu alma mía 
y todo tu pecho mío. 

Me has hecho heridas de muerte 
mas solo por ellas vivo 
y, aunque yo soy tu cautivo, 
mi libertad es quererte. 

Si con algo me quedara 
cuando te amo de mi aliento 
sería tan avariento 
como el que a sí se robara. 

Eres lo más encumbrado 
que observa mi entendimiento 
y también mi sentimiento 
has del todo traspasado. 

Te quiero porque lo quieres 
y porque anhelo quererte 
amarte es mi mayor suerte, 
espejo de las mujeres. 

Estante luminoso. IX

Siete deseos navideños en quintilla 

A Nora Delgado 

Todo para mí lo quiero, 
la Luna, el Sol, las estrellas, 
la Tierra, el cosmos entero, 
las almas buenas y bellas 
y un abrigo para enero. 

Que los bobos tuercebotas 
nos dejen de dominar, 
que no gobiernen idiotas 
ni quieran condecorar 
a declarados berzotas. 

Que se imponga el corazón 
con la fuerza de un volcán 
en toda grave reunión 
a que las personas van 
a hacer deliberación. 

Que le caiga al mal amigo 
su careta de bondad 
y se haga el mundo testigo 
de que tiene lealtad 
no más que a su vil ombligo. 

Que el humano sin entrañas 
se aparte de los demás 
y sus ideas extrañas 
no nos enreden ya más 
como sucias telarañas. 

Que el ambicioso brutal 
en esta vida consiga 
si es que le parece mal 
una miserable higa 
y ni un mezquino real. 

Que el aire puro y las flores, 
los árboles y la hierba, 
los pájaros cantadores 
y cuanto la vida observa 
aumenten sus defensores. 

La presencia del bien. CCXV

Que la primavera arrase las tinieblas,
que un río de luz se lleve esta amargura,
que florezcan mil arcoíris
y amanezca el Sol en mi seno,
que esta agonía que me humilla
encuentre remanso en la brisa,
que las olas mezan mi aliento,
que los caminos me conduzcan
hasta el mediodía de la esperanza,
que sople un viento de pétalos
empujando mil ilusiones,
que el alba traiga miel y rocío,
que traiga perlas y estrellas,
que llueva alegría y paz y gozo,
que, como un pájaro, mi corazón remonte
la eternidad con sus alas,
que caiga esta sombra y este agobio,
que cese mi pesar,
que mi desolación duerma,
no quiero en mi pecho este afán,
este peso insoportable,
esta ruina denodada, este derribo frío,
que se llene de flores mi pecho,
que las mariposas ronden mis entrañas,
he de despertar a la ventura
y henchirme de claridad. 

La presencia del bien. CCXIV

El hombre sin corazón 
vive una existencia tenebrosa y áspera, 
inútil y absurda, 
no ha nacido para nadie, 
desprecia y se desprecia 
y su roce es sombra y hielo, 
vacío y desesperanza. 

Fruta madura. XCIII

Tu corazón es sencillo,
abierto a la realidad más llana,
no hay vanagloria en tu pecho,
no sirves a las formas
con el rigor frío de una carcasa,
te inspira una dulce indulgencia,
tu alma es sensible y cálida
como una mariposa,
reverencias la luz y la verdad,
tu corazón es sencillo,
inocente y desnudo,
tu corazón es sencillo
y, libre de subterfugios,
no lucha contra el amor. 

martes, 23 de diciembre de 2014

Estante luminoso. VIII

A Ktr Merino Barranco 

Si dudar de lo que vales 
te hace humilde y buena gente, 
educado y reverente 
y no son hombres formales 
los que se sienten cabales, 
¿a quién le pido perdón 
por juzgar mi condición 
con jactancia postinera 
digna cual la de cualquiera 
sin una sola excepción? 

Estante luminoso. VII

A Griselda Villasana 

Si lo que escribo es mentira 
y además no es muy bonito 
y hace un perjuicio inaudito 
y solo la risa inspira 
aparte de tedio e ira, 
si soy tonto y no lo sé 
y el mundo entero lo ve, 
que me encierren por absurdo 
y me coronen palurdo 
cuando más confiado esté. 

La presencia del bien. CCXIII

Nuestro tiempo es escaso, 
apenas una piedra que se hunde 
en el río eterno, 
no podemos derrocharlo 
como si fuera infinito 
apartando la mirada 
de nuestro fundamento y nuestra plenitud, 
vana y gris es la jornada 
del aliento que no es libre 
y se debe a su freno, 
a su límite y su ley, 
somos instinto y alma, 
si entregamos nuestra vida 
a servir a la apariencia 
seducidos por el falso brillo 
de las palabras y las cosas, 
haremos de un tesoro inmenso 
desoladora tiniebla 
y miserable vacío. 

La presencia del bien. CCXII

Solo soledad y tedio, 
anticipos de la muerte, 
deja el torrente de alharacas 
que las máscaras nos traen. 

La presencia del bien. CCXI

Puede amarte quien censura tus pecados 
pero no es amigo tuyo 
quien critica tu inocencia. 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Fruta madura. XCII

Porque, amándote, me descuido 
algunas veces de mí, 
me dicen algunos 
que no sé vivir, 
que el amor no es para tanto 
y me aconsejan 
que apacigüe mis emociones 
que las haga más sumisas, 
más domésticas y serviles, 
yo no sé cómo ellos mismos 
alcanzan semejante proeza 
negándole a su instinto 
lo que con afán les pide, 
acallando sus corazones 
con la violencia de un carcelero, 
mezquinándole a los otros 
el calor de sus entrañas, 
robándole a su existencia 
la claridad de la ternura. 

Fruta madura. XCI

El más serio y vital asunto de mi vida
es decirte lo bonita que eres
derramándote un mar de besos
cada vez que pueda. 

La presencia del bien. CCX

El corazón es 
nuestro trozo de infinito, 
nuestra selva frondosa, 
nuestra abundancia, nuestro solaz, 
quiero perder
la medida y las palabras 
en su reino de inmensidad, 
quiero olvidarme
de explicaciones y leyes,
de normas y límites,
de argumentos y formas,
desbordarme en sus caminos,
henchirme de enigma,
rebosar de misterio. 

La presencia del bien. CCIX

Casi se podría jurar 
que el hipócrita nos tiene afecto. 

La presencia del bien. CCVIII

Solo renuncia a la iniquidad 
el espíritu que encuentra el perdón, 
solo puede habitar el bien 
en el alma que transige. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

La presencia del bien. CCVII

El hombre libre merece el amor, 
el esclavo, solo su soldada. 

La presencia del bien. CCVI

Aún no comprendo 
el mundo de los adultos, 
aún no he entrado en él, 
aún no me siento 
poderoso y admirable 
como el cargado de cumpleaños, 
aún temo el enojo 
de los malhumorados mayores, 
aún me creo un niño impotente, 
despreciado e inútil 
molesto para todos, 
ignorante y torpe, 
pequeño e insignificante. 

La presencia del bien. CCV

¿Qué mal hace la verdad? 
¿Por qué un niño no merece 
la que le susurra su corazón? 
¿Qué tiene de malo el orgullo, 
por qué se reprime, por qué se censura? 
¿Por qué se humilla a los hombres, 
por qué les niegan la libertad, 
por qué no los dejan ser, 
por qué castigan sus deseos? 
¿Quién cree en la Navidad 
en un mundo de almas sin rostro, 
avergonzadas de sí mismas, 
entregadas a la servidumbre, 
sin un minuto para el afán? 
¿Quién cree en la primavera, 
en la esperanza, en la vida, 
en el afecto del hermano 
si los alientos están sojuzgados 
y solo reina la indolencia? 
¿Qué mal hace la verdad? 
¿Por qué se detiene al umbral 
sofocada por el miedo, 
por qué no atraviesa el muro 
del silencio de los siglos? 

La presencia del bien. CCIV

¡Qué silencioso, qué frío, qué vacío, 
qué solo está 
el corazón de los muertos! 
¡Qué escaso es el tiempo 
y cuán aceleradamente galopa 
día a día hasta el abismo! 

La presencia del bien. CCIII

La sandez no escasea 
en el sembrado humano 
y los más inconscientes son 
los que más se jactan e imponen 
incordiando en todos los sitios 
y acabando de estropearlo todo, 
infinitos son 
los intelectuales de primera fila, 
los santos sin mácula 
y los redentores del mundo 
que hierven en una caldera 
removida por demonios 
en la cocina del infierno, 
quisiera tener certezas, 
arrancar de mi espíritu la duda 
y de mi conciencia el remordimiento, 
estar seguro de que hace bien 
mi paso por el mundo, 
de que no me equivoco, 
de que beneficio a mis semejantes, 
de que no he nacido para nada, 
de que soy un hombre de verdad, 
la sociedad es un teatro 
con muchas máscaras frías 
y muy pocas almas desnudas, 
apenas interesa otra cosa 
que mantener la apariencia de calma 
aunque los corazones mueran 
de dolor y desesperanza, 
hace mucho frío entre la gente, 
nada la perturba, nada la conmueve, 
está sumida en el letargo 
del invierno de sus pechos, 
quisiera sentir que soy valioso, 
que merezco el afecto de mis semejantes, 
que no molesto, que doy felicidad, 
que mis acciones son bondadosas, 
muchos dicen que sí 
y otros me atacan o me evitan 
como si fuera un indeseable, 
tal vez, no soy útil, 
ni valgo la pena, 
ni agrado, ni complazco, 
ni debería ser reconocido 
pero obedezco a mi corazón 
y, en su dulzura, alivio 
la aspereza de mi desconfianza 
y, si la suerte me trae 
solo frustración y fracaso, 
al menos, habré seguido 
la voz de mi instinto 
como si aún fuera un niño 
que todavía no ha traicionado 
a su país de los deseos. 

La presencia del bien. CCII

Los otros siempre me han mirado 
como se miraría una rueda cuadrada 
o un mapa de la Luna, 
algunas veces, hasta me he sentido 
ajeno a la naturaleza humana, 
los niños se reían de mi cara 
cuando iba al colegio, 
para los amigos, por lo común, he sido 
el perro verde del grupo, 
no he visto muchas veces reconocida 
mi normalidad, 
siempre he sentido 
sed de dignidad, 
mi espíritu se ha creído insignificante 
por no entender 
de lo que entienden los hombres serios, 
por no haber hecho nunca 
lo que hacen las personas competentes, 
por no merecer 
el interés de la gente importante, 
a mis padres siempre les parecieron 
más relevantes las aptitudes de mi hermana, 
ella tenía conocimientos 
que para mí eran un enigma 
y tomaba responsabilidades 
que a mí jamás se me encomendaban 
porque me consideraban 
demasiado niño y apocado, 
ella era la inteligente, la diligente, 
la sorprendentemente adulta, 
su orgullo de padres, 
pero mi niñez y mi ineptitud 
se eternizaban irremediablemente, 
yo no confiaba en mí mismo 
y mi familia ponía en duda mi capacidad 
para valerme en la vida, 
con tanta insistencia fue sembrada 
mi inseguridad 
que el mundo se me volvió 
un laberinto temible e inextricable, 
el delirio acabó de invadir mi mente 
en los años de universidad 
y, en medio de la angustia de mis fantasías, 
aún sentía los resabios, 
representados en la gélida indiferencia 
de unas crueles criaturas sobrehumanas, 
del frío desdén de mi hermana. 

sábado, 20 de diciembre de 2014

La presencia del bien. CCI

Se da importancia 
a los deportistas campeones, 
cuyas banales vidas están al servicio 
de un afán compulsivo, 
a los responsables y circunspectos políticos, 
tenidos por los más inteligentes 
aunque nunca acaban de arreglar nada, 
a los guapos que no trabajan 
pero están podridos de dinero 
y afectan romanticismo, 
a los novelistas de éxito, 
que nos introducen en tiempos más poéticos 
con sus interminables y prosaicas páginas, 
a los profesores de universidad, 
expertos en las palabras 
e ignorantes en casi cualquier otra cosa 
pero a una mariposa 
se le tiene en poco, 
a una flor, a una brizna de hierba 
no se le da importancia, 
a un camino desierto, a un pájaro callado, 
a un alma solitaria, a un sentimiento, 
a un corazón, a un poema sencillo 
nadie les presta atención. 

Fruta madura. XC

Cuando me mires a los ojos, piensa 
que tu entero corazón 
hasta su más oculto secreto, 
hasta su raíz más honda y oscura, 
hasta lo que tu vergüenza más esconde 
es pura inocencia para mí 
y brilla con la luz de los ángeles. 

La presencia del bien. CC

Un atento lector me ha llamado aburrido 
porque soy diferente, 
porque no me quiero plegar 
a formas y conductas consensuadas, 
si le hubiera hablado de fútbol 
o de política 
o le hubiera dicho los números premiados 
de la bonoloto de ese día, 
quizá habría satisfecho ampliamente 
su impetuosa sed de aventura 
pero nadie me va a convencer 
de que la vida sea obediencia 
y pusilánime sumisión, 
nadie puede ya persuadirme 
de la dignidad de lo común, 
de la superioridad de lo normal, 
de la necesidad de mantenerse 
de lo que los otros han hecho 
sin aportar nada, 
con la mansedumbre e inutilidad 
de un animal doméstico, 
creyéndose importante 
tan solo por haber memorizado 
las normas a que inmolarse, 
yo he sufrido durante mi vida 
el tormento de la vergüenza 
porque me sabía distinto 
y pensaba que eso era terrible, 
me faltaban las justificaciones 
para explicar lo que era 
y asumía humillado 
mi condición inferior, 
los otros valían más 
dando de sí tan poco, 
yo merecía el agravio 
porque solo valían las reglas, 
no era capaz ni de mirar 
a los ojos a los otros, 
temía la luz de su crítica, 
su censura despiadada, 
la condenación de su autoridad 
pero vi morir a mi padre, 
tan trabajador, tan honrado, 
casi en medio del escarnio 
y ahora solo respeto 
el bien que sale del corazón, 
no el que porta una máscara 
o el que el miedo siembra, 
quien considere mis poemas 
ripios aburridos, 
quien crea que debo escribir 
lo que la civilización establece 
que piense cómo será su muerte 
y si merece la pena 
su absurda deslealtad. 

La presencia del bien. CXCIX

Es locura no confiar en uno mismo
cuando es tan difícil encontrar
gente de la que fiarse. 

La presencia del bien. CXCVIII

Cuando, en el colegio y el instituto, 
se me hería por mi inocencia 
en un mundo que se decía cristiano 
y exigía a los hombres bondad, 
cuando, en mi vida de universitario, 
se me tenía por poco profundo 
porque no podía mirar a los ojos 
de tan aterrorizado que estaba, 
cuando, en lo peor de mi enfermedad, 
mi psiquiatra de toda la vida procuraba 
poner de manifiesto su superioridad 
y negar la importancia de mi sufrimiento, 
sentí los golpes de la humillación 
y la amargura de no hallar un solo pecho 
donde volcar mi desolación, 
sentí el agravio de mi pequeñez, 
la agonía de mi diferencia, 
he escrito más de tres mil poemas 
y casi mil cuentos 
y tres novelas 
en menos de cuatro años 
y cada cosa que he escrito 
desborda de significado 
para los corazones y las mentes 
pero me rodea la indolencia, 
el desinterés, la indiferencia 
y la angustia vuelve a abatirme 
porque soy un hombre honesto 
pero nunca logro saciar 
mi sed de dignidad. 

viernes, 19 de diciembre de 2014

La presencia del bien. CXCVII

Fluyendo como un río, 
como los días o las olas, 
con el desembarazo del viento, 
irrefrenable, impetuoso, 
sin gobierno ni ley alguna, 
entregado a su paraíso, 
a su soñar, a su añoranza, 
así va mi corazón 
hora tras hora, jornada a jornada, 
gozo a gozo. 

La presencia del bien. CXCVI

Quizá merezca mi sufrimiento 
como algunos crueles me han dicho 
por aburrir con mis lamentos, 
por ahogarme en un vaso de agua, 
por ser yo y no poder cambiar, 
por escuchar tan solo a mi corazón, 
por ser tan recalcitrante, 
tan iluso y quisquilloso, 
tan amargado y aguafiestas, 
tan irremediablemente yo mismo, 
quizá debería dejar de molestar 
a los demás con mis sentimientos, 
con esos sentimientos que nadie entiende, 
que no son razonables ni responsables 
aunque los declare tal como son, 
con honradez y lealtad, 
quizá estoy incordiando 
con mi ingenua sinceridad 
y debería apartarme a un lado o comportarme 
con la debida urbanidad y educación 
para que las personas decentes 
puedan pasar sin taparse los ojos, 
sin escandalizarse ni irritarse 
porque me tomo la libertad 
de revelar lo que soy 
sin cuidarme de la fría opinión, 
quizá la literatura no es 
para que hable el alma 
sino para los asuntos públicos 
que tanto nos interesan a todos 
aunque tan vacíos parecen 
cuando se mira de cara a la muerte, 
quizá lo más justo 
sea olvidar que he nacido 
y que soy diferente y no deseo 
lo que me piden que desee, 
quizá tendría que escribir 
ocultando mi llaga profunda, 
mi deformidad, mi vergüenza 
y fingir que estoy satisfecho 
aun creyéndome tan insuficiente, 
tan insignificante, tan imperfecto, 
tan lejano para los demás 
quizá sea todo eso lo más cabal, 
lo más lógico y sensato, 
lo más discreto y aconsejable, 
quizá mi dolor sea justo 
y el mundo no lo compadezca 
por no negarme a leer en mi pecho 
y a obedecerle 
aun cuando mi pecho me diga 
que soy un hombre sin valor. 

La presencia del bien. CXCV

A decir verdad,
lo único que no le reprochan a un hombre
es que se muera. 

Estante luminoso. VI

Siete decepciones en quintilla 

A Susana Escarabajal Magaña 

Es un hombre presumido, 
guiña el ojo a toda chica, 
tiene cara de atrevido 
pero es probado marica 
y vive con su marido. 

Es ejemplo de honradez, 
de líder, tiene madera, 
como él no se hallan ni diez 
y, aunque nadie se lo espera, 
destaca por su sandez. 

Satisface a muchas damas 
con dotes de semental, 
revoluciona las camas 
mas es un hombre irreal, 
un mono sobre las ramas. 

Es obsequiosa y amable, 
atenta y considerada, 
su apariencia es encomiable 
pero, por dentro, es malvada, 
falsa, fría y despreciable. 

Aires tiene de condesa 
condescendiente y altiva 
lo bajo no le interesa, 
se imagina muy arriba 
y es una portera obesa. 

Guerrera de la virtud, 
afecta bondad profunda 
frente a la vil multitud 
y se le escapa que abunda 
la gente con su actitud. 

Te agasaja inmensamente, 
eres su amigo mejor, 
siempre te tiene en su mente 
pero se acaba ese amor 
si ya no eres su sirviente. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

La presencia del bien. CXCIV

Amargas fueron las cumbres 
a que llegó mi agravio 
en mi niñez y adolescencia, 
la sed de dignidad 
me atormentó en mi juventud 
cuando era un ser extraño 
sin relevancia para nadie, 
sentí en la raíz más honda 
el dolor de la humillación y la culpa 
en mis años de delirio y aislamiento, 
apenas creí merecer la vida 
cuando mi corazón no existía 
para quien no fuera yo mismo, 
siempre he sentido el afán 
de que viniera un tiempo 
en que el oprobio no me hiriera 
pero creo que me golpeará 
hasta el último de mis días 
y yo le daré posada en mi alma 
sin luchar más contra él 
sabiéndolo tan inevitable 
como injusto y doloroso. 

Fruta madura. LXXXIX

Las olas de dulzura de tu rostro 
llegan a mi corazón 
como a una costa que las espera 
y, cuando te observo, me parece 
que sale el Sol en mis entrañas 
o que regreso a mi patria 
tras una vida de destierro. 

Fruta madura. LXXXVIII

Quiero amarte tanto
que el afán casi se me vuelva
abismo de la realidad. 

La presencia del bien. CXCIII

Se puede ganar el mundo 
si se renuncia a él. 

La presencia del bien. CXCII

El sollozo recogido y hondo
por tantas decepciones,
por tanto sufrimiento y oscuridad,
por tanta angustia y desesperanza
padecidas en mi triste vida
es la abundancia de mi corazón
y su luz humilde es capaz
de salvarme de la desesperación
mostrándome el camino
de la resignación y el consuelo. 

Fruta madura. LXXXVII

Cuando veo tu carita, me derrito, 
eres un rayito de luz, un hada de pura miel 
y muero por cubrirte de besos. 

La presencia del bien. CXCI

¡Qué sencillo es el bien! 
¡Qué lejos le quedan los homenajes, 
las pleitesías, la luz de los halagos, 
el favor de los poderosos! 
¡Que poco le preocupan las normas, 
la urbanidad, el color de la piel, 
el vestido, las palabras! 
¡Qué fácilmente se abre paso en el corazón, 
sin la porfía del pastor de almas 
o las arengas del líder! 
¡Qué honestamente renuncia 
a todo lo superfluo, 
al rigor y la intransigencia, 
a la forma gélida y vacía, 
al dominio cruel y humillante!