viernes, 31 de enero de 2014

Amarga lejanía. XXII

Aunque tu cuerpo vive lejos,
la brisa de mi ventana transporta
tu perfume de flores,
la miel de tus labios
rebosa en la luz que inunda los días
y tu mirada apacible,
soñadora y llena de ternura,
se embosca en cada rincón
de las estancias de mi hogar.
No quiero cantar más
la ausencia de tus besos,
ni mi sed de tu boca,
ni mi añoranza de tu voz de rosas
y tus manos de arroyo limpio;
estás a mi lado,
amada golondrinita,
caminando conmigo
cada paso que yo doy,
hablas a mi corazón
cada vez que te busco,
me abrazas cada hora,
y dejas que te acaricie el pelo
y que bese tu sien serena
aunque sea solo en mis poemas,
y en mis arterias hirvientes;
no estás lejos, flor mía,
mi aliento herido está contigo,
pegado a tus pies de azúcar,
enamorando tu pecho
con su infinita pasión.
No quiero cantar más
el pesar de mi nostalgia
pues hay tanto de ti en mis días
que las lágrimas se me secan.

Suero para corazones enfermos. XXV

No hay más que banalidad
en el alma medrosa
que tiene un señor 
que no es el corazón;
sus hechos están
vacíos de ella.

Quiero estar triste

Quiero estar triste,
quiero, en mi adentro, la bruma
siquiera una hora,
quiero volcarme en el duelo,
llenar de aflicción
un pecho amargado,
alejarme de los otros
y borrar de mi frente
la estrepitosa alegría;
quiero estar triste,
no me faltan motivos
para cantar con júbilo
bajo la luz de este cielo
pero ahora no quiero más
que entregarme a las sombras,
abatir mi aliento,
dejar de resistirme
a esta sombría corriente
que me empuja a la amargura;
quiero estar triste,
quiero el oscuro refugio
de las lágrimas del alma,
quiero que mi sangre cargue
con el peso del desengaño,
quiero ver lo que está oculto
para el corazón del dichoso,
lo que solo se muestra
al espíritu que sufre,
quiero que alumbre mi entraña
la negra luz del dolor
y sacar,
del clamor de un gran llanto
por todo lo que no es posible,
una infinita esperanza
que aleje de mis arterias
el horror que las subyuga.
 

Suero para corazones enfermos. XXIV

Si mi poema no te gusta,
no te pido que lo ames
pero tienes que respetarlo,
porque sus versos brotan
de un destino ineludible.

Amarga lejanía. XXI

Hay personas, niña,
que no me quieren,
según ellas, tengo 
que sentirme muy pequeño,
algunas me tienen lástima
y me desean suerte
antes de cerrarme
su honrada puerta,
otras solo quieren
sacarme dinero
de la manera más agraviante
para mi inteligencia.
Hay personas, niña,
que no me quieren,
que creen que he nacido en vano,
y que es un gasto fútil
el de mantenerme vivo
sobre la Tierra;
no encuentran un motivo
para darme los buenos días,
o preguntarme por mi salud,
o extenderme su amable mano
para que se la estreche
con cordialidad.
Hay personas, niña,
que no me quieren,
que no son como tú,
que quisieran que no fuera,
que se molestan de que exista,
que no creen en mí
ni en nada de lo que digo
porque no les gusto,
ni creen que un ser humano
deba ser como yo.
Hay personas, niña,
que no me quieren.
¡Qué decepción debo sentir,
según entienden ellos!
¡Qué poca importancia
debo darme!
Debo conformarme
con las sobras del mundo
porque, para ellos,
ni siquiera el sol
debería alumbrarme.
Quieren el camino libre
de mi figura,
quieren que a la orilla
me aparte humilde
porque el mundo entero
es para ellos.
Hay personas, niña,
que no me quieren,
no me encuentran lógico
ni razonable,
soy como un problema
para sus mentes,
un error del mundo
del que son dueños;
hay personas, niña,
que creen que soy
pérdida de tiempo
para sus vidas,
si de mí se acuerdan
es para injuriarme
en sus nobles pechos,
graves y sensatos.
Yo no sé qué hacer
con mi conciencia
porque no me quieren
esas gentes,
ellas son las justas
y perfectas
no hay apelación
que me redima;
para ellas soy
pozo de errores,
insufrible insecto
despreciable.
¿Dónde he de esconderme
de estas almas
llenas de pureza
e inocencia?
Hay personas, niña,
que no me quieren
y, en su tribunal,
me han condenado.

jueves, 30 de enero de 2014

Amarga lejanía. XX

Denle a comer a los burros
los laureles
de los poetas insignes
y bajen del pedestal
sus jactanciosas personas;
no escriben los poemas
las ampulosas coronas
sino el corazón herido
en su patética fragilidad;
no me humilla el menosprecio
de los jueces de las formas,
mi corazón es sencillo
pero orgulloso
y no sirve a ninguna cosa
por encima de su libertad;
tengo llagas en el alma
que se pegan a los versos,
yo no quiero un vil trofeo
sino la fe del hermano;
llevo mi aliento a la altura
de tu serena mirada,
tiene la verdad mi canto
de un pecho ardiente y humilde.

Amarga lejanía. XIX

Se renuncia al amor
como a un postre
por atender
a menesteres de más bulto,
como si cuidar de los negocios
o defenderse de la opinión
fuera la meta de nuestras vidas
y, al cerrarse nuestro ataúd,
a todos les pareciera muy lógico;
creen algunos
que la vida es
lo más normal del mundo,
sin más misterios
que el de los mandos de la lavadora,
y, cuando se van yendo,
solo les preocupa el reuma
y el incremento de su pensión;
viven muchos hombres
vidas muy falsas,
con su corazón dormido
a fuerza de mezquindades
y telediarios;
yo te tengo a ti
y es todo lo que me hace falta,
no pienso perder el alma
por un sillón de masaje.

Amarga lejanía. XVIII

Hay corazones encogidos
y metidos en su propio regazo
cuyo roce hiere a los demás
como si estuvieran rodeados de púas,
son corazones erizo,  
que humillan la ternura
y defienden la soledad,
hay demasiados corazones
que parecen erizos;
el tuyo es dulce como la miel,
transparente y sencillo,
me abre su regazo
para recibir todo el mío,
con llaneza caminas
a mi costado,
obsequiándome tu luz,
permitiéndome ser;
hay demasiados corazones
que me hielan el alma
pero el tuyo la embriaga
porque es real
y libre como el infinito.

miércoles, 29 de enero de 2014

Amarga lejanía. XVII

Las contingencias
no evitarán que habites,
hasta mi último día,
lo más hondo de mi pecho
porque solo hallé la dicha
en este sórdido mundo
cuando supe que te quedabas;
te has convertido
en el fundamento de mi ser
y no permitirá mi corazón
que te marches jamás;
tienes tanta belleza
que me desbordas las venas,
ya no sabría olvidarte
ni aunque viviera mil años.

El lastre

Desde mis primeros años,
detesté la humillación
y tanta aversión me causaba
como las contorsiones de una serpiente; 
el escarnio me hería
con el puñal de la culpa,
nada podía borrar
la mancha de una cruel ofensa,
ensuciaba mi conciencia
de manera indeleble,
no encontraba consuelo
para el dolor de un agravio
y, al mirarme en las almas
bondadosas y confiadas
un desolador abismo
me alejaba de ellas 
y añoraba la dicha
de una conciencia tranquila;
mucho tiempo he padecido
el horror del remordimiento
recordando cada una
de las afrentas sufridas,
mi dignidad abatida
no encontraba el perdón,
me condenaba al tormento
de la soledad en medio
de la más cálida compañía
y, cuando me interrogaban
perplejos por mi tristeza,
yo sentía la nostalgia
de una vida sin baldones.
Duramente he castigado
mi espíritu inocente
a lo largo de mis años,
con injusta saña me juzgaba
pues no es culpable el humillado
sino una víctima sin mancha,
ni el desprecio de los otros
nos hace menos valiosos;
ahora ya sé
que no soy vil ni rastrero,
percibo la admiración
con que me leen los lectores,
despierto afecto sincero
en centenares de amigos,
de entre quienes los más cercanos
rebosan de nobleza y bondad
y son mi orgullo y mi dicha,
y amo a una dulce muchacha
que es un ángel de humildad,
nadie es más bueno que ella,
ni tiene más sana y limpia
su honestidad,
ella me ama tiernamente
sin menosprecio alguno
y ha liberado mi pecho
de las cadenas pasadas;
ahora ya sé
que soy un hombre digno,
todos los seres humanos
merecen el respeto
y quienes sean inicuos
la compasión de los buenos;
cese ya mi tormento,
entre la luz en mi frente,
límpiense mis entrañas,
cólmese mi corazón
de felicidad y paz,
y vengan las humillaciones
en el número que quieran
que encontrarán mis puertas
cerradas a su insidia.

martes, 28 de enero de 2014

Suero para corazones enfermos. XXIII

Como Fausto, busqué
la verdad en la Ciencia,
apagando el feliz instinto,
como Fausto, la he repudiado,
por banal y por cruel;
como Fausto, he sentido,
en la madurez de la vida,
la llamada del amor,
asombrado de haber sido ajeno
a tan alto bien hasta entonces,
con la amargura de haber perdido
tantos años en soledad
y el rencor hacia tantas almas
que no rozaron mis pétalos
con calidez en su aliento;
como Fausto, he encontrado
refugio para mi pecho
en una dulce muchacha,
tan bella que sus estrellas
no se podrían contar;
pero yo no haré, como Fausto,
que muera mi Margarita;
mi corazón es limpio,
no me seduce el poder,
ni la riqueza o la fama,
no me guía la crueldad,
ni un interés sórdido y frío;
solo ella me importa,
solo, el infinito gozo
de verme en su humilde aliento;
el afecto que me inspira
no ha de perecer jamás,
este fuego que me prende
justifica mi vida,
no quiero mundos sin ella,
no quiero días que ignoren
su honda huella en mis venas;
maten los Faustos su dicha,
cargados de estupidez,
mas yo no seguiré su ejemplo
daré vida eterna a este amor
porque, en mi Margarita, he visto
la esencia última de la realidad.

Amarga lejanía. XVI

Eres agua
cristalina y pura,
como la del Paraíso,
eres clara y limpia,
sencilla y luminosa,
manantial para mi sed reseca;
eres agua refrescante y sana
culebreando en los arroyos
de mi fantasía;
no me canso de beberte,
ni de ansiarte, ni de sentirte; 
tu agua me da la vida
como una tierna matriz,
tu agua empapa mi pecho, 
vuelta rocío y lluvia,
fluye por mis arterias,
rebosantes de amanecer,
riega y nutre mis entrañas,
gozosas en tu regazo; 
eres agua llena de aire
llena  de luz y de inocencia,
de hierba y flores y primavera,
de bosques y de montañas,
tu agua me libera, amada, 
de mi pecado de hombre,
bésame con tu agua,
tócame,
abrázame con tu agua,
y puebla mi frente de niñez.

Amarga lejanía. XV

El camino del ser humano 
es la ternura,
solo el pecho que respira amor
encuentra su destino,
no son hombres verdaderos
los que no aman;
dos espíritus pueden ser
remotos como dos estrellas
aun siendo de dos hombres,
mas, si en la hondura de un alma
no habita el afecto puro 
por un semejante,
¿para qué llamarla humana?
El corazón que arde en la llama
del amor verdadero
alcanza la delicadeza
de una mariposa;
es el humano un ser
sutil y refinado,
no es una bestia cruel,
no es un sombrío verdugo.
Tú me has enseñado a amar,
me has colmado de armonía,
me has devuelto mi condición,
mi naturaleza de hombre,
mi cortesanía,
me has reconciliado con mi especie
y eres tan niña y tan bonita
que me embobas como a un mono.

Amarga lejanía. XIV

La limpieza de tu corazón 
es la meta de mi deseo,
ansío beberla toda
pero es inmensa,
como el mar y como el viento,
es libre,
como la luz y como la lluvia;
mis codiciosas venas
anhelan abarcarla,
mi brazos quieren estrecharla
contra mi ardiente pecho
pero es profunda
como el cielo en la noche,
es inalcanzable
como las nubes excelsas.

lunes, 27 de enero de 2014

Suero para corazones enfermos. XXII

Quieren los doctores del alma
someterla a la razón,
como si fuera materia
de consenso académico
lo que un hombre ha de ser;
déjenme a mí con mi locura,
quiero delirar mientras viva,
embelesarme con una mosca,
reírme de la importancia
que aparentan las máscaras
y de las mentiras
que se enredan a las palabras;
quiero ser solo un loco
con el corazón enamorado
y llenar de locuras
los rincones de mi vida
mientras los cuerdos se afanan
en encontrar la luz
endureciendo su servidumbre.

Amarga lejanía. XIII

Mis sentimientos han yacido,
en los años de mi juventud,
en una prisión de hielo;
mi alma entregaba su tiempo 
al gélido conocimiento
y un hondo horror a la humillación
me alejaba de mis semejantes;
delirantes fantasías
atormentaban mi espíritu
y solo espanto y desolación,
desesperanza y desencanto
arrancaba a mi corazón el mundo;
la tierna llama del afecto
no confortaba mi pecho,
el dulce roce de otro aliento
era áspero a mis entrañas,
un exangüe letargo
anestesiaba mis sentidos;
mis venas estaban frías
y eran tan solo tránsito
del miedo y la humillación,
la aflicción y la angustia.
No hay más luz en el mundo
que la que trae el amor,
nada alumbra la esperanza
sino unos ojos hermanos,
la vida no vale nada
sin esos besos que hieren
en la más profunda hondura,
desbordantes de ternura;
cuando tú llegaste, niña,
para enseñarme a amar
y derretiste la nieve
que enfriaba mis adentros,
aliviaste mi agonía,
trajiste la plenitud 
de una hermosa primavera,
me hiciste libre;
todavía mi corazón
yace en un triste presidio,
todavía se desprecia a ratos,
todavía tiene un poco de miedo,
todavía lo adormece, 
aunque ya no tanto, 
el brillo de la importancia 
y tu lejanía le es amarga
porque ansía tus besos,
tus manos, tu voz, tus suspiros,
tus ojos de niña,
tus sienes felices, tu pelo;
aún no descansa mi corazón,
aún teme y duda,
aún se suspende horrorizado
receloso del mundo,
pero le has dado tanta luz,
tanto aire, tanta esperanza,
tanta ternura y tanta felicidad,
que al fin ha de levantar el vuelo
como las bienaventuradas aves.

domingo, 26 de enero de 2014

Amarga lejanía. XII

¿Quién sabe lo que esconde
el corazón de los otros?
Más allá de las palabras y las máscaras,
¿qué guardan sus almas para nosotros?
¿Qué puedo importarle yo
a quien con su aliento me protege
llevado solo de su respeto?
¿Quién soy yo para aquel que me sonríe,
o me extiende una mano cordial
si solo le une a mí su conciencia?
¿Qué hay más allá del muro
de las apariencias,
qué queda de la armonía entre los hombres
cuando ya no tienen miedo,
ni les escucha nadie,
ni esperan nada de los demás?
¿Cuánto amor hay en un alma
liberada de la esclavitud?
¡Qué poco significo para los otros,
qué pequeño soy en su pecho,
qué insuficiente me veo ante ellos!
¡Qué decepcionante es la indiferencia,
la inevitable indiferencia
de los espíritus que nos rodean!
Tú me amas más allá
de todas las máscaras;
tus venas saben de mí
y remedan, ardientes, mi esencia desnuda;
estoy en tu sangre, dulce amada,
como tú estás en la mía
y este amor nos hace poderosos
como volcanes desatados.
No soy más que un extranjero
en este desolador mundo,
un ser extraño e ignorado,
un misterio a plena luz del día,
pero tú me engendras en tu regazo
y me traes a la existencia,
tú eres mi refugio
en mi nostalgia de ser.

sábado, 25 de enero de 2014

Amarga lejanía. XI

¿Qué palabras puede haber
para representar
una hermosura tan asombrosa?
¿Qué versos pueden expresar
para que cualquier alma lo conozca
un amor tan infinito?
Calla mi boca,
impotente ante tanta felicidad,
ante tanta luz y tanta belleza,
ante tanta plenitud y armonía.
Mi corazón no puede hablar
encerrado en mi dichoso pecho,
la llama de esta pasión
es más ancha que mi lengua,
la claridad que has traído
difumina la tinta
de todos los poemas.

viernes, 24 de enero de 2014

Suero para corazones enfermos. XXI

Si lo que has dado hasta hoy
te parece excesivo
y ahora solo quieres
ocuparte de ti mismo,
piensa si no es eso
lo que has estado haciendo
aunque de la peor manera
que encontró tu entendimiento. 

Amarga lejanía. X

No tengo dulces alas
para remontarme al cielo
ni puedo tocar la luna
con las yemas de mis dedos
pero llegar hasta ti,
preciosa niña de rosas,
a recoger tus besos
y la ternura de tu corazón 
me es tan connatural
como respirar el aire
pues no hay dos cosas en el mundo
que se sepan tan cercanas
como tu pecho y el mío.

Amarga lejanía. IX

¡Qué noche más luminosa
si surgieras de repente
a la puerta de mi casa! 
Yo te daría un abrazo
y llenaría de besos
tu deliciosa carita 
y, después de vernos el alma
mirándonos a los ojos,
te llevaría al zaguán
a presentarte a mi madre;
ella querría contarte
su vida desde el principio,
sin ahorrarte los títulos
de los capítulos
pero, antes de que empezara,
yo cogería tu mano,
te llevaría a mi cuarto
y, hasta que el gallo cantara,
te estaría piropeando;
hablaría de tus ojos,
tan bellos que me derriten,
de tus pestañas enormes,
de tus mejillas graciosas,
de esos labios que tienes
que parecen las rosas
con que rompe el amanecer
y hablaría de tus manos,
tan blancas como la nieve,
y de tu pelo moreno,
que es una noche estrellada,
y de tu frente de niña
y de tu dulce barbilla,
hablaría de tu voz
delicada y musical,
de tu alma bondadosa,
de tu corazón sencillo,
manantial de mi esperanza,
y de tus mil estrellas
y, cuando al fin acabara
de desmenuzarte toda,
volvería a tus ojitos,
pocitos de mis entrañas,
y a tus pestañas largas,
que parecen margaritas,
y a esos labios de miel,
que me llaman como imanes,
y a tu pelo de sirena
y a tus manos de cristal
y el sol nos encontraría
con las almas perfumadas,
inflamadas de dulzura, 
rebosantes de alegría,
gozando de saberse al fin
en su más dorada meta.

jueves, 23 de enero de 2014

Suero para corazones enfermos. XX

¿Qué esperas conseguir
cultivando con mezquindad tu egoísmo?
¿Qué te hace creer
que tienes lo que quieres
si tu casa es opulenta,
si tu patria es poderosa,
si tienes dinero en tu banco,
si nadie puede humillarte,
si te respetan tus vecinos,
si puedes cerrar tu puerta
al dolor de los demás?
Abre tus ventanas al destino,
tu corazón tiene una meta,
has nacido para la libertad,
llena de alma tus pulmones,
busca en tu pecho la inocencia,
vive tus días con ternura.
¡Entrega tus venas a la esperanza!


Suero para corazones enfermos. XIX

¿Qué negocio es la existencia?
¿Qué esperas de tu corta vida
para volverte esclavo del interés?
Desnuda tu alma,
mira hacia las alturas,
hacia allí donde los pájaros
culminan su gozoso ascenso,
hazte dueño de tu destino
y arroja a un precipicio
tus inmundas cadenas.

Suero para corazones enfermos. XVIII

¿Qué clase de amor es
el que exige y busca el interés,
el que reprocha y condiciona,
el que calcula y mira la utilidad?
¿A quién aman los que dan
su corazón a cambio de algo?
¿A un ser humano
o al más zafio provecho?

Amarga lejanía. VIII

Hacia la aurora camino;
estás en el amanecer,
en todas las gotas del rocío,
en el sol joven que apunta
en la claridad de mi horizonte,
estás en la primavera que llega,
en las promesas de la vida,
en el fruto de los días;
hacia la aurora camino,
hacia la miel de tu rostro,
hacia la esperanza de tus manos,
hacia el remanso de tu frente,
hacia los dones de tu corazón,
hacia el resplandor del mundo,
hacia un torrente de vida,
hacia el secreto de la existencia;
el universo está en silencio,
suspendido y asombrado,
contemplando la llama
que palpita en nuestras entrañas;
hacia la aurora camino,
donde tú estás, amada,
donde está todo mi aliento;
ya ilumina mis adentros,
abiertos de par en par,
tu luz de inocencia y gracia.

Suero para corazones enfermos. XVII

Almas enfriadas
en los laberintos del intelecto,
corazones tibios estafados
por las doctrinas de viejos libros,
pechos ahogados
en un mar de falsa inteligencia,
vuestra cobardía y estupidez
despierta mi compasión.
¿Qué habéis hallado en vuestros melones,
exangües y famélicos filósofos,
para huir de la inocencia y la ternura?

miércoles, 22 de enero de 2014

Amarga lejanía. VII

Las palabras que te escribo
son como besos sedientos,
como abrazos que me vuelcan,
como si tocara tus manos
o meciera tu pelo
o rozara con mis labios
tus sagradas sienes;
las palabras que te escribo llevan
mi corazón desnudo y herido,
buscan tu mirada, tus labios,
tu frente de diosa, tu barbilla,
tus tiernas mejillas,
buscan tu aliento de miel y luz,
son mi reverencia, mi claudicación,
mi fuego, mi espada, mis entrañas;
las palabras que te escribo
no son sílabas y gramática,
son mi tributo de amor
en esta triste lejanía.

Amarga lejanía. VI

Me inquietan tus ausencias tanto
como al hombre provinciano la opinión,
jaula de prejuicios e intereses,
donde penan las almas mezquinas. 
Amar a un provinciano es
tarea arriesgada,
tan vil y traidor le hace su miedo
que, cuando estrechas su mano,
parece que tocas un gusano;
su flaco valor le convierte
en depósito del vicio
y, burdo hipócrita, censura
el mal sin evitarlo;
¡qué gran hombre el que tenga
las virtudes que este finge,
qué repulsivo el roce de alguien 
que renuncia a su humanidad!
¡Cuánto me preocupan tus ausencias, niña,
y qué poco
que me mire mal un cobarde!

martes, 21 de enero de 2014

Amarga lejanía. V

Tenemos muchos senderos
bordeados de flores que recorrer,
mucha brisa que sentir en nuestros rostros,
muchos amaneceres que contemplar,
muchas primaveras que saborear,
unidas nuestras manos fraternas
bajo un cielo
que solo exista para nosotros;
tenemos muchos besos que darnos,
muchos abrazos en los que verternos
el uno sobre el otro,
muchas mariposas que ver volar
entre tus ojos y los míos;
no es posible que nuestros destinos
no se encuentren en la Tierra,
no es posible que todo este amor
no merezca un tiempo de gloria.

Suero para corazones enfermos. XVI

No hay amor en la roca dura,
no hay felicidad en el inerte acero,
solo conoce
la seducción de la vida
el hombre que tiene el valor
de abrirse a su debilidad.

Amarga lejanía. IV

Desde que era un niño,
he querido ser
el que llegara más lejos,
el más fuerte, el más sabio,
el más listo, el que menos se equivoca,
el más cercano a la verdad, el más libre,
desde que era un niño,
he estado a la defensiva,
creyendo que el tropel del mundo entero
me miraba con desdén, 
receloso y hostil
a mi sola persona,
como si yo fuera el único
que habitara el escenario del mundo,
y asustado de la multitud,
he vivido para no errar,
para no quedar en evidencia,
para representar bien mi papel,
como si no importara lo que uno siente
sino la forma de sus actos.
Deja frío en el alma
la lucha contra todos;
el corazón se apaga,
y pierde toda su esperanza,
el orgullo se humilla,
la inquietud perturba el aliento
en un mundo lleno de sombra
cuando se lucha contra todos.
No me juzgaste
ni me pediste nada
cuando viniste a mí,
traías un alma limpia
como la de un niño
al que nunca han humillado,
me enseñaste a creer
en la luz y la dulzura
que destilan las horas
más allá de todo interés,
más allá de la sombra que proyectan
el orgullo y la necesidad;
te debo la libertad,
la luz de mi pecho,
la ternura, la vida,
te debo el horizonte,
la esperanza, la fe,
te debo la bondad,
el rigor de mis pasos, la dicha,
el calor de mis venas.
No puedo coger
tus manos de cristal
entre las mías conmovidas
y la sed de tu roce
llena de amargura mis adentros 
pero soñarte a mi lado
redime mi espíritu;
te esperaré infatigable
porque en tu regazo abarcas
la humanidad que perdí.

Suero para corazones enfermos. XV

Porque mi boca se lamenta
con la prontitud de los niños
cuando me invade la aflicción,
porque, con inocencia, descubro
los dolores que fatigan
mi espíritu medroso,
porque mi valor no alcanza
a ocultar los temores 
que me bullen en las venas, 
porque no quiero un fusil
apoyado sobre mi hombro
ni ser ángel de destrucción
por una montaña de oro,
porque prefiero emociones
a palabras de piedra
e ilusiones vaporosas
a reputación de velatorio,
creerán que soy un llorón
que no sirve para nada,
mezquino como un gusano,
débil como una pluma,
y hasta traidor y malvado
porque no oculto la verdad;
pueden reírse de mí,
escarnecer cuanto quieran
mis poemas y mis cuentos,
llamarme, con sorna vil,
repugnante sabandija,
pero yo sé que jamás
serán personas felices
quienes se vuelven de hierro,
solo es feliz el que siente
fragilidad en el alma
y de par en par la abre
al afecto y la libertad.


lunes, 20 de enero de 2014

Amarga lejanía. III

El estío te insinúa
en el sofá del zaguán,
hablándome de tus viajes
adormecida por el calor,
tu mano rozando la mía
con la solidaridad
de un alma gemela;
nunca has estado en mi casa
pero puedo imaginarte
sentada a mi lado
mientras tu voz cantarina
deja armonía en mi corazón
contándome
dulces historias llenas de ti;
es la siesta, no sopla el aire
y tu frente destila
unas gotas de sudor;
te doy un abanico,
te haces aire,
te arrellanas y cierras los ojos
y te quedas dormida;
niña, qué bella estás dormida,
qué ternura tienen tus labios,
qué belleza muestran tus pestañas,
qué hermoso es tu pelo
con algún mechón pegado
a tus sudorosas sienes;
no quisiera despertarte
con un beso en tu dulce boca,
no quiero acariciar tus manos
para no interrumpir tu descanso,
ni acercarlas a mi rostro
y besarlas con pasión,
tienes que seguir durmiendo,
en el sofá del zaguán
mientras mi corazón te contempla
como a su luz salvadora.

Amarga lejanía. II

No hay tantas estrellas
en el profundo cielo
como besos ahogados
en mi anhelante boca
que ansía tus mejillas,
tus sienes, tu frente,
tu pelo, tus labios,
tus manos de cristal;
no hay tanta agua
en la vastedad del océano
como deseo inunda
mis desesperadas venas
que me empujan hacia ti
como empujan las olas
hacia la orilla del mar
y, al no hallarte a mi lado,
mil veces cada hora,
buscan la miel en tu nombre.

Amarga lejanía. I

Mi corazón roza el tuyo;
más allá del océano,
de las fronteras y los meridianos,
mi corazón roza el tuyo;
esta ausencia 
que obra la fatalidad 
deja dolor y vacío  
en la estela de los días,
tu lejanía atormenta
con dulce llaga
mi ternura ardiente,
el teatro de la vida
nos quiere separados
para atormentar mi pecho
pero detrás de este velo
de la amarga apariencia,
mi corazón roza el tuyo;
estás conmigo en los valles
del luminoso infinito,
rozando mi corazón,
hecha un racimo de estrellas.

Por todas las cosas

¿Se puede llorar alguna vez
por todas las cosas a un tiempo,
porque estamos aquí,
porque morimos,
porque nuestro corazón es opaco a los demás,
porque estamos cansados,
porque la felicidad
se ausenta demasiadas veces,
porque los hombres no nos entendemos...?
¿Se puede llenar el alma de agua
y derramar por los ojos
para que descarguen
por todas las decepciones
y todo el horror de la vida,
por todo el dolor que encierra el Universo?

Suero para corazones enfermos. XIV

No humilléis a un niño
cuando se crea un rey,
no le neguéis la gloria,
no rompáis su ilusión,
no arrojéis lodo a su cara
cuando se crea un rey;
no hay soberano tan digno,
no hay monarca tan noble
como un niño que desconoce
la sórdida decepción.

domingo, 19 de enero de 2014

Algunas veces

Porque una indeleble herida
fatiga mi orgullo,
porque mi insuficiencia deja
desolación en mi alma,
porque la culpa me hostiga
y abre un vacío perpetuo,
la tristeza se posa,
algunas veces, en mi corazón.
Yo soy un ser humano,
mi boca puede decirlo,
la lógica lo proclama
sin permitir discusión
pero mi pecho no lo siente:
soy marioneta
de la brutal intransigencia.
Algunas veces, tengo dentro
ira y desprecio,
tan injustos como las almas
que me enseñaron a sentirlos; 
algunas veces, me frena, 
en el camino a los otros, 
la insidia de mi conciencia.

Suero para corazones enfermos. XIII

La meta del corazón 
no tiene forma,
es realidad y esencia,
espejo de tu hondura;
deja de perseguir
apariencias y carcasas,
solo eres dueño
de aquello a lo que renuncias;
cuanto sujetas con afán
son las cadenas que te aherrojan.

Suero para corazones enfermos. XII

Crees que este poema
tiene explicación,
que su forma es todo lo que ofrece,
que el entendimiento lo penetra,
que la lógica lo juzga,
que no es más que un poema
pero yo te aseguro
que lo que importa de estos versos
solo el corazón lo entiende.

jueves, 16 de enero de 2014

Vulnerable

Tal vez soy un hombre valioso
pero mi aliento es frágil hoy
y mi fuerza ha decaído;
sin el calor de los otros,
me siento vulnerable
y mi orgullo flaquea,
el mundo es demasiado grande
y yo solo soy un hombre;
siento como si fuera cierto
que soy el peor humano
y que he de purgar
una culpa desconocida,
inextinguible y horrenda.
Sé que es de cobardes,
de necios y de dementes
este anhelo de protección
que atosiga mis entrañas
en este instante de debilidad,
sé que ningún hombre
vale más que su hermano,
sé que estoy ahogándome
en un vaso de agua,
no quiero incomodarles
con mi exceso de sensibilidad,
pero ¡qué tiernamente
está añorando ahora mi corazón
la caricia de mis semejantes!

miércoles, 15 de enero de 2014

Cimas del Paraíso. CVI

Hasta el infinito, soy,
como cicatriz, me adentro
en la viva realidad,
mi vastedad atraviesa,
como una columna, 
el seno de la existencia;
quizá hombre,
quizá viento en las nubes,
quizá pájaro,
no debo a nadie ni a nada
mis latidos y mis pasos;
hasta el infinito, soy,
soy en la brisa,
en el amanecer, en el rocío,
en el mar, en las raíces,
mi pecho palpita
lleno de calor y armonía;
ilimitadamente uno,
soy dueño de mi esencia,
tan libre que las estrellas
palpitan en mis entrañas,
quizá hombre,
quizá rama de almendro,
quizá océano inmenso,
no tiene término mi aliento;
hasta el infinito, soy
y tú caminas conmigo.

Suero para corazones enfermos. XI

Confieso
que soy frágil y deficiente,
que soy pequeño y miserable,
que soy efímero
como una ráfaga de viento,
pasto de viles gusanos,
impotente ceniza,
desdichada criatura
entre las desdichadas;
confieso que mi camino
es un sendero imperfecto
plagado de patéticos errores
cuya sola contemplación
estremece mi alma;
confieso que soy un hombre,
tan leve, tan poco
pero tan perdonable.

Ineludible

Entre obligaciones triviales
pero ineludibles,
angustiosamente ineludibles,
muere tu libertad
y la de quienes te rodean;
la opresión de tu alma seca,
tu absolutismo de santo de piedra,
deja en mi corazón un estigma
de desazón y amargura.

Cimas del Paraíso. CV

Me ofrendo a ti
y, aunque no te doy
el hombre más guapo,
ni el más inteligente,
ni el más bondadoso,
ni el más influyente,
te doy un hombre
con la libertad en su corazón
que, dueño de su voluntad,
ha escogido serte fiel.

martes, 14 de enero de 2014

Cimas del Paraíso. CIV

Los demonios de la culpa
pugnan feroces por destruir
este paraíso que has traído;
a la claridad de tus días, suceden
sombrías noches
habitadas por los espectros
de la duda y la inquietud;
mi espíritu no acierta a creerse
dueño de tanta felicidad
pues lo obligaron a aprender 
que la bondad de corazón
solo merecía sufrimiento.

Suero para corazones enfermos. X

Las palabras hablan de todos,
las razones convencen a todos,
las normas se aplican sin excepciones, 
la forma rige
de acuerdo con el consenso,
la calle la transita cualquiera
pero el corazón es único,
extraño, incomprensible, rebelde,
orgulloso, libre,
y su sendero
nadie más que él puede pisarlo.
El afecto que sabe
darme el ser y la vida
no es el que alienta esa belleza
que todos perciben
sino el que se alimenta
del hambre de realidad.
Olvídate de mi poema,
de sus palabras y su música,
de su gramática y su léxico,
de su lógica y su doctrina,
olvídame a mí;
cuando salgas de tu casa
y el sol y la brisa
llenen de júbilo tu aliento,
olvida que has leído un poema,
no le debes nada a los poemas,
no me debes nada a mí;
no debes tu esencia a ninguna forma,
no te debes a la ley,
ni al camino usado,
ni a tus semejantes, ni a tus ideas,
ni a lo que dices o te dicen,
te debes a tu corazón 
a ese murmullo oscuro y confuso
que nadie podría entender
pero que no podrías
arrancar de tu pecho,
te debes a tu corazón,
olvídate de mi poema,
olvídate de todos los hombres
porque, si la libertad 
inunda tus arterias,
serás fuego y resplandor
en un incendio de esperanza.

Suero para corazones enfermos. IX

La lengua se remonta  
a cimas descarnadas,
tiene tráfago con cáscaras hueras,
formas que han perdido su sentido,
ama la ley y la restricción,
refrena el aire,
tiene la tibieza
de un flácido tirano,
mendaz y zafio;
pero el corazón
no conoce las palabras,
porque el corazón es
la inefable realidad.

domingo, 12 de enero de 2014

Cimas del Paraíso. CIII

Tus noches
despojan a mis entrañas 
de calor y dulzura;
la oscuridad, el silencio,
la inquietud, el abandono,
atormentan mi pecho
que ansía tu proximidad;
eres la luz que regresa
en una jubilosa aurora
para abrir los horizontes
a la miel y a la alegría;
no soy dueño
del devenir de las cosas,
soy deudor
del tiempo y la fatalidad,
la vida es mera contingencia;
bajo este manto de sombra
invoco a la esperanza
y ansío para mi corazón
valor y fe.

Cimas del Paraíso. CII

La desazón de quien se sabe
caminante hacia la nada
agravia mi vanidad
y angustia mis adentros 
que ansían un remanso,
una posada,
una pausa en esta derrota
tan desoladora y sombría;
quiero que empuje mis alas
el alentar de la gloria,
redimirme ascendiendo
a las cumbres de la belleza,
quiero conmover las venas
de mis buenos semejantes,
la soledad sabe a muerte,
a eternidad de vacío,
quiero que mi corazón rebose
de sensaciones hermosas,
de amor, de orgullo, de esperanza,
de júbilo, de libertad;
pero, en este incendio de vida,
en estos gozos del alma,
son tus labios de dulzura
la cima de mis alivios,
mi refugio más sólido,
una luz que deslumbra
mis adentros conmovidos;
tus labios son, niña mía,
fuego para mis arterias,
llenos de palabras tiernas,
son el culmen de la hermosura, 
un opulento torrente 
de plenitud para mi aliento.

sábado, 11 de enero de 2014

Suero para corazones enfermos. VIII

Para elegir al rey de los sapos
habría que encontrar
al más sapo de todos
pero, por ser todos ellos sapos
sin restricción alguna,
no tienen rey ni gobierno
y cada cual hace en su charca
la vida de un soberano.

Cimas del Paraíso. CI

Lo más bonito de este mundo
no lo puedo hacer mío,
estás fuera de mí,
otro hálito te alienta,
tus pasos
no los caminan mis pies,
pero nuestras dos almas,
en el eterno mar del infinito,
son un solo y diminuto punto,
una estrella lejana que arde
en el incendio de dicha
que alimenta nuestro amor;
lo más bonito de este mundo
no lo puedo hacer mío
pero te siento en mi corazón,
en lo más hondo y esencial,
como una dulce presencia
que lo acaricia y lo roza
cual una leve mariposa
a la flor donde se para;
lo más bonito de este mundo
no lo puedo hacer mío
pero, en el viento, nuestros sueños
saben encontrarse,
juegan y retozan ascendiendo
hasta el azul del cielo
y la esperanza los funde
en una sola ilusión;
en el viento, niña,
en el infinito y en mi corazón,
eres mía y yo soy tuyo
y ningún poder del universo
nos puede quitar la alegría
de compartir el destino.

Cimas del Paraíso. C

No quiero que sufras nunca por mí,
no quiero hacerte un solo reproche
ni perturbar la inocencia
de tu alma de niña,
eres una mariposa delicada,
una rosa blanca y pura,
un pajarito frágil y tierno,
quiero mimarte y demostrarte
lo que mi pecho te adora
cada día de mi vida. 

viernes, 10 de enero de 2014

Cimas del Paraíso. XCIX

Yo no tengo tu carne,
no tengo tu presencia,
no tengo tu voz,
ni siquiera tus palabras,
solo sé que estás ahí,
contemplando mis muestras de afecto,
leyendo mis poemas,
sin un solo te quiero,
pero has de saber que me siento
poseedor de la fortuna
más inmensa de este mundo
pues sé que tu corazón callado
está feliz de ser amado.

Cimas del Paraíso. XCVIII

Siempre hay una ola
que lame la playa,
siempre hay un sol que cabalga 
en torno a la opulenta Tierra,
siempre hay pájaros alegres
remontándose en el aire
y siempre
habrá fuego en mi pecho
ardiendo de devoción,
siempre serás mi prenda,
el depósito de mi ternura,
siempre habrá luz en mis venas,
siempre las colmará el placer
de servirte y venerarte
y de tenerte a mi lado. 

Entre almas de hierro. Epílogo II

No merezco la felicidad,
mi más hondo fundamento
es grotesco y erróneo,
culpable y repulsivo.
Un dios brutal e intransigente,
dueño de este oscuro mundo
y de la desdichada humanidad,
hará estallar
como pompas de jabón
las quimeras que mi fantasía
ha osado sembrar en mi corazón
buscando un destino dulce
y este espíritu,
angustiado y desolado,
que me alienta débilmente,
será humillado sin clemencia
con el escarnio más frío.
¡Qué vileza tan grande
encierra mi ser,
qué digno soy de menosprecio,
qué triste y miserable!
Toda dignidad me es ajena,
solo merezco 
las burlas de los niños.
Y, si no es así,
si, de verdad, la inocencia
llena de luz mi pecho,
si merezco ser dichoso,
si soy un alma de bien,
hermosa y bien conformada,
¿por qué late tan fuerte en mi hondura
esta sed insatisfecha
de afecto y aprobación?

Cimas del Paraíso. XCVII

Quisiera la fama eterna
para los poemas que escribo
y que mi nombre ganara
un honor sin sombras,
quisiera ser tan grande
como el sublime Homero,
que mi talento me irguiera
por encima de todos,
que ningún hombre pudiera
despreciar mi dignidad;
pero tú no tienes que darme
ninguna importancia 
pues una chica como tú,
de tu competencia y belleza,
me saca mucha ventaja
y, si presumo contigo,
vas a burlarte de mí.

jueves, 9 de enero de 2014

Suero para corazones enfermos. VII

¡Qué loco está el hombre
que quiere desnudar su corazón
y mostrar ante un semejante
su falta de fortaleza!
¡Qué necedad tan grave
es reconocerse frágil,
con la humildad de los niños,
frente a quien le presta atención 
con insólita paciencia!
¡Que poco razonable es
permitirse la debilidad 
y asomarse a la amargura
de la añoranza del otro!
¡Qué poco sabe de lógica 
quien renuncia al orgullo
y abre el alma entera
buscándose en un hermano! 
¡Qué loco está el hombre
que aún cree en la esperanza!

Suero para corazones enfermos. V

Si te cuesta decir te quiero,
si te cuesta demostrar amor,
si te cuesta expresar sentimientos,
¿no será porque no los tienes?
¡Rápido, rápido,
observa tu corazón!
Quizá lo tengas muerto
y creas que solo está mudo.

Suero para corazones enfermos. IV

Guarden su apreciado equilibrio
los espíritus egotistas, 
líbrense de perjuicios
en su tráfago con los otros,
no les hiera nunca el amor,
ni la fragilidad les afecte,
que su corazón sea una roca,
resistente y saludable,
se marcharán de la vida
sin los otros en el pecho,
su complacencia de feto
proseguirá en su ataúd.

Cimas del Paraíso. XCVI

¡Qué caminito de estrellas,
qué rosa fresca y abierta,
qué amanecer pleno y deslumbrante,
qué hermosura más indescriptible
el contento y la felicidad
de tu corazón de niña!

Cimas del Paraíso. XCV

Poco importa, florecilla hermosa,
cuánto me quieras,
ni cuántas cosas harías por mí,
no me atormentan la dudas
por la magnitud de tu afecto;
el que yo te expreso
sé que te hace feliz
y, solo por eso, yo podría
entregar mi vida por ti.

Cimas del Paraíso. XCIV

El mundo deja en mi alma
un rastro de humillación,
los hombres no quieren ser libres,
quieren enjaular el aire,
mi canto expedito tropieza
en alambradas altivas;
pero, en tu regazo, niña,
no siento el dolor,
ni la fatiga o la angustia,
a tu lado, la decepción
se exilia de mis sentidos.

miércoles, 8 de enero de 2014

Suero para corazones enfermos. III

Hay hombres de corazón dormido
que no supieron decir no
y viven vidas oscuras,
apegados a las cosas,
con amigos que aburren,
con un amor
fabricado de serie,
y, cuando miran al cielo,
creen que es un techo de piedra
en la prisión más enorme.

Suero para corazones enfermos. II

¡Qué gris es una vida razonable!
¡Qué servidumbre tan triste
la de la forma!
¡Qué vil existencia la que camina
por una senda obligada!
Duros días los del hombre
regido por mandamientos
cuyo corazón agoniza
encadenado a las cosas.
No es recto ni consensuado
el vuelo de las mariposas.

Suero para corazones enfermos. I

El hombre que espera
una autorización para sentir
y no entrega todo su aliento
a deslizarse en la brisa
con las alas de la inocencia,
el hombre que cree en sus ideas
más que en su ternura
y deja que su libertad duerma
acunada por la doctrina
¿para qué creerá que viene al mundo,
dónde encontrará una luz
para soportar su tedio?

martes, 7 de enero de 2014

Cimas del Paraíso. XCIII

Tu ausencia es viento de otoño 
que me vacía y despoja,
que deja helada mi hondura
y arrastra mi alma desierta,
hecha polvo y hojarasca;
soy un hombre con valor,
podría seguir viviendo
si nunca más regresaras,
seguirían transcurriendo
los días tal como ahora,
sucedería al invierno
la primavera habitual,
los años avanzarían
con su inagotable afán
y yo nunca olvidaría
que me debo solo a ti
mientras me habite el aliento,
mientras mi corazón lata,
pero sería tiniebla
la luz del amanecer,
desgarro de mis entrañas,
el perfume de las flores
e infinito tormento
acordarme de tus ojos.

Cimas del Paraíso. XCII

Un señor muy elegante,
ocupado y diligente,
me ha dicho que no soy poeta;
poco me importa no serlo,
no escribo para ingresar
en la Real Academia,
ni para que me hagan zalemas
señores muy circunspectos
sino para romper cercas
y quebrar cadenas,
para seguir el instinto
de mi corazón libre y latiente,
para llevar esperanza y verdad
al alma de mis semejantes
y para honrarte y expresarte
porque te llevo en mi pecho
y todo mi aliento
es deudor de tu ternura.

Entre almas de hierro. XXXVI

En sus pechos no aleaba
el espíritu de la empatía; 
asfixiado su instinto de ser,
aherrojado por los sofismas
y la seductora autoridad,
su adentro no podía acoger
las luces de la libertad,
tan solo el ciego anhelo
de matar el azar
destruyendo la esperanza
en las almas desnudas.

Entre almas de hierro. XXXV

En su corazón, no había
albergue para el otro,
solo eran capaces de amar
el prejuicio que los subyugaba. 

Cimas del Paraíso. XCI

Amor mío, escríbeme un poema,
quiero oír tu corazón
vestido para los otros
contándoles de mí;
diles que tu pecho arde,
que una llaguita muy dulce
te hace penar todo el tiempo,
que soy tu luz y tus alas,
que tu ternura de niña
anhela mis hondos besos,
besos en tu sien serena,
en tu frente de estrellas,
en tus mejillas tersas,
en tus manos dóciles,
en tus labios de miel derretida;
diles que en tus sueños soy
pájaro que contigo vuela,
no príncipe de un gran reino,
ni general triunfador,
ni magnate presuntuoso 
sino un pajarito humilde
que en el viento navega
tras tu inocente rastro
con la garganta repleta
de alegría y primavera;
diles, mi bella niña,
que tienes el alma llena
de mis poemas de amor
y que soy la mariposa
que te revolotea dentro,
la herida más honda que tienen
tus adorables entrañas.

lunes, 6 de enero de 2014

Cimas del Paraíso. XC

Los hombres viven
sojuzgados por la necesidad,
atareados en satisfacer
su propio provecho
pero tú has traído a mi corazón
el infinito,
has roto
el cercado de mi aliento
para que ilumine mis venas
una libertad eterna,
me he redimido
entrando en tu vastedad.

domingo, 5 de enero de 2014

Cimas del Paraíso. LXXXIX

¿Qué esperanza de amar
les queda a los viejos?
¿Quién quiere abrazar
una carne marchita?
¿Quién puede admirar
a quien se siente tan pequeño? 
¿Quién quiere oír
a un alma sedienta
a la que la muerte apremia?
¿Quién se encarga de darle el ser
a un viejo?
¿Quién querrá permitirle
que no muera todavía
amando a ese corazón
tan lleno de remordimiento
por no haber sido justo con los viejos?
¿Quién querrá acunar a ese niño
al que la muerte hace llorar,
a ese recién nacido
que ha perdido tantas primaveras?

Cimas del Paraíso. LXXXVIII

El vasto universo,
océano de estrellas y negrura,
que turba nuestro corazón
cuando, en las noches claras,
alzamos nuestra mirada al cielo
preguntándonos qué somos
y qué hacemos aquí,
esconde en su regazo una luz
más potente que mil soles,
su perla más valiosa,
la joya que le da su fundamento
y mantiene su realidad;
sus rayos puros transportan
el bien y la belleza;
su llama sutil y mágica
sabe alcanzarme las venas
e, incendiándome por dentro,
restallando con mil chispas,
lleva goces infinitos
a mi pecho conmovido. 
Es un cuerpo muy pequeño,
frágil y delicado,
que cabe en mi habitación
pero el brillo de su fuego
podría dar claridad
al entero firmamento,
porque es un incendio de hermosura,
de inocencia y de ternura,
sin límite, sin medida,
avivado por la libertad.
Ese secreto del cosmos,
esa luz infinita y dulce
es la muchacha que amo.

sábado, 4 de enero de 2014

Entre almas de hierro. XXXIV

El mundo se volvió prisión,
laberinto de pavor y escarnio,
mi corazón perdió a los otros
porque contempló la cima 
de la maldad de los hombres
y no encontró el perdón
para tanta indignidad;
mi alma se abatió en las sombras,
sentí la culpa y el desprecio
atormentando mi oscura entraña;
gárgola solitaria, anduve
por caminos de desolación,
temeroso del espejo
y los ojos de mis semejantes;
mi corazón perdió a los otros,
olvidó su destino
de inocencia y amor,
murió mil muertes cada día
y vivió infinitas agonías,
la esperanza quedó cautiva
de aquellas almas de hierro
que humillaron mi bondad
cuando dejaba la infancia.

Entre almas de hierro. XXXIII

Su cobardía les llevaba
a permitirse la traición
y, por esquivar la culpa,
a embozarse la inocencia
ante la multitud satisfecha.
La muchedumbre quería
únicamente villanos,
capaces de la deslealtad
para convertirse en su dueña,
absoluta y definitiva,
una vez perdida por ella
su precaria dignidad.
Los hombres no somos horda,
los hombres somos libertad,
cada cual, en su hora postrera,
se lo escuchará a su corazón.

viernes, 3 de enero de 2014

Cimas del Paraíso. LXXXVII

¡Qué inhóspitos somos los hombres!
¡Qué tibios son los sentimientos
que nos despiertan los otros!
¡Qué desierto y solitario está
nuestro frío corazón!
¡Qué poco nos importa el cartero,
la cajera del supermercado,
el vecino del quinto,
nuestra tía Josefina,
el aburrido viejo del parque,
el poeta que se exhibe en internet...!
¡Qué tediosa es la existencia
cuando solo nos quieren
porque cocinamos bien
o porque sabemos conducir!
¡Qué vacío mortal
vivir sin amor!
¡Qué dulce gozo
sentir calor al chocar
con otro pecho!
¡Qué milagro delicioso
arder juntos en una llama
yo y el otro sin vacilación,
sin que sepamos por qué,
gozando el placer de la vida
porque podemos amar!
El día que llegaste a mí,
comencé a quererte,
eras más especial
que la cajera del supermercado,
a tu lado, el tiempo
no era un desperdicio,
contigo la felicidad
era fácil de sentir,
tu luz era tan potente
que inundaste mi alma,
llenaste de esperanza mi horizonte,
redimiste mi existencia,
me mostraste el camino
del bien y la alegría.
¡Qué poco significa para mí
el vendedor del butano,
pobre hombre!
Pero tú has hecho de este mundo
un país de los sueños.

Entre almas de hierro. XXXII

Su roce llevaba
aflicción al alma,
su aliento era frío y brutal 
y dejaba en el corazón
un dolor de desnudez humillada.
¿Cómo puede un hombre encerrar
tanta vileza y cobardía
en la jaula de su pecho
y escarnecer tan duramente
su propia hondura?

Entre almas de hierro. XXXI

Barriles de tedio y frustración,
almas agobiadas bajo el peso
de la traición a la verdad,
sonámbulos de la muerte
volcados en vengar vuestro sufrimiento
y destruir el último bastión
de vuestra claudicante libertad,
¿dónde yace enterrada
vuestra última esperanza
de ser felices en la Tierra?

Entre almas de hierro. XXX

Siempre era un bien espurio
el que hacía el instinto,
la bondad era premeditación,
urdimbre turbia,
fría estrategia
y el mundo seguiría en pie
mientras se extendiera el sufrimiento.

Entre almas de hierro. XXIX

No entendían que el hombre
no puede ser domesticado,
que, si su corazón es encerrado, 
fingirá piedad a sus carceleros
pero jamás renunciará a la venganza.

Entre almas de hierro. XXVIII

No sabían
que mi obligación era ser libre
obedeciendo a mi corazón;
no sabían
que la felicidad del cobarde
es peor que la muerte.

Entre almas de hierro. XXVII

¿Debo acatar las buenas costumbres,
debo plegarme a las normas,
debo ser sumiso con las ofensas,
debo inclinarme ante lo superior,
debo hacer lo que me recomiendan
si el corazón me ruega a gritos
que le permita la libertad?

jueves, 2 de enero de 2014

Entre almas de hierro. XXVI

Almas cautas y razonables,
prácticas y temerosas,
capaces
de traicionar su dignidad
por un absurdo interés. 

Cimas del Paraíso. LXXXVI

Poblarme de ti es
desembarazar mi aliento,
seguir la dulce derrota del deseo,
henchir mi pecho de esperanza,
llenar de inocencia y belleza mi corazón, 
abrir mis puertas al infinito,
respirar la eternidad,
nutrir mis venas de tu excelsitud.

Entre almas de hierro. XXV

¡Como sombras pasáis sobre la Tierra,
lamentando la oscuridad del mundo,
una cobarde mezquindad os arrebata
la fuerza de vuestros corazones,
no conocéis esta luz,
esta fe que me empuja,
este incendio de esperanza
que prenden en mi pecho
la belleza y la verdad!

Cimas del Paraíso. LXXXV

Niña, no has de ignorar
que mis poemas de amor son hermosos
tan solo porque reflejan
tu majestuosa belleza
y mi corazón resplandece
a los ojos de todos
no más que porque te ama y se vuelve
remedo de tus perfecciones.
Yo no soy el poeta,
ni es mi espíritu el que se admira:
tú eres mi poesía, tú mi belleza,
tú mi generosidad,
yo solo soy
un egoísta y mezquino
pues estoy sirviendo al interés
más extremado.
Me has permitido penetrar
las maravillas que abarca tu regazo;
mi pecho, al contemplarlas,
se ha hermoseado, en su afán
de llenarse de ti.

Cimas del Paraíso. LXXXIV

El mundo me enseñó su desprecio
pero tú solo me reprochas
que reniegue de mí mismo;
el mundo me atormentó
con sus lazos de opresión
y tú te atas a mí con tu dulzura
aunque ningún interés te obligue.

Cimas del Paraíso. LXXXIII (Mi deseo para ti)

Mañana es Nochevieja,
hora en que los corazones que se aman
buscan la proximidad,
tú estarás lejos de mí
pero yo te sentiré muy cerca
porque me habitas el pecho,
porque me debo a ti
cada instante de mis días,
porque tu ser es mi destino
irrevocable y final.
Me acordaré de ti
cuando el reloj dé las doce
y vista al tiempo de nuevo año,
y desearé que seas libre,
que no te sujete ni el aire,
ni la hierba, ni la lluvia,
que tu instinto te lleve
por un camino expedito
como el viento a las nubes,
desearé que seas libre
y que te busques en mí,
como un pájaro en la brisa.

Cimas del Paraíso. LXXXII

¡Cuanta soledad, niña,
siente un corazón enamorado!
Un abrazo desespera,
un beso amarga,
el roce de las manos, llena de ansia,
las caricias, atormentan.
¡Cuánta soledad, niña, 
siente un corazón enamorado!
Todo el tiempo es poco
para disfrutar a quien se ama,
las horas pasan en un instante
y la sed del otro no se apaga.
¿Cómo puedo sanar
de la herida de tus ojos?
¿Cuándo quedará saciada
mi hambre de tus labios?
¿Qué hago con tu pelo,
con tus sienes, con tu frente,
con tus mejillas adorables?
¿Dónde te encuentro,
dónde soy uno contigo,
dónde te puede tener mi alma?
¡Cuánta soledad, niña,
siente un corazón enamorado!
Cuando te ausentas,
la tristeza anega mi pecho,
mil kilómetros son mucho,
pero también un metro,
también un centímetro,
añoro respirar tu aliento,
sentir con tu pecho,
mirar con tus ojos,
habitar tu cuerpo,
ansío desembocar en ti
y diluirme en tu mar
pero no somos agua los hombres.
¡Cuánta soledad, niña,
siente un corazón enamorado!

miércoles, 1 de enero de 2014

Entre almas de hierro. XXIV

El corazón orgulloso
tenía que negarse
porque cuanto hace único
a un ser humano 
era una equivocación
tan solo digna de transigencia.

Cimas del Paraíso. LXXXI

¿Será bondad
hablar con el corazón,
renunciar a las cosas
cuando hacen daño a los otros,
detestar el desprecio 
hacia mis semejantes,
conducirme con modestia y sencillez?
¿Será bondad
entregarte mi vida,
dedicar todas mis fuerzas
a procurar tu bienestar y alegría,
honrarte y venerarte sin límite,
 amar con desbordada pasión y ternura
sin restricción ni medida?
Créalo quien así lo quiera
mas para mí no lo es,
yo lo llamo simplemente
placer de vivir.


Cimas del Paraíso. LXXX

Por merecer tu corazón,
milagroso edén de belleza y ternura,
 seré tu inagotable manantial
de luz y libertad
mientras viva sobre la Tierra.

Cimas del Paraíso. LXXIX

Nada se me daría
de la claridad de una estrella
o de la dulce curva de unos pétalos
si no entraran en mi corazón;
nada se me daría
del azul del cielo,
de la inmensidad del mar
o la excelsitud de una montaña
si no entraran en mi corazón; 
nada se me daría
de la serenidad del arcoíris
sobre la tierra empapada 
o de la luna llena
amenazante sobre el horizonte,
del murmurar de la lluvia
 una mañana de invierno
o del brillo de la escarcha
rutilando en los caminos
si no entraran en mi corazón;
nada se me daría
de la libertad altiva,
que justifica mis días,
de la aduladora esperanza
despejando la oscuridad,
de la nobleza de mi especie,
merecedora de la felicidad,
de la hermosura de la vida,
que acuna el sol desde la altura
si no entraran en mi corazón;
nada se me daría
de tus grandes pestañas
o tus hermosos ojos,
de tus labios de amanecer
o tu pelo más oscuro que la noche,
de tus manos de arroyo limpio
o tu frente pura de infancia
de tu cálida inocencia,
o tu bondadoso aliento,
de tu ternura, tus juegos,
tu alma de niña o tu fortaleza 
si no entraran en mi corazón;
pero no era posible
que mi pecho fuera ciego
a la seducción de este mundo
y al goce de tus bellezas,
si no entraran en mi corazón,
si no hallaran su puerta abierta,
tendría corrompido el fundamento,
sería vacío y sombra,
no me habitaría el ser,
los espejos dejarían en mi espíritu
la huella del espanto.

Cimas del Paraíso. LXXVIII

¡Qué arduo y arriesgado
ha sido el ascenso hasta ti!
Tan escarpada te alzabas
como una cima imposible.
Pero tu rigor era ternura,
tus desaires, compromiso,
tu dureza, fragilidad,
tu distancia, pasión
y cuanto más hielo mostrabas
más se encendía mi amor.