viernes, 28 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXXXVI

Con el rigor de la misma muerte,
olvidan los otros mi nombre,
me hacen nada,
me empujan a un abismo
en la soledad de su pecho;
para ellos
solo soy un hombre,
esa multitud de espectros
que atestan las calles,
apariencias vagas
sin significado y sin alma
en las que nadie se busca
con demasiada insistencia;
no hay nada de mí
en el corazón de los otros,
no existo, no respiro, no estoy vivo
en su oculta hondura;
los hombres no quieren mucho,
el frío de sus entrañas
es su remanso, su paz, su alivio,
ningún ser humano puede
amar a demasiados,
ni siquiera cuando le obliga
un dios intransigente;
soy nada para los otros,
 los otros no alumbran mi rostro,
soy sombra, oscuridad,
bruma gris para sus adentros
aunque obedezca las normas,
aunque me esmere en ser útil,
aunque alcance a complacer
cuanto se pide de mí;
no es demasiado profunda
su voluntad de escucharme,
sé que nada cuento,
sé que ya estoy muerto,
que no me dejan nacer
más al fondo de su espíritu,
detrás de la afable expresión
con que su rostro me obsequia;
pero tú, amada, no me dejas
perecer en este naufragio,
para ti soy
realidad en el mundo,
espejo que refleja tus llagas,
agonía que conmueve tus venas,
dulzura que te acompaña
en tus claros días,
para ti soy
violento estremecer,
aurora poderosa
que te redime y da vida,
para ti sí existo, hermosa niña,
porque he grabado en tu sangre la huella
de mi codicia de ser.

Llama de mi sol ardiente. CLXXXV

Más profunda que el abismo
que la noche abre en el cielo
es la llaga de mis entrañas,
que te ansía y te llama,
que te acoge y venera;
el dolor de mi fragilidad
solo en ti descansa y se alivia,
eres mi refugio dorado,
el hogar de mi corazón.

Luces de conciencia y vida. CLIV

 Los hombres nacemos
con los puños cerrados
para no coger nada del mundo;
nuestra propiedad es el viento,
la luz, la esperanza,
nuestra hacienda no es más
que un corazón frágil
afanado por su meta
esquiva y remota;
no puede el hombre tener,
no es dueño de nada,
un alma entregada
a un egoísmo dañino
no encuentra nunca la miel
de la verdadera dicha.

Llama de mi sol ardiente. CLXXXIV

La culpa atormenta
mi desdichado pecho, 
fuertemente lo aherroja
y lo hostiga con su carga
pero tu inocencia rompe 
los hierros macizos,
tu dulzura alivia
el sombrío peso;
ya no quiero nada
entre mi alma y las nubes,
quiero rozar el cielo,
ver cómo amanece
en mis sedientas venas;
has traído fe
a mi frente dudosa
e insobornable orgullo
al corazón que me late,
has devuelto a la vida
la raíz de mi aliento;
exiliaré de mis días
el remordimiento oscuro;
dueño de mi valor,
he de hacer de mi instinto
mi camino expedito.

Llama de mi sol ardiente. CLXXXIII

Eres mi horizonte abierto,
mi mar anchuroso,
eres el viento bajo mis alas,
un amanecer que rompe
en mi pecho redimido,
eres lluvia sobre mi cuerpo,
camino de primavera,
eres aire en mis pulmones,
claridad de mediodía,
tu dulce roce me colma
de libertad y de júbilo,
no hay límites para mi gozo
en tu luminoso seno.

jueves, 27 de febrero de 2014

Luces de conciencia y vida. CLIII

Ya no queda sitio en nuestros días
para la brisa, las rosas,
las montañas, el amanecer,
ya no interesa la felicidad,
la esperanza, la inocencia,
la libertad, el gozo de vivir,
los corazones son duros,
las entrañas de los hombres
se han hecho ásperas
como ruda arpillera
y las habita el hielo
y una ambición que nada respeta.
¿Para qué vivir sin ternura,
sin bondad, sin piedad,
para qué tantos afanes y fatigas
si nos falta la belleza?
Ya no importa la voz
de la emoción desnuda,
ya no hay valor en las almas
para escuchar la verdad.

Llama de mi sol ardiente. CLXXXII

Todo tiene un final
menos el amor que te debo;
los ríos avanzan con ansia
hasta el añorado mar,
donde se pierden sus aguas,
entregadas a la nada,
todo es finito,
las montañas, el piélago,
el universo, las almas,
todo tiene un final
menos el amor que te debo;  
cuando el día llega a su término,
el mundo se llena de sombra,
embutido en fúnebre luto,
como si llorara su muerte,
parece definitiva
tan profunda oscuridad
pero también la noche
termina por marcharse,
nada es eterno, todo se acaba,
la primavera, la juventud,
las estrellas, la vida,
todo tiene un final
menos el amor que te debo;
los gozos son efímeros,
no nos acompañan mucho tiempo,
muy pronto se desvanece 
lo que más nos satisface
como si la vida no fuera
amiga de nuestros placeres,
nada permanece, todo se va,
las alegrías, el contento,
la euforia, el goce, la risa,
todo tiene un final
menos el amor que te debo.

Llama de mi sol ardiente. CLXXXI

Hoy no brilla el sol en lo alto,
¿dónde se ha ido?
Hoy no veo su fuego,
hoy la felicidad no llena
mi corazón helado,
¿dónde se ha ido?
Hoy no sé quién soy,
ni tengo destino,
ni esperanza,
hoy no abriga mi pecho
una luz majestuosa
¿dónde se ha ido?
Quiero darte un amor infinito,
inagotable, eterno,
quiero que el gozo de la vida
no se extinga en mi alma,
quiero que estas nubes se disipen,
que esta sombra se quiebre
y mi amado manantial
arda con toda su fuerza,
en un mediodía que no acabe.
Hoy no tengo fe en las entrañas,
¿dónde se ha ido?

Luces de conciencia y vida. CLII


Quiere leer poemas finos
el honradísimo capataz
y echa mano de mis versos
como si fueran su coto,
quiere sentirse galán
que enamora a su señora
y se llena la cabeza
con mis requiebros de miel;
quiere estar a las duras
pero no a las maduras
y, cuando mi voz se levanta
contra el capitalismo vil,
esclavista y mentiroso,
depravado y opresor,
el buen hombre se escandaliza
y se despide de mí
con un cínico yo soy
el primero que lo sabe,
me cierra su puerta el hombre
y se olvida de mis versos
que, desde entonces, ya son
una cosa de apestados;
comerás con el sudor
de la frente de los otros,
dice la Biblia del rico,
pero mi plectro no quiere
sudar para miserables.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXXX

Mi corazón es frío
e injusto con los otros,
falta afecto, falta bondad
en mi intransigente pecho;
mi corazón se desprecia,
se hiere, se tortura,
no perdona, no entiende,
no acepta, no ama;
no soy digno
del amor de un ángel
pero tu cándido seno
desborda de clemencia.

Llama de mi sol ardiente. CLXXIX

Torrentes de devoción
te deben las entrañas mías.
A cambio de la sombra
de uno de tus cabellos,
te daría el alma
y hasta la misma vida.

Luces de conciencia y vida. CLI

La tormenta de horror que desatas
en mi frágil aliento,
la desolación que me hiere
ante tu impasible rigor,
la locura con que se entrega
al llanto mi hondura,
decepcionada de sí
por no ser infinita,
por ser miserable,
porque sucumbirá ante ti,
sin que le tengas piedad,
toda esa amarga impotencia
que traes a mi corazón
es mi fortaleza, mi gloria,
mi victoria contra ti.

Llama de mi sol ardiente. CLXXVIII

La muerte es un coloso
y yo no soy más
que un puñado de polvo,
exánime e impotente,
que el viento arrastra,
caprichoso y sin piedad;
dame tu mano, amada,
dame tu dulce mano,
deja que la bese y toque
con infinita ternura
que la encierre entre las mías
mientras te miro a los ojos
buscando un refugio
para mi pobre miseria.

martes, 25 de febrero de 2014

Luces de conciencia y vida. CL

Se pierde mi aliento en el mar, 
no llega a la orilla mi barco,
no flamea su bandera
orgullosa sobre el viento,
las olas se van llevando
las raíces de mi nombre,
el mar entierra mi alma
bajo sus olas heladas,
no llega a la orilla mi barco,
no quiere el agua que llegue
sino que duerma en su seno.

Llama de mi sol ardiente. CLXXVII

Te he presentido muchas veces
en mi solitaria vida;
cuando septiembre sembraba
inquietud en mi corazón
presagiando el frío otoño 
que lleva desolación y tristeza
a los caminos y campos,
yo te presentía. 
Cuando la brisa de mayo
acariciaba las flores
y mi pecho intuía,
al llegar el atardecer
la plenitud de la vida
en el aroma del aire
y la calma del mundo,
yo te presentía.
Cuando una dulce añoranza
de belleza y grandeza
subyugaba mi corazón,
atormentado y desierto,
que se afligía y gemía
por la mezquindad de los hombres,
yo te presentía.
Te he presentido muchas veces,
en el brillo dulce
de unos ojos hermosos,
en el ardiente misterio
de las noches de invierno,
en la turbadora sensualidad
del verano poderoso,
en el sutil dolor con que martiriza
sentirse nada.
Te he presentido muchas veces
porque eres mi fundamento
y ansiaba tu venida,
que ha redimido mis venas
y ha llenado de sentido
mis días sobre la Tierra.

lunes, 24 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXXVI

Tu belleza no tiene límites,
es una vastedad inconcebible, 
como el océano del cosmos
donde flotan y rutilan, eternas,
las infinitas estrellas,
por eso mi amor no tiene
término donde detenerse
y, en mis besos y abrazos, 
te entrego todo mi aliento
en la ilusión de abarcar
tus remotos confines.

Luces de conciencia y vida. CXLIX

Caiga el imperio de la forma;
la forma es hielo,
infame cárcel,
asfixia desesperante,
sórdida esclavitud donde muere
el destino de un alma;
 no hay bondad y belleza
sino en el fuego de la verdad;
no apaguéis vuestro pecho,
no exiliéis de vuestras venas
el aliento de lo real,
solo vive y palpita
un corazón en llamas.

Luces de conciencia y vida. CXLVIII

No hay mucha vida,
ni muchos gozos,
en un alma esclava
entregada a los ritos
de la humillación,
hiriendo lo que ama
y castigando su propia ternura
con el rigor de su máscara.

domingo, 23 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXXV

Tus dulces labios, amada niña, 
quisiera sentirlos en los míos
mientras se me hunde el alma
en el lago de tu pecho;
tu tierna boca
es el sol del mediodía,
un abismo infinito
que espolea mis ansias,
una mariposa frágil
abierta a la primavera;
quisiera sentir, niña bonita,
su piel rosada
besándote con tanta miel
que nos desborde la vida.

Luces de conciencia y vida. CXLVII

¿Qué nos debemos los hombres
si el viento es nuestro sendero
y nuestras venas alcanzan
las cumbres del infinito?
¿Para qué quiero la vida
si la hondura de mi aliento
no remonta las estrellas,
desembarazada y limpia,
mientras mi insólita esencia
se ensancha libre y gozosa?
¿Qué nos debemos los hombres
si nuestro hogar es la tumba
oscura y solitaria
donde nadie nos paga
por la libertad perdida?
 

Llama de mi sol ardiente. CLXXIV

Eres mi hermana pequeña,
el amor de su hermano,
tierna florecita niña,
con pestañas que cautivan,
eres mi hija preciosa,
la raíz de mis entrañas,
tienes la aurora en los labios
y me traspasas el pecho,
eres mi amiga, mi novia,
mi madre, mi amada esposa,
no hay amor que no te tenga
morenita de ojos bellos.
 

sábado, 22 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXXIII

Mi corazón te reconoce
en la brasa aletargada del ocaso
porque eres mi remanso,
mi eternidad, mi dulzura,
mi meta, mi plenitud.
Mi corazón contempla la luz,
desvanecida y humilde,
que desciende y se oculta
recordando tu ternura,
tu aire delicado y femenino,
tu majestad orgullosa
y, al llegar el crepúsculo,
te siento toda en mi pecho
como si la noche fuera
el secreto que me revelas.
 

Luces de conciencia y vida. CXLVI

Tengo montañas en el corazón,
torrentes, rocío,
océanos, valles,
tengo auroras en el corazón,
árboles en flor,
pájaros aleando al viento; 
un irrefrenable anhelo
de vida y felicidad me domina;
tengo nubes en el corazón,
tempestades, horizontes;
mi pecho es el Paraíso
y atravieso la eternidad.

Llama de mi sol ardiente. CLXXII

La vida, chiquita mía,
la escribimos nosotros,
como si fuera un poema,
es un trabajo por hacer;
algunos piden instrucciones
al primero que encuentran,
perplejos y sin inspiración,
quieren que se la escriban otros,
temerosos de hacerlo mal;
yo la compongo toda
reflejándote a ti,
en tus vastos dominios,
está toda la libertad
que me piden mis arterias
pues nacimos en el cielo
agarrados de la mano
y cuanto ansío vivir
está en tu corazón de niña.

Luces de conciencia y vida. CXLV

Pese a que mi voz no rompe
el letargo de las almas,
pese a que mis pasos resuenan,
solos e ignorados,
en un silencio gris,
pese a que muero mil muertes 
herido por la decepción,
no abandonaré mi lucha
por la felicidad del Hombre
porque mi corazón da cobijo
al espíritu del bien. 

Luces de conciencia y vida. CXLIV

Volad, señores de mi aliento,
volad en bandada hacia el horizonte,
huid de mis palmadas,
temerosos por vuestras plumas,
hacia otro valle donde se os pidan
vuestros graznidos de aprobación
que mi corazón es libre
y floto como en una nube,
el viento me lleva en sus dedos
y me empuja por la ruta 
grabada en mis entrañas. 

Llama de mi sol ardiente. CLXXI

Con frecuencia, niña,
estoy tan solo
que en lugar de hablar
sobre la esencia humana
parece que escribiera
sobre la religión meroítica
o sobre los OVNI's
en la antigua U.R.S.S.
Ya me voy acostumbrando,
ya apunta en mi espíritu
la triste resignación,
ya veo que va para largo;
quizá no alcance la fama nunca
ni mis libros lleguen
a demasiados hogares.
¿Cómo van a llegar
si nadie paga ahora por leer?
¿Quién dice que no voy a morir
siendo un desconocido?
¿Quién dice que mi confianza
no es una vana ilusión
que jamás se hará realidad?
Yo me voy acostumbrando
a esta soledad gris,
a estas horas en silencio
que el tiempo va ensartando,
a este fracaso continuo
de cuantas obras escribo.
Es bueno para mis nervios
que asuma que no gusto
lo que gustó Cavafis
o Agatha Christie,
así tendré un comportamiento
pacífico y agradable
y atraeré almas caritativas
dispuestas a regalarme
con sus amables halagos.
No es tan grave vivir
como una sombra para todos
si soy luz para ti
que me desbordas el alma;
quizá algún día mis libros,
corrompido ya mi cuerpo,
encuentren sitio en el mundo
y con ellos aprendan los hombres
a forjar su felicidad;
encontrarán en mis versos
el esplendor de un corazón
que supo amarte
y me sabrán triunfador,
pese a mi parco éxito,
porque me hiciste vivir
el paraíso más dulce
que un hombre puede desear.

Llama de mi sol ardiente. CLXX

Mi niña es luz
repleta de perlas
rutilantes y blancas;
mi niña es el alba 
cargada de rocío
con el lucero brillando
en cada gotita;
mi niña es agua
transparente y pura
en arroyo apacible
bajo la luna llena;
mi niña es miel
derretida y dulce
que derrama en mi pecho
sus reflejos de oro.

viernes, 21 de febrero de 2014

Luces de conciencia y vida. CXLIII

No me pidan que me comporte,
que tenga consideración y respeto,
que sea paciente y delicado,
pacífico y comprensivo,
que sujete mi lengua
y domine mi cólera;
mi corazón está loco,
es un potro con ansias
de praderas y sol,
un pájaro encerrado que se agita
buscando las nubes;
no me pidan que me comporte,
mi esencia es el viento
y mi destino, el infinito.

Luces de conciencia y vida. CXLII

¡Con qué corrección y pulcritud,
con qué sentido práctico y racionalidad,
con qué urbanidad en las maneras
es ejecutado un hombre!

Luces de conciencia y vida. CXLI

En el amable intercambio
de palabras de urbanidad,
fluye un río
cruel y subterráneo 
de indiferencia y desprecio;
que no me muestre respeto
quien oculta la náusea,
que no me recalque afanoso
su buena voluntad
el que en su pecho me mata
y me arroja al vacío.

Luces de conciencia y vida. CXL

No tengo un corazón para amar
y otro para andar por la calle;
no tengo un corazón para escribir poemas
y otro para hablar a los niños; 
solo tengo un corazón,
que arde y convulsiona,
sediento de vida y verdad.

Luces de conciencia y vida. CXXXIX

Nada hay entre tú y yo.
¿Qué te imaginabas?
¿Que porque muestro amor en mis poemas,
porque mis versos son apasionados,
porque hablo de la llama que me llaga
habían de brotar  
melifluas emociones
flotando, estallando y desvaneciéndose
en un corazón obrero
como fuegos artificiales
para tu felicidad de papel? 
Nada hay entre tú y yo.
Mi pecho está frío para ti,
mis poemas no te nombran,
mis poemas se cierran
en el último verso,
no tienes nada que esperar de mí.
No te debo afecto alguno,
mis sentimientos no son
sumisos ni piadosos,
los alienta la verdad
y son libres
y puros como las nubes.
Nada hay entre tú y yo.
Llévate mi poema y escucha
el oleaje de tu pecho,
su profundísima soledad,
su ansia de vivir y no morir
pero no te daré otra cosa 
excepto el hielo de mi mirada.

Luces de conciencia y vida. CXXXVIII

¡Qué amorosos, qué delicados,
qué tiernos son
conmigo los camareros!
¡Cuánto me quieren,
qué bien me comprenden,
qué nobleza de sentimientos
manifiesta su corazón!
¡Qué dulce afecto
me entregan los camareros!
-¿Qué se le ofrece al señor?
¿Quiere que le caliente más la sopa?
¿Está el bistec a su gusto?...
¡Qué feliz y gozoso me siento
por ser tan querido
por todo el gremio!

Llama de mi sol ardiente. CLXIX

No somos inmundos, amor,
no somos indignos y despreciables,
no arrastramos onerosas culpas, 
somos inocentes pájaros,
el viento juega alegre con nosotros,
el sol nos saluda con su claridad,
las nubes son nuestra meta,
no somos inmundos, amor,
volamos en la luz y somos amigos
del rocío y el alba,
nuestros pechos rebosan de perlas,
la luna riela en nuestras almas,
no somos inmundos, amor,
con candidez vivimos y amamos
pues somos hijos de la eternidad.

Llama de mi sol ardiente. CLXVIII

Poco me importa la adulación,
los honores y reconocimientos,
el aliento y el apoyo,
si mi palabra queda empeñada,
deudora y vasalla;
poco me importan las letras,
su belleza y elegancia
si han de asfixiar sus oropeles
la libertad de mi espíritu;
poco me importa escribir poemas
que hablen de amor
y halaguen los corazones
si no evitan una guerra
o despojan a un explotador;
poco me importa vivir
recorriendo miles de días
si no te llevo en las raíces
y, con el pecho anhelante, 
te entrego cuanto soy.

jueves, 20 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXVII

Los sentimientos de calle,
que visten las almas crueles,
frenos son de docilidad,
cadenas para el aliento,
que someten la vida
y socaban la esperanza
hasta extinguirla;
no sirvo a la urbanidad
representando la farsa
que se me pide;
mi corazón va desnudo,
la mentira no lo corrompe
seduciéndolo con la piedad;
la patria de mi pasión 
no son las palabras
sino la infinita hondura
de mi pecho traspasado,
mi sentimiento no muere
prisionero de una forma,
arde libre e inefable
como el ser de las cosas.

Luces de conciencia y vida. CXXXVII

Sería hermoso un mundo
de gozo infinito
donde todo fuera placer de amar
y donde los otros trajeran
raudales de vida a nuestro pecho;
sería hermoso pero los hombres
no podemos cargar
con los pecados de todos.
Tiene mi corazón afecto 
para muy pocos
pero no persigo, voluptuoso,
el brillo de las apariencias,
ansioso de un gozo espurio;
dejo para quienes amo
las palabras de ternura,
no vaya a ser que mi lengua,
nadando en la lascivia,
se acostumbre a la tibieza 
y, en mis venas, se agoste
la ilusión de dar el alma.

Luces de conciencia y vida. CXXXVI

¡Qué solo está
aquel al que abandonan
los amigos de la mentira!
 ¡Qué silencio tienen las horas
de aquel que tiene valor
para arrancar las máscaras
y arrojar de su lado
el afecto fingido!
La soledad es vacío
y amargura en las entrañas
pero la tibieza gris
de una falsa caricia
no deja en el corazón
más que fatiga y enojo.

Llama de mi sol ardiente. CLXVI

Deja que peine tu hierba
con mis dedos inocentes,
deja que pase mi mano
entre tus lozanas ramas,
deja que acaricie los pétalos
de tu azucena rosada,
deja que encuentre tus frutos
con mi tacto enternecido,
deja que tiente asombrado
tu delicada floresta
mientras duermes dulcemente
con la paz de los niños.

Luces de conciencia y vida. CXXXV

A Susana Magaña
 
Nadie escuchaba mis sentimientos
en aquel largo túnel;
el miedo y la amargura
atormentaban mi pecho
y la vergüenza y la culpa
aprisionaban mi alma;
no es un deber para nadie
dar calor a un semejante
entregándole una mirada amiga,
no es un delito ignorar a un hombre
y abandonarlo a su soledad;
es posible recorrer
un camino de desolación
hasta el final de la vida
sin hallar refugio
en el corazón de los otros;
nadie apaciguaba mi angustia
aquellos sombríos años.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Luces de conciencia y vida. CXXXIV

A Susana Magaña

Suelen las buenas gentes
fingir buenos sentimientos
por no quedarse impasibles,
congeladas como un témpano.
Si se te cae al suelo
un triste brazo ortopédico,
siempre hallarás un alma
piadosa que se apresura
a reponerlo en su sitio
para que sepan los otros
que le preocupa tu integridad.
-Tenga su brazo, buen hombre
-te dirán melosamente-,
¿quiere que le traiga un tornillo?
El banquero que te desahucia
se preocupa por tu reúma
y lamenta con aspavientos
que te vayas a morir.
Te preguntan en la carnicería
cuándo te van a operar
y, si eres un niño pequeño,
las visitas te agasajan
mientras mamá no te manda
a molestar a otra parte.
Son actores que reclaman
tu entregado aplauso
incluso cuando no estás
para aguantar pantomimas.

Llama de mi sol ardiente. CLXV

¡Qué vergüenza, muchachita,
que me desborda el amor!
¿Cómo te hablaré que no rían
los niños al escucharme?
¿Qué te diré que no suene
a bobadas de niñito?
¿Cómo saldré de este aprieto?
¿Cómo te puedo explicar
que sin tu afecto me muero?
¡Qué vergüenza, muchachita,
que me desborda el amor!
Soy varonil y muy serio,
¿cómo contarte mi mal
si esto es pura fragilidad?
¿Qué palabras usaré
para que sepas, mi cielo,
que te quiero con el alma
sin dañar mi reputación?
No me gustan las sandeces,
no me gusta hacer el tonto
pero por dentro me encuentro
como si volara libre,
¿qué cosas voy a decirte
para que te acerques más
sin que me sienta un imbécil?
¿Cómo hablarte de mi pecho
si ni siquiera lo entiendo?
¡Qué vergüenza, muchachita,
que me desborda el amor!
Soy un hombre de respeto,
cabal y muy responsable
pero esta pasión me mata,
¿qué te digo, dulce amada,
que no hiera mi pudor?
¿Cómo decir que te quiero
sin que mi voz vacilante
te muestre toda mi entraña?
Estoy muriendo de amor
y mi boca no se atreve
a declarar mis dolores,
el corazón me rebosa
de devoción y anhelo,
¿cómo hablar sin desvelarte
las raíces de mi aliento?
¡Qué vergüenza, muchachita,
que me desborda el amor!

Llama de mi sol ardiente. CLXIV

Niña querida, este mundo
es una merienda de capitalistas,
un gran desorden y tumulto
por muy poco motivo;
todos quieren sacar
la mejor tajada
y nadie se resigna
a volver como han venido.
Pero yo a ti no te pido
que me otorgues nada
pues lo que te obligue a darme
me hace más pobre.

Luces de conciencia y vida. CXXXIII

A Susana Magaña
 
Me imagino cómo maldicen
los escritores sesudos
al público ignorante
porque no compran sus libros
pues prefieren
literatura ligera
para pasar una tarde,
seguro que se sienten dueños
del arte de escribir
y dictaminan que los que triunfan
no son escritores
mientras que ellos sí.
Cuesta mucho escribir sin faltas
gramaticales,
con precisión y armonía
y es difícil hacer palabra
mi concisión y fuerza,
mi honradez y transparencia
pero yo no me siento 
dueño de nadie,
nada exijo, nada demando,
con humilde dolor acojo
el olvido de mis obras,
mi soledad y abandono,
no es por vanidad que escribo
sino por mejorar el mundo,
mis libros siguen
sin encontrar quién los lea
pero mi corazón no duda
de que había que escribirlos.

martes, 18 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXIII

¡Cuántas obligaciones,
cuántos intereses,
cuántas necesidades,
cuantas fatigas y afanes
pesan sobre el corazón!
Pero al corazón nada le dicen
y solo ansía liberarse,
caminar por el sendero de la luz.
El mío te busca a ti, chiquita;
en ti se extienden sus alas,
en ti remonta las nubes,
en ti engrandece sus confines
y cabalga al infinito,
en ti acaricia su meta 
y descubre su rostro,
en ti escapa a la triste sombra
que señorea la vida
volando como las aves,
sobre una brisa de miel.
 

Luces de conciencia y vida. CXXXII

Cuando duerme la vida,
cuando el corazón se para,
cuando el pecho no se abre al mundo,
la muerte parece que merodea
disfrazada de connaisseur.
Quiero sentir en mi hondura 
la realidad que palpita;
no quiero quedar exangüe
vegetando por los caminos 
gélidos y adustos
del pasatiempo y la presunción.

Llama de mi sol ardiente. CLXII

¿Cómo te han hecho a ti, chiquita,
tan chatita y resalada,
tan graciosa y bonita,
tan presumida y tan niña?
Tienes perlas en los ojitos
y azucenas en los labios,
tienes mejillas de infancia
y orejitas de princesa.
¿Cómo te han hecho a ti, chiquita?
Dime cómo te han hecho, preciosa,
y, a cambio te doy mil besos
en esa carita tan bella.
 

lunes, 17 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLXI

No tienes límites,
eres infinita,
te extiendes más allá de tu apariencia,
hacia los umbrales
de lo inaccesible y divino,
desbordas la medida que te explica,
eres un misterio ignoto,
un enigma que me asombra y deleita,
no puedo nombrarte,
no puedo saberte,
no puedo abarcarte,
solo mi corazón sabe lo que eres,
la brisa del Paraíso,
la miel de mis días en el mundo.

Llama de mi sol ardiente. CLX

Tienes el rigor y la firmeza
de una dura peña
y yo soy antojadizo y variable
como las rachas de viento;
mi viento juega con tu peña,
acaricia tus lados, tus ángulos,
tus prominencias,
y llena de aire tus estrías,
tus rendijas, tus hendiduras;
No dejes de ser peña,
dura peña que resiste
los embates de mi viento,
que yo he de llenarte el alma
de caricias y de aire. 

Luces de conciencia y vida. CXXXI

En memoria de PerePussa Moix Vilaseca
Combatiste la idolatría
porque amaste con valor la vida;
conservaste niño el corazón,
que te empujó a poner en verso
la bondad que lo habitó,
como a otros les empuja
a comer con palillos
o montar un scalextric en el salón;
no te gustó el sufrimiento humano
y ayudaste a combatirlo
con un pecho humilde
pero un alma grande y luminosa
que brilla ahora,
con el esplendor de una estrella,
en el cielo de la eternidad.
No has dejado indiferente
a quienes te han conocido,
te amaron más allá del deber
y de la apariencia.
Duerme esta noche sin luna, Pere, 
y despierta en el Paraíso.

Llama de mi sol ardiente. CLIX

Quizá no te has convencido aún
de que mi amor es grande,
tan grande y sólido
como una inmensa montaña;
quizá sospeches que estás en mis versos
para satisfacer mi vanidad;
quizá las depuradas palabras
de mis poemas
te suenen huecas, inauténticas,
pronunciadas con un ánimo urbano,
apagadas y sin contenido;
quizá creas
que lo que se grita en la plaza
no se siente en el corazón
y que en mi corazón no hay poemas
ni amor alguno para ti;
quizá pienses
que vivo en un sueño
sin sustancia ni realidad
y que este amor no resistirá
la fuerza de la verdad.
No puedo con las palabras,
que se entregan, desleales,
al mejor postor,
mostrarte la llama viva
que arde en mi pecho,
ni el dolor que lo traspasa
por no poder estar a tu lado;
no puedo más que seguir amándote,
cada día más hondamente,
hasta que el ardor de mi llaga
sea tan inmenso
que mi boca lo transparente 
como el más claro cristal.

Llama de mi sol ardiente. CLVIII

Dedíquense a sus doctrinas
los reguladores de la humanidad,
reflexionen ceñudos
sobre cómo es lógico sentir
y cómo no,
conviértanlo en su código
con sus capítulos y artículos,
y no dejen que su corazón
delinca jamás
para que pueda estar tranquilo
durmiendo su eterno sueño
de paz e indolencia;
pero aléjense de mí
con todos sus argumentos
arbitrarios y crueles
porque yo quiero sentir
la pasión de la vida;
te amo sin leyes,
con un pecho desobediente,
desbordando de instinto y realidad,
olvidado de los límites
y del consenso de los hombres.

Llama de mi sol ardiente. CLVII

¡Qué inquietudes nos asaltan
en el mar de la vida!
Es un mar proceloso,
nunca calmo,
nunca fácil de navegar.
El dolor nos aborda,
imprevisible como una traición,
nada es seguro,
todo fluye y se desvanece
excepto el horror y el ansia
de la frágil esencia
que titila en nuestra hondura.
La vida nos atormenta
con sus sombríos presagios,
con su erosión incansable,
con sus pesadas soledades
y su sórdido errar.
Tú eres mi puerto,
la roca donde me afirmo,
el término de mis afanes;
el tiempo no puede
arrancarte de mi pecho,
eres mi eterna mañana, mi salvación,
mi triunfo sobre la muerte,
amarte es mi fuerza, mi luz,
mi instinto, mi fundamento;
te quiero como quiere un niño
los caminos de la primavera;
dondequiera que haya
algo de mí,
estarás tú,
dándole su sentido.
 

domingo, 16 de febrero de 2014

Luces de conciencia y vida. CXXX

No volveré mi otra mejilla
al estúpido que se goza
abofeteando rostros
porque no siente daño
en la palma de su mano;
sabrá por mí del dolor
que produce un sopapo.

Luces de conciencia y vida. CXXIX

Deja que tu corazón te hable,
llena tu frente de sueños,
entrega tu pecho a la esperanza,
que no te roben el destino. 

sábado, 15 de febrero de 2014

Llama de mi sol ardiente. CLVI

¡Qué riguroso presidio,
qué prietos grilletes,
qué inexorables cadenas,
qué estrechísima celda!
¡Qué cautividad forzosa
es tu belleza para mi aliento!

Llama de mi sol ardiente. CLV

Hoy me colman
ríos de piedad
hacia mi propia miseria;
la materia de la vida
es dura de trabajar,
hay muy poco
en mis pobres manos,
como si se hallaran ya
en el valle de la muerte;
siento las soledades
helándome el pecho,
siento que mi alma
no habla a los otros,
que no encuentra sitio
en sus secretos corazones.
Hoy me puede la compasión
hacia mi propia mezquindad;
falta amor en mis venas,
falta respeto en mi frente,
una amarga obcecación
cautiva mis sentimientos;
busco incansable la puerta
de este triste laberinto
mientras los días pasan
sombríos y estériles;
no es fácil la vida, no es luminosa
y yo no soy más que un hombre,
tan mezquino que merezco
mi propia conmiseración,
por eso, te busco
porque mi corazón te ha visto
y ha encontrado en ti más luz
que en un sol de mediodía;
tú eres 
mi única finalidad,
el aliento que me empuja,
la meta de mi voluntad,
el manantial de mi esperanza,
tú arrojas la mediocridad
del camino que recorro,
tú confieres dignidad
a mi tránsito por el mundo.

La ruta de la felicidad. XX

¡Qué angustiosos son
los pasos de un hombre
que no es respetado!
¡Qué desesperante, una vida 
que no puede cumplir su destino!

La ruta de la felicidad. XIX

Soy pequeño, insuficiente,
mezquino, inmundo,
soy todo eso
que los otros me han llamado,
pero, ¿qué pensarías si yo te dijera
que en el fondo de mi lodazal,
en lo más encumbrado de mi miseria,
donde ya no existe el equívoco
y solo queda mi desnudez,
allí donde mi ser muestra claros
su vergüenza y desvalimiento,
en lo más terriblemente auténtico
de mi desamparo y fragilidad,
en la más patética negrura
de mi sordidez,
en la más dolorosa oscuridad
de mi condición,
rutilan miles de estrellas
como en el más claro firmamento
y habitan
tanto poder y belleza
como en los rayos del sol?

Esplendor luminoso. XXVI

Hay quien cree
que la persona más importante
de las que pueblan el mundo
es el presidente
de los Estados Unidos;
ya quisiera él 
ser la mitad de importante
que mi niñita querida,
ya quisiera él
gobernar un alma
como tú la mía.

Esplendor luminoso. XXV

¡Qué amenidad
la de las enciclopedias de Historia,
con su desfile de hechos
año a año,
guerra a guerra,
imperio a imperio!
No se quiere uno morir
hasta volver la siguiente página
y enterarse de todo.
¡Cuántas vueltas da el mundo
cuando se aburre de amar!
Pero yo no me aburro
porque quiero a mi niñita
como a mis entrañas mismas
y doy al vil infierno
todas las enciclopedias.

Esplendor luminoso. XXIV

Niña, quédate sentadita,
sin decir nada,
sin hacer nada,
esperándome a mí,
que yo voy a ir
y te voy a dar tantos besos,
tantos abrazos y mimos,
te voy a zarandear tanto,
a mirarte y a tocarte,
a cogerte y sujetarte,
a apretujarte y molestarte,
a decirte tantas cosas
salidas de mis entrañas,
te voy a mostrar tanto amor,
de la cabeza a los pies
que se pondrán tus ojitos
haciéndome chiribitas
y desbordará tu pecho
de gozo y felicidad.

viernes, 14 de febrero de 2014

La ruta de la felicidad. XVIII

¿Cómo liberarme de la culpa
si mi pecado es la pureza,
la inocencia, la generosidad,
la fantasía, la ilusión,
la pasión, la alegría?
¿Por qué me siento sucio
si lo único que he hecho ha sido
ser fiel a mi corazón?
¿A quién pediré perdón ahora?
¿Quién me lo podrá otorgar
para que no me sienta fuera
del redil de la Humanidad?

La ruta de la felicidad. XVII

Pasar la tarde hablando
de la maldad de nuestro vecino
es serio e inteligente,
honrado y formal.
¿Pero los juegos de un niño...?
Los juegos de un niño
son solo tonterías y desvergüenza.

La ruta de la felicidad. XVI

¿Por qué se atormenta a los hombres?
¿Por qué no los dejan ser?
¿Qué otra cosa pueden hacer
sino mostrarse tal como son?
Ojalá no hiriera la culpa
las almas puras
empuñada por la cobardía
y la vileza.

La ruta de la felicidad. XV

Que nadie arroje a mi rostro
la culpa y la vergüenza;
mi corazón vive
y yo amo,
no estoy faltando a mi destino
ni soy cautivo del mal.

La ruta de la felicidad. XIV

Una sombra me penetra
 que oscurece mis adentros,
negra llama de aflicción
arde incesante en mi pecho,
no quiero paz en el alma
sino el dolor de este fuego.
No es un mal que tenga cura,
no espera un vano consuelo;
de mi corazón emerge,
es la raíz de mi aliento.
Que no deje de apenarme
esta tristeza que siento,
ella me otorga la vida,
es mi entero fundamento,
solo es mejor que esta pena
la alegría de estar muerto.

La ruta de la felicidad. XIII

Antes de perdonarte a ti mismo,
tendrás que perdonar a los otros;
si no quieres morir para los demás,
no los mates dentro de ti.
Nadie escapa a la justicia ecuánime
de su propio corazón.

jueves, 13 de febrero de 2014

La ruta de la felicidad. XII

Nadie me construye,
yo mismo soy mi artífice,
mi fundador, mi ejecutante,
yo mismo me doy mi ley
y abro todos mis senderos,
empujo mis alas contra el recio viento,
dejo huellas donde nadie estuvo,
hago del amanecer
el comienzo del mundo;
nadie me detiene,
nadie me frustra,
nadie trunca mi edificación,
pertinaz avanzo
sin esperar ayuda,
atravesando la bruma,
bendiciendo los días,
gozándome
en la vitalidad de mis venas;
nadie roba mi destino,
nadie me cautiva,
nadie me hace su dueño,
no quiero ser de los otros,
ni obedecer su dictado,
ni llevar sus cadenas,
quiero ver la eternidad
que se embosca en el instante
reservada para mí
y para ti.

Esplendor luminoso. XXIII

Quiero atraparte
y echarte en mi saco
para llevarte a mi casa
y poder mirarte mucho
pero tú te escabulles,
 mi traviesa hada niña,
cuando me lanzo a cazarte;
quiero agarrarte
y apretarte contra mi pecho
y darte cien mil besos
en tu carita de cielo
pero te desvaneces,
bellísimo elfo,
cuando creo tenerte;
quiero cogerte las manos
y llevármelas a los labios
y obligarte a que me digas
que me quieres más que a nadie
pero tú corres lejos,
delicioso ser del bosque,
para que siga soñándote.

Esplendor luminoso. XXII

¿Para qué quiero
llegar a lo más remoto
del Universo
si su secreto más hondo
lo tienen tus ojos? 
¿Para qué quiero
volar como un pájaro
a través de la brisa 
si la libertad más pura
la encuentro en tu corazón?
¿Para qué quiero
alcanzar el Paraíso
y la vida eterna
si mi bienaventuranza es
tu alma apacible?
¿Para qué quiero
perseguir con mi fantasía 
hermosas quimeras
si eres tú más bella
que cualquier ensoñación?

Esplendor luminoso. XXI


Ni una orquídea es tan bella,
ni el majestuoso arcoíris,
ni el rubor de la luna llena
brotando del horizonte,
ni un lucero rutilante,
ni el azul del firmamento,
ni la hierba o las montañas,
ni un amanecer de julio,
ni el almendro florecido,
ni una frágil mariposa,
ni cosa alguna que encierre
el infinito universo 
como mi afable chiquita, 
como mi dulce tesoro,
como la niña que amo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

La ruta de la felicidad. XI

Quien no se siente rey o dios
en la hondura de su corazón
se jacta, altanero, de serlo
y espera que todos lo admitan;
no se encuentra la humildad
bajo el cielo que nos cubre
las personas no han nacido
para tan ficticia virtud;
solo alcanza buena paz
el que no ha de reverenciar 
más que lo que ama;
yo no entregaré zalemas
ni las suplicaré,
no he de obedecer dictados
que me indiquen qué he de ser,
soy el que soy y no voy
a abandonar mi sendero
porque los jefes de almas
lo crean equivocado.

Esplendor luminoso. XX

En este mundo donde pelean 
por una moneda vil
encontrada en el suelo,
en este mundo tan gris
de cobardes vanaglorias
y codicia utilitaria,
en este cínico mundo
que desprecia la felicidad,
¿para qué escribir poemas
que hablen de honestidad
y del gozo de amar?
Poco importa a los idiotas
la ruina de sus vidas,
su desazón profunda,
su falta de esperanza
si, a cambio de ellas, 
se hacen con su rapiña 
en su mísero rincón.
¿Para qué buscar la luz
que brilla en los corazones
si los corazones duermen
en sus apagados pechos
y han renunciado a la vida
persiguiendo el interés?
Pero escribo versos
por lo mismo que te amo,
porque no estoy muerto,
porque respiro,
porque veo claridad
en el horizonte,
porque tengo fe,
porque creo en la verdad
y la inocencia.

martes, 11 de febrero de 2014

La ruta de la felicidad. X

No me inquieta
la soledad de mi camino;
no sirvo a mi vanidad
en un lodazal de falsedades y miedo,
sirvo a la dignidad del hombre,
a la verdad y a la belleza,
a la libertad
y al placer de la vida,
aunque quiera herirme el silencio,
aunque el vacío sea mi soldada,
el valor de mi pecho
no me negará su compañía.

La ruta de la felicidad. IX

Escucharé la voz amiga
que dé firmeza a los pasos 
solitarios de mi corazón,
dejaré que me recuerden
las miradas tiernas
lo que soy y lo que busco
pero cerraré mi pecho
al alma que humilla,
al aliento que hiere
con su áspero roce,
a la mano cobarde
que quiebra las alas.

La ruta de la felicidad. VIII

Que no halle piedad en los corazones
cuando mi debilidad y cobardía
quiera liberarme del deber
y de la verdad.

La ruta de la felicidad. VII

Ni una sola mentira
merece la pena,
solo la verdad
redime nuestro corazón. 

Esplendor luminoso. XIX

No eres un sueño que el despertar
no ha sabido borrar del todo,
no eres una quimera
que mi capricho ha forjado
para escapar de la soledad;
así como te admira mi espíritu,
te admirarán mis ojos conmovidos,
así como te abraza mi alma,
te abrazará emocionado mi cuerpo,
con el mismo anhelo 
con que te exaltan mis versos,
te besará mi desesperada boca,
con la misma perseverancia 
con que te sirven mis pensamientos,
te mostrarán los hechos 
la franqueza de mi ternura
mientras quede vida
y alma en mis entrañas.

lunes, 10 de febrero de 2014

Esplendor luminoso. XVIII

El día que viniste a mí
está marcado en las estrellas,
lo cantan los pájaros,
lo lleva la brisa de mayo,
lo murmuran las flores,
lo sabe el mar y la hierba,
lo gritan las nubes blancas
y las montañas soberbias,
el día que viniste a mí
lo bendijo la Tierra,
lo protegieron los ángeles,
y las hadas lo iluminaron
porque me trajo la vida
y el júbilo del Paraíso.

La ruta de la felicidad. VI

Camino mi sendero
con el alma desnuda,
no me escondo entre los otros
buscando su protección,
cada día creo el mundo
a medida de mi corazón;
en la voz de mis venas,
encuentro todo mi gozo,
 rebosan de tierno amor
como las de un dulce niño;
la fatiga no me vence
porque mi triunfo es andar
y, cuando el dolor me aflige
o me inquietan los temores,
mi espíritu se agita ansioso
persiguiendo la luz
porque no sé resignarme
ni rendirme al fracaso;
no es más fuerte la corriente
que mis alas poderosas,
mi ley es la de mi pecho,
ningún Solón me legisla
ningún César es mi dios.

La ruta de la felicidad. V

Si mi corazón no llorara
cuando lo vence la aflicción,
seria un corazón de piedra,
fuerte en su apariencia
pero muerto y sin valor.

La ruta de la felicidad. IV

No me da la paz la muerte,
con su cobarde prudencia
y su hipócrita abstinencia,
sino el saberme yo fuerte
para que nada me venza.

La ruta de la felicidad. III

Cuando anhelé de los otros
asentimiento y piedad,
mi espíritu andaba perdido
en el valle de la Muerte
y atormentaba a mi pecho 
con un mar de crueldades.

Esplendor luminoso. XVII


Déjame que bese, amada,
tus pies descalzos,
tan blancos y lindos,
tan suaves y niños,
déjame que los mire y los toque
y los tenga en mis manos,
déjame que los venere,
que los idolatre,
que los roce con mi cara,
que me los lleve al pecho
y que les haga cosquillas
y te provoque la risa,
déjame mucho tiempo
tus pies adorables,
quiero mostrarles mi amor
porque son los de mi niña,
que es lo mejor que tengo,
lo que más quiero en el mundo.

domingo, 9 de febrero de 2014

Esplendor luminoso. XVI

Como una brisa de abril
con perfume de flores
que recorre los campos
verdes y luminosos
y envuelve a la tierra viva
en su gratísimo seno,
tu aliento de mariposa
ha penetrado en mis venas 
para llenarlas de miel
y, rozando mis adentros
con apacible dulzura,
abre en mi corazón
senderos de primavera.

Esplendor luminoso. XV

¡Qué ancho es el océano,
qué remota está tu orilla,
cuánto añoro tus ojos
y el remanso de tus labios!
Mi corazón te espera
metido en su laberinto,
contemplando las olas
y los atardeceres,
sediento de tus manos
y de tu frente de niña.
¡Qué ancho es el océano,
qué lejos llega tu barco,
como golpea el oleaje
mis entrañas vacías!

Esplendor luminoso. XIV

Tan ancho e infinito
como el océano de estrellas 
que la noche desvela
es el gozo de estar a tu lado;
no hay más que libertad y dicha
en la pasión que nos une.

Esplendor luminoso. XIII

Como una brizna de hierba
verde y tiernísima
que, dócilmente inclinada,
balancea el viento
para que escurra una gota
de rocío al amanecer,
así de esencial y libre
es el alma que me entregas
estos días de luz y miel.

Esplendor luminoso. XII

¡Qué altas, qué puras, 
qué inmensas son las nubes blancas,
qué ajenas al lodo humillante
van deslizándose al viento!
¡Qué excelsa, qué inabarcable,
qué cándida y sencilla eres,
qué vastedad infinita
tiene tu aliento inmortal!

La ruta de la felicidad. II

Un irresistible impulso
me empuja a despreciar
el ser de que estoy dotado,
como si tan solo fuera
un esclavo miserable
que no espera en su corazón
más que la piedad de un amo;
pero mi pecho ya sabe
que ha de amar con orgullo,
desterrar a un abismo
la sed de autoridad
y dejar que sientan mis venas
el júbilo de ser un rey.

viernes, 7 de febrero de 2014

Esplendor luminoso. XI

Ha llovido en mis entrañas;
el peso todo de la existencia
apretando está mi pecho
como una extraña presencia
porque has rozado mi mano
y mi corazón te ha visto;
ha llovido en mis entrañas
y al fin soy realidad.

jueves, 6 de febrero de 2014

Esplendor luminoso. X

El amor es triste y alegre
como un día lluvioso;
triste porque me trae 
añoranza de ti
como la trae del sol 
un manto de nubes grises;
triste porque me turba
con las ansias de la pasión,
como turba el viento en la tormenta
con su empuje frenético;
triste porque me recuerda
mi profunda fragilidad
como la recuerda el fragor 
furioso de los relámpagos;
pero es alegre porque colma
mi pecho de dulzura
como colma el aire de perfume
la tierra mojada;
alegre porque me obsequia
con la magia de tu aliento  
como el poder de los elementos
obsequia el agua a los campos;
alegre porque es
inocencia recobrada,
seductora libertad,
esperanza infinita,
y dibuja en mi alma la certeza
de que nos une la eternidad,
como dibuja el sol el arcoíris
entre la tierra y el cielo
cuando con ternura acaricia
las rasgadas y negras volutas
que aún flotan en lo alto,
enamorado de la lluvia,
deseoso de volverla a ver.

Esplendor luminoso. IX

Agitan al mar las incesantes olas
como a mi pecho el calor del amor,
latido a latido
va trayendo a mis venas
la dulzura de la miel,
onda a onda
va llevando a mi alma
el gozo de la libertad
como a su anhelante orilla el piélago
agua, espuma y brisa. 

Sones de contrición. VI

Aconsejan los fríos médicos,
según una gélida amiga mía,
que dediquemos a los amigos
el treinta y tres por ciento de nuestro tiempo,
reloj en mano,
para no cansarnos de la pareja
ni del trabajo,
en los que debemos emplear
exactamente las mismas horas
sin saltarse un segundo;
es justo y necesario
obedecer a los médicos
porque son rigurosos
y se preocupan de nuestra salud
pero yo no soy justo,
ni quiero que me aten las necesidades;
yo no cuento los minutos
que dedico a los amigos,
ni cuento tampoco
las cosas que les doy,
no pido nada a nadie
y lo entrego todo,
me ofrendo a mi amada el cien por cien
como a mi trabajo y a la amistad,
no miro el reloj mezquino
excepto cuando ya casi va
a cantar el gallo
y he de retirarme a dormir
con un somnífero;
yo lo doy todo,
no me reservo
ningún tanto por ciento,
a mi ataúd no le harán ninguna falta
los tantos por ciento.

Esplendor luminoso. VIII

Tu mundo me es extraño,
arcano, remoto,
desconocido, ajeno,  
pero tu corazón le habla al mío
con más claridad 
que la que trae a los días
la luz del ardiente sol;
poco sé de ti pero te quiero
con toda mi alma
y con todas mis fuerzas.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Sones de contrición. V

Perdón por amar con exceso,
por sentir y desear apasionadamente,
por buscar una felicidad sin límites,
por esperarlo todo de la vida,
por enfurecerme ante la indolencia,
por no tener término medio,
por creer en la divinidad del hombre,
por odiar la mezquindad
de los pechos tibios,
perdón por todo eso
pero no estoy arrepentido,
no estoy arrepentido
porque eso es cuanto soy.

Esplendor luminoso. VII

No debo clasificarte,
ni describirte, ni definirte,
ni explicarte, ni declarar tus causas,
ni hablar de tu composición,
ni de tu forma o tu tamaño,
no debo compararte a nadie,
ni valorarte, ni decir que me gustas,
ni medir con mis razones tu razón,
no debo narrarte, ni poetizarte,
ni decirte con palabras,
no debo convertirte
en una elaboración
de mi glacial entendimiento
porque solo tu enigma es esencial,
solo tu ignoto misterio
incendia mi pecho
y colma mi corazón de miel;
no más debo adorarte
con toda la fuerza de mi alma,
con todo el calor de mis venas
porque vives en mí
y haces que yo viva.

martes, 4 de febrero de 2014

Esplendor luminoso. VI

En tu gozoso ser,
ve mi corazón reflejarse
su raigambre más profunda
y, no hallándole forma,
nombre ni causa,
lo venera como un dios
y lo ama sobre todas las cosas;
eres mi fundamento, mi origen,
mi alimento, mi destino,
 te he de adorar sin límite
porque eres lo más real
de cuantas cosas se manifiestan.

Esplendor luminoso. V

Tu mirada conserva
la candidez de la infancia
aunque, a menudo, la endurece
el velo áspero de la timidez;
tu alma es de miel y cerezas,
de nata y cabello de ángel
pero proteges tu inocencia
con una espada de hielo;
mi placer es piropearte,
niñita graciosa,
para que brillen tus ojos
y te pongas tan bonita
que te tenga que llenar
la carita de besos.

lunes, 3 de febrero de 2014

Sones de contrición. IV

Pido un día en que termine
el remorder del pecado
para mi conciencia torturada,
usada como instrumento
de esclavitud y obediencia;
pido indiferencia a mi corazón
para el chantaje moral
y que el hipócrita 
reproche del verdugo
se encuentre
con mi desprecio más frío.

Sones de contrición. III

No existo, no soy nada,
no merezco la vida
si no entro en el pecho
de mis semejantes
y alcanzo clemencia
para los inexorables pasos
de mi anhelante corazón;
mi carga es terrible,
mi desazón, insoportable
si las ansias de mi aliento,
destino de mi instinto,
no encuentran piedad en los otros
y mi esencia ineludible,
desnuda y definitiva,
no halla el camino expedito.

Sones de contrición. II

No puedo cargar con la cruz
de los pecados del mundo,
no puedo ver la hermosura
donde mi corazón se cierra,
no puedo amar
la parálisis, la corrupción,
la enfermedad, la decadencia,
la sumisión, la mezquindad 
haciéndose presa
de una ternura degradada;
solo me seducen 
la libertad y la vida
que la lluvia me ofrenda
y el viento lleva en sus pliegues,
solo se abre mi regazo
al alma apacible y dulce, 
al aliento sano y vigoroso;
no puedo ver la belleza
de un espíritu agonizante
que se entrega a la devoción
de su espantosa necrosis.

Esplendor luminoso. IV


Y pasan los días
cayendo en el viento como los pétalos
de una flor marchita,
marcha el tiempo
en su desfile de vendaval
sin que vea tus ojos,
sin que bese tu rostro,
sin que te coja las manos
y te apriete contra mi pecho;
nada queda del ayer,
todo se desvanece
como arrastrado por el ímpetu
de un río desbordado,
solo queda la honda llaga
que deja en el alma frágil
la belleza de lo que amamos;
te aguardo,
te espero en este remanso
que el amor ha creado para nosotros.

Sones de contrición. I

Suplico piedad
a mis semejantes, 
suplico afecto, compasión,
suplico
que me permitan la súplica,
suplico que no me censuren,
ni me hagan escarnio,
ni me recuerden que ya soy adulto,
demasiado adulto para suplicar,
suplico que me dejen derrumbarme,
que no me pidan formalidad,
ni dureza, ni compostura,
porque solo soy un hombre
y estoy cansado de fingir
para que no lo parezca,
suplico que me dejen ser tierno
y frágil y vulnerable
porque es así como soy
sin poder evitarlo,
suplico perdón
porque no paro de equivocarme
aunque no me arrepienta,
suplico espacio en el mundo
para todos mis errores,
suplico descanso
para mi alma encadenada,
suplico lágrimas a mis ojos
y sollozos a mi pecho,
suplico que me digan la verdad,
que la iniquidad no se oculte
protegiéndose en la sombra,
que me expresen el desprecio
y el odio que les inspiro 
pero que no me abandonen,
que no me hagan nada,
suplico valor
para permitir la cobardía,
suplico un instante
para sucumbir y agonizar.

domingo, 2 de febrero de 2014

Esplendor luminoso. III

Todas las flores del Paraíso
te traigo con este poema,
toda la felicidad del mundo,
todo el seductor perfume
de la libertad y el viento,
toda la luz de la vida
te traigo
con estos versos de fuego;
sin fatiga veo
pasar los días y las noches
mientras te aguardo;
el tiempo no apagará nunca
mi sed de tu boca marina,
te esperaré paciente,
sin que mi alma vacile,
sin que aminore mi fe,
te esperaré hasta que vengas
a entregarme un pecho ardiente
y unos labios que me busquen
con desesperado afán;
te esperaré, niña hermosa,
hasta que encerrarte ansíes
en mi abrazo conmovido
porque no hallaría en el mundo,
ni luz, ni aire,
ni dulzura, ni esperanza,
ni senda para caminar,
ni meta a dónde llegar
si mi corazón olvidara
el afecto que te debo.

sábado, 1 de febrero de 2014

Esplendor luminoso. II

¿Por qué tus ojos serán tan grandes
y tus labios tan hermosos?
¿Por qué tus pestañas serán
tan bonitas que parecen
corolas que a la luz se ofrendan?
¿Por qué tu pelo será tan negro
y tu frente tan inocente?
¿Por qué serás tan divina, tan excelsa,
tan inaccesible, tan alta?
¿Por qué tendrás en tu rostro
el resplandor de los ángeles?
¿Por qué estarás tan lejos
llegándome tan a lo hondo?
¿Por qué tu belleza es tan grande
y mi corazón tan débil?
¿Por qué será tan opulenta
tu fascinante dulzura
y tan pobre y pequeño
mi desventurado ser?
¿Cómo merecerá mi flaqueza
un bien tan extremado?
¿Qué puede hacer mi pobre pecho,
afligido por el amor,
para ser digno
de una felicidad tan alta?

Esplendor luminoso. I

Tu apariencia divina
es la luz de mis ojos
y, en el resplandor
de tu figura de hada,
bebe mi alma una esencia
que la nutre y fundamenta.
Tus rasgos familiares
son como agua cristalina
para la sed de mi aliento;
mi corazón se mira
como en su más fiel espejo
en tu semblante de niña
que tiene el brillo temprano
de un sol de amanecer.
Tu rostro penetra mi pecho
y alienta un anhelo fraterno
que inunda mis venas,
entregadas a tu veneración.
Más allá de tu forma
mi instinto de ser te intuye
hermana en el destino
y vuelca en tu realidad
el afecto más extremado.