lunes, 31 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CCXVIII

Esperanzas perdidas 
al salir de la niñez, 
la hiel del desprecio 
helándome las venas, 
el vacío 
posándose en mi corazón, 
que miraba 
la nada que se extendía 
más allá del presente; 
el mundo no era para ser feliz 
sino para ahorrar el dinero, 
para guardar la honra, 
para fingir fortaleza, 
para llenar de lodo el alma, 
para evitar el ridículo, 
para jactarse y humillar. 
Mi ilusión era tan frágil 
como un velero 
en medio de la tempestad; 
todo eran decepciones al fin, 
todo, fracaso 
y ruina del alma. 
No quedaba espacio en los otros 
para un afecto puro, 
la inocencia estaba bajo sospecha, 
había sed de malicia, 
la sencillez de corazón 
era hostigada y escarnecida; 
no había otro camino para tomar 
que el de la soledad y los sueños, 
sueños de belleza y bondad 
que liberaran mi frente 
de tanta oscuridad. 

Llama de mi sol ardiente. CCLI

No, ángel mío, 
no es fácil quererme a mí, 
tan huraño, tan circunspecto, 
tan obcecado, tan intransigente, 
tan enemigo de las palabras; 
mis días pasan en soledad, 
esperando en balde 
la visita de algún amigo, 
la venta de algún libro, 
el éxito espectacular de algún poema... 
Todos se van a otra parte, 
donde los tratan mejor, 
donde disfrutan más; 
no obligo a nadie 
a sufrir demasiado mi presencia, 
me retiro discretamente 
antes de empezar a ser molesto, 
si no lo hiciera así, 
de seguro me llevaría 
una sorpresa desagradable 
porque no se me quiere tanto 
que se me permita todo; 
yo aprendí muy pronto 
que, en una casa, te quieren 
la primera hora 
pero, más allá, ya no eres nadie; 
la vida es un camino desierto, 
poco apto para hacerse ilusiones 
con las personas y las cosas, 
hay que resignarse a no ser 
importante para los otros, 
dondequiera que vayas, 
esperan a alguien distinto; 
por eso, que tú me dejes 
entrar en lo más profundo 
de tu corazón de miel 
y permitas 
que me quede toda la vida 
sin condición alguna, 
sin intereses escondidos, 
sin reservas, sin restricciones, 
acogiendo mi ser 
en toda su extensión 
ha llenado de esperanza mi pecho 
porque era el milagro 
que mis entrañas anhelaban. 

Llama de mi sol ardiente. CCL

Una rosa que se abre, 
estridente y opulenta, 
como una visión febril, 
para exhibir valerosa, 
imperturbable y distante 
su humilde fragilidad 
llevando mil sugerencias 
a los sentidos de quien la observa 
sin apenas esforzarse, 
con la blanda levedad 
de un niño que duerme, 
no es tan bella, amada, como tu rostro 
y tu alma de mariposas. 

domingo, 30 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXLIX

Aunque me separen de ti 
los kilómetros de la Tierra, 
tienes mi mano agarrada 
desde el primer minuto que nos conocimos, 
aunque guardes silencio, 
hablas a mi corazón sin cesar 
como la peor parlanchina, 
aunque no te vean mis ojos, 
haces que mi espíritu no contemple 
otra cosa que a ti, 
aunque perteneces a otro mundo 
eres patria natural de mi alma, 
paisaje de mi sangre, 
y aunque no hace mucho que te conozco, 
ya has ganado de mí un afecto 
ilimitado y eterno; 
cuando te echo de menos con inquietud, 
me olvido 
de que no hay poder alguno que venza 
a este insólito amor 
protegido por el milagro. 

Llama de mi sol ardiente. CCXLVIII

Niña, el día que maten
por conseguir mis libros
y se rían de quien no me conozca,
quizá me arrepienta un poco
de haber luchado tanto
porque me acordaré
de que yo fui un joven solitario
que huía de las modas culturales
y de aquellos lugares
atestados por las multitudes,
sabía que lo mediocre
atraía a las mayorías,
tan adictas a la facilidad,
tan cómodas y satisfechas,
me sentía excluido
del rebaño humano
y lo odiaba al mismo tiempo
por su necia crueldad;
si me vuelvo escritor de moda
y obligo a todos a leerme,
quizá algún joven acomplejado
sienta odio hacia mí
porque piense que comulgo
con la brutalidad del tumulto
y yo no vivo más
que por tu corazón de princesa,
solo me debo a mi niña,
a mi hermanita del cielo,
a lo más bello de la Tierra,
a lo que más quiero en el mundo,
y no se me da nada
de la fama y los honores,
que son amigos del frío
y el triste desprecio. 

sábado, 29 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXLVII

Eres tú la realidad,
inundas mis arterias con tu esencia,
me habitas los sentidos,
estremecidos al intuirte,
desbordas mi pecho,
te hallo
en lo más profundo de mi fundamento,
eres tú la realidad
y sentirte me colma de gozo. 

Llama de mi sol ardiente. CCXLVI

Mi pecho se hace tú para expresarte, 
goza de tu realidad 
remedándote, evocándote, 
vaciándose de mí; 
amarte es no ser para poder ser 
y morir a cada instante 
para conquistar la vida. 

Luces de conciencia y vida. CCXVII

Mi corazón ha de vivir,
no debe dormitar sumido
en un indolente tedio
ignorando el placer
y el perfume de la existencia;
ha de hacerse remedo
de la belleza del universo,
rebosando de amor,
llenándose del otro;
ha de sentir el júbilo
de la realidad palpitante,
regocijarse en su libertad
y su destino de dicha,
hacerse hombre, mundo, aire,
despojarse de sí mismo
entregándose a ser. 

Luces de conciencia y vida. CCXVI

¡Tiembla, Tierra, en este punto 
mientras suena mi grito de júbilo 
lanzado 
con toda la furia de mis entrañas 
para celebrar que existo y soy libre, 
que puedo amar 
y ansío el placer! 

Llama de mi sol ardiente. CCXLV

Niñita, quiero agarrarte de la cintura 
y mirarte a la cara 
y, aguantándome los besos, 
pensar dónde te he visto antes, 
si en el resplandor de alguna aurora 
o paseando por un campo en abril 
o mirando al cielo una noche clara 
o acaso en el más bello de mis sueños; 
he tenido que haberte visto
en alguna parte, 
bellísima perla mía,
porque mi corazón ya era tuyo
cuando viniste a mi lado. 

viernes, 28 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXLIV

Cuando vengas, niña, 
te llevo a una confitería 
para que comas pasteles 
y tortada y milhojas 
y almojábanas y monas 
y, cuando estés harta 
y lo hayas probado todo, 
me das un beso en la boca 
que a mí también me gusta lo dulce 
y tus labios tienen más miel 
que doscientas colmenas. 

Luces de conciencia y vida. CCXV

El odio es hielo,
el odio duele en el pecho;
el corazón solo ansía la luz,
la claridad de la inocencia;
los hombres somos hermanos
sin excepción alguna,
la humanidad es el gozoso nido
donde se refugia nuestra fragilidad,
las lágrimas que ruedan por nuestro rostro
saben de la piedad
de los ojos que las contemplan;
ya olvido mi rencor,
ya vuelvo al regaz-o de los otros,
ya se extiende como un bálsamo
el perdón sobre mi llaga,
ya regresa
el calor a mis venas,
mi seno acoge generoso
a toda mi especie
desembarazado de la carga
del desolador desprecio;
el abismo de frío
que atormentaba mi espíritu,
máscara de humillación
hundida en mi recuerdo,
ríos de lava ardiente ya lo ciegan
pues no hay júbilo en el alma
vacía de afecto. 

Llama de mi sol ardiente. CCXLIII

Traba mi corazón, nudito de miel, 
bello plieguecito, 
envuélveme dentro de ti, 
rizo de la brisa, 
enrédame en tu voluta, 
grumito de dulzuras, 
encájate en mi pecho,
préndeme con tus manos, 
rodéame con tus brazos, 
dame besos sin parar, 
aherroja mi aliento 
con tu apacible mirada, 
aprópiate de mí 
que quiero ser uno contigo. 

Llama de mi sol ardiente. CCXLII

Mi vida ha sido
sombría y dolorosa,
mi alma ha sufrido algunas veces
tormentos más horribles
que los del mismo infierno
si existieran acaso
pero ¿qué ángel eres tú
que has despojado mi corazón
de la carga de tantos años
y, con tu brisa y tu miel,
has hecho un reino de gozo
de este mundo de polvo y barro?
¿Qué luz divina es la tuya
que ha alumbrado mi camino
para que saliera de ese valle
de desolación y muerte? 

Luces de conciencia y vida. CCXIV

¿Por qué me exilié de los otros, 
por qué me negué la esperanza, 
por qué cargué con el peso 
de una culpa indeleble y honda, 
por qué no hubo piedad en mi pecho 
para mi alma atormentada? 
No es dueño de tanto vigor 
un mero hombre 
para exigirle semejante sufrimiento 
pero vi cómo hallaban placer 
unas almas indolentes 
humillando mi dignidad 
solo por ser frágil 
y, en mi despecho, ansié 
la fuerza de una montaña; 
desde entonces, ser 
un ser humano 
fue mi peor afrenta. 

jueves, 27 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXLI

¡Qué sombra helada cubre mi pecho 
cuando no te siento cerca! 
¡Qué invierno sin esperanza 
es la vida sin tu presencia! 
Regresa, amor, 
ven con tu perfume de ángel, 
ven a calmar mi temor, 
mi soledad de niño abandonado, 
ven a rozarme con tu aliento claro 
para que el regocijo vuelva 
a confortar mi corazón, 
trae consuelo para mi pena, 
como una madre compasiva. 

Llama de mi sol ardiente. CCXL

No hay un límite 
para lo que puedo darte de mí, 
todo mi corazón es tuyo, 
toda mi alma, 
toda mi vida, 
mi aliento todo, mis venas, 
mi fuego, mi dulzura, 
todo te lo doy, 
no puedo quedarme con nada. 

Luces de conciencia y vida. CCXIII

Vivan preocupados los necios 
por su colección de etiquetas, 
prejuicios, apariencias, 
mentiras y crueldades 
que yo voy por el camino 
de la verdad de mi corazón, 
desbordando de felicidad, 
entregándome al bien y al amor 
y bendiciendo mi libertad.

Luces de conciencia y vida. CCXII

No hay inocencia más extremada 
que la que aparentan los cobardes, 
la rata, miedosa y vil, 
se esconde en su basurero. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXXIX

Niña, hay personas 
en nuestros pueblos de España 
que, para guardar su fama 
libre de toda sospecha 
insidiosa y humillante, 
se entregan a aparentar 
hermosísimos sentimientos 
con el corazón tan seco, 
tan helado y tan muerto, 
que lo que muestran es solo 
una máscara de acero; 
les preocupa el interés, 
conservar su dinero, 
sus amigos y diversiones, 
la paz de su vecindario, 
pero tienen el alma 
tan mezquina y egoísta, 
tan cobarde y tan fría 
como un villano miserable, 
como un despreciable verdugo; 
son tristes chiquilicuatros 
que jamás serán felices, 
tan recelosos del mundo 
que no tienen hora buena 
ni pueden dormir tranquilos; 
pero tu niño, niña, 
es un hombre valiente, 
que no quiere aparentar, 
sabe bien que te ama 
más que a su misma vida 
y, por tenerte, da al diablo 
su honra y cuanto posee. 

Luces de conciencia y vida. CCXI

Quien perturba la inocencia de un niño 
y carga sobre su alma 
el peso de la iniquidad 
merecería no haber nacido 
o que la tierra lo tragara 
para que los hombres olvidaran 
su rastro de infamia. 

miércoles, 26 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CCX

Es una costumbre, 
fingir madurez, 
propia del que ya tiene 
el alma envejecida. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXXVIII

Piensa alguien, dulce niña, 
que lo que siento por ti 
me lo da la primavera 
pero lo que yo siento 
podría poblar de hojas 
los árboles en otoño, 
derretir la nieve en enero, 
llenar de flores los polos, 
convertir en brisa suave 
la ventisca de una tempestad, 
lo que yo siento, niña, 
no tiene estaciones, 
ni lo mitiga el tiempo, 
ni perecerá en el vacío, 
lo que yo siento habita 
el infinito y la eternidad 
y es indestructible 
como el misterio de la existencia. 

Luces de conciencia y vida. CCIX

No hay nada más fácil 
para el ignorante 
que hallar la verdad; 
su espíritu es un lodazal 
con presunciones de palacio. 

Luces de conciencia y vida. CCVIII

El alma envilecida 
se mece en el prejuicio, 
depósito de mezquindad y mentiras 
a donde le empuja su necedad. 

Luces de conciencia y vida. CCVII

La fama sentencia 
sin escuchar a las partes, 
sin leyes ni procedimiento, 
liberando, convulsa, 
la ira y vileza que anidan 
en las tinieblas del alma. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXXVII

Te respiro, amada niña, 
respiro tu aliento de mariposas, 
te tengo en mi pecho, 
colmándome, regocijándome; 
hierves en mis entrañas, 
rebosantes de fuego y miel; 
me pueblas las venas 
y las raíces del alma, 
estás toda entera dentro, 
quemándome dulcemente 
con tu brisa cálida, 
con tu aire de mayo, 
abriendo mis ventanas, 
redimiendo mi destino, 
ofrendándome la eternidad. 

martes, 25 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXXXVI

Cuando llevemos 
veinte años casados, 
te habré contemplado 
millones de veces, 
te habré dado 
infinitos besos 
volcando en ellos mi avidez, 
te habré cogido las manos 
en tantas ocasiones 
que rozártelas una vez más 
tiernamente con mis dedos 
no será un deseo apremiante, 
te habré abrazado 
con tanta frecuencia 
empujado por el más hondo amor 
que quizá no sienta ya 
que se me para el mundo 
cuando te apriete contra mi pecho, 
tan solo que transcurre el día 
a su modo acostumbrado; 
pero tu esencia continuará 
fascinando mi corazón, 
saciará la sed de mi alma, 
traerá aire a mis venas; 
la vastedad de tu misterio 
palpitará en mis entrañas 
empapando mi raigambre 
como un licor sagrado 
que embriaga y perturba; 
seguirás siendo 
el fundamento de mi existencia 
porque más allá 
de lo que mis ojos pueden ver 
y de lo que la piel me transmite, 
estás tú, niña amada, 
una presencia sublime, 
un enigma que me desborda 
y que mi espíritu intuye 
con el asombro de la evidencia. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXXV

En la profundidad del lago oscuro
donde habitan las estrellas,
yace tu enigma,
remoto y misterioso,
llama inmarcesible,
cálido titilar en la negrura,
patria de mi reposo
que reverbera en mi pecho
y lo llena de ansias;
te busco en lo más ignoto
siguiendo tu ardiente brillo
y, cuanto más me aproximo a ti
más me hundo en mis entrañas. 

Luces de conciencia y vida. CCVI

El frío habitó mi rostro 
como un invierno perpetuo, 
mi corazón codiciaba 
la dignidad del fuerte 
porque aquellos a quienes amaba 
no creían en mi fuerza, 
se abrió un abismo 
que me separó de los otros 
y la máquina de mis pensamientos 
se quebró dentro de mí. 

Luces de conciencia y vida. CCV

Helé mi corazón 
para huir de la infancia, 
llené de frío mis venas 
porque me creían niño, 
desprecié la ternura 
sediento de dignidad 
y extremé mi sufrimiento 
porque había nacido para el amor. 

Luces de conciencia y vida. CCIV

A mi madre

Tu niño tiene el corazón 
atormentado por el menoscabo; 
de tanto amarme, 
me negaste la madurez; 
te quiero 
pero no te lo diré 
porque sé que pensarías 
que aún soy una criatura, 
débil e inocente, 
que va buscando tus brazos. 

Luces de conciencia y vida. CCIII

Tienen las máscaras 
el hielo de los puñales, 
las levanta el miedo 
y transparentan 
la crueldad de los cobardes. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CCII

A mis padres

Se os coló en la vida 
un hombrecito delgado, 
frágil y asustadizo, 
orgulloso e idealista 
pero no había tiempo 
para ocuparse de él 
porque el trabajo apremiaba, 
la hierba crecía, 
las patatas pedían agua, 
las alcachofas, un repaso; 
se os coló en la vida 
un hombrecito delgado, 
frágil y asustadizo, 
orgulloso e idealista
y no supisteis qué hacer, 
creísteis que crecería 
empujado por el tiempo, 
que encontraría amigos 
que le supieran comprender, 
que su corazón sabría 
hallar sus caminos 
como supieron hacer los vuestros, 
creísteis que tenía 
un alma fácil 
y sencilla como el viento 
pero incubaba esperanzas, 
sueños imposibles, 
seductoras ilusiones 
ansias de plenitud 
y vosotros estabais 
recogiendo las habas, 
labrando los naranjos, 
criando gusanos de seda, 
arrancándole a la tierra 
el esquivo dinero, 
 cosas demasiado importantes 
para dejarlas de lado 
por atender a un niño; 
se os coló en la vida 
un hombrecito delgado 
frágil y asustadizo, 
orgulloso e idealista, 
y no le quisisteis dar  
demasiada importancia; 
las sombras se abatieron 
sobre su frente pequeña 
y su sendero se volvió 
extraño y atormentado; 
una amarga penumbra 
se alojó en su espíritu 
y veló sus ojos; 
una inmensa añoranza 
de admiración y respeto 
le alejó de los otros; 
vivió mil agonías 
al sentirse nada 
para las demás almas; 
muchos años han pasado y ahora 
el sol ha vuelto a salir 
en su corazón tenaz. 
No hay reproches en mi alma, 
vuestras vidas fueron 
honestas y esforzadas, 
me disteis el sustento 
con vuestro sudor y habilidad 
pero no comprendo vuestro mundo, 
sin esperanza, sin luz, 
sin miel en los pechos, 
sin horizontes despejados; 
vuestro mundo es un enigma 
y cierro su puerta sin saber, 
lleno de perplejidad 
y afligida compasión. 

Luces de conciencia y vida. CCI

Si un niño no vale mucho,
si el mundo es de los adultos,
si el corazón no cuenta,
si soñar es inútil,
si hay que obedecer callando,
si dormir es morir,
si la vida es tan solo
estremecerse un cadáver,
¿para qué criar los hijos
y no ahogarlos en el vientre
antes de que la luz hiera
sus anhelantes ojos? 

Luces de conciencia y vida. CC

Os veo en mis adentros
con la aflicción más honda,
contemplando
vuestra desesperante necedad,
la penosa victoria
que el interés obró en vosotros,
vuestro insaciable apetito
de sustancia y de lodo;
vuestros ojos no se abrieron
a la verdad que mostraban
las flores de mi corazón,
dormisteis insensibles
mientras mi alma velaba
sola en el abismo. 

Luces de conciencia y vida. CXCIX

El universo entero 
se ha hecho armonía 
para que los hombres gocen 
el privilegio de la vida; 
hasta el último confín 
que brilla en la noche sombría, 
todo es belleza y orden, 
todo concierto, 
todo esplendor apacible; 
la existencia es un sendero 
placentero y dulce 
como la delicada brisa 
de una noche de verano; 
no te encierres en las sombras, 
no puebles de dolor tu pecho, 
no exilies la esperanza de tu aliento 
porque cuanto encierra el mundo 
anhela tu felicidad. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXXIV

Eres la perla que el horizonte esconde 
cuando reina el alba lechosa 
y rutila su lucero 
en cada gota de rocío; 
al amanecer, se abre tu concha, 
aurora infinita, 
vientre rosado, 
y asomas por la angostura, 
paroxismo de la belleza; 
en la brillante pupila
que custodian tus pestañas,
como valvas fascinantes, desnudas
tan seductora esencia,
que debes al mar,
al Sol y al infinito. 

Luces de conciencia y vida. CXCVIII

Pone cercas a la vida 
el buen burgués 
ayudado de su ciencia, 
de su moral y su tibieza; 
en su laboratorio, descubre 
las rejas de su prisión 
y en ella se encierra 
porque aborrece la libertad; 
pueble su cárcel piadoso 
ese señor tan cobarde 
que yo viviré los campos, 
las montañas, la brisa, 
meteré en mi pecho 
el universo infinito 
me llenaré el alma 
de vastedad y horizonte, 
mis venas abarcarán 
los confines del mundo, 
no habrá alambradas 
en mi corazón desbordado 
que se ofrendará al amor 
dadivoso hasta la locura. 

domingo, 23 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXXXIII

Soy tu cielo más alto, 
tus alas me buscan 
anhelantes de libertad; 
soy raigambre de tu fundamento, 
paraíso de tus horas, 
solaz de tu pecho, 
soy vida para tus venas, 
soy tu aliento, tu luz, tu gozo; 
crees en mí 
como en tus manos 
y descansas en mi regazo 
con el placer de la miel; 
en tu corazón, me llamas 
destino de mis olas 
y dejas que te llene las entrañas 
de mariposas de amor; 
tu mirada me exalta y me celebra, 
me encumbra y me venera 
sin apartarse alguna vez, desdeñosa, 
buscando algo mejor. 

Luces de conciencia y vida. CXCVII

¿Por qué tan cauto respeto 
a esa vieja reina arrugada, 
llena de colorete, 
ceñuda e intransigente, 
que nos prohíbe las alas, 
dulces y gozosas, 
envidiosa porque ella es 
gallina incapaz de volar? 
¿Por qué contar a todas horas 
con Doña Razón de la Lógica? 
¿Qué bien nos hace esa loca 
que en todo se inmiscuye 
sin saber nada de nada 
y no cree que los hombres seamos 
inmortales e infinitos? 
Tan limitada señora 
no debe ser reina de nadie 
sino sirvienta de todos; 
que la depongan y humillen 
nuestros nobles corazones 
que su cetro está afrentando 
la divinidad humana; 
que reine en su lugar el corazón 
teniendo el amor como cetro 
y como escaño la vastedad, 
que llene de flores el mundo, 
que derribe las cadenas, 
que haga a la humanidad libre, 
que le quite el sufrimiento, 
que exalte el placer y la vida 
y la realidad que late, 
la lluvia, el viento, la noche, 
el amanecer, la primavera, 
las montañas, los torrentes, 
los pájaros y las estrellas. 

Luces de conciencia y vida. CXCVI

El hombre cuya madre piensa
que las hijas son más valiosas
porque son más hacendosas
y cuyo padre le llamaba
burrucha cuando era niño
ganará la inmortalidad
con la magia de sus palabras
y la fuerza de su corazón
y alumbrará ciclones
de esperanza y armonía
que exilien del mundo
el dolor y la miseria. 

sábado, 22 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXXXII

Más sombríos que la noche
son tus cabellos de seda,
son azulada negrura,
oscurísima cascada;
quiero solazarme en ellos,
quiero besarlos espacioso
al costado de tu cabeza
y donde caen sobre tu frente
y tus mejillas de nácar
y donde ciñen tu sien
como pétalos nocturnos;
quiero sentirlos
en la piel de mi semblante
mientras te tengo en mis brazos
y acariciarlos suave
con mis manos enternecidas
como si tocara el aura
de un ángel de claridad;
son hebras de viento,
chorros de primavera,
hilos que me atan a ti
como robustas cadenas. 

Luces de conciencia y vida. CXCV

¿Habrá un pecado que se juzgue 
con menos transigencia 
en este mundo 
de las formas y las cosas, 
de la utilidad y los motivos 
que nuestro anhelo de afecto? 
¡Qué fácil llega a la cima 
el hombre sin corazón 
y cuántas veces muere en la vida 
el que espera piedad de los otros! 

Llama de mi sol ardiente. CCXXXI

Eres mujer brillante,
competente y honesta,
no eres digna de lástima
sino de admiración,
de profundo respeto
y de todos los elogios
pero mis ojos te ven
como una niñita pequeña
que desea ser amada,
tan frágil, tan tierna,
tan bonita y solitaria,
la piedad me inflama
las enamoradas venas
y, con mayor vehemencia,
te vengo a querer;
eres la joya
más valiosa de este mundo
pero te imagino triste,
anhelante de cariño,
y mi pecho se subleva
y, apasionado, se entrega
a darte lo que te falta;
mi aliento se compadece
de tan dulce criatura
y, aun amándote sin límite,
aún ansío amarte más
porque solo suponer
que tu corazón de miel
pueda vivir sin afecto
ensombrece mis entrañas
que me piden, con ardor,
que te acune en mi regazo. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXXX

Tu barquita cruza el río
meciéndose con mucha gracia
como una alegre mariposa;
haces plata con los remos
y adormeces a los peces
con tu apacible bogar;
el carbón de tu pelo,
henchido de sol y limpio,
parece una cascada
cayendo sobre tu rostro;
hadas de luz se agitan
en el brillo de tu mirada
porque tu pecho rebosa
de ternura y candidez;
llegas a la otra orilla
abarrotada de flores
y pareces, entre ellas,
la que más sabe reinar;
tus pies huellan la hierba
pero no la perturban
que tu roce delicado
aumenta su lozanía;
llegas por el camino
adornando la luz
que se riza y baila grácil
al tocar tu figura;
y, cuando a mi puerta llamas,
mis arterias se enjambran
de luciérnagas de gozo
y el júbilo de los ángeles
inunda mi corazón
porque tu aliento es mi cielo
y tus labios, mi redención. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXIX

Nunca cesará 
el manantial de mis versos 
porque eres infinita 
y has henchido mi corazón. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXVIII

Mi tierna florecita,
tu hogar es mi pecho,
ahí tienes
todo lo que necesitas:
tu televisor
de sesenta y cinco pulgadas,
tu armario ropero,
tu frigorífico de la mejor marca,
tu sofá para las visitas,
tu cama de cuerpo y medio,
tu cuarto de baño
alicatado hasta el techo,
tu cocina con encimera,
tu cuarto trastero,
tu biblioteca, tu minicadena,
tiene hasta jacuzzi
aunque sé que tú no eres
exigente con los lujos;
la alarma antirrobo no falta
por si alguna rubia se hiciera ilusiones
pero vas a pasar calor
porque mi corazón te ama tanto
que da calefacción todo el año. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXVII

Te quiero, gracia serena, 
hermoso bien, dulzura gozosa, 
placer de la brisa, brillo del rocío, 
dicha del amanecer, 
nube blanca, lucero ardiente, 
manzano en flor, 
golondrina de mi alma, 
mariposa de mi pecho, 
perla de mi corazón, 
ángel de ternura, niña de miel, 
hada de mi valle, 
diosa de mis sentidos, 
compañera eterna, 
raíz de mis entrañas, 
seducción de mis venas. 

jueves, 20 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CXCIV

El frío de tu corazón me amarga
porque eres mi hermano,
solo aflicción me traes
cuando cierras mi camino.  

Luces de conciencia y vida. CXCIII

¡Qué vacío está el tiempo, 
qué desierta, la inmensidad! 
Honda desazón me hiere, 
como un ácido que corroe, 
muerde, febril, 
mi raigambre atormentada, 
aleja de mi corazón 
la esperanza y el calor, 
como un invierno del mundo. 
¡Qué vacío está el tiempo, 
qué desierta, la inmensidad! 

Llama de mi sol ardiente. CCXXVI

Esa boca tuya de rosa 
quisiera acercarla a mis labios 
para obsequiarla con mi alma, 
con mi pecho y mis entrañas 
y, si algo de mí quedara, 
besarla por segunda vez. 

Luces de conciencia y vida. CXCII

Hay personas obvias, 
que comen hasta no aguantar más, 
envilecen su alma para fornicar mejor, 
no renuncian jamás a su propio interés, 
exilian a los otros de su corazón 
porque piensan que son 
una pesada carga para ellas, 
dedican sus vidas a lo más terrenal 
cargando de dinero sus cuentas de ahorro, 
viviendo para su trabajo, 
para la honra y el prestigio, 
sin dejar lugar en su corazón 
para veleidades del sentimiento 
que perturben su tranquilidad, 
¿qué decir de ellas si son 
las triunfadoras de nuestros días? 
Pero yo sé muy bien 
que no son felices 
pese a que es su más hondo propósito, 
no son felices 
porque el hombre no es de carne 
sino de viento y luz. 

Luces de conciencia y vida. CXCI

Camino por la ruta fácil 
de la felicidad, 
no soy esclavo de la forma, 
no me endeudo con pleitesías, 
la urbanidad no me traba, 
mi rostro no carga con máscaras, 
solo a la bondad sirvo, 
cuando me quedo solo, 
me acompaña la verdad. 

miércoles, 19 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXXV

Eres la vastedad 
que redime mi pecho, 
eres toda libertad, 
toda viento y esperanza. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXIV

Si yo hubiera 
aherrojado tu pecho 
y capturado tu alma 
con un abrazo de hierro 
¿qué valdría para mí 
que tus ojos me miraran? 

Si yo no fuera viento y luz 
para tus alas libres 
y no buscara en tu corazón 
la rebeldía de los dioses, 
¿qué valdría para mí 
que me entregaras tus sueños? 

Si en tu regazo hallara 
la marca de la esclavitud 
y supiera tu aliento 
muerto y derribado, 
¿qué valdría para mí 
el amanecer que te trae? 

Si no fueras mi horizonte limpio, 
la pradera por la que galopo, 
el océano que atravieso, 
el aire claro que mis venas remontan, 
¿qué valdría para mí 
una hora más a tu lado? 

Llama de mi sol ardiente. CCXXIII

Te añoro, te anhelo,
tengo sed de ti,
hambre dolorosa,
cuando llegas, traes
la miel de la vida. 

Luces de conciencia y vida. CXC

La autoridad no es invencible, 
no es más que una cáscara huera 
que espera tu sumisión, 
tu aliento no tiene un dueño, 
el rey del mundo eres tú, 
abre tu sendero dorado, 
no te niegues tu destino de dicha. 

martes, 18 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CLXXXIX

En memoria de PerePussa

La tierra es para el amor, 
para el placer, para la vida, 
no para las secas leyes que veneran
unos yertos muñecos 
con el invierno en el corazón. 

Luces de conciencia y vida. CLXXXVIII

No soy un sucio trapo 
colgando de un palo, 
mi corazón está vivo, 
no puedes insultarlo, 
no soy una máscara 
que merezca tu desprecio, 
tengo alma, bondad, amor, 
tu displicencia me hiere 
y aflige mi pecho, 
no eres el dueño 
del secreto de la vida, 
no te arrogues el derecho 
de criticar mi conciencia, 
tu espíritu gélido y cruel 
jamás ha curado un alma, 
eres tan mundano y frío 
que dejas las entrañas yertas 
con tu lengua de escarcha. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXII

Como un ave
que atraviesa un ancho espacio
volando incansable
en busca de la primavera,
como una onda
del vasto mar que cabalga
sin que nada la detenga,
ávida de alcanzar la orilla,
como la ardiente lava
de un furioso volcán
que, impetuosa, asciende
desde las entrañas de la tierra,
así avanza hacia ti mi aliento
ansioso de tu perfume,
anhelante de la paz
de tu regazo encantado. 

Llama de mi sol ardiente. CCXXI

Como brisa que roza las olas del mar
con suave delicadeza
sin apenas levantarlas,
dejándolas ir suavemente,
como rayo de sol que atraviesa
una leve nube blanca
sin impedir su marcha,
pausada y apacible,
como río que transporta
las hojas que el otoño le arroja
meciéndolas para aplacar
su lánguida melancolía,
así es mi corazón para el tuyo;
tus pasos juegan con mis pasos
en una danza de miel,
voy persiguiendo tu estela
y tú dejas por el camino
rosas para mi alma. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CLXXXVII

Cuando respiras, 
no dejas sitio en tu pecho 
para todo lo que has aprendido, 
tus ojos se abren al misterio, 
tus oídos prestan atónita atención, 
tus pasos parecen dados en el aire; 
cuando respiras, 
el mundo entra en tu corazón 
y la paz te abandona 
porque la belleza perturba tu sangre 
y no puedes ya renunciar 
a formar parte de ella; 
cuando respiras, 
tienes que entregarte al amor, 
un anhelo infinito de libertad 
te empuja hacia el otro, 
tus venas no resisten su ansia 
y se dejan penetrar de la esperanza; 
cuando respiras, 
el murmullo de la vida estremece 
tus entrañas sedientas 
y, hecho fuego y luz, persigues
el secreto de la existencia
olvidada toda cautela. 

Luces de conciencia y vida. CLXXXVI

¡Qué triste es un viejo
al que aplacen las explicaciones
y mira el mundo protegido
por su colección de teorías!
Su piel arrugada casi no siente,
sus ojos y oídos casi no sirven,
su paladar no sabe ya saborear,
su corazón seco
detesta la vida.

Los inseparables de Fisher

(Colaboración con la pintora Nuria Velasco)

Cerró sus ojos 
para ver su desolación
y, en la sombría agonía
que a su espíritu se mostró,
halló la liberación.

La ruta de la felicidad. I

Cuando la muerte me destierre
y todo lo que soy lo arrastre
una brisa helada del mar,
mis manos se vaciarán
y será como no haber nacido;
cuando la muerte me destierre, 
dejará de anhelar mi pecho
y cesarán la aflicción y el júbilo,
como la noche y el día,
como el invierno y la primavera;
cuando la muerte me destierre,
el sol no amanecerá para mí,
ni la lluvia regará los campos,
ni las estrellas brillarán,
ni los pájaros cantarán;
este dolor de hoy,
este tedio, esta fatiga
traen un fúnebre regusto
un anticipo sombrío
de la enemiga del amor;
abandonad mi frente,
afanes de la obcecación,
quiero ser libre
cada hora de mis días,
quiero respirar la paz
y gozar de la dulzura
de haber llegado ya a mi meta,
no es tiempo el de la vida
para ceder a la cobardía
ni a la debilidad.

Llama de mi sol ardiente. CCXX



Creíste en mí, 
pese a mi máscara de horror, 
pese a mi desesperanza; 
comprendiste 
la magnitud de mi sufrimiento, 
sin falsa compasión, sin menosprecio; 
me abriste la flor de tu pecho 
sin pedirme nada a cambio, 
como nadie había hecho nunca; 
con dulzura, posaste tus ojos 
en un rostro que nadie miraba 
y sentiste su belleza; 
trajiste mares de libertad y gozo, 
redimiste mi atormentado corazón, 
me hiciste pájaro, 
nube, montaña, 
hierba verde, agua que corre; 
me amaste más allá 
de la forma y las palabras, 
fuiste mi remanso, mi Paraíso,
mi claridad en las sombras del mundo;
colmaste de placer mis venas,
me mostraste el camino de la felicidad,
caro obsequio
que nunca habían querido ofrendarme;
y sigues conmigo;
después de que te fallara tantas veces,
después de que te demostrara
mi inconstancia, mi ingratitud,
mi crueldad, mi desconfianza,
sigues conmigo,
llenando de esperanza mi sendero,
iluminando
el horizonte hacia el que camino,
con tu resplandor de ángel,
con tu ternura de niña.
Nadie antes supo
que yo era real,
como la red de un marinero,
como la azada de un campesino,
como el agua que aplaca la sed,
solo tú lo comprendiste
porque tienes el alma llena de luz
y eres la hermana
que me dieron las estrellas. 

Llama de mi sol ardiente. CCXIX

Como dos aves en el cielo,
tan lejanas
que el ojo apenas las distingue,
ala con ala volando,
deslizándose en el viento
con armonía infinita,
libres y gozosas,
avanzando hacia la eternidad,
hermanadas para siempre,
así son nuestros corazones,
hijos del aire,
amantes y dichosos,
unidos por un destino de luz
que hace dulces los días,
despojados de cadenas,
viviendo un sueño sin final. 

domingo, 16 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CLXXXV

Que el tedio no alcance mi frente, 
que no vuelva la desesperanza, 
que no me tope otra vez 
con ese amargo cementerio 
que me cerraba el camino. 

Llama de mi sol ardiente. CCXVIII

Quiero amarte 
del amanecer a la noche 
y aún dormido en el lecho 
y sentir, 
cada día de mi existencia, 
el roce de tu belleza 
iluminada por un tierno afecto, 
quiero arrojar a un abismo 
ese tedio 
que arrastra el tiempo, 
esa gris insipidez que nos aguarda 
en el poso de la vida. 

Llama de mi sol ardiente. CCXVII

No vueles, tierna golondrina, 
cuando sientas que me acerco, 
en mi corazón se agita 
el espíritu de la luz, 
solo tengo afecto para ti, 
solo el calor de mi regazo, 
solo rozaré tus plumas, 
mis caricias no evacuarán 
el viento de tus alas, 
quiero tocar con mis dedos 
tu pequeña cabecita, 
llevarme a los labios 
la punta de tu pico, 
encerrarte en mis manos 
con el alma conmovida 
pero no puedo apresarte 
porque lo que quiero de ti 
es la libertad de tu pecho. 

Llama de mi sol ardiente. CCXVI

¡Qué oscurísimo dolor 
el de los látigos del alma! 
¡Qué heridas tan fuertes 
abren sus embestidas! 
¡Qué desaliento, qué profundo horror 
dejan en el corazón! 
Sangre mana mi aliento 
por mil cortes desgarrados
y mi raíz se retuerce
desolada en la agonía 
mas no quiero un pecho de piedra 
que no sienta el martirio, 
quiero la fragilidad 
de una débil mariposa 
para que vivan mis entrañas, 
para que no muera la luz 
que palpita en mis adentros 
y pueda entregarte un amor 
infinito como el universo. 

Llama de mi sol ardiente. CCXV

Lo que siento por ti no tiene límites, 
es más inmenso que el universo, 
es más poderoso que todas las estrellas juntas, 
es más indestructible que la misma eternidad, 
es más gozoso que el más alto Paraíso, 
es más real que la tierra que pisan mis pies, 
es más insólito que la fantasía de un loco. 

sábado, 15 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CLXXXIV

¿Cómo haremos para salvar 
nuestro planeta Tierra 
si ,por un hombre que piensa, 
hay un millón que dormita 
y vive en la pura inopia? 
La belleza, el bien y el amor 
no gobiernan en el mundo
porque reinan, en su lugar,
la voracidad y el egoísmo;
los hombres se han liberado
del yugo de la autoridad
para hacerse esclavos
de la ignorancia y la abulia,
sus corazones cautivos
no ven la luz de la esperanza. 

Llama de mi sol ardiente. CCXIV

Eres bonita
como una combada ramita
de manzano en flor,
como un lucero que roza
el halo de la Luna,
como un montoncito de perlas
recién sacadas del mar,
como un sendero en el campo
abriéndose al Sol y a la vida,
como un claro arroyo que corre
por una colina verde,
como un pajarito que salta
sobre un rayo de amanecer,
eres bonita
como lo más bello del mundo
y tu roce me deja
mares de miel en el corazón. 

Luces de conciencia y vida. CLXXXIII

Agria ira espolea en mi alma 
la humillación de la soledad, 
quiero herir a mi enemiga 
mas no hallo objeto para mi venganza 
ni remedio para mi mancha; 
no hay médico ni tribunal 
contra la anchura del mar 
que llena de olas mi pecho. 

Luces de conciencia y vida. CLXXXII

¿Qué falta me hace 
ser grande y fuerte 
al parecer de la calle? 
¿Qué se me da del valor 
que solo aprecian los ojos 
y premia la mano? 
¿Qué más da no ser nadie 
para quien solo escucha 
el ruido del mundo? 
La gloria se la lleva el viento, 
como el humo de un ávido fuego, 
su fundamento procede 
de sueños y sofismas; 
el amor de las máscaras 
no hunde en las venas 
una muy honda raíz; 
no me hago ilusiones 
con los juicios de los hombres, 
que, hasta cuando adulan, 
son ajenos y remotos; 
soy pequeño y débil 
porque nací de mujer, 
mi sustancia no es la que buscan 
los que indagan en la forma 
ni quienes temen 
la fragilidad de las cosas; 
no tengo más que mi corazón 
para salvarme del fango, 
es invisible y oscuro 
pero es inmenso 
como el océano de las estrellas. 

Llama de mi sol ardiente. CCXIII

El corazón de los hombres es
su Paraíso,
quien escucha su voz
alcanza el cielo
y lo acerca a quienes ama;
el tuyo es miel derretida,
luz que atraviesa los muros,
flor de gracia infinita
que colma mi pecho de placer,
el tuyo es lago apacible,
amanecer de libertad,
mañana de primavera,
jardín de todos los gozos;
¿qué me quedaría en el mundo
si me negaras tu amor?

viernes, 14 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCXII

Codicia el hombre necio
el cuerpo de la mujer
pero no su corazón,
que menosprecia y humilla,
pero mi anhelo es tu alma,
tu aliento de florecita,
mi anhelo es alegrar tu pecho,
porque eres mi niña,
el jardín de mis entrañas,
lo que más amo en el mundo,
el lucerito de mis venas,
mi hermanita del cielo,
la que nació conmigo
cuando se hicieron las estrellas,
eres mi dulce tesoro,
mi preciosa chiquita,
te amo porque respiro
y porque existo y soy.

Luces de conciencia y vida. CLXXXI

El camino que recorre
un corazón feliz
es extraño y solitario,
es un andar desnudo,
sin carga, solo para sí;
los otros son el destino
y el amor,
un dulce eco de los pasos.

Luces de conciencia y vida. CLXXX

¿Quién me prestará oído
si lo que digo es ajeno
al más llano sentido común?
¿Querrán los cuerdos creer
que el amor es eterno y libre
y que extiende unas alas tan anchas
como el inmenso universo?
¿O que no es al saber y a los sentidos
a los que se revela la realidad,
ajena a la forma y la ley,
 sino a nuestro instinto de ser nosotros?
¿O que el bien no se aprende
de una autoridad ceñuda
sino que es la voz del corazón
con el que llegamos a la vida?
¿Quién leerá mis libros,
quién aplaudirá mis versos,
si suenan a necedades
las verdades de que hablo?
Me tomarán por idiota,
querrán que vuelva a la escuela,
me dirán que lea más,
que aprenda lo que es la vida
pero mi tozudez es grande
y, erre que erre, sigo
ofrendando mis pensamientos,
sin timidez ni recato, 
intentando que este mundo
se llene de primavera
y destruya las cadenas
que nos humillan y hieren.
No soy ajeno al delirio,
la locura no está lejos
del regazo de mi frente,
¿quién creerá que un loco puede
traer la luz a la Tierra,
llenar todos los corazones
de armonía y bondad,
hacer que la humanidad despierte
en un amanecer de dicha
y que el perfume de la vida
seduzca al alma del mundo?
¿Cómo escaparé a las risas,
quien entenderá mis letras,
cómo esquivar el escarnio,
si mi espíritu parece
enfermo e incapaz?
Pero mi tozudez no admite
vacilar en mi camino,
den a otros los honores,
llénense de gloria otras voces,
olvídenme en mi rincón,
que no se celebren mis letras,
que el aplauso se me niegue 
hasta en mi lecho de muerte,
no me importa otra cosa
que luchar por la esperanza
de los seres de este mundo
abriéndolos a la verdad
con el aliento desnudo.

Llama de mi sol ardiente. CCXI

Si te casas conmigo,
no te exigiré
que vayas a misa
y te arrodilles sumisa
ante un dios todopoderoso
que nos pide humildad
y golpes de pecho,
no te exigiré
que me planches camisas,
que me laves la ropa
o que me frotes los pies
como si fueras mi esclava
hasta que te quedes viuda,
no te exigiré
devoción a la patria,
ni a las altas autoridades
como si no fueras tú
más alta que cualquier ministro,
más noble que cualquier bandera,
no te exigiré
que me quieras siquiera,
lucharé cada día
por merecerlo de ti
porque el amor que yo busco
no aguanta rejas ni cercas.

jueves, 13 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CLXXIX

Desde la soledad de esta estancia
donde transcurren mis días,
pregunto al aire con desesperación: 
-¿Pero hay de verdad alguien aquí?
Y una voz responde con rigor:
-No...

Llama de mi sol ardiente. CCX

La indiferencia no mina mi fe,
el silencio no me desanima,
mis versos no son zafios,
no son versos cobardes,
no encierran banalidad
ni siguen caminos trillados,
¿qué puliré en ellos,
qué forma nueva les daré
si son la voz desnuda y clara
de la llaga de mi alma,
si escribo como amo,
con la misma entrega y lealtad,
con la misma sencillez e inocencia
por despertar en las almas
el fervor por el bien?
Cada día vas llegando
más al fondo de mi entraña,
cada día eres más esencial,
cada día te amo con más fuerza,
no hay egoísmo en mi amor
y tampoco en mis poemas,
escribo para cambiar el mundo
y para entregarle los dones
ocultos en mi corazón,
¿cómo llegar más lejos,
cómo subir más alto
si, con mis palabras, doy
cuanto soy y poseo?
No, el desaliento no me detiene,
tengo que traer la luz,
es preciso que prodigue
esperanza y vida,
pero los rostros se vuelven,
las miradas me evitan
y el desencanto ensombrece
la cadena de mis días.

Llama de mi sol ardiente. CCIX

Para alejarme de ti,
tendría que arrancarme
las entrañas vivas
y tirar mi corazón
en el fango del camino
porque soy tú
desde muy adentro
y mi pecho es todo tuyo
que, para mí,
ya no lo quiero. 

Llama de mi sol ardiente. CCVIII

Te siento más mía, niña, 
que el sabor de la primavera
o los caminos de mi infancia;
perteneces más a mis venas
que la lluvia y el viento
o el fulgor de las estrellas.

Llama de mi sol ardiente. CCVII

Yo no soy un escritor 
de talento reconocido, 
admirado y respetado, 
soy un niño que padece 
las heridas del desprecio, 
soy un campesino triste 
al que amarga su trabajo 
y que cada día muere 
agarrado a su negra azada, 
soy un alma extraviada 
en el laberinto del miedo 
rayando la locura 
y sin encontrar la paz, 
solo soy un hombre frágil 
cargado de desilusiones, 
con soledad en el corazón, 
¿qué zalemas debo a ninguno, 
a quién tengo que obedecer, 
qué puede nadie sobre mi orgullo, 
forjado en el sufrimiento? 
No te quiere una máscara 
cargada de vanidad 
que traiciona por las palabras 
la hondura de sus venas, 
te quiere un pecho sediento 
de tu belleza infinita, 
desnudo y franco, 
que ha encontrado en tu espíritu 
tanta luz y esperanza 
como en el más noble de los ángeles. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCVI

Eres sobria y sencilla,
como un sendero en el campo,
como el corazón de un ángel,
como la brisa y el sol,
como el caer de la lluvia
o la blancura del alba
pero tienes el alma
repleta de travesuras
como un tierno pajarito
que brinca sobre la luz. 

Llama de mi sol ardiente. CCV

Tu belleza destila  
perlas y miel, 
rocío y alba, 
luceros y rosas blancas, 
brisa y alas abiertas, 
luz e inocencia, 
mi corazón la penetra, 
la goza, la exalta, 
la remeda, la busca, 
la expresa, la vive; 
tu belleza es tan inmensa 
que mi pecho no la abarca 
y, enfebrecido, te nombra 
su dios redentor. 

Luces de conciencia y vida. CLXXVIII

El corazón de tu hermano 
no tiene forma, 
tu frente no puede verlo, 
solo tu pecho. 

Luces de conciencia y vida. CLXXVII

En tu corazón, solo hay belleza, 
solo bondad y placer, 
solo grandeza y orgullo 
pero es prisionero, 
cautivo de tu obcecación, 
y su voz duerme asfixiada
en el fondo de tu pecho. 

Luces de conciencia y vida. CLXXVI

Tu ambición más honda es 
conquistar el corazón del otro, 
dulce joya 
donde se encierra tu dicha. 
¿Por qué lo traicionas, pues, 
por qué lo atormentas, 
por qué le robas, 
por qué lo hieres, 
por que le haces la guerra, 
por qué dejas que tenga hambre, 
por qué lo ignoras, 
por qué lo empujas hacia el abismo? 
¿Cuándo vas a vislumbrar 
la magnitud de tu confusión? 

Luces de conciencia y vida. CLXXV

¿Qué es más importante 
que la felicidad de tus semejantes? 
¿La banca, la patria? 
¿Un dios que no baja de su cielo? 
¿El honor, la cultura, la ciencia? 
¿El progreso, el arte, los monumentos? 
¿Una charla interesante, las buenas maneras? 
¿Las costumbres inveteradas, la moral establecida? 
¿Qué es más importante 
que la felicidad de tus semejantes? 

Luces de conciencia y vida. CLXXIV

Mi corazón es ardiente, 
no quiere la paz mezquina
de un vecindario paternal; 
no quiere tibios abrazos
dictados por la urbanidad
ni afectos de compromiso
para que no hablen de mí; 
mi corazón no es un bien 
de uso metropolitano 
ni herramienta de intercambios 
para las tardes de té; 
mi corazón es ardiente, 
no tengo nada mejor 
que mi corazón desnudo, 
que no me pidan reposo 
para mis ansias de vida, 
que no me pidan mesura 
en mis deseos de ser. 

martes, 11 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CLXXIII

No busquéis en mí, como se suele, 
un cautivo de las máscaras, 
apenas algo más 
que lo que le exigen ser 
y se esfuerza en aparentar; 
yo alumbraré ante vosotros 
los arcanos abismos 
de mi corazón ignoto 
y os ofrendaré un paraíso 
que solo de mí puede brotar. 

Llama de mi sol ardiente. CCIV

Hazme libre, amada, 
deja que mi corazón viva 
tus cumbres excelsas y tus ríos opulentos, 
tus alboradas de abril y tus tardes de estío, 
tu viento, tus nubes, 
tu lluvia, tu luz, 
tus praderas, tus montes, 
tus otoños, tus océanos, 
tus lagos, tus volcanes, 
tus campos de flores, tus bosques, 
tus islas, tus ignotas grutas, 
tus pájaros, tus ocasos, 
el abismo de tus noches, 
el misterio de tus estrellas, 
hazme libre, amada, 
deja que mi corazón viva 
tu vastedad infinita, 
deja que me colme de ella y ensanche, 
sin límite, mis confines.

lunes, 10 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCIII

No llega tan alto un pájaro 
que alegremente se remonta 
sobre la brisa de la primavera 
queriendo emular las nubes, 
blancas e inocentes, 
que se deslizan bajo el sol 
como mis ansias de ti 
en el cielo de mi pecho, 
seducido por tu ternura 
y tu rostro de miel y perlas. 

domingo, 9 de marzo de 2014

Llama de mi sol ardiente. CCII

Cuando el resplandor de un hada 
se transforma en la figura 
de desbordante hermosura 
de una mujer encantada, 
tiene tal semblante, amada, 
que desvanece el aliento 
y perturba el pensamiento 
del hombre que alcanza a verla 
pero es más bello, mi perla, 
el tuyo en mi sentimiento. 

Tienes los labios de espuma 
y tus ojos son dos flores 
que me hieren con ardores; 
de tus pupilas rezuma 
tanto dulzor que me abruma 
y tus pestañas me apresan 
el hálito y lo embelesan; 
tu pelo es oscura noche 
y tus sienes, suave broche 
que mis pensamientos besan. 

Tu belleza es infinita 
y turba mi corazón, 
ebrio de fascinación 
por el gozo que suscita 
esa nariz exquisita, 
esas mejillas de infancia, 
esa profunda elegancia 
de tu barbilla preciosa... 
Eres, niña, más hermosa 
que el calor de la esperanza. 

Llama de mi sol ardiente. CCI

Con un río de palabras, 
te he demostrado mi afecto 
pero tú has mostrado el tuyo más allá 
de testimonios y palabras; 
la magia de tu silencio es más grande 
que el poder de mi lengua, 
tienes el corazón tan tierno 
que basta una caricia de tu sombra 
para llenar mi pecho de mariposas. 

Luces de conciencia y vida. CLXXII

¡Qué soledad dejan las palabras 
en el corazón de los hombres! 
La boca llena de palabras 
destierra del alma el mundo; 
quien te carga de palabras, 
te aleja del placer. 

Luces de conciencia y vida. CLXXI

Mis poemas 
no esperan la evaluación 
de los espíritus doctos 
porque son los tiernos brotes 
de la hondura de mi ser; 
escribo como vivo 
y vivo como deseo. 

Llama de mi sol ardiente. CC

Juntos somos 
una flor que se abre 
en el seno de la humanidad, 
un remanso de bondad, 
un manantial de esperanza, 
un espejo 
de la belleza de nuestra especie, 
un camino 
para la armonía en la Tierra; 
tú y yo, juntos, 
transfigurados por nuestro amor, 
somos la luz del mundo, 
la dulzura y el gozo 
que el universo esconde. 

Luces de conciencia y vida. CLXX

No tenemos nada 
si, por lo que tenemos, 
hemos perdido nuestro destino;
caiga a un abismo
cuanto me dan los otros
si el precio es
el gozo de ser. 

sábado, 8 de marzo de 2014

Luces de conciencia y vida. CLXIX

Almas sumisas 
que buscáis el calor del rebaño 
y teméis por vuestra conciencia  
cuando vuestro sendero se hace 
desierto y arriesgado, 
amáis corazones cobardes 
que os truecan su afecto 
por vuestra libertad,
tenéis amigos tiranos
que os abandonarían
si pretendierais ser, 
y vivís vidas de engaño,
exangües y sombrías, 
cascarones huecos 
que os prestan los otros.