sábado, 31 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. CXXXV

Te voy a entregar 
toda mi vida, 
mi aliento será para ti, 
la sangre de mis venas, 
el latir de mi corazón, 
la respiración de mi pecho, 
el tráfago de mis vísceras, 
cada célula de mi cuerpo 
será para ti, 
soy mi dueño 
y voy a darme entero, 
voy a darte mis pasos, mis pensamientos, 
el placer de mis sentidos, 
los gozos de mi corazón, 
cada minuto de mi tiempo 
te lo tengo que dar, 
te voy a entregar 
toda mi vida, 
nada le puedo negar 
a un corazón tan tierno. 

Amanecer de la inocencia. CXIV

Arrojaron la culpa 
sobre mi frente niña, 
que desconocía el mundo, 
expulsaron el bien de mi alma 
para hacerme un esclavo de los otros, 
me quitaron el orgullo, 
me revolvieron contra mí, 
busqué el perdón con avidez 
pero el reproche no cesaba 
porque el egoísmo les movía 
y nada les satisfacía, 
creí que debía algo 
y un sufrimiento infinito 
atrapó mi aliento, 
los años han transcurrido 
como vil desperdicio 
sedimentando en mi espíritu 
amargura y horror, 
me creía inmundo y detestable, 
me apartaba de los hombres 
para no impacientarlos, 
para no despertar 
su asco y su ira, 
la expiación no era posible, 
la inmensidad me acusaba, 
ahora sé qué trivial 
es el ánimo del hombre 
que atormenta a otro, 
qué poco le importa 
la justicia y el bien, 
qué pegado está 
a sus grises intereses, 
tengo un corazón honesto 
que no debe sentir vergüenza, 
no soy propiedad de nadie, 
tomo ya mi camino, 
solitario y gozoso, 
la fe en mí iluminará mis pasos, 
soy mi legislador y me otorgo 
la plena felicidad, 
cierro la puerta a la insidia, 
los desdichados que hirieron 
mi limpia inocencia 
para lograr su rapiña 
tienen mi compasión 
mas ya no mi obediencia. 

Amanecer de la inocencia. CXIII

Quiero hacer mil pedazos 
como a un frágil cristal 
el amargo peso de mi conciencia, 
romper las viles cadenas 
de la obediencia servil, 
arrancarme de la frente 
este anhelo detestable 
de vínculos y esclavitud, 
devolverle a mi alma 
la inocencia y la libertad 
y vivir la soledad 
con el placer de un triunfo. 

viernes, 30 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. CXXXIV

El aire que me roza cuando pasas 
es tan gozoso para mi pecho 
que solo eso me hace falta 
para sentirme ahíto de caricias. 

La claridad que me inunda. CXXXIII

Cuando más distraída estés,
morena mía,
te voy a lanzar tal piropo
que te vas a poner colorada,
con los ojitos brillando
y sin saber dónde meterte,
te voy a decir palabras
de pecado mortal y excomunión
para que sepas, preciosa,
lo bonita que tú eres
y lo que te quiero yo. 

La claridad que me inunda. CXXXII

¿Qué haré cuando te vea
para que sepas
que eres mi hermana?
Te abrazaré dulcemente
depositando el alma
en lo que mis brazos abarcan,
como si la llevara el viento
meciéndola sobre el mar,
te besaré tu rostro
con el corazón en los labios
bebiendo de la tibieza
de tus mejillas de seda,
te tomaré las manos
para unirme eternamente
a tu aliento perfumado,
miraré tus ojos de luna
rodeados de esas pestañas
que deslumbran y cautivan
para embeberme de la ternura
que saben transparentar
y te diré que he nacido
con tu nombre en mis venas
y moriré con él
porque nada es más dulce
de cuanto me da la vida
que tu roce delicado
pues te han traído los ángeles
a iluminar este mundo. 

Amanecer de la inocencia. CXII

En mi alma, solo anida
la luz de la pureza,
mi madre es la Tierra,
con sus montañas y sus cielos,
con sus auroras y sus senderos
y mis hermanos, las nubes
y los ríos y las mariposas
y los árboles y el mar
y los pájaros y las flores,
no me sujeta un freno
ni me subyuga una ley,
sigo a mi corazón,
lleno de júbilo y placer,
rebosantes de vida
las venas de mi cuerpo,
la fuerza de mis sueños
abre todos los caminos,
mi espíritu es infinito y limpio,
no hay límite para mi alegría,
mi aliento desborda
de amor y libertad,
la brisa me atraviesa el pecho,
habito la eternidad
y el Universo entero ha encontrado
aposento en mis entrañas. 

Amanecer de la inocencia. CXI

Huyen los hombres 
de las ansias de su corazón 
porque temen y desdeñan 
la dulce luz del placer. 

Amanecer de la inocencia. CX

No creo en los hombres que no respetan, 
no creo en quienes humillan y sojuzgan, 
en quienes dominan y prohíben, 
en quienes poseen y causan sufrimiento, 
en quienes matan y subyugan, 
en quienes explotan y destruyen la esperanza, 
no creo en los hombres que no escuchan 
la voz desnuda de su corazón 
y viven una vida sombría, 
amarga y ajena, 
lejos de la verdad. 

La claridad que me inunda. CXXXI

Niña, no creo que me den 
el premio Príncipe de Asturias, 
ni estaré nunca 
a las puertas del Nobel, 
ni me hará un estudio un profesor 
de la Universidad de Comillas, 
mis obras desbordan de saber 
pero son sencillas y claras 
y no ayudan al que las lee 
a alimentar su vanagloria, 
no creo que me pongan nunca 
una banda honorífica 
porque soy sencillo 
y tan libre como la brisa, 
no me guía la arrogancia, 
abomino del poder 
y de la autoridad, 
no quiero honores que lleven 
la servidumbre en su entraña, 
no traicionaré jamás 
la dignidad humana 
humillándola por un mal verso 
condenándola por una rima, 
mi corazón no lo permite 
porque es leal y valiente 
y se sabe preciar, 
qué hueco sería mi amor 
si mi pecho se moviera 
por un orgullo banal 
y te pidiera zalemas 
a cambio de mis poemas. 

jueves, 29 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. CXXX

Arbolito mío, 
toda la aurora contemplo 
a través de tu ramaje, 
eres sencillo y esencial 
como la luz de la mañana, 
como el juguete de un niño pobre, 
quiero ser de tu raíz, 
que alberga la noche 
con su luna y sus estrellas, 
siento en el corazón tu savia, 
enigmática y poderosa, 
portadora del latido 
de la realidad que vive, 
eres árbol y, sin embargo,
no sé nombrarte ni te conozco,
porque me alcanzas las entrañas,
donde mi lengua calla
y mis sentidos se nublan. 

Amanecer de la inocencia. CIX

No digáis que no es verdad,
soy impotente ceniza
que se esfuma en el viento,
polvo sucio y miserable
que se esquiva y desprecia,
no digáis que no es verdad,
hay una casa vacía,
un camino abandonado,
un árbol desnudo y gris
en el baúl de mi alma,
no digáis que no es verdad,
mis manos no tienen nada,
mi corazón nada puede,
mi alma no sabe ser,
soy un pájaro vencido,
no digáis que no es verdad. 

miércoles, 28 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. CXXIX

El amor que nos damos merecería 
la censura de los moralistas 
y de los científicos 
y de los políticos y escritores 
y de los especialistas 
en todas las disciplinas  
y de los expertos 
en todas las materias, 
merecería el disfavor de la Iglesia 
y de los medios de comunicación 
y de las asociaciones ciudadanas 
y de todos los Ministerios,  
merecería el frío desdén 
de todos los sindicatos 
y de cualquier empresario 
y de las reales academias 
y de todas las sociedades médicas 
niña, el amor que nos damos 
merecería la oposición 
de todas las mentes sensatas, 
no lo podrían aprobar 
bajo ningún concepto, 
sería de rigor que protestaran 
contra el fuego de nuestro pecho, 
pues no es razonable ni permisible 
tanta libertad 
y tanta dicha. 

Amanecer de la inocencia. CVIII

No puedo pedir perdón 
por los actos de mi corazón, 
no soy libre de renunciar 
a mi destino y mi instinto; 
que no me exijan una disculpa 
por existir y por ser, 
mi voz no es desleal 
y ha de expresar la verdad. 

martes, 27 de mayo de 2014

Amanecer de la inocencia. CVII

Al hombre que muere,
no se le mira a los ojos,
no se le busca en el corazón,
se le abandona en su desierto,
se le mata por dentro,
nada hay más pequeño
que un hombre que muere
pero yo sé que quien ama
no sucumbe a la muerte,
no puede morir el que ama,
su luz palpita eternamente
porque, en su pecho, se agita
un torrente de esperanza
y le traspasa el aliento
el fuego que humilla a los dioses. 

La claridad que me inunda. CXXVIII

Eres delicada y frágil
como una hoja de hierba,
tan delgada
que su propio peso
la doblega y abate
pero tienes el empuje
de una gran ola,
que solo se amansa y alisa
cuando conquista su meta
en la orilla arenosa;
sufro por ti, niñita,
porque mi ternura teme
que un azar te haga daño
pero la felicidad
nunca me abandona
porque es el amor que te tengo,
que nada en el mundo
podrá arrancarme jamás. 

La claridad que me inunda. CXXVII

La vida no es banal,
cada hora, cada segundo
está luchando la muerte
contra la eternidad,
no nos sobra ni un minuto,
no es una broma la vida,
no es una chacota,
no debemos malgastar
las palabras y las fuerzas;
no es un teatro la vida,
mis sentimientos no son
una comedia trivial,
son lo mejor que tengo,
solo para ellos vivo,
no son desechos que arrojar
donde no me estorben,
quiero amar con avidez
sin detenerme un instante,
olvidando la medida
que me aconseja el juicioso
y el desdén de quien no entiende
el afán con que te amo,
solo para amarte quiero vivir,
solo para este remanso
de esperanza y placer,
no preciso la aceptación
de los pechos helados,
que se burlen con sarcasmo,
que su escarnio me embista,
que piensen que soy idiota
por sentir tan gravemente,
no soy capaz de explicarles
por qué me muero por dentro,
por qué las sombras del mundo
me duelen en lo profundo,
por qué no quiero buscar
la felicidad en el olvido,
no soy capaz de explicarles
que la vida es una herida
y muere cuando se cura. 

lunes, 26 de mayo de 2014

Amanecer de la inocencia. CVI

En la ruta de la vida,
mis pasos tuercen su rumbo
para alcanzar el bien
pero mi conciencia nunca es mala
porque nunca deja de ser huésped,
la bondad, de mi corazón. 

Amanecer de la inocencia. CV

Dura es mi batalla contra el miedo,
mil veces me humilla
atormentando mi frente
y oscureciendo mis días
y yo mil veces lo arrincono
y abato sus fuerzas
con la furia de mi corazón;
no se vence en poco tiempo
enemigo tan terrible,
quiere mi suerte que siga
hostigando mi aliento
después de tantos años
sometido a su reinado
de sufrimiento y desesperanza;
es enemigo poderoso,
engendrador del mal,
destructor de la inocencia,
fuente de infinito dolor;
infernal es su ataque,
despiadado y fuerte,
me hiere el alma con saña
protegido por mi flaqueza,
pues su anhelo solo es
quitarme la dicha,
yo contesto bravío,
armándome de pureza,
colmando de fe mis venas,
rebosando de honestidad;
dura es mi batalla contra el miedo,
la maldad luce bajo el Sol,
despojada de pudor,
agostando la esperanza,
combatiendo la libertad,
no queda espacio
para la ternura,
el egoísmo se carga de razones,
la culpa se descarga
contra el inocente y el débil,
¿cómo no tener miedo
en este mundo
tan ajeno y depravado,
cómo confiar
si casi nadie cree en el bien?
Dura es mi batalla contra el miedo,
su presión no cesa,
su insidia me envenena
pero no podrá vencerme
porque un rayo de primavera
ha atravesado mi pecho
y estoy surcando la eternidad
en la estela de un cometa
con destino al infinito. 

domingo, 25 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. CXXVI

¿Qué crees que me empuja 
a hablarle a tu pecho? 
¿La vanagloria de hacerme dueño 
de un corazón de mujer? 
¿Una fría codicia de tu cuerpo 
que podría alentar cualquier otro? 
¿Una premeditada estrategia 
para dotarme de compañera 
como si fueras un frigorífico 
no importa de qué marca? 
No, dulce muchacha, 
no te estoy mirando 
con los ojos del cuerpo, 
distraídos de lo real 
y extraviados en la generalidad, 
no busco en ti mi provecho 
con el egoísmo de quien solo percibe 
fragmentos y vínculos, 
utilidades y motivos, 
te estoy mirando con el corazón, 
contemplándote 
en tu infinita extensión, 
percibiendo todo tu ser 
en su hermosura inabarcable, 
mi mirada rasga 
el velo de la forma 
y llega hasta tu esencia existencial, 
estoy mirando lo que eres, 
lo que solo tú eres 
en medio de la vastedad del mundo 
sumergida en la eternidad; 
lo que me empuja 
a hablarle a tu pecho 
es el ansia ardiente de tu realidad, 
que se me aparece nítida 
como una suprema evidencia 
y, rebosando en mis venas, 
da pulso a mi vida 
y me colma de Universo. 

La claridad que me inunda. CXXV

La prueba de que nuestro amor 
no es una falsedad 
es que no soy tu dueño 
ni propiedad tuya, 
hay quien quiere 
hacerme pagar su afecto 
encerrándome y frenándome, 
teniéndome y gobernándome 
mas nunca le abriré mi pecho 
ni escucharé sus mentiras, 
mi espíritu es de aire 
y nadie puede apresarlo, 
solo tus suaves caricias, 
dictadas por el respeto, 
me aherrojan el corazón. 

La claridad que me inunda. CXXIV

El mundo está apuntalado 
con prejuicios y sofismas, 
los cuidan, llenos de apuro, 
botarates y zascandiles, 
tuercebotas y chiquilicuatros 
pero nosotros sabemos 
que el mar inmenso es de la brisa 
y las montañas del cielo, 
que los pájaros no toleran 
la prisión y el freno, 
que la vida está hecha 
no más de nubes y amaneceres 
y que el amor pertenece al pecho 
que se abre a la libertad. 

Amanecer de la inocencia. CIV

Sabia es la conducta
de quien pone un puntal a un árbol 
para que crezca más recto, 
o ata riendas a un caballo 
para dirigir su marcha, 
o regaña a un perro 
porque no hace lo que un hombre
pero aterrorizar a un niño
y llenar de dolor su existencia 
para obligar su voluntad
y que el vecino diga:
-Mírale qué formalito,
es un proceder
tan idiota y grotesco
que bien puede el que lo hace
exclamar: -¡Qué absurdo eres! 
mirándose en el espejo
de hito en hito. 

Amanecer de la inocencia. CIII

Tú que has destruido mi vida
enseñándome
a temer a la autoridad
y a sentir un absurdo respeto
por la mundana opinión
no pretendas que crea
en ese afecto tan abnegado
que me dices tener,
es la máscara con que te cubre
el sórdido interés,
no me quieres y yo tampoco
desde hace mucho tiempo. 

La claridad que me inunda. CXXIII

Muchos creen que un ser humano
no es cosa de mucha importancia
porque siempre está fallando
a la hora de usarlo
pero yo no te uso,
yo solo embebo
tu belleza infinita
y mi corazón sabe
que mereces el cielo
y hasta mi misma vida. 

Amanecer de la inocencia. CII

¡Qué soledad tiene el camino! 
¡Qué vacío, qué silencio, 
qué hastío habita los días! 
¡Qué sombría es la muerte 
y qué gris, la vida! 

sábado, 24 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. CXXII

Ven 
o pídeme que recorra yo 
esta amarga distancia, 
quiero cogerte las manos 
en una estación de tren, 
contemplar tu dulce mirada 
posada sobre mí, 
quiero besar tu hermoso rostro 
y acariciarte los hombros, 
abrazarte fuerte contra mi pecho 
y decirte 
que no puedo vivir sin ti, 
que lo eres todo para mí, 
que te necesito más que el aire 
y no sé por qué razón. 

La claridad que me inunda. CXXI

¿Acaso soy libre 
de negarme a esto? 
Una tempestad se calma 
y se apaga un volcán, 
una ola se amansa 
cuando toca la playa 
pero no hay remedio, 
no hay remedio para esta llaga. 
No es posible sofocar 
esta hoguera que me consume, 
¿puede acaso mi albedrío 
detener la primavera? 
No hay remedio, no hay remedio, 
para este ardor de mis venas, 
habitas toda mi entraña 
hasta la raigambre misma 
cuanto soy está contigo 
mezclado y diluido 
hasta la última porción, 
¿acaso soy libre 
de negarme a esto? 

La claridad que me inunda. CXX

No me gusta que te me escapes
porque cuanto ansío
es estar pegadito a mi niña,
ven aquí, traviesa ranita,
que voy a amarrarte a mí
cerrando sobre ti mis brazos. 

Amanecer de la inocencia. CI

Mi abismo, mi inmensidad 
alcanza la última estrella, 
no puedo abatir mi rostro 
ante nada más alto. 

Amanecer de la inocencia. C

Para sentir la humildad
en el fondo de mi corazón,
no me hace falta inclinarme
ante algo más digno,
cada hombre tiene su camino
y lo hace atado a su soledad,
no hay nada más alto
que la hondura de nuestro pecho,
nada vale más que un hombre,
no podemos renunciar
a nuestro orgullo de ser,
la sencillez no es más
que la lealtad a sí mismo. 

La claridad que me inunda. CXIX

Nuestro amor es un río alegre 
donde corren nuestras aguas, 
deslizándose sin freno, 
mezcladas en el mismo cauce, 
abrazadas las entrañas; 
nuestra dicha acrecienta  
y acelera la corriente 
que se encrespa y murmura, 
viva y anhelante; 
se extiende por las orillas 
una primavera eterna 
que alimentamos fecundos, 
con nuestro puro cristal; 
nuestro espíritu es el mar, 
infinito y libre, 
y llevamos en el alma 
el viento y la lluvia.

viernes, 23 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. CXVIII

Dime te quiero
con tus labios de aurora
y tu voz perfumada
y ese hálito que lleva
brisas de abril,
dímelo como entretenida,
sin darle importancia,
como si fuera
peinarte el cabello
o abrocharte la blusa,
dime te quiero, amor mío,
y olvida por un momento
esa timidez tan bonita
que voy a darte el cielo entero
con todas sus estrellas. 

Amanecer de la inocencia. XCIX

El yugo ineludible
amarga la saliva
y vacía el alma. 

La claridad que me inunda. CXVII

Eres una niña pequeña, 
ven que acaricie tu cabecita 
y la apoye en mi pecho, 
te voy a envolver en mis brazos 
y a llenar de besos. 

La claridad que me inunda. CXVI

Esa belleza que tienes,
profunda y serena,
la quiero acariciar,
quiero acariciar
tus inocentes mejillas,
tu pelo negro, tus orejas,
tu barbilla graciosa,
tus suaves hombros, tus brazos,
tus cálidos dedos, tu vientre,
tus caderas, tus piernas,
tus pies de niña,
quiero dejarte en la piel
el amor de mis manos,
mientras tu mente vaga
por tierras lejanas
con horizontes abiertos y afuera,
muy entrada la tarde,
los pájaros se entregan
a su verborrea amable
bajo un Sol que declina
con la lentitud de un reloj. 

jueves, 22 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. CXV

Tus ojos son corolas 
de adornadas margaritas 
rodeadas de pestañas 
que me deslumbran el alma. 

La claridad que me inunda. CXIV

Tus labios son el puerto
para mi barco en tu mar,
todo el corazón lo tengo
amarrado a tus labios. 

La claridad que me inunda. CXIII

Por tu alma sensible y buena, 
di qué cosa no haría, 
daría todo mi aliento 
por decir te quiero
daría un pedazo 
de mi mismo corazón 
a cambio de tu mirada, 
daría los ojos, 
no los necesito, 
por los tuyos veo, 
para pagarte un beso, 
hasta la vida te daría 
para que no sufrieras
pensando que no te amo, 
no hay nada que yo no hiciera 
por tu alma de niña tierna 
pues tu sencilla bondad 
alumbra todo mi pecho 
y mi mayor gozo es premiarla. 

miércoles, 21 de mayo de 2014

Amanecer de la inocencia. XCVIII

Quiero un cuarto de hora 
para las cosas absurdas 
que el alma me pide 
mientras abato mi corazón 
y me entrego a la tristeza, 
un cuarto de hora 
para añorar las caricias 
y los halagos, 
para sentir la aflicción 
de mi espíritu frágil 
que duda de su valor 
y se cree pequeño, 
para lamentarme 
de ese fracaso mío 
que me dicen que no existe 
pero que no se aparta de mis ojos, 
para llorar porque no soy nada 
y lo quiero ser todo, 
para acusar a los que me odian 
y a los que me muestran su indiferencia 
de crueldad manifiesta 
y de maltrato a un niño, 
para apenarme 
por la forma de este mundo, 
tan difícil, tan dura, tan hiriente 
y anhelar 
un remanso, un refugio, 
un descanso para tanto sufrimiento; 
quiero un cuarto de hora 
donde no asumir nada 
y dejarme llevar 
por las sombras del deseo. 

La claridad que me inunda. CXII

Tu pecho y el mío 
son nuestro patio del recreo 
donde, sin trabas, disfrutamos 
en una infancia del alma, 
somos 
dos niños pequeños otra vez, 
ahora para siempre; 
hemos ganado la eternidad 
y es toda para jugar. 

Amanecer de la inocencia. XCVII

Querer puede un hombre noble 
con vehemencia a otro ser 
o, con frío desapego, 
desentenderse de él, 
puede estimar tibiamente 
o en odio su alma encender 
mas ¿criticar lo que es otro? 
¡Qué vanagloria, joder...! 

Ajustician y encarcelan 
a quien se olvida del bien, 
por la traición a su pecho 
lo ha sabido merecer, 
no es injusta la prisión 
para el que libre no es 
mas ¿criticar lo que es otro? 
¡Qué vanagloria, joder...! 

Hay reglas para la vida 
en cualquier terreno o fe, 
las tiene la Medicina 
y el butanero también, 
por ellas puede juzgarse 
al que feliz sabe ser 
mas ¿criticar lo que es otro? 
¡Qué vanagloria, joder...! 

Todas las artes y oficios 
tienen trucos que aprender, 
el que los sabe domina 
con destreza su quehacer, 
se critican los objetos 
cuyos defectos se ven 
mas ¿criticar lo que es otro? 
¡Qué vanagloria, joder...! 

No es muy raro que se ignore 
por qué camino torcer 
en la ruta de la vida 
cuando es difícil de ver, 
puede un consejo ofrecerse 
a quien lo quiere obtener 
mas ¿criticar lo que es otro? 
¡Qué vanagloria, joder...! 

Se viene al mundo desnudo 
y sin el alma esconder 
pero los otros nos visten 
con su envidia y su desdén, 
es muy justo defenderse 
de quien nos viene a ofender 
mas ¿criticar lo que es otro? 
¡Qué vanagloria, joder...! 

Amanecer de la inocencia. XCVI

No ofrendo afecto, 
ni aprobación, ni caricias 
inspirado no más 
por un piadoso deber, 
yo solo no puedo 
salvar a la Humanidad, 
solo amo aquello que me gusta 
porque solo soy dichoso 
cuando obedezco a mi corazón. 

La claridad que me inunda. CXI

Te espero con inquietud,
tu tardanza me hace temer por ti,
no es mucho el tiempo de tu ausencia
pero sí es mucho
el ardor de mi afecto
y la más remota posibilidad de perderte
me angustia casi tanto
como si fuera una certeza.
¿Qué haré, niña, qué haré
para aliviar mi tormento
si solo cuando estás a mi lado
luce el Sol para mí
y hay vida en mis venas?
No seas traviesa, bien mío,
y vuelve junto a tu amado
porque está en suspenso
toda mi alma hasta sus cimientos. 

martes, 20 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. CX

¡Qué vacío trae 
el roce de los otros, 
qué helada es su mirada, 
qué ajeno, su corazón, 
qué parca, su mano! 
Pero tú me abres tu pecho, 
pródiga y amante, 
y me ofrendas el refugio 
de tu regazo de miel, 
tu cercanía es gozosa 
y reverbera en mi alma 
pues tienes mi misma esencia 
y te llevo en mi fundamento, 
solo me causas dolor 
cuando te desgajas. 

Amanecer de la inocencia. XCV

Habitamos la eternidad,
la contingencia es solo un sueño,
mi corazón está calmo,
desconoce la inquietud,
he muerto hace mil años
o tal vez un millón,
todo está consumado,
no hay nada que temer. 

La claridad que me inunda. CIX

Eres como la tiniebla
y el enigma de la noche,
negra opacidad que penetra el Universo
y abre, en el alma, abismos
llenando de fragilidad el corazón,
que se inquieta, desea y cree
perturbado por la vacilación
entre las dudosas sombras;
el misterio y el portento de los sueños
se extiende por el mundo,
la frente olvida su fe
y se extravía en una niebla,
todos los horrores tienen
el color de la noche,
el pecho añora afanoso
el alivio de la luz
y, al fin,
como una ofrenda del tiempo,
bruma de una ensoñación,
despunta el alba,
promesa de un nuevo día
que también traes tú,
llenando de pétalos las nubes
y de miel el horizonte,
abriendo paso al fulgor
resplandeciente del Sol,
que ansía liberarse
y remonta el espacio,
triunfal y poderoso,
para extender la esperanza
y restituir la vida. 

lunes, 19 de mayo de 2014

Amanecer de la inocencia. XCIV

El sendero es fácil, 
despejado y luminoso, 
mis pasos están 
cargados de esperanza, 
habita los días 
una invencible primavera, 
los amaneceres brotan 
como flores de libertad, 
el sendero es fácil, 
mis venas lo reconocen, 
la niebla no enturbia mis ojos, 
camino recto para no equivocarme, 
con la brisa en el pecho, 
saludando a las montañas, 
celebrando los pájaros 
y la hierba y las nubes, 
el sendero es fácil, 
mi frente está despejada, 
no es huésped del prejuicio 
ni de la deuda o la obcecación 
y mi corazón juega con el viento 
emulando las aves, 
remontando el infinito, 
dispuesto para la felicidad. 

La claridad que me inunda. CVIII

En tus mejillas, muestra su espiga
tu aliento de pan y de sol,
tus mejillas son un río
que me corre por la entraña,
son la esencia de la vida,
sencillo puerto de mi deseo,
gravedad para mi lluvia,
destino natural de mi boca. 

La claridad que me inunda. CVII

Eres inconmensurable,
como las montañas,
como el horizonte del mar,
como el estallido de la aurora,
eres vastedad inabarcable,
camino infinito,
reino de lejanías,
tus rutas rebasan
el cercado de mi aliento
y mi corazón te derrama
rebosante de tu inmensidad.  

La claridad que me inunda. CVI

En el pecho, tienes 
dos rosas abiertas, 
dos manantiales de ternura, 
dos brotes sagrados de amor, 
encierran 
toda la dulzura de los días, 
todo el placer que habita el mundo, 
su forma conmueve, 
suavemente redondeada 
invitando al roce 
de la palma de un niño, 
no hay montañas, 
ni lagos, ni praderas, 
ni campos de flores en la Tierra 
con tanta hermosura, 
con tanta luz y aliento de vida, 
la luna te escala 
con sus rayos de plata 
y un espejo en penumbra 
te mira desnuda, 
aprieta contra ti mi nombre, 
contra tus delicadas formas, 
cimas de la fertilidad, 
llévame a tu calor, 
méteme en tu carne de mujer, 
llena de mí tu gracia, 
ofréndate a mí 
en la fruta de tu piel. 

La claridad que me inunda. CV

Tu culito son los lomos 
de dos gruesos volúmenes 
con poemas de amor  
y epístolas apasionadas, 
quisiera darte en esa parte 
tres o cuatro besos grandes 
porque es el culito de un ángel 
y besarlo deja el alma 
purificada y blanca, 
siéntate encima de mí 
que quiero notar tus nalgas 
y ser silla de ellas, 
que es mayor privilegio 
que ser emperador, 
mientras tanto tú 
te embuchas unos pasteles 
chupeteándote los dedos 
y lamiéndote los labios.  

Amanecer de la inocencia. XCIII

He dudado de mí toda mi vida,
desde muy niño he creído
que no era lo que tenía que ser,
los otros siempre lo eran
pero yo no,
en mi adolescencia, luché
por conservar mi independencia,
pues, ya que no era
tan perfecto como los otros,
al menos debía salvar mi orgullo,
en mi juventud, me sentí tan miserable
que ni siquiera soportaba las miradas
pero no renuncié nunca a mí
porque era responsable y honrado
y ahora,
con quince libros escritos,
admirado por muchos
y muy querido también,
sigo a veces pensando
que las personas no deben
ser a mi manera
pero, pensándolo bien,
si tengo una forma equivocada,
poca culpa tengo de eso
porque no me he hecho yo. 

domingo, 18 de mayo de 2014

Amanecer de la inocencia. XCII

De pronto, se volvieron imposibles
el amor, la dicha, la libertad,
la vida se tornó un sendero amargo
y un terrible horror comenzó a acechar
mis pasos sobre la Tierra,
mi corazón
hubo de renunciar a su instinto
y vivir la mentira
de un sentir ajeno y sin raíces,
mil desmedidos tormentos
han fatigado mi espíritu desde entonces
y aún hoy día
desconfío del bien que disfruto
después de tantos años despojado
de mi propia fe en mí;
casi no se puede creer
que trajera tan gran desolación
una absurda conseja
para inspirarme piedad. 

La claridad que me inunda. CIV

Me inquieta y colma mi vergüenza
el daño que te causé
con mi boca ignorante
pues fui capaz de dañar
al ángel más bello,
denodado desvelo de mis días,
criatura a la que amo
sobre todas las cosas;
si te hubieras marchado para siempre
creyendo que mi pecho te odiaba,
¿qué consuelo en la Tierra
me habría salvado de la perdición?
¿Cómo soportar la idea
de que mi dulce y tierna niña
pensara que la quería mal
y se afligiera por ello
si sus penas penetran mis entrañas
y se vuelven más mías que suyas?
Aún me hace sufrir el tajo
que, a tu alma, le asestaron
para separarla de la mía
cuando hube de venir al mundo. 

La claridad que me inunda. CIII

Ojalá mañana a las tres 
nos viéramos en Orihuela, 
me pondría la ropa más nueva 
y apuraría las últimas gotas 
de mi viejo frasco de perfume, 
saldría con mi coche 
hasta el lugar de la cita 
y, cuando te viera la cara, 
¡qué cosa más preciosa!, 
creería que amanecía 
aunque fuera de tarde; 
mis labios buscarían conmovidos 
tu rostro de miel 
y mis brazos te estrecharían fuerte  
como para meterte en mi pecho; 
el mundo parecería tornarse 
el más radiante paraíso, 
cada rincón brillaría 
con un insólito resplandor 
porque estaría mi lado 
el ángel que me justifica, 
nos sentaríamos en el parque 
y, acariciando tu rodilla, 
te diría cuánto te necesito, 
lo hondo que has llegado a mi corazón, 
la hermosura sobrehumana que manifiestas, 
cómo tu nombre y tu rostro son 
tan inherentes al mundo para mí 
como el aire para respirar 
y el cielo del que cae la lluvia 
y, cuando fuera hora de partir, 
acariciaría tu pelo, niña, 
y besaría tu sien y tu frente 
y te pediría por favor 
que volvieras pronto 
y que te casaras conmigo 
porque tu ausencia me duele 
como una llaga 
pero tenerte a mi lado 
es la cima de mi plenitud. 

La claridad que me inunda. CII

¿Qué crees, vida mía,
que deseo más de ti?
¿Crees acaso que tus labios,
o tu pelo, donde quiera que te crezca,
o tu grietita?
No, mi bien,
yo deseo tus manos,
el roce de tus dedos,
el calor de tu palma,
el tacto de tus nudillos,
quiero cogerlas,
enredarme en ellas,
besarlas con el alma
más que con la boca,
llevármelas a la cara,
acariciarlas conmovido,
quiero tus manos, amor mío,
honestas y sencillas como tu alma,
quiero hacerme su amigo
y ofrendarles las mías
porque, en las manos, tienes
los heraldos de tu corazón,
que es la costa en que mis olas
se alisan y apaciguan. 

sábado, 17 de mayo de 2014

Amanecer de la inocencia. XCI

Quiero descansar del desprecio,
quiero permitir a los feos,
a los mezquinos y a los malvados,
a los tibios y a los sosos,
a los que molestan y obligan,
a los que acusan y critican,
a los beatos y a los fascistas,
a los vividores y a los mantenidos,
a las moscas y a las cucarachas,
a las víboras y los escorpiones,
quiero permitirlo todo
y descansar del desprecio,
ser un alma ligera
como las plumas de un canario,
quiero arrojar mi carga
para que no me aplaste el odio,
para que la hiel no me envenene,
quiero volverme sencillo
y franco como los niños
y, cuando alguien me incomode,
darle un beso en la boca
y decirle: -Adiós, muy buenas

La claridad que me inunda. CI

Solo la incitación
de tu forma inacabada,
da calor a mis venas,
solo tu esencia,
hermanada con mi alma,
despierta mi veneración,
un frío clavado a mi hondura
vuelve a los otros remotos,
mi piel no los halla,
mi boca no les da ternura,
mis oídos no los buscan,
en mi raigambre, habita
un oleaje de abandono,
no encuentra mi pecho la puerta
al aire y la luz,
solo a ti te ansía,
solo a ti te siente
en este mundo de palabras
que habita mi soledad,
quiero expresar en un beso
sobre tu dulce rostro
todo este afán de amor
con que la vida me ha cargado. 

La claridad que me inunda. C

Debajo de tu ropa, 
en tus secretos senderos, 
no hay nada deshonesto, 
no hay nada impuro ni vergonzoso, 
yo sé que no hay más que mariposas 
y golondrinas y rosas 
y hojas de laurel y manzanas 
y caminos de abril y rocío 
y noches serenas y ocasos 
y almendras y perlas blancas, 
yo sé que ahí solo tienes 
cielos azules y praderas verdes, 
montañas y mares ilimitados, 
auroras subyugadas por el horizonte, 
yo sé que tu piel 
es solo patria del viento 
y de la hierba y el alba 
y de la luz y la primavera. 

Amanecer de la inocencia. XC

Hirieron el corazón 
de aquel niño bueno 
con el arma del desprecio, 
el frío lo tocó 
y desoló su ternura, 
en todo el ancho Universo, 
no hubo un alma que le consolara 
porque lo que había hecho 
nadie lo osaba perdonar. 

viernes, 16 de mayo de 2014

Amanecer de la inocencia. LXXXIX

Almas tibias desearían 
que cumpliera sus expectativas 
atenuando mi fuego, 
mi llaga y mi locura 
por dejarles tranquilas 
sus conciencias inseguras, 
a cambio, recibiría, 
de seguro, su aceptación, 
limosna que dan altaneras 
creyendo que es demasiado; 
sus pretensiones tocan 
la raíz de mi indignación; 
he vivido muchos años 
en su mundo mezquino, 
soportando su intransigencia, respetuoso, 
porque no creía en mí; 
tomaba su arrogancia 
por autoridad  
y me humillaba ante ella; 
pero ya no las respeto, 
conozco su cobardía, 
camuflada de bondad, 
su miedo, que las vuelve 
crueles y desleales, 
su patética debilidad 
que, con hipocresía, ocultan 
pues la fuerza es su ley moral; 
nada les debo 
ni quiero nada suyo, 
poco me importa ya 
el valor que me concedan 
tan pequeños espíritus 
ni el daño que pueda hacer 
a su paz egoísta, 
he de seguir hasta el fin 
capitaneando mi nave 
sin desviarla del rumbo 
escuchando tan solo 
la palabra de mi corazón 
que lleva en su regazo 
la verdad desnuda 
y la esperanza del mundo. 

Amanecer de la inocencia. LXXXVIII

No hay anchura en los corazones, 
no son grandes y espaciosos, 
hieren con su frío triste, 
apenas alentados 
por una exigua llama, 
no son hondos, 
no los habitan abismos, 
no se extienden hacia el infinito, 
están entregados 
a la hueca banalidad. 

Amanecer de la inocencia. LXXXVII

Tiene que regresar la infancia, 
que tan pronto se llevaron, 
que regrese la inocencia de la aurora, 
que regresen las amapolas 
y las espigas 
y la esperanza y la vida, 
que regrese el Sol 
que el mundo vuelva a ser 
un dulce juguete, 
que se marche mansamente, 
temerosa de esta luz, 
la bestia inmunda de la culpa, 
que el odio no encuentre asilo 
en los confines de mi pecho, 
que regresen las nubes blancas, 
que vuelva mi alma a ser niña, 
que, a mis venas, retorne 
el calor tibio de la mañana, 
que el sufrimiento bogue 
hasta un abismo mortal, 
que regresen los pájaros 
y las mariposas y el rocío, 
que regrese la brisa 
y los manzanos en flor, 
que regresen los caminos 
colmados de abril, 
que rebose por todas partes 
la ternura y la delicadeza, 
que regrese, 
que regrese la infancia a mi corazón 
para que rebrote en mi aliento 
la paz que me robaron. 

jueves, 15 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. XCIX

Quisiera expresar con mi lengua 
el alma de mi cariño, 
la hondura de mi llaga, 
todo el ardor de mi afecto, 
el asombro que me inspiras, 
encarecer lo niña que eres, 
lo bonita que me pareces, 
la dulzura de tu aliento, 
quisiera convertir en palabras 
esta eclosión de vida y luz 
porque el silencio me quema 
y atormenta mis entrañas, 
que pugnan por volcar su fuego 
en tu perfumado adentro 
pero esta locura anhelante, 
esta herida que me traspasa, 
este incendio de mis venas 
que me condena y redime 
no se aviene 
al cercado de mi frente, 
desborda el perfil de las cosas 
que dibuja la claridad, 
avanza hacia el infinito 
y quiere abarcar el vasto Universo, 
no puedo decir lo que siento, niña, 
porque es tan inmenso 
que atasca mi boca. 

La claridad que me inunda. XCVIII

Me niegas tu hierba de alrededor 
y el barro de tus raíces, 
me niegas tu tronco y tus ramas 
y el camino que a ti conduce, 
me niegas tus hojas verdes 
y la brisa que las mueve, 
me niegas tus nidos 
y los pájaros que los habitan, 
me niegas tu sombra fresca 
y el reposo a tu pie, 
me niegas tus cortezas 
tus pedúnculos, tus rabos, 
tus cáscaras, tus pieles, 
como si no las deseara 
el ardor de mi capricho, 
nada me das 
excepto tu blanco fruto, 
esencia de mi gozo en el mundo, 
corazón de mi felicidad, 
alma de la esperanza que me habita, 
privilegio sumo 
que regocija mis días. 

Amanecer de la inocencia. LXXXVI

Mi pecado es vivir 
y mi condena, el sufrimiento infinito, 
no puedo maldecir 
la crueldad de Dios 
porque Dios es bueno, 
honrado como una roca, 
y su castigo, siempre justo, 
nadie compadece mi dolor, 
para el bueno, es una farsa graciosa 
pues el mal que Él hace 
es la inocencia de un ser puro; 
río, río cuando quiero llorar 
y lloro cuando empiezo a reír, 
mi falta es ser, 
ser como Él me hizo, 
me creó para condenarme, 
no puedo seguir su Ley 
porque no está hecha para mí 
pero no puedo alzar mi voz quebrada 
contra su iniquidad 
pues el mal que Él hace 
es la inocencia de un ser puro; 
me revuelvo contra mí 
porque soy impuro y malvado 
pero mi corazón no consiente la traición, 
el Demonio no ama a sus hijos 
y su frío hiela mis venas, 
huyo por caminos perdidos, 
en una soledad sin esperanza, 
Dios desea mi agonía 
y mi grito de ira se ahoga 
pues el mal que Él hace 
es la inocencia de un ser puro. 

La claridad que me inunda. XCVII

Te tengo toda 
y me faltas toda; 
eres el cuerpo 
que mis brazos aprisionan 
mientras beso tu dulce boca 
y una remota extraña, 
ave fugitiva 
que me oculta su secreto, 
eres la piedra en que me afirmo, 
carne de mi carne, 
raíz de mis entrañas, 
y humo que se me escabulle, 
brisa libre que busca 
los confines del mundo. 

miércoles, 14 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. XCVI

Estás abierta,
sin acabar,
y tus umbrales desprotegidos expresan
debilidad y deseo,
ternura y belleza. 

La claridad que me inunda. XCV

En tu valle más secreto, 
perla que se oculta, se extiende 
como un sembrado, 
parece un campo de flores, 
parece un enjambre de estrellas, 
parece una mariposa, 
oscura y delicada, 
es leve hierba retorcida 
en sinuosos bucles 
formando un prado misterioso, 
presagio de abismos 
y mundos sagrados, 
cumbre de la belleza, 
espada que hiere el alma, 
resplandor que deslumbra, 
ternura que conmueve. 

La claridad que me inunda. XCIV

Quiero que un día me dejes 
tus muslos desnudos 
para hacer papiroflexia; 
los pliegues hay que apretarlos 
sobre una superficie pulida 
y esa parte tuya tan bonita
bien me puede servir; 
tengo que comprar 
un libro sobre el tema 
porque yo no sé hacer 
más que el avión y el barquito 
y, cuando estés dispuesta, 
te sientas en mis rodillas, 
te remangas la falda, 
y me enseñas las piernas 
hasta la orilla de tus braguitas; 
encima de ti, he de hacer 
muchísimas figuras 
mientras recibo tus besos
con el pecho conmovido; 
la primera que haré 
será la ranita 
y luego el pajarito 
y el gato y la florecita 
y hasta el conejito 
con dos graciosas orejas 
y también la mariposa, 
que seguro que cuesta más; 
pienso gastar el paquete 
de los quinientos folios, 
pasarme el día completo 
trabajando sobre tu piel, 
llenaré la habitación
de papeles doblados
como si, de repente,
me hubiera quedado sin juicio;
haz la prueba tú misma,
remángate el vestido, ahora,
hasta más allá de las rodillas
y, doblando y redoblando
sobre la mesa de tu cuerpo,
un papelito cualquiera,
dale forma de navío
y lo deslizas muy suave
por la blanca seda
que tu ropa ha descubierto
con el alma en la infancia
y, en mi corazón, tus pensamientos,
ponle mi nombre a tu barco
y déjalo que te navegue
hasta que te acuerdes del tiempo. 

La claridad que me inunda. XCIII

Nuestro amor está
en el viento que mueve las nubes, 
en el verdor que trae la primavera, 
en la majestad de las montañas,
en el fulgor de la aurora, 
en la opulencia de los ríos,
en la delicada ternura de las flores, 
nuestro amor no acabará, 
nada lo puede hacer morir, 
latía en el fuego 
de la primera estrella
y habita en el destello del infinito, 
es para siempre, 
la eternidad lo protege, 
está en la esperanza
que apunta en el pecho que gime, 
está en la ola del mar 
que encuentra reposo en la playa, 
está en las alas de los pájaros, 
heridas de ansia, 
está en la alegría del niño, 
en el bramido airado de la tormenta, 
en la brisa y el rocío, 
en los pasos de los viejos, 
está en todas partes, amada, 
desbordando todos los confines,
siempre habitará nuestro corazón,
ya no es capaz
de esconderse de nosotros. 

Amanecer de la inocencia. LXXXV

¿A qué temer si la vida es 
un camino de viento 
y nuestras manos no recogen 
más que el humo de los sueños? 
¿A qué temer si cien años son 
el destello de un relámpago 
y todo lo acaba y disuelve 
la voracidad del tiempo? 
¿A qué temer si no hay refugio 
para los afanes de un hombre 
pues el devenir es capricho 
de un dios ciego y demente? 
Recibamos la vida, 
acojámosla en nuestras venas, 
llénese de coraje nuestro pecho, 
orgulloso y rebelde, 
y destierre nuestro corazón, 
libre y lleno de júbilo, 
el amargo peso de la inquietud. 

La claridad que me inunda. XCII

La miel de tus labios, 
los pétalos de tus manos, 
el cristal de tu frente, 
el brillo de tus ojos, 
la curva de tus pestañas, 
la tersura de tu vientre, 
la blancura de tus mejillas... 
cada fragmento de tu piel 
rebosa y derrama 
y anhela el mundo 
y llega a tus profundidades; 
tu piel es una rosa que se abre 
de puro delicada y bella 
buscando mi abrazo, 
deseosa de amar. 

martes, 13 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. XCI

Eres mi niña pequeña, 
lo más precioso del mundo, 
has de saber que te quiero 
con todas mis fuerzas 
porque eres buena, 
porque eres bonita, 
porque estás colmada de virtudes 
y no te encuentro defectos, 
quédate tranquilita, mi bien, 
y llena de alegría tu pecho 
pues este hombre te tiene 
en la hondura de su alma 
y venera tus pasos 
como si fueran de un dios, 
no te reprocha que seas, 
no discute tus deseos, 
no afea tus sentimientos 
te quiere cuan larga eres, 
en toda tu extensión, 
sin criticar un trocito 
por muy chiquito que sea, 
eres mi niña pequeña, 
lo más precioso del mundo, 
me muero de amor por ti, 
no tengas ningún recelo, 
acógete en mi regazo, 
deja que te dé diez besos 
que apacigüen tu corazón. 

Amanecer de la inocencia. LXXXIV

¿Queréis que os diga quién soy? 
Un ser merecedor 
de viva censura y menosprecio; 
soy eso porque no puedo 
dejar de ser yo mismo, 
porque la obediencia y mansedumbre 
me agobian como una carga, 
porque anhelo la vida, 
porque deseo la dignidad, 
porque tengo orgullo, 
porque no soy humilde, 
porque no quiero una existencia gris, 
porque quiero todo el jugo 
de mis días sobre la Tierra, 
porque ansío entrar 
en el corazón de los otros, 
porque el fracaso y la mediocridad 
me remuerden como una culpa 
y me atormentan como una condena, 
porque, en mi alma, no hay lugar 
para la piadosa resignación 
y no descansa nunca siguiendo 
el oscuro impulso de su hondura; 
sí, merezco el odio, merezco la ira, 
merezco el escarnio y el desprecio 
porque no puedo justificar lo que siento 
ni renunciar a mis sueños. 

Amanecer de la inocencia. LXXXIII

¿Por qué no me llamaré Van Gogh 
y disfrutaré del reconocimiento, 
por qué no seré el papa Francisco 
para que me quieran los buenos, 
por qué no habré descubierto 
la teoría de la relatividad 
para que el mundo me escuche, 
por qué no me leerán 
los congresistas norteamericanos 
para que mis vecinos quieran 
comprar mis libros, 
por qué no me darán 
el premio Cervantes 
para que mi madre deje 
de mandarme a regar verduras, 
por qué no me investirán 
con una banda honorífica 
aunque sea por ganar 
en una carrera de viejos? 

Amanecer de la inocencia.LXXXII

Miserable y ruin, 
merecedor del desprecio, 
vano fantoche cubierto 
de lodo inmundo, 
asquerosa emanación 
de la iniquidad y la ignominia, 
mazacote absurdo y bobo, 
sin gracia ni entendimiento, 
condenado del infierno 
sin amigos allí, 
así me siento aún a veces 
en los días nublados 
o de mal agüero. 

Amanecer de la inocencia. LXXXI

La mala conciencia es el suplicio
que nos hace malvados,
sin fe en nuestra inocencia,
no tenemos valor
para consentir el bien;
el alma no quiere rejas,
ni límites, ni frenos,
ni ser pequeña
en el corazón de los otros. 

Amanecer de la inocencia. LXXX

Tiene el arte de escribir
hoy en día una legión
de emuladores sin don
que escriben por presumir
y no hacen más que dormir;
para que nunca se pierda
el nivel de esta era lerda
les publican editores
que buscan a los peores
y recompensan la mierda. 

Amanecer de la inocencia. LXXIX

Creen los brutos que es gracioso 
rebuznar y pegar coces 
y no tienen otros goces 
que el despliegue aparatoso 
pero el hombre bondadoso, 
que adora la libertad, 
vive su felicidad 
en lo hondo de su pecho, 
que no es un lugar estrecho 
sino una gran vastedad. 

La claridad que me inunda. XC

Eres la princesa 
de todas las mariposas, 
cubren los caminos de tu piel 
los relieves de la primavera 
y, en tu aliento, habita 
el perfume de la brisa, 
baila, niña, que te mire, 
mueve tu hermoso cuerpo, 
juega con el viento 
para que se llene el aire 
de alas de colores. 

lunes, 12 de mayo de 2014

Amanecer de la inocencia. LXXVIII

Merezco el resplandor del Sol,
merezco el viento y el cielo,
merezco las nubes
y las hojas de los árboles
y la primavera y las montañas,
merezco los ríos y el aire,
el mar y las praderas,
merezco la aurora y la lluvia,
merezco las estrellas
y las tinieblas de la noche
y la nieve y los pájaros,
el rocío y la hierba,
merezco el mundo
y el palpitar de mis entrañas
nadie es mi dueño,
mi alma es libre, merezco
los dones de la vida
y la dignidad de los dioses. 

La claridad que me inunda. LXXXIX

Diste tu afecto 
a quien no creía merecerlo 
porque, en su soledad, veía 
expiación y pecado, 
el más negro laberinto 
atormentaba mi alma, 
trabada, como el demonio, 
en el pozo del infierno; 
querías mi corazón 
y no me exigías más, 
ese corazón que yo creía 
depósito de iniquidad; 
eres mi dios redentor, 
la llave del Paraíso, 
con el delicado roce 
de tu sencilla bondad, 
los espectros de mi horror  
han quedado derruidos, 
hechos ruinas impotentes 
a la orilla del sendero. 

La claridad que me inunda. LXXXVIII

Creí que no había en el mundo 
amor para mí, 
la nostalgia me atormentaba, 
los días fluían como despojos, 
la esperanza no visitaba mi frente, 
cada atardecer, se ponía el Sol 
sin haber traído nada, 
frío viento 
arrastraba como hojarasca 
los pétalos marchitos de mi pecho 
y un hielo perenne frenaba 
las ansias de mi corazón 
bajo un hechizo excesivo y cruel 
grabado en mi alma; 
el alegre canto de los pájaros 
no sonaba para mí, 
creí que el amor estaba 
reservado para los otros, 
me habían arrancado la inocencia 
apenas empezada la vida 
y mi río sollozaba 
cuando veía el mar 
pensando que era un castigo 
a la mancha de mis aguas. 
Hasta que tú llegaste, 
mi aliento vagó triste 
por las afueras de la vida. 

La claridad que me inunda. LXXXVII

Recuerdo la paz que se sentía 
las noches de verano 
a la puerta de la casa de mi abuelo 
donde, a una luz de gas, 
se hablaba disfrutando del frescor 
que la partida del Sol traía; 
el tiempo dejaba de importar, 
como si la eternidad nos envolviera, 
y el corazón se entregaba a sus deseos, 
como en medio de un dulce sueño; 
más allá del círculo luminoso 
que alumbraba nuestro espacio, 
las sombras dominaban el mundo 
y tan solo a lo lejos, 
en los remotos caminos, 
brillaban las luces de los automóviles, 
apareciendo de súbito, 
avanzando lentamente 
y volviendo a desaparecer silenciosas, 
portadoras como de un misterio 
que les concedía la oscuridad; 
el cielo era tan inmenso y negro 
que sobrecogía 
pero esa inquietud la disipaba 
el tono sosegado de las voces, 
la serenidad de la charla, 
el apacible canto de los grillos 
y el amor que nos unía, 
que llenaba el alma de confianza 
y regocijaba el pecho; 
hasta que no te conocí, 
no he vuelto a sentir tanta paz 
y a creer tanto en la vida 
porque mi aliento fue prendido y encerrado 
en un laberinto de vergüenza 
y entró en su propia noche, 
llena de horror y tiniebla; 
aquellas horas de infancia 
se han perdido en el infinito 
y ya no queda nada de ellas 
salvo en la niebla de mi frente, 
que aún parece sentir 
un rastro de su remanso; 
fue también 
una noche de verano 
cuando me abriste tu corazón 
mientras leías mis poemas, 
asombrada y admirada 
por las emociones que arrancaban 
con tan pocas palabras; 
tu presencia es tan dulce 
que a nada puedo compararla 
excepto a la profunda huella 
que dejó en mis sentimientos 
aquel sueño de inmortalidad, 
plácido como el mismo útero, 
de mi lejana niñez.

La claridad que me inunda. LXXXVI

Como un cofre es, tu corazón, 
repleto de cosas bellas, 
tienes un jardín de rosas 
en la hondura de tu pecho, 
eres tan niña que lloras 
cuando te reprenden, 
es tan hermosa tu alma 
como el mismo cielo, 
tanta dulzura es un gozo 
que martiriza 
porque me prende y quema 
las vivas venas. 

domingo, 11 de mayo de 2014

La claridad que me inunda. LXXXV

Que suelten mis amarras
y me dejen a la deriva,
que no se queden mirando
cómo me adentro en el mar,
que me vuelvan la espalda,
no quiero deberles nada,
quiero tener las manos
despojadas e inocentes,
que se olviden de que existo,
que no recuerden mi nombre,
no soy más que vil ceniza,
alimento de gusanos,
que me den la libertad
hasta en su secreto pecho,
quiero ser como la brisa,
navegar bajo los cielos,
surcar el infinito
respirando silencio,
que me arranquen lo que debo,
que me quiten las cadenas,
quiero que el viento me lleve
por su camino sencillo,
alejado del tumulto,
colmando mi corazón,
quiero cruzarme en el mar
con tu barquito de oro,
acompasarme a tu rumbo
avanzando hacia el ocaso,
bailar contigo en las olas
y encontrar la eternidad. 

La claridad que me inunda. LXXXIV

Me temo que soy humano 
y que puedo fallar 
y que pueden derrotarme 
en mil batallas, 
no tengo la fuerza de un dios, 
soy vulnerable y frágil, 
pequeño y escaso, 
no tengo razones 
que justifiquen tu afecto, 
si me amas, es 
porque has contemplado el agua 
a la orilla de mi río 
y has visto en ella tu reflejo.