jueves, 31 de julio de 2014

La claridad que me inunda. CCCVII

Escapemos
de todas las prisiones,
conquistemos la felicidad
de la brisa y las nubes,
hinchámonos
de infinito y eternidad,
desnudémonos
de todo lo que nos oprime,
el roce de nuestras manos
nos abrirá el Paraíso,
nuestros besos de ternura
redimirán nuestras almas,
no hay límites para el goce
porque, en nuestros pechos, habita
la fuerza inconmensurable
que arrastra al cosmos. 

Brisas del ansia. XLIX

Ya no creo en ti, 
ya no atormentarás mi corazón 
con el peso de tu autoridad, 
tu mundo no es el mío, 
el tuyo es de lodo y codicia 
y el mío, 
de aire, esperanza y sueños,
tu pecho es frío, 
tu amor es como un negocio 
y una obligación más, 
no ansías mi felicidad, 
solo la salud de mi cuerpo, 
tus atenciones son la moneda 
con que pagas mi cautividad, 
ya no creo en ti, 
ya no me asusta 
el apremio de tus demandas, 
no tienes ya poder 
para persuadirme, 
tu alma es limitada, 
ciega y materialista, 
áspera como tus manos, 
cruel y banal, 
ya no me preocupa mucho 
tu rigor y tu despego, 
tu hielo y tus acusaciones, 
no eres ya el plato 
que he de comer a la fuerza, 
ya no creo en ti, 
tu autoridad ha traído 
mucho sufrimiento a mi vida, 
mis visiones del horror, 
bebían de tu intransigencia, 
perdono lo que eres 
porque nadie es lo que quiere 
sino lo que puede, 
perdono muchos años 
de insatisfacción y amargura, 
de horror y humillación 
pero nada más te debo 
ni en este ni en el otro mundo, 
no esperes más de mí, 
ya no creo en ti, 
mi pecho ya no sentirá 
la desolación y el pavor 
de tu aliento de fuego, 
ya no me dominarás 
con el miedo y la culpa, 
las armas con que me subyugabas 
y conquistabas mi servidumbre, 
soy ya libre como un pájaro, 
mi espíritu se ha desatado 
y escapa de tus redes para siempre 
aunque mi pecho disculpe 
tu piélago de sombras 
porque sigues en la niñez, 
ya no creo en ti 
sino solo en mí, 
ya no puedes 
arrebatarme el orgullo 
para que te obedezca 
como a las gallinas 
cuando te pican las piernas, 
ya no vacías mis pasos 
de sentido y firmeza, 
soy ya dueño de mi destino, 
el miedo ha huido, 
he descubierto la vida y el amor 
pero tú seguirás pensando 
que soy un inválido. 

miércoles, 30 de julio de 2014

La claridad que me inunda. CCCVI

La noche se lleva la luz
y, atrapado en la incertidumbre,
el corazón se inquieta
añorando la dulzura del día,
las sombras son frías y tristes,
aliadas del miedo
pero el fulgor de tu aliento
brilla sin cesar en mi pecho
y aguardo la aurora
penetrado por la claridad.

La claridad que me inunda. CCCV

Cuando estás pensativa,
eres una flor violeta,
visión gozosa que agita mis ansias
pero cargada de ecos
de sombra y melancolía.

La claridad que me inunda. CCCIV

Hasta esa altura
donde el mundo se detiene
y se siente la eternidad en el pecho,
hasta ahí remontan el aire
nuestras alas de amor. 

La claridad que me inunda. CCCIII

Eres un jardín de rosas
que la brisa penetra,
atravieso tus senderos 
con el corazón deslumbrado,
solo hay belleza
en tan maravilloso vergel,
estás abierta a la luz
y al horizonte.

Brisas del ansia. XLVIII

Mi mayor amargura siempre ha sido
creer que no gustaba a los demás,
la angustia de estar fuera
del redil de mis semejantes,
aborrecido y despreciado por ellos,
me ha atormentado toda mi vida,
la soledad y el remordimiento
socavaron mi salud
y llenaron de sufrimiento mi existencia,
 no me atrevía a ser,
 esperaba de la voz de la autoridad
la elección de mis pasos
y el hallazgo de la felicidad,
creía que solo había un camino
para el bien de los hombres,
estaba atrapado en el horror
de la incertidumbre y la indecisión
y buscaba, sumiso, en los otros
el gobierno de mi corazón,
ansiaba su dirección y su apremio
porque desconocía
qué era el verdadero bien
y, al mismo tiempo, huía de ellos
porque no quería entrar
en una cárcel tan terrible,
el celo con que me impusieron
en mis años tempranos
la fe en la obediencia
destruyendo mi orgullo
y mi confianza en mi espíritu
hizo de mi sendero una estela
de vacío y ausencia,
quería no ser nadie
pues no había nada
tan cruel y tan triste
como un ser humano.

La claridad que me inunda. CCCII

Algún día, dulce amada, 
todos los hombres serán ángeles 
y se parecerán a ti, 
que llenas de luz el mundo 
y haces brotar 
el bien y la libertad en los corazones, 
algún día, 
el velo que ciega a mis semejantes 
y llena de estupidez sus actos 
se rasgará y las almas 
encontrarán la felicidad 
en la rectitud de su sendero, 
algún día, mi tierna niña, 
todos los hombres tendrán tu inocencia 
y serán tan hermosos como tú, 
la arrogancia y la injusticia 
huirán de los pechos, 
rebosantes de claridad, 
tu espíritu encierra 
todas las perfecciones, 
su perfume transporta 
los goces del Paraíso, 
algún día, mi bella chiquita, 
la humanidad entera será como tú 
pues, en la primavera del mundo, 
tú eres la primera flor. 

martes, 29 de julio de 2014

Brisas del ansia. XLVII

Tiene un afecto condicional 
que los errores extinguen 
índole de carcelero, 
no ama de verdad un alma 
que ama una forma 
y no una llama, 
poco ha de preocuparme 
el desapego indolente 
o la fría indiferencia 
o el agrio desprecio 
que mi conducta suscite 
pues un hombre es lo que puede 
y no lo que quiere. 

La claridad que me inunda. CCCI

Eres delgada como una ranita, 
deja que ciña muy fuerte 
con la prisión de mis brazos 
tu cinturita sutil 
muriéndome de placer, 
eres una niña tierna, 
bonita y graciosa, 
desabróchate el vestido 
a la altura de tu barriga, 
y enséñame el ombliguito 
para llenarlo de besos 
y apretarlo contra mi cara 
aunque no puedas parar 
de reír y retorcerte.

La claridad que me inunda. CCC

¡Qué lejana estás, 
qué incierto y escondido es tu mundo 
pero qué vivamente arde tu llama 
en mi flaco regazo! 
¡Qué evanescente eres, 
que esquiva es tu realidad 
pero con qué poder traspasa tu perfume 
mi hondura amante! 
No puedo henchir de ti 
mis manos y mis labios, 
ni abarcarte con mis brazos, 
ni mirarte con calma 
reteniéndote a mi lado, 
rehuyes mi deseo 
de sentir tu cercanía 
pero cuanta vida me anima 
solo a ti te pertenece. 

Brisas del ansia. XLVI

Hoy tengo miedo
y mi corazón siente frío,
hay abismos profundos
que quisiera no ver,
peligros en el sendero,
desafíos, cuentas sin saldar
que pesan sobre mi ánimo
y lo doblegan hasta la amargura,
hay amenazas
que se levantan como murallas
y me quitan el aire
y el calor de la vida,
hoy tengo miedo
y, en mi desesperación, quisiera
abandonarme a la desolación. 

La claridad que me inunda. CCXCIX

Es hermana de mi pecho 
la más bella de las mariposas, 
de brisa y luz son sus alas 
y de la miel de los sueños, 
quisiera que se posara 
en el hueco de mis manos, 
jugar con ella en el aire, 
bañándonos de tibio sol. 

lunes, 28 de julio de 2014

La claridad que me inunda. CCXCVIII

No haría falta que los campos 
rebosaran de frutos silvestres 
que me obsequiaran su opulencia 
con solo extender la mano, 
ni que dejara la necesidad 
de apremiar al trabajo 
porque cuanto preciso brotara 
de las manos de un dios, 
no me haría falta que el mundo 
regresara a la Edad de Oro, 
pues sobrada dicha es que tu alma 
roce un poco mi corazón. 

No haría falta que mi vida 
se abriera a la eternidad 
y, hasta el infinito, se extendieran 
los días de mi existencia 
ni que los gozos más altos 
del más encumbrado cielo 
halagaran mis sentidos 
sin hora en la que cesar, 
no me haría falta alcanzar 
la Gloria Celestial, 
pues sobrada dicha es que tu alma 
roce un poco mi corazón. 

No haría falta que los dioses 
me otorgaran su poder 
y me hicieran invulnerable 
y capaz de cualquier portento 
ni que su aliento transfiriera 
al mío su condición divina 
encumbrando mi dignidad 
por encima de las nubes, 
no me haría falta alcanzar 
privilegios sobrehumanos, 
pues sobrada dicha es que tu alma 
roce un poco mi corazón. 

No haría falta que el Universo 
iluminara mi espíritu 
con los destellos hirientes 
de una revelación sagrada 
ni que mi alma lograra 
tocar el infinito 
liberado de las brumas 
que empañan el ojo de un hombre, 
no me haría falta conocer 
los más seductores secretos, 
pues sobrada dicha es que tu alma 
roce un poco mi corazón. 

Brisas del ansia. XLV

Fui un niño 
castigado con el desprecio, 
el desdén y la indiferencia 
y aún ahora me siento 
demasiado pequeño para los otros, 
demasiado insignificante y sucio, 
rondo el medio siglo 
y aún espero de la gente 
una caricia, un halago, 
una muestra de aceptación 
para sentirme humano 
y salir de las sombras 
de la culpa y la impotencia, 
almas de piedra tropezaron 
con mi corazón inocente 
y lo golpearon sin piedad 
hasta quitarle el orgullo, 
quisiera estar escribiendo 
nobles versos para la libertad 
pero mis heridas me obligan 
a hablar de algo diferente, 
ese dolor que buscaron  
enemigos de la Humanidad 
ciegos y brutales, 
apremiantes hasta la extenuación, 
fríos y mezquinos, 
no me puedo liberar del sufrimiento 
con que ellos me atormentaron,
dejaron en mi alma
un afán de reconocimiento
infinito e insaciable
y la desoladora sensación
de estar solo en el mundo. 

Las musas corrosivas. LXIX

A mi amada 

Encumbrada dignidad 
se adquiere con el poder, 
lo mismo un rey que un sargento, 
diputado o grave juez 
el poderoso conquista 
besitos para sus pies, 
repleto de vanagloria, 
piensa que vale por cien 
y que los demás nacieron 
para hacerle honor a él 
mas, si quieres que te diga 
mi más llano parecer, 
solo a sí mismo gobierna 
el que grande sabe ser. 

Tienen familia los altos 
que cuidar y mantener 
y, cual camada de cerdos, 
quieren buen trato tener, 
son más hombres los que mandan 
según se quiere creer, 
su estirpe es más honorable 
que la del hombre de a pie, 
son claras divinidades 
a las que hay que obedecer 
mas, aunque al orden me llamen 
por la verdad no esconder, 
solo a sí mismo gobierna 
el que grande sabe ser. 

Son sagrados quienes tienen 
en sus manos una grey, 
hay que respetarles mucho 
pues son dueños del saber, 
les inspira el alto Dios 
o un raro superpoder, 
no hay que tocarlos siquiera, 
se les debe bien querer, 
las nubes parecen bajas 
para su excelso nivel 
mas, hablando sin ambages 
si tú lo quieres leer, 
solo a sí mismo gobierna 
el que grande sabe ser. 

Los que guían a los hombres 
y los han de proteger 
no quieren pisar el barro 
cuidarlos es un deber 
de todas las otras gentes 
y hacerles mucha merced, 
desde que somos bien niños 
debemos querer su bien 
y no tenerles envidia 
porque son de más valer 
mas, para que tú no ignores 
que es distinto mi entender, 
solo a sí mismo gobierna 
el que grande sabe ser. 

domingo, 27 de julio de 2014

La claridad que me inunda. CCXCVII

El barro vil que nos constituye, 
caduco y torpe, 
ha forjado tu forma 
con la perfección de una idea 
superando su baja condición 
para hacerse espíritu y luz, 
al mirarte, sienten mis ojos 
como si miraran hacia adentro 
y no hacia afuera 
porque no ven a una mujer 
sino a un ángel de dulzura 
que me alimenta el alma 
con el bien supremo y la belleza pura 
que manan de sus rasgos, 
anidabas ya en mi corazón 
cuando abrí los ojos al mundo 
recién salido de las tinieblas 
del vientre que me concibió 
porque, de cuanto pude ver, 
fue la luz mi mayor codicia 
y tu rostro resplandece 
con el fulgor de las estrellas, 
pareces hecha de alma y no, de carne, 
de deseos y no, de materia, 
tu lodo ha remedado 
el brillo de la divinidad 
pero, de todas maneras, 
lo que mi pecho ama 
no es tu fascinante cuerpo, 
que el tiempo deformará 
con su rigor cruel y doloroso 
sino el reino de tus sentimientos, 
infinito y libre, 
resplandeciente y eterno, 
donde está tu esencia, 
tu llama sagrada, que es 
el más alto bien 
que encierra el cosmos. 

Brisas del ansia. XLIV

No hay puertos para mi barco, 
navego la soledad, 
me empuja el aire del tiempo 
sobre la desierta mar, 
en el piélago, me adentro 
porque no puedo arribar, 
los días parecen losas 
de mi sepulcro final, 
el horizonte infinito 
nunca se quiere acabar, 
lejos quedan los confines 
y lejos, mi ansiada paz, 
no hay puertos para mi barco, 
¿donde podré descargar 
mi cargamento de penas 
y sueños de libertad? 
Los hombres no quieren alas 
con que, en el aire, volar, 
no quieren amor profundo 
ni vivir la eternidad, 
no quieren oír mi voz, 
que desnuda la verdad, 
quieren los barcos que cargan 
objetos de utilidad, 
no hay puertos para mi barco 
armado para soñar, 
no tiene quién lo reciba 
para poder atracar, 
es infinito el vacío 
que deja la inmensidad, 
hasta el último confín 
quieren las olas llegar, 
mis ansias de tierra y almas 
yo no las puedo saciar, 
mis ilusiones no tienen 
nadie a quien interesar. 

Brisas del ansia. XLIII

No es feliz el hombre 
hasta que descubre el bien, 
una vida gris de indolencia 
apenas merece la pena, 
nacemos 
para hacer a los otros ofrenda 
de todo nuestro aliento 
hasta la misma raíz. 

La claridad que me inunda. CCXCVI

¿Cuándo vas a venir a verme, niña, 
para que te abrace muy fuerte 
y te bese esos labios 
dulces como un amanecer? 
¿Cuando vas a dejar que coja 
esas manos de cristal 
y me las lleve a la boca 
reverente y conmovido? 
¿Cuándo te vas a casar conmigo 
para que pueda tenerte 
tan cerca como anhelo 
porque eres mi aire y mi agua? 
¿Cuando vas a ponerte 
delante de mí 
y a mostrarme tu bella sonrisa 
después de tanto esconderte? 
¿Cuándo te vas a hacer de carne 
y de sangre y de luz de la calle 
y vas a atreverte a rozarme 
con tus dedos delicados? 
¿Cuándo, niña, dime, 
cuándo vas a convertir en miel 
el Universo entero 
dejándome que te contemple? 
¿Cuándo podré ver con mis propios ojos 
a la más bella de las flores, 
a la reina de las hadas 
al ángel más sagrado y misterioso? 

Las musas corrosivas. LXVIII

A Pamela Torres 

Hablan de paz los rabinos 
y de armonía y amor 
y los judíos los oyen 
con mucha satisfacción, 
creen que en el mundo no hay 
pueblo más encantador, 
inocente y bondadoso, 
provechoso y de valor, 
se escandalizan e indignan 
cargándose de razón 
cuando al hebreo se juzga 
sin engrandecer su honor, 
llaman antisemitismo 
a la menor ocasión 
en que se ve con despego 
a su zopenca nación, 
se compara con los nazis, 
cómplices de un gran horror, 
a quien cree que los judíos 
no son el pueblo mejor, 
el jamón es poco bueno 
para lo que creen que son, 
tan altas torres no habría 
como noble es su calzón 
mas quiero hablar yo muy claro 
de su necia condición 
estas almas tan oscuras 
reciben mi maldición 
porque atormentan a un pueblo 
con deplorable rigor, 
hasta a los niños disparan 
con insólito impudor 
vueltas exterminadoras 
sus almas de vil ratón, 
no se callará mi boca 
en esta agria canción, 
condenaré a los judíos 
y a su despreciable dios, 
al tribunal de los hombres 
elevo alto mi voz, 
que sus cómplices contraigan 
un indeleble baldón, 
que no le queden amigos 
a este pueblo sin valor 
indigno de aquella niña 
que sufrió persecución 
y se llamaba Ana Frank, 
¡qué inmensa desolación 
saber que esta chica triste 
no ha servido de lección! 
Son viles antisemitas 
estos ogros sin honor 
que los buenos palestinos 
semitas como ellos son 
y son nazis nauseabundos 
sin alma ni corazón, 
y a sus rabinos hipócritas, 
que merecen mi rencor 
y mi desprecio más hondo, 
les diré con pundonor 
que son agentes del mal 
e idiotas sin remisión. 

sábado, 26 de julio de 2014

Brisas del ansia. XLII

¿Qué frena el vuelo de un pájaro 
que se desliza en el viento 
rebosante de gozo y sosiego, 
dueño de la eternidad? 
¿Qué frena la perfumada brisa 
que inunda amable los campos 
y mece con sutileza 
cada rama y cada hoja? 
¿Qué frena el caudal de un río 
opulento e impetuoso 
cuando, leal a su lecho, 
corre a morir en el mar? 
¿Qué frena los volcanes 
qué, el incansable oleaje, 
qué, la tempestad, 
qué, la noche y el amanecer, 
qué, los cantos de los grillos 
y el abrirse de las flores? 
¿Y a los hombres qué los frena, 
por qué no quieren ser libres, 
por qué someten sus almas 
a tan vil cautiverio? 

La claridad que me inunda. CCXCV

Eres el latido de mi corazón, 
no es posible el mundo sin ti, 
no hay un rincón 
ni en la inmensidad ni en mi hondura 
donde tú no aparezcas. 

La claridad que me inunda. CCXCIV

La espuma de mi océano 
quiere arrastrar tu perla, 
mi oleaje te mece 
y conquista tus poros, 
tus tendones, tensas jarcias 
que apresan mi vendaval, 
ahondan en mi carne 
la agonía de mi deseo. 

Brisas del ansia. XLI

Pocas presencias se muestran 
en mi camino errabundo, 
ansío pero apenas llega 
el aliento de mis semejantes, 
exploro el infinito 
con mis palabras de fuego 
pero responde un gran silencio 
como si los corazones 
no se abrieran para mí; 
envuelto en la fatiga, 
voy pasando mis días 
pero mi esfuerzo perece 
tragado como por un abismo, 
ronda mi soledad 
el perfume de la muerte, 
apenas se oyen más voces 
en mi triste morada 
que en la sombría tumba, 
no alcanza la paz 
mi corazón cansado, 
me persigue el reproche 
y la mala conciencia 
aunque ignoro mi pecado 
y la forma de expiarlo, 
nada me falta pero parece 
como si nada tuviera, 
alcanzo las estrellas pero no veo 
que importe a muchos, 
lucho duro contra el mal y, sin embargo, 
sigo atado a la culpa, 
¡qué pequeño me siento 
bajo la mirada de los otros, 
qué indefenso, 
ante el juicio de la Humanidad! 

La claridad que me inunda. CCXCIII

Como las hebras del destello 
del Sol de mediodía, 
así son tus pestañas, 
inmensas y deslumbrantes, 
hilos de fuego que acarician 
los valles de mi pecho 
y traen a mis arterias 
el calor más deleitoso. 

viernes, 25 de julio de 2014

Brisas del ansia. XL

Cada árbol trae el Paraíso, 
cada flor deslumbra al alma, 
cada estrella alienta la esperanza 
pero a un hombre lo encierran 
entre límites mezquinos 
que no siente su corazón. 

Brisas del ansia. XXXIX

He cumplido puntualmente 
con todos mis deberes en la vida, 
he ofrecido mi esfuerzo 
aun en medio del más atroz sufrimiento 
para servicio de los otros, 
he hecho cuanto se me exigía 
empujado por mis escrúpulos 
y, sin embargo, poca ha sido 
la dulzura que he recibido, 
poco el respeto que me han tributado, 
poco el agradecimiento, 
en toda ocasión, tenían los otros 
un reproche para mí, 
mi corazón se ha quebrado, 
he vivido los horrores 
de la más espantosa angustia 
porque la culpa que me arrojaban 
martirizaba mis entrañas 
pero ahora ya sé 
que no le debo afecto a nadie 
que no lo tenga para mí, 
la hiel de los pechos fríos 
no me ha empujado hacia el bien 
sino mi recta conciencia, 
que no me acusen ya de brutal 
las almas sin sentimientos, 
que no me demande ya esfuerzo 
quien no haya sentido mi angustia, 
que no me pida ya tolerancia 
quien me humilla y menosprecia, 
mi fatiga continuará 
ofrendándose a los indolentes 
pero no consiguen mi bien 
como pago de una deuda 
o como prueba de amor 
pues ya no les debo nada 
pese a su acusador aliento 
y, en mi espíritu, no queda 
ternura para sus secas venas. 

La claridad que me inunda. CCXCII

Eres dócil a mi amor
como una gota de rocío
a la nervadura que la encauza
cuando resbala por la hoja
suavemente hasta el suelo,
eres tierna y bondadosa
como los rayos del Sol
que, después de la lluvia,
se filtran entre las ramas
de un manzano en flor
para secarle su humedad
y aumentar su lozanía,
eres delicada y afable
como una tibia brisa
que se desliza con desembarazo
en un atardecer de primavera
mientras, con parsimonia,
se va acercando la noche. 

Las musas corrosivas. LXVII

A mi amada 

La necedad se celebra
aderezada de ingenio
y la maldad mucho más
con un pudoroso velo,
se celebra la torpeza,
la pereza y el desprecio,
la cobardía y la insidia
y los crímenes horrendos
pero ¡que poco se aprecia
la verdad sin fingimientos!

Han conocido el aplauso
los tiranos más sangrientos,
hasta las piedras más duras
se elogian con aspavientos,
se halaga el ruido más torpe
creyendo que es un concierto
y el caminante avezado
sus callos frota contento
pero ¡qué poco se aprecia
la verdad sin fingimientos!

Quiere el madero al ladrón
y el preso a su carcelero,
adoran a las serpientes
algunos raros sujetos,
los cocodrilos y arañas
ponen a los hombres tiernos,
a los verdugos más crueles
los cubren de amantes besos
pero ¡qué poco se aprecia
la verdad sin fingimientos!

La falta de libertad
sabe alegrar los alientos,
tiene un mar de aficionados
el amargo sufrimiento,
gozan muchos inspirando
el odio en los otros pechos,
hasta la muerte se quiere
cuando no hay otro remedio
pero ¡qué poco se aprecia
la verdad sin fingimientos! 

jueves, 24 de julio de 2014

La claridad que me inunda. CCXCI

Son diamantes sagrados 
mis sentimientos desnudos 
al servicio de la ternura y la vida 
y el amor que siento por ti 
es el más valioso y noble de ellos, 
no lo sojuzga un límite, 
llega con desembarazo 
hasta la estrella más alta, 
roza pleno y libérrimo 
el destello del infinito, 
escapa al lodo de este mundo, 
hecho brisa en la inmensidad, 
y, traspasado por la luz suprema, 
no quiere otra dignidad 
que la de las cosas más sublimes. 

La claridad que me inunda. CCXC

Te manifiestas a mi espíritu, 
asombrado por tus maravillas, 
con la plenitud y esplendor 
con que se muestra a la mirada 
el brioso amanecer, 
te apoderas de mi aliento 
con la decisión y la urgencia 
con que el cielo cerrado rompe a llover 
una tarde de otoño,
te contemplan mis ojos, 
atónitos ante tanta perfección, 
con la reverencia con que se observa 
el desmesurado poder de los elementos, 
engendrador de vida y armonía, 
no te encierra una cerca, 
no te empequeñece un límite, 
eres infinita y libre, 
portentosa y sublime. 

Brisas del ansia. XXXVIII

Hay un vacío infinito
tan inmenso como un océano
en un alma que no comprende
el anhelo de ternura
y la necesidad de la ilusión,
su vida es un camino oscuro
alejado de las delicias
del amor y la fantasía,
un sendero estrecho que nunca sale
de lo que los ojos ven
y las manos tocan,
se burlan estos pobres seres
de los corazones niños
creyendo que son simples
y no conocen el mundo,
yo compadezco a estas almas,
tan cargadas de error,
tan grises y tan ciegas,
habitantes de un invierno eterno,
que nacieron hombres
queriendo nacer piedras. 

miércoles, 23 de julio de 2014

La claridad que me inunda. CCLXXXIX

A veces doy en despreciarme 
con amargura y resentimiento 
porque no tengo costumbre 
de ser admirado y respetado, 
en mi vida, 
el áspero reproche 
y el yugo de la autoridad 
poco margen me han dejado 
para gloriarme de mí, 
poco he valido a los ojos 
de mis tibios semejantes, 
no más que como instrumento 
de sus grandes intereses, 
no más que en tanto que hacía 
lo que esperaban de mí, 
apenas he sido más 
que una vil herramienta, 
un objeto absurdo e incómodo 
que se aparta cuando no hace falta, 
no se quiere a quien se usa 
ni se le deja que se quiera, 
solo rigor tenían sus almas 
para mi sed de afecto, 
cuanto era y sentía 
era ajeno para ellos, 
no he visto muchas veces 
el calor de los otros, 
los hombres enloquecen 
atados a las cosas, 
sus corazones deformados 
apenas saben de sentimientos, 
demandan del mundo una lógica 
descarnada y grotesca, 
solo tú, mi dulce niña, 
me has abierto tu pecho 
de par en par 
como un amanecer inmenso, 
tu regazo ha acogido 
la totalidad de mi ser 
sin pedirme nada a cambio, 
excepto mi ternura, 
que a nadie había interesado, 
nunca antes había sentido 
el alivio de un roce 
tan delicado y perfumado 
como el de tu aliento de mariposa, 
tu mirada no hiere, 
tus palabras no golpean, 
tus deseos no hacen sufrir, 
eres un ángel de esperanza 
que ha venido a mi encuentro 
henchido de luz y miel 
para que encuentre el camino 
hacia la libertad y la vida. 

Brisas del ansia. XXXVII

Que no dude nadie
que soy muy débil
como esa rosa que esta tarde
empieza a marchitarse en el rosal,
como las hojas de hierba del sendero
que se abaten hacia tierra
doblegadas por su propio peso,
como el niño pequeño que llora
por la soledad de su cuna,
que no dude nadie de mi flaqueza,
de mi insuficiencia y pequeñez,
mi corazón es
tan frágil como el agua,
el roce más leve
lo estremece y llena
de ondas y ecos,
no soy fuerte, me perturba
el desierto de este mundo,
su oscuridad y su frío,
su extrañeza y hostilidad,
el deseo naufraga
en la tempestad de la fortuna,
no tienen mis manos poder
para evitar mi caída,
soy la vana marioneta
del azar y del destino,
que no dude nadie
que soy muy débil,
permítanme el alivio
de no tener que fingir. 

La claridad que me inunda. CCLXXXVIII

Niña, la libertad
no gusta mucho a la gente,
prefieren
la humillación y el desprecio,
el tedio y el sufrimiento,
la culpa y la maldad,
nosotros no queremos eso
sino ser libres como la brisa,
amarnos con inocencia
como la hierba ama al rocío,
vivir con el orgullo
de los altivos pájaros,
caminar juntos con la sencillez
con que el Sol roza el horizonte. 

Las musas corrosivas. LXVI

A José Miguel Gracia

Al hombre que es, con los otros, mezquino
y el daño que hace, mucho, no lamenta,
tomarse un gran trabajo no contenta
y descuidado avanza en su camino;

mas no es feliz y dulce su destino
pues quien vivir sin gran rigor intenta
su propio bien muy poco tiene en cuenta
y es tibio también consigo y dañino.

No es libre el negligente e indolente,
ni goza mucho el mundo a su pesar,
ni sabe lo que quiere y lo que siente.

El alma es infinita como el mar
y solo quien se da todo valiente
podrá saber lo que es vivir y amar. 

martes, 22 de julio de 2014

Brisas del ansia. XXXVI

Si no se ama el aire
que remontan los pájaros,
si no se ama la tibia luz
que acompaña al crepúsculo,
si no se ama el rocío,
las nubes, la hierba,
las montañas, el horizonte,
si no se ama
la libertad más pura y grande
con un corazón que rebose
de orgullo y valentía,
¿qué, entonces? 

La claridad que me inunda. CCLXXXVII

Dame el mar esta noche, 
entrégame todas tus perlas, 
méceme en tus ondas de cristal 
con suave vaivén, 
rózame con tus algas empapadas, 
deja que te navegue y te surque, 
deja que mi quilla corte 
tus aguas de vino y miel, 
que toque las nubes mi vela 
desplegada en el viento, 
voy a tu mar esta noche, 
en mi barquito de anhelos, 
hundiré el ancla en tu fondo 
al llegar a tu ensenada 
y abriré tus valvas nacaradas 
codicioso de tu tesoro, 
dame, niña, 
dame el mar esta noche, 
mi alma llena de afán 
quiere henchirse de tu piélago 
y, rebosante de tu inmensidad, 
derramarte, sal y amanecer. 

Brisas del ansia. XXXV

Hay espesas selvas que ya no guardan 
secreto alguno para el conocimiento, 
hondos abismos del mar 
que nuestras luces han alumbrado, 
mundos remotos que han cedido 
a la curiosidad del hombre 
pero un corazón desnudo 
no ha de ser materia de nuestra ciencia 
ni instrumento de nuestras ambiciones, 
merece nuestra reverencia 
porque es la esencia de nuestra vida. 

La claridad que me inunda. CCLXXXVI

Que no se me cure nunca
esta llaga de ternura,
que mi aliento sea siempre
prisionero de tu perfume,
que, mientras viva, no pueda
separarme de esos labios
que rozan como una aurora
tan dulcemente mi pecho,
no hay regocijo en el mundo
si no eres dueña de mis entrañas,
si no muero por tu alma,
si no me quemo por dentro,
si no me sajas la hondura
como una espada traidora. 

Las musas corrosivas. LXV

A Marina Gracia 

Tiene la vida señores 
que la subyugan y encierran 
y quienes en algo yerran 
son presa de sus rencores 
e, investidos de censores, 
repletos de crueldad, 
intransigencia y frialdad, 
levantan al cielo el grito 
y miran como un maldito 
a quien obró sin maldad. 

Su rigor es inflexible, 
se ceban con la flaqueza 
exigiendo fortaleza 
al borde de lo imposible, 
consideran reprensible 
sucumbir al desaliento, 
exigen un sufrimiento 
infinito y silencioso 
pues su corazón odioso 
no queda nunca contento. 

La claridad que me inunda. CCLXXXV

La cosa de este mundo 
más grata a mis entrañas 
es mi tierna niñita, 
la perlita de mi alma, 
mi esposa eterna, 
mi llaga de dulzura, 
la encontré en el camino, 
más bonita que una flor, 
con penas de soledad, 
no hay tesoro más valioso, 
no hay bien más alto 
que mi hadita preciosa, 
mi ángel bueno y sencillo. 

lunes, 21 de julio de 2014

La claridad que me inunda. CCLXXXIV

Hay necios que creen más valioso
un collar de diamantes que un corazón
y codician más la vanagloria
que un alma a la que ofrendarse,
tienen las entrañas frías,
heladas por la estupidez,
he sentido las heridas
de su áspero y cruel contacto,
he sufrido su desolador invierno,
su desprecio y su odio,
autorizados y justificados
con el inapelable rigor
de las ciencias exactas;
ya no tengo para ellos
ni un minuto de mi tiempo,
te reverencio tanto que no puedo
detenerme a contemplar
su hueco desapego. 

Brisas del ansia. XXXIV

No es necio el hombre triste 
que encuentra dificultad 
en las cosas más sencillas 
sino el que deja una estela 
de egoísmo y vanagloria 
y vive solo para sí 
una vida sin valor, 
no es necio quien no habla 
porque no sabe ni puede 
sino quien desprecia y humilla 
la dignidad de un semejante 
con la arrogancia de una bestia 
que se ceba en la debilidad, 
es necia el alma soberbia 
que siembra en el mundo 
sufrimiento y muerte, 
miseria y destrucción 
y hurta su rostro al espejo 
perturbada por el horror. 

Las musas corrosivas. LXIV

A José Antonio Bascuñana 

Si, por la pinta, tuviera 
que venderse el perejil, 
ni alumbrado de un candil, 
habría quién lo quisiera 
pues hierba tan lisonjera 
parece pasto vulgar, 
si quieres todo juzgar 
por sus formas y apariencia, 
no sumarás mucha ciencia 
ni por tierra ni por mar. 

La claridad que me inunda. CCLXXXIII

No están 
tan cargados de flores 
los cerezos en primavera 
como mi corazón feliz 
cuando lo roza tu aire, 
no está 
tan preñado de esperanza 
el horizonte al amanecer 
como mi pecho herido, 
iluminado por tu pureza, 
la vida se ha vuelto miel 
y suave brisa 
y aurora y rocío 
y rosas y abril 
desde que estás a mi lado, 
desde que eres mi hermana, 
eres la flor que me culmina, 
el mediodía de mi pecho, 
el fulgor de mi plenitud, 
mi raíz te siente su meta, 
mi esencia 
más profunda y elemental 
hacia ti se inclina reverente, 
me colmas y acabas, 
me alumbras y haces del mundo. 

La claridad que me inunda. CCLXXXII

Poco cuenta el amor
en este mundo de coches
con tubo de escape de lujo,
donde no se puede tener
una mala marca de frigorífico
y los estruendosos televisores
esconden las pequeñas cosas
para arrojar banalidad,
poco vale la ternura
en este mundo de envases
de colores chillones,
donde nadie te entiende
si quieres estar triste
pero todo es frío y tedioso,
trivial y decepcionante,
mas yo no soy prisionero
de estos tiempos tan grises,
yo te amo desde la eternidad,
subyugado por tus dulces labios
y tus ojos de luna,
yo te entrego mi vida entera
sin mirarte la etiqueta,
ni la fecha de caducidad,
ni quejarme del precio,
sé que tu alma es infinita
como la de una divinidad,
tú llevas el Paraíso
en tu aliento perfumado,
no quiero cantar al interés
ni a la tosca apariencia,
poco me importa a mí
que no gusten mis poemas
en este siglo tan necio,
yo sé que mi corazón es fiel
a la verdad del Hombre. 

Brisas del ansia. XXXIII

La soledad es viento,
frío y áspero viento que hace desapacibles
los caminos del alma,
golpea las ventanas de su morada
y lame los ángulos de sus estancias,
juega grotesco a revolverlo todo
haciéndolo vacilar,
hojas de papel, cortinas,
pétalos marchitos,
que llegaron en horas mejores...
se hace dueño del espacio
y lo vuelve inhóspito y sombrío,
trae oscuras nubes de culpa y desazón
que, a veces, descargan
un diluvio de lágrimas,
la soledad es viento,
viento hostil que se lleva el calor
y envuelve al mundo en un invierno. 

domingo, 20 de julio de 2014

Las musas corrosivas. LXIII

A Francisco Almarcha Martínez

Añoraba hacerse dueño 
de los millones de vidas 
que habitaban su país; 
acumulando su insidia, 
iba escalando el poder, 
poco a poco conseguía 
aproximarse a su meta 
con gran maldad y osadía 
y, cuando al fin consiguió 
el sueño que perseguía, 
si me creéis lo que os cuento, 
¡se quedó sin pelotillas! 

Era capo de la mafia 
y muchas muertes hacía, 
dominaba a sus vasallos 
con afán y tiranía, 
poco le importaba a él 
las vidas que destruía, 
solo dinero y poder 
en su pensamiento había, 
y, cuando más alto estaba 
su prestigio y villanía, 
si me creéis lo que os cuento, 
¡se quedó sin pelotillas! 

Era el hosco presidente 
de una petrolera indigna, 
con mil confabulaciones, 
sus beneficios subían, 
era un rey de nuestro mundo 
con hedor a gasolina, 
destruía el medio ambiente 
y la esperanza abatía 
y, cuando tuvo riquezas 
para parar un tranvía, 
si me creéis lo que os cuento, 
¡se quedó sin pelotillas! 

Ganaba premios y honores, 
sus poemas lo valían 
porque tantos galardones 
su sumisión requerían, 
cantaba para dormir 
a las ovejas más tibias, 
sus venas eran exangües 
y sus versos conformistas 
y, cuando llegó a ganar 
el premio que más placía, 
si me creéis lo que os cuento, 
¡se quedó sin pelotillas! 

Era dueño de los campos, 
su hacienda era infinita, 
tiranizaba al obrero 
con un trato de esclavista, 
reprimía sus derechos 
y su libertad prohibía, 
las familias malvivían 
hundidas en la agonía 
y, cuando este hombre tan rico, 
con más placidez, dormía, 
si me creéis lo que os cuento, 
¡se quedó sin pelotillas! 

Brisas del ansia. XXXII

En el alma de un hombre, no cabe 
el desprecio a las montañas, 
excelsas y orgullosas 
como un corazón desembarazado 
ni a los ríos o el mar, 
que se extiende en la infinita lejanía 
y penetra hasta el fondo en el pecho, 
que sean mis semejantes 
montañas, ríos, mares 
y, en su grandeza, alcancen la libertad. 

No menosprecia un espíritu 
a las nubes blancas del cielo, 
que en la brisa se deslizan 
puras e inocentes 
ni a la hierba o los árboles, 
que abren sus ramas al cielo 
buscando el viento y el Sol, 
que sean mis semejantes 
nubes, hierba, árboles 
y, en su grandeza, alcancen la libertad. 

Los ojos se asombran con reverencia 
de la sobria y venerable lluvia, 
remedo del llanto, 
que empapa los rostros humanos, 
y de los pájaros y las estrellas, 
remotas y misteriosas, 
custodias de la esperanza, 
que sean mis semejantes 
lluvia, pájaros, estrellas 
y, en su grandeza, alcancen la libertad. 

Se estremece el aliento 
contemplando una flor, 
caricia de los sentidos, 
generosa ofrenda de sí misma 
y el cielo azul y la aurora, 
que, como un vientre sonrosado, 
trae nueva vida al mundo, 
que sean mis semejantes, 
flor, cielo azul, aurora 
y, en su grandeza, alcancen la libertad. 

La claridad que me inunda. CCLXXXI

Ningún concurso literario 
volverá a encontrarse con mis poemas, 
no dejaré 
que hagan honor a nadie  
a costa de la humillación 
de mi voz desnuda y honesta, 
no daré oportunidad 
de que menosprecien 
la hondura de mi corazón 
crueles jueces colmados de desdén, 
exangües e inhumanos, 
cargados de cinismo y desprecio, 
autoritarios y sombríos, 
cuyos pechos jamás han conocido 
el amor verdadero 
y que no comprenderían por qué 
estoy tan lleno de ti, 
no tengo alma de esclavo 
y no me inclinaré ante su dictado. 

La claridad que me inunda. CCLXXX

Eres un chorrito de perlas,
por dondequiera
que te mire o imagine
te lucen blancas
y brillantes como luceros,
tu cuerpo es de miel y nácar
y eres hija
del mar y la luna. 

La claridad que me inunda. CCLXXIX

Poco me importan 
los días del mundo, 
tediosos y tristes, 
entregados a mi oficio gris, 
solitario y frustrante, 
poco me importan mis semejantes, 
tan remotos como planetas 
o la vida que alienta mi cuerpo 
vano y efímero, 
solo hallo luz en el refugio 
de tu regazo de rosas 
solo en tu pecho sencillo, 
solo en tu alma perfumada,
no valdría la pena
ver amanecer cada día
si no fuera por la dulzura
con que tus labios me sonríen. 

La claridad que me inunda. CCLXXVIII

Si cupiera el alma en unos versos, 
te entregaría la mía en un poema, 
te la daría desnuda 
para que vieras 
cómo la traspasas y habitas, 
cómo la llagas e inflamas, 
te la daría entera, 
hasta la misma raíz 
porque es toda tuya 
desde el primer día que te conocí, 
en mis palabras, te la ofrendaría 
humilde y delicada 
porque para ti ha sido hecha 
y cuanto palpita en ella, 
a tu servicio, está. 

sábado, 19 de julio de 2014

La claridad que me inunda. CCLXXVII

La vida deja en el corazón
vacío y sombra,
el devenir apenas encierra
significado y sentido para el espíritu,
es infinito el tedio
y muy escaso el placer
en un camino tan solitario,
acércate, amada mía,
solo a tu lado palpitan mis venas,
solo en tu aliento,
es fecunda mi libertad,
acércate y coge mis manos,
besa mi mejilla
con el calor de una madre,
dime que estoy en tu pecho
sin faltar un minuto,
dame tu ternura,
acaríciame con tu dulce brisa,
sácame de esta agonía,
déjame tu perfume en el alma
porque el frío y áspero roce
de la existencia
me desalienta y amarga. 

Brisas del ansia. XXXI

Ha ido abriendo el tiempo 
hacia mi día final 
un camino solitario y tedioso, 
mi existencia amarga 
apenas ha visto el placer, 
apenas ha hallado luces, 
apenas me ha traído la certeza 
de que realmente he vivido, 
pasan oscuros los días 
perdiéndose para siempre 
en un mar sin nombre, 
no quiero gozos efímeros, 
no quiero vanas presencias 
ajenas a la llaga 
que arde en mi hondura, 
es preciso que me aleje 
de frío ruido del mundo  
pero este silencio 
que habita la inmensidad, 
este vacío profundo 
que engulle los minutos 
duele como una bala 
portadora de la muerte. 

La claridad que me inunda. CCLXXVI

Chiquita, te vas a subir a un columpio 
y yo voy a darte impulso, 
suavemente empujaré tu espalda 
para que llegues muy alto, 
será un remanso de la vida, 
olvidaremos 
nuestros sesudos intereses, 
despojaremos nuestras mentes 
de la servidumbre de la lógica 
y tan solo nos preocuparemos 
de que te balancees feliz 
adelante y atrás, 
suspendida en el aire, 
convertida en una mariposa, 
la mariposa más bella, 
la que me bulle en el pecho, 
envolverá tu rostro 
un fulgor de inocencia 
y parecerá que el Sol 
te hace dueña de sus rayos. 

La claridad que me inunda. CCLXXV

Niña, te pasas
de guapa y bonita,
voy a perder el miedo
a incomodarte
y voy a darte tantos besos
en tu carita
que te vas a enrabietar
y me vas a gritar que pare
toda enfadada
poniéndote más preciosa
y resalada. 

Brisas del ansia. XXX

¡Qué desnuda está la verdad, 
qué sola y aterida, 
qué austeros son sus aposentos, 
qué desiertos sus caminos, 
que escondida su morada! 

Las musas corrosivas. LXII

A Susana Magaña 
(regalo de cumpleaños) 

La bondad no tiene forma, 
es un perfume invisible 
una luz indescriptible 
que no obedece la norma 
y la apariencia deforma, 
se vive en el corazón 
más allá de la razón, 
late viva en las entrañas 
y hunde raíces extrañas 
en la humana condición. 

viernes, 18 de julio de 2014

Las musas corrosivas. LXI

Es gran amigo de la autoridad 
el besugo lleno de vanagloria, 
habla del futuro con su memoria, 
paga el orgullo con su libertad, 

un bien escaso cree la dignidad, 
pues tiene al hombre común por escoria 
y solo en los prohombres de la Historia 
se mira su sombría vanidad. 

Hinchado cuero son estos pollinos, 
sus duros pechos fríos y mezquinos 
empujan cargamentos de prejuicios; 

avanzan por sus trillados caminos 
con los alientos muertos y postizos 
y las entrañas hechas desperdicios. 

La claridad que me inunda. CCLXXIV

Quisiera que la Tierra entera 
rebosara de júbilo, 
que una primavera del alma 
estallara opulenta en los corazones 
y el placer de la armonía 
conquistara los días del mundo 
porque estás a mi lado, 
dulce luz de mis entrañas, 
regocijándome con tu manantial 
y colmándome de esperanza 
y, en mi pecho, no cabe la amargura. 

La claridad que me inunda. CCLXXIII

Cuando no estás, 
mi pecho no respira 
y mis ojos no ven la luz. 

La claridad que me inunda. CCLXXII

Reina hoy un sol 
tórrido y rebosante de fulgor 
como un tirano del Infierno 
desvelador de secretos y culpas 
pero, a mi pecho, no llega la luz 
y mi corazón vive 
una noche sombría 
porque no sé de ti 
y te espero con inquietud. 

La claridad que me inunda. CCLXXI

Afán de mi alma 
son tus manos de cristal 
porque las quiero besar 
y encerrarlas entre las mías 
pero no están aquí, 
anhelo infinito 
son tus mejillas blancas 
porque quiero acariciarlas 
y rozarlas con mis labios 
pero no están aquí, 
deseo irrefrenable 
son tus cabellos oscuros 
para enredarlos entre mis dedos 
y llevármelos a mi rostro 
pero no están aquí, 
ansío la presencia de tus brazos, 
de tus ojos, tu frente, 
tu barbilla, tus orejas, 
tu boca, tu dulce voz 
pero no están aquí, 
quiero sentir tu sonrisa, 
el brillo de tus ojos, 
la suavidad de tu piel, 
tu perfume de flor 
pero están muy lejos, 
en otra tierra 
que me hurta lo que más amo 
hiriéndome con la añoranza, 
quisiera que estuvieras conmigo 
aliviándome el corazón 
del vacío de este mundo, 
besando mis sienes 
para apaciguar mi frío 
pero no estás aquí 
y la tristeza me traspasa, 
agria sombra de mi hondura. 

La claridad que me inunda. CCLXX

Tengo que hablar 
muy seriamente contigo 
de la legislación vigente 
en materia de construcción, 
voy a mostrarme ante ti 
muy sensato y razonable, 
responsable y bienintencionado 
como un político aparente 
de los que reciben muchos votos 
y se toman muy en serio 
lo de gobernar a los otros, 
voy a hablarte una hora 
con mucho conocimiento de causa 
de ese interesantísimo tema 
hasta que se te abra la boca 
muerta de aburrimiento 
y, cuando menos te lo esperes, 
me voy a callar de golpe 
y, sin decir nada más, 
voy a darte mil besos 
y a llenarte de caricias 
tu carita de niña 
y, después de eso, te diré: 
-¿Qué me importan a mí la Ley, 
la Política y los políticos 
si mi corazón es libre 
y mi aliento no tiene dueño? 
Yo solo vivo para ti, 
fascinante rosa de inocencia. 

jueves, 17 de julio de 2014

La claridad que me inunda. CCLXIX

Yo no quiero 
que busques anhelante mi presencia 
como si fuera el aire de tu aliento 
del que nunca te puedes privar, 
yo no quiero 
que tus labios deseen mis besos 
con delirante ansiedad 
ni que mis abrazos arrasen tu alma, 
yo no quiero 
que mis oídos desborden 
de tus palabras de pasión, 
desmedidas y sin concierto, 
me basta con que no te marches, 
con que me necesites a tu lado, 
con que me sientas en tu hondura, 
con que tu pecho sencillo 
me llame hermano, 
poco me importan a mí 
las formas y las apariencias, 
rehenes de lo categórico, 
sé que tu amor es verdadero 
como la hierba que crece 
en los caminos que recorro, 
como la brisa que atraviesa 
el umbral de mi ventana, 
yo no quiero 
que seas mi propiedad 
me basta con que roces 
mi corazón con tu perfume 
y escuches cómo te hablo 
dulcemente de mi llaga. 

Brisas del ansia. XXIX

Nuestros sueños se escabullen 
cuando vamos a encerrarlos, 
abramos las manos 
y llenémoslas de brisa, 
regocijémonos 
con la levedad de la vida. 

La claridad que me inunda. CCLXVIII

No soy dueño de mí, 
mi corazón me gobierna, 
me lleva hasta donde yo no quiero, 
me sojuzga y perturba, 
él es mi amo, 
soy propiedad de su tiranía, 
por eso, no merezco 
que tu hondura sea mi heredad, 
quisiera encadenarte a mi raigambre 
porque tu belleza me atormenta, 
quisiera poseer esa hermosura, 
cercarla y encerrarla, 
pero ni siquiera rijo 
mi propia alma, 
no puedo hacerte mía, 
no puedo apresar tu aliento 
en la cárcel de mis manos 
sin embargo iré 
allá donde tú vayas 
para gozarme en el roce 
de tu miel y tu resplandor, 
haré de ti 
hermana de mi camino 
y tanta libertad abriga 
la inmensidad de tu espacio 
que hasta mi corazón 
aliviará su yugo. 

La claridad que me inunda. CCLXVII

Dame tu boca a besar, 
mis labios quieren mostrarte 
cuán dulce e inocente es tu aliento, 
cuán delicado y hermoso, 
te daré a ti misma en un beso 
envuelto en las llamas de mi afecto, 
te daré la ternura 
de un hermano eterno, 
el calor debido 
a una flor tan pura 
y, cuando te haya dicho quién eres 
me hundiré y perderé en tu vastedad 
y el deseo de ti hará 
que mis labios olviden tu forma. 

Las musas corrosivas. LX

Profusos saberes tienen 
los dementes desahuciados, 
sus cerebros destrozados 
de erudición se mantienen 
por lucirla en los estrados. 

No hay hombre tan razonable 
como un loco sin remedio, 
su gran pasión es el tedio 
de hacer el mundo explicable 
y darle al misterio asedio. 

Yo no quiero ser idiota 
ni vivir muerto de frío 
de mi corazón me fío
y dejo que siga ignota
la realidad que yo ansío.

Lo que se ama bien no cabe
en las leyes de la ciencia
pese a la vil suficiencia
de quien supone que sabe
embotellar la existencia. 

miércoles, 16 de julio de 2014

Brisas del ansia. XXVIII

Tu aliento es muerte y sepultura,
yugo ineludible y amargo,
tedio infinito,
siembra de la culpa,
nido de desprecio y crueldad,
frío de un invierno eterno,
desolación y agonía.