domingo, 31 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. LX

Eres densa y real 
como tiempo de lluvia, 
tu pelo es tenebroso 
como nube de tormenta, 
tu piel es agua clara, 
tus labios y tus ojos 
parece que transpiran 
esencia de la vida, 
eres intensa y grave 
como un aguacero, 
graciosa y ágil 
como gotas que salpican, 
llueves sobre mi alma, 
alivias mi ardiente sed, 
fertilizas mi espíritu 
con tu tempestad armónica. 

La miel de mi desvelo. LIX

Si mi vanagloria fuera tal
que te preguntara qué opinas
de los poemas que te escribo,
merecería que me enviaras
extensos correos
llenos de halagos
y de elogiosas falsedades
pero que me detestaras
en lo hondo de tu corazón
pues no verías en mi pecho
el calor de un afecto sencillo
sino un ansia insatisfecha
de amor propio,
yo no soy más poeta
que ser humano,
la ternura que te muestro
no es un río de palabras
ampulosas y huecas
que busque la admiración
de los espíritus banales
sino la verdad de mi hondura,
desnuda y clara,
la que me hiere el alma
y me duele si la oculto. 

La miel de mi desvelo. LVIII

Está visto
que la verdad ofende mucho,
la costumbre es la mentira
y la sinceridad parece
cinismo y arrogancia,
no se aprecia demasiado
la dulce libertad,
los hombres están felices
en sus jaulas de oro
y apenas si les preocupa
lo que haya fuera de ellas,
yo voy para los cincuenta
y no quiero que me protejan
subyugándome el aliento
y gobernándome el alma,
solo soy feliz mostrando
con desembarazo mi corazón,
solo él sabe el camino
hacia el pecho de los otros,
solo por él puedo amarte
desmedida y tiernamente
y merece mi lealtad
y el valor de mi boca
y, si por él me salto
las normas de urbanidad
y despierto la cólera
de un espíritu hipócrita,
considéralo una justa
donde, por ensalzar tu honor,
combato y me arriesgo
mostrando el noble coraje
que a tantos hombres le falta. 

Las musas coloquiales. LXXXIX

A Elisa Mar de Sosa 

No es un negocio el amor 
del que se obtenga ganancia, 
es limpio como la infancia, 
sin provecho ni valor 
y hasta despierta el pudor 
en la persona madura 
pero es la noble locura 
de quien, lleno de bondad, 
ansía la libertad 
más extremada y más pura. 

Brisas del ansia. CII

Hay personas 
que me molestan y cansan 
y convivo con ellas 
con la mejor voluntad 
pero no puedo darles mi afecto 
porque mis sentimientos, 
sin duda, 
les preocupan bien poco, 
hay otras 
a las que les molesto y canso yo 
pero no tienen 
que convivir conmigo 
pues, por mucho tiempo, he sufrido 
la más honda soledad 
sin que, a nadie, le importara, 
pese a que cumplía con los deberes 
que la sociedad me exigía 
y mi corazón me pide 
que le evite mi presencia 
a quien no deja en mi alma más 
que frío y tristeza 
y piensa que estoy en deuda 
con su paciencia. 

La miel de mi desvelo. LVII

En este mundo donde tantos 
están encantados de sentirse 
lo que no son 
y no quieren que se les ame 
por su ternura 
sino por haber logrado un récord 
o por llevar un coche de lujo 
o tener bien amueblado el salón, 
¿cuánto no te voy a querer, chiquita, 
si tu corazón es sencillo 
como una blanca nube 
y está desnudo y limpio 
como el de un niño pequeño? 

La miel de mi desvelo. LVI

Me gusta que seas 
más bajita que yo, 
más delgadita, 
menos fuerte, 
más frágil y delicada, 
más vulnerable, 
más tierna y dulce, 
más bondadosa y razonable, 
más tranquilita, 
más madura, más sencilla, 
más jovencita, más culta, 
más elegante y refinada, 
más blanquita, más morena, 
más guapa y graciosa y bonita 
porque eso hace 
que me den ganas de apretujarte 
entre mis forzudos brazos 
y llenarte de besitos 
tu carita de rosa. 

Brisas del ansia. CI

Paso los días 
en moderada soledad, 
destilando sentimientos 
de cara a un ordenador, 
encerrado 
en una habitación desierta, 
tan solo acompañado 
por lejanas presencias 
que, en la pantalla, me dejan 
señales de solidaridad o disentimiento, 
durante muchos años, 
ni siquiera esa ilusión 
aliviaba mi aislamiento, 
mi espíritu estaba encerrado 
en mi secreta hondura, 
mi boca estaba sellada 
ante el resto del mundo, 
nadie mostraba interés 
por lo que mi corazón sentía, 
la gente me horrorizaba, 
temía su juicio, 
veía en las personas 
el poder de la autoridad, 
hasta los niños pequeños 
me parecían temibles, 
creía que, en su mirada, 
había el rigor de un juez, 
mi pecho sentía el frío 
del más insoportable miedo, 
creía que todo el mundo 
me despreciaba 
y huía de su presencia 
para evitar el escarnio, 
el amor solo era 
un anhelo imposible, 
el sueño que la suerte me negaba 
con denodada rotundidad, 
hablaba mucho conmigo 
como con un desconocido, 
ocultándome a mí mismo 
mi fragilidad y mi dolor, 
nunca tenía el alivio 
de mostrar mi ternura, 
mi flaqueza, mi debilidad, 
mi plena humanidad, 
no había oídos 
para mi grito de angustia, 
mis semejantes 
me habían condenado sin piedad 
y yo no me permitía 
ni siquiera la esperanza. 

sábado, 30 de agosto de 2014

Brisas del ansia. C

Tienen algunos hombres 
un corazón crudo 
donde germina un odio helado, 
que siembra la vanagloria, 
su frío es muerte rigurosa, 
que, sin piedad, deja un abismo 
ante el umbral de los otros, 
no desprecian el mal 
sino el bien y la inocencia, 
de sus reproches, no brota consuelo 
sino desesperanza y angustia, 
me han herido con su hielo 
y contagiado su soledad, 
han hecho un mar mis adentros, 
inmenso y desolador, 
querían que sintiera sucias 
mis manos generosas 
y que muriera creyendo 
que no había merecido el mundo. 

Brisas del ansia. XCIX

Las almas ruines no creen
que haya hombres buenos
pues sus propios pechos
son cautivos de la vileza. 

La miel de mi desvelo. LV

Voy a poner la palma 
de mis manos sobre tus hombros 
para medir con el tacto 
la anchura de tu cuerpo, 
miraré tus hermosos ojos 
y te besaré el rostro 
y lo llenaré de caricias 
porque tu semblante abarca 
la vastedad de tu ser, 
enredaré tus dedos 
con los míos delicadamente 
y también los besaré 
porque ellos te compendian 
y te representan 
y, al fin, te abrazaré 
y te apretaré contra mi pecho, 
para encerrarte en mí 
y llenarme de ti 
acogiéndote en mi regazo 
cuan grande eres 
porque no hay nada en tu persona 
que mi deseo no ansíe. 

La miel de mi desvelo. LIV

Cada vez 
que termino un poema, niña, 
lo presiento un éxito de público 
pero su repercusión 
siempre me decepciona, 
solo consiguen celebridad 
los poetas eróticos 
que llenan sus versos 
de tórridas alusiones, 
¿te imaginas, niñita, 
que yo me presentara 
como un jactancioso semental 
presumiendo de mis fuegos 
y que hablara 
de la voluptuosidad de tus turgencias, 
de tus fluidos incitantes, 
de la avidez de tu piel 
y todas esas otras cosas 
que tanto impresionan a los lectores? 
Mis poemas no venden mucho 
pero no soy amigo de niñerías, 
escribo para contar la verdad 
y no para satisfacer mi vanagloria, 
lo más recto que tengo 
no es mi miembro viril 
sino mi conciencia, 
no me gustan las máscaras 
ni en los carnavales, 
que presuman de superpoderes 
las personas inmaduras 
que yo solo quiero hablar 
de amor y de esperanza. 

Las musas coloquiales. LXXXVIII

A Larita Vöss 

Los hombres son inestables, 
les empuja la pasión, 
sus sentimientos les llevan 
muy lejos de la razón, 
hay que saber disculparlos 
aun si te asfixia su hedor, 
aun si te rompen un plato 
o te suplican amor, 
aun si te miran con ira 
o te roban el reloj 
pero nunca les perdones 
ser duros de corazón.

Las manías les perturban 
y también lo hace el dolor, 
se conducen con desorden 
porque así es su condición, 
dales tu pronta indulgencia 
si te estafan sin pudor, 
si te quitan el asiento 
o te hacen una traición, 
perdónalos si te mienten 
o te pisa su talón 
pero nunca les perdones 
ser duros de corazón. 

Cada cual es de un carácter 
y es grande la variación, 
cada cuerpo es de un estilo, 
cada alma tiene un color, 
no les tengas mucho en cuenta 
si, con aviesa intención, 
te critican o escarnecen 
o te insultan de rondón, 
si te dan mala comida 
o un rotundo bofetón 
pero nunca les perdones 
ser duros de corazón. 

La moral no es una forma 
no hay que verla con rigor, 
a veces lo más perverso 
esconde afecto y calor, 
no juzgues a los humanos 
hasta saber cómo son, 
dispénsalos si te empujan 
o manchan tu pantalón, 
si estropean tu jardín 
o no admiran tu salón 
pero nunca les perdones 
ser duros de corazón. 

La miel de mi desvelo. LIII

Me haces bien, 
apaciguas mi corazón, 
le das todo cuanto ansía, 
tus hechos me son más dulces 
que la misma miel, 
eres un sublime ángel, 
tu aliento me regocija 
con su delicado roce, 
eres hermana mía y solo quieres 
iluminar mi existencia. 

viernes, 29 de agosto de 2014

Brisas del ansia. XCVIII

No uso la Poesía 
para excitar mis glándulas 
sino para hallar la luz 
en el turbio camino de la vida, 
los poetas piden mucho 
pero suelen dar bien poco, 
no les preocupa la Tierra 
sino su satisfacción, 
no buscan el placer 
en el bien y la inocencia 
sino en el propio provecho 
y el ajuste de cuentas, 
la vida no vale nada 
si se vive para uno mismo, 
la persecución del beneficio 
atormenta al corazón, 
los otros nos necesitan 
para que les demos esperanza, 
cada muestra de egoísmo 
lleva el invierno a las almas, 
cada vez que se traiciona 
al amor por un interés 
se apaga una estrella en el cielo 
y el mundo se hace más frío, 
los hombres no somos 
enemigos en la vida, 
todos somos hermanos, 
no nacemos con el odio 
amarrado al aliento, 
la bondad es nuestra esencia, 
más allá de ella, 
todo es dolor y sufrimiento, 
agonía infinita 
del que yerra el camino, 
estamos destruyendo 
el barco que nos lleva 
obcecados en la ira 
y la voracidad sin sentido 
y el corazón no se escucha 
pero nos pide amargado 
el fin de tanta locura 
y oídos para la verdad. 

La miel de mi desvelo. LII

El regocijo del desleal
es la eficacia
de su disfraz de bondad,
su hipocresía le hiere
y amarga su corazón,
busca el confidente amable
donde volcar su verdad
pero el dolor no deja nunca
de atormentarlo
pues no puede renunciar al egoísmo
de su alma ladrona,
poco le importan los otros
si no les saca provecho
mas sus mentiras y sus botines
pesan sobre su conciencia
y nunca alcanza la felicidad
pero yo
¿qué imaginas que busco en ti,
qué ganancia quiero arrancarle
al amor que te entrego,
cuál es el precio de mi afecto?
Yo, niña,
soy dichoso al complacerte,
cada sonrisa que te arranco
es un paraíso para mi alma,
tu solo bien me basta para estar
tan satisfecho que duerma
con tanta paz como un niño. 

La miel de mi desvelo. LI

Miel rebosante, eres, 
brisa de estío, amanecer de primavera, 
rocío en la hierba, esplendor del mediodía, 
eres la vigorosa levedad de la Naturaleza, 
la subyugante seducción de la vida, 
el afán y el placer de existir. 

Brisas del ansia. XCVII

Solo van al Cielo 
los niños que saben amar, 
todos los demás 
se las ven con los diablos. 

Brisas del ansia. XCVI

No hay nada más vil 
que la inocencia 
para el idiota que tiene 
una mente pueril. 

Las musas coloquiales. LXXXVII

A Nora Delgado 

Es muy helado el puñal
con que el miedo nos ataca
pero su insidia brutal
nuestra esperanza la aplaca
pues ella no cree en el mal. 

jueves, 28 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. L

La gente malvada, dulce niña, 
hace burla de lo más hondo, 
de la llaga más dolorosa, 
de lo que fundamenta el ser, 
quieren contagiar en los otros 
la desoladora tibieza de su corazón, 
yo me burlo de tu belleza 
con infinita ternura, 
te llamo florecita, golondrinita, 
princesita, ranita 
no para hacerte sufrir 
sino para que disfrutes 
imaginándote transformaciones 
exageradas e inverosímiles, 
quienes quieren hacer daño 
apuntan certeramente 
procurando que sus palabras 
se parezcan a la verdad 
pero lo que yo hago contigo es 
demostrarte tu inocencia, 
la infancia de tu corazón, 
tu bondad de ángel, 
la pureza y dignidad de tu hermosura 
para que, ni por un instante, puedas  
sentir vergüenza de ti. 

Brisas del ansia. XCV

¿Qué tiene de normal un alma 
que ama la normalidad 
y solo busca en las cosas 
lo que las hace pequeñas? 

La miel de mi desvelo. XLIX

Eres como un país 
del que se me ha desterrado, 
añoro tus primaveras, tus montañas, 
tus cielos, tus caminos, 
tus aldeas, tus ciudades, 
eres como un hondo recuerdo, 
siento nostalgia de ti 
como de los días en el campo 
de mi primera infancia 
o de las flores que brotaban 
en los senderos de mi pueblo 
o de las charlas de los adultos 
que parecían un remanso del tiempo 
porque apaciguaban mi espíritu, 
eres el secreto de mi existencia, 
lo más esencial y profundo, 
eres gozo y dolor a un tiempo, 
paz y desolación, 
en ti me reencuentro con la verdad
que hiere mi raigambre. 

La miel de mi desvelo. XLVIII

Mis infortunios siempre me han parecido 
el escarnio de un dios cruel 
o de un inmundo demonio 
y siempre he creído merecerlos 
cualquiera que fuera su índole 
porque una culpa arraigada y sin sentido 
atosiga mi conciencia, 
por eso, tus ausencias 
me remuerden y atormentan 
pues me traen la sospecha 
de que vas a desaparecer 
sin dejar rastro alguno 
para que mi infamia sea castigada 
pero, si eso ocurriera, 
me convertiría en un ángel, 
haría que mi alma 
se transformara en luz de inocencia, 
mi corazón conquistaría  
la santidad más pura 
y rozaría la sublime bondad 
de los serafines 
no más que para librarme 
de mi horrible condena 
y arrancarle tu regreso 
a la justicia del Cosmos. 

La miel de mi desvelo. XLVII

Nunca me han dado un premio 
por mis poemas de amor, 
la autoridad literaria 
no considera mis versos 
lo suficientemente correctos, 
lo que me haces sentir 
vive intensamente en mis palabras 
pero los dueños del aire y la vida 
dictaminan que no debe existir, 
me vuelven la espalda 
con su rigor circunspecto 
porque mi corazón se equivoca 
a su entendido juicio... 
Me quedo, niña, 
de poeta furtivo 
y enamorado ilegal, 
no soy verdadero  
para esos encumbrados sabios 
que sentencian sin vacilación 
sobre el corazón de otros 
como si fueran sandías 
dispuestas a ser catadas, 
según ellos, no es amor 
el fuego con que me quemas, 
ni, aunque muero por ti, 
sé quererte como debo, 
ni tengo alma ni corazón, 
ni soy humano siquiera 
porque no tengo sus premios, 
que autorizan y dan valor. 
Poco me importa su veredicto, 
el amor y el arte 
no son sumisos, 
no quieren dueños ni leyes, 
ni ampulosas licencias, 
son más fuertes que las prohibiciones, 
no creen en lo imposible, 
no hay obstáculos tan poderosos 
que les puedan detener 
ni laureles tan dignos 
que los consigan comprar. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. XLVI

Hay almas de arpillera 
que hablan de sentimientos 
a puros gritos 
y no quieren dar un beso 
ni en fechas señaladas, 
que prefieren un telediario 
a unas palabras de amor 
pero, si eructan, se creen 
delicadas y sensibles, 
su mayor felicidad 
es acumular dinero 
y, para mostrar ternura, 
obsequian con un purgante, 
yo no sé de dónde sacan 
tantísima flema 
porque yo, dulce niña, 
no puedo callarme el fuego 
con que me ardes en el pecho, 
los telediarios 
me importan un bledo 
pero perdería el juicio 
si no te diera cada día 
toda la miel de mis entrañas, 
no vivo para otra cosa 
que para expresarte mi afecto 
con la mayor sutileza 
y el más profundo sentimiento 
pues, sin que seas yo, tú eres 
lo más sagrado de mi ser. 

La miel de mi desvelo. XLV

Eres como un amanecer en mi corazón, 
la promesa de tu belleza, niña graciosa, 
hinche de claridad y gozo 
mis entrañas admiradas 
y, cuando te descubres al fin 
y dejas que te sienta frente a mí 
abierta y claramente, 
tu brillo me deslumbra 
y el júbilo conquista 
todo mi aliento. 

Brisas del ansia. XCIV

Poco le importa a la autoridad
la esencia de las cosas,
ella solo aspira
a humillar y causar dolor. 

Las musas coloquiales. LXXXVI

A Pilar Cossio Barredo 

Muchos años tuve 
helado el corazón, 
mi vida fue 
amarga y solitaria, 
temía la autoridad, 
hacía lo posible 
por no irritar a nadie 
y huía de los otros 
por miedo a que me juzgaran mal, 
obedecía a mis padres 
como si aún fuera un niño 
y nunca salía 
solo de casa 
pues no hallaba en ello 
placer alguno 
pero llegó el día 
en que consideré saldada 
mi deuda con la sociedad 
y sentí el dolor 
de la fría ingratitud de los otros, 
tan solo prontos 
a las demandas y reproches 
pero tibios y mezquinos 
para el afecto que deben, 
había vivido mucho tiempo 
creyendo que merecía el odio 
y el frío de los demás 
por cada fallo que cometía 
pero, de pronto, veía 
que tampoco se amaba al hombre 
que cumplía con su deber, 
busqué el amor de una mujer 
porque mi alma estaba sedienta, 
no era mío el corazón de nadie, 
podría morir 
sin haber hecho a nadie feliz, 
ya no era suficiente para mí 
escapar al odio, 
quería conocer el amor, 
el goce de la belleza y la ternura 
y llegó con tal fuerza 
que liberó mi alma para siempre, 
descubrí al fin 
la felicidad de este mundo, 
que una vida inerte y gris 
y la indolencia de los otros 
me habían ocultado, 
ya no debo nada a nadie 
ni nadie me debe nada, 
voy buscando el bien del mundo 
pese a los que lo habitan, 
mi corazón vive ahora, 
palpita despierto y gozoso, 
ya no quiero obedecer, 
poco me importa irritar 
o que con saña me odien, 
solo la verdad me importa 
y el afecto verdadero, 
que no sujeta las voluntades 
pues nace de la libertad, 
la autoridad ya no tiene 
poder sobre mi alma 
ni obedezco, ni ordeno, 
ni me humillo, ni sojuzgo 
y el aliento que se allana 
y me muestra su calor 
no esta sujeto a una norma 
ni le mueve la opinión, 
no teme mi odio 
ni le fuerza mi juicio, 
su corazón se ha abierto 
en su secreto pecho 
seducido por mi alma 
pues yo no busco vasallos 
sino espíritus hermanos. 

Brisas del ansia. XCIII

Nada vale ser rey, 
solo un gozo 
justifica nuestras vidas, 
el de haber entrado 
en un corazón libre. 

La miel de mi desvelo. XLIV

Eres tan bonita, niña,
como inmenso es el mar
o brillante, el Sol,
no hay flores en el Paraíso
más bellas que tu carita
ni ángeles en el cielo más alto
más dulces que tu corazón. 

martes, 26 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. XLIII

Desnuda eres
como un paisaje del campo
o como el cielo despejado
o como el mar inmenso
extendiéndose hasta el horizonte;
cuando el amanecer estalla
o una mariposa alea
o se abre una flor
o se desata la lluvia
o una ola se amansa y humilla
sobre la dorada arena,
remedan tu desnudez
clara e inocente,
pura y sencilla,
no vuelan los pájaros con tanto gozo
como te recorre mi mirada,
ni es tan abundante y generoso el rocío
como la ternura en tus relieves,
la brisa te evoca con su delicadeza
y las montañas quieren tener
tu realidad y fundamento. 

Las musas coloquiales. LXXXV

A Conchi Barba González 

De luz y miel son para mí los días 
porque, de mi instinto, sigo el camino 
y el noble amor me embriaga como un vino 
que encienda fuego en las entrañas mías. 

No hay en mis venas amarguras frías, 
no más que el calor de un placer divino 
pues todo es gozo en mi dulce destino 
y vivo libre de penas sombrías. 

Arribar he podido al mejor puerto, 
gran dicha me han dado mis decisiones 
pues las guió mi corazón despierto. 

La vida me entrega todos sus dones 
porque, al sumo bien, mi pecho está abierto 
y la ternura rige mis acciones. 

lunes, 25 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. XLII

Quiero envolverte en mis brazos,
besar tu rostro bendito
y llenarlo de caricias,
mecerte en mi regazo
como si fueras una niña,
quiero apaciguar tu corazón
con la ternura más extremada. 

La miel de mi desvelo. XLI

Nuestro amor está 
henchido de claridad 
como el reflejo del Sol 
en la tibia mañana 
sobre el rocío de la hierba 
brillando con los fulgores 
de la plata reluciente 
o como las ramas de un manzano 
cuando, cubiertas de flores, 
blancas como nubes leves, 
resplandecen junto a un camino  
un mediodía de abril 
o como el cielo de septiembre 
al escampar la lluvia 
y quedar tan despejado 
que deja que lo atraviese 
el majestuoso arcoíris 
o como la jubilosa aurora
de un día de verano 
que, rompiendo las tinieblas 
de la enigmática noche, 
alumbra un mundo nuevo, 
nuestro amor es luminoso 
como la armonía del Universo, 
como el esplendor de la vida, 
como el regocijo de la inocencia, 
somos plenitud que rebosa 
como una semilla hinchada 
a punto de germinar. 

Brisas del ansia. XCII

Hay un abismo 
entre el alma y nuestras obras 
y hemos de salvarlo cada día, 
cada instante 
perturbados por el desasosiego 
con que nos hiere el presentimiento 
de que hemos errado el camino, 
solo nuestro corazón es refugio 
contra la fatigosa incertidumbre, 
desnudémoslo, 
sintamos en nuestro pecho 
la inocencia de su voz pura, 
sigamos su sendero, 
solo su sendero 
pues sus palabras de fuego 
son las de la verdad. 

domingo, 24 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. XL

Todas las gotas 
de una lluvia de otoño 
se precipitan al suelo 
y dejan allí de existir 
abandonando sobre el sucio barro 
toda su audacia, 
toda su dignidad de hijas del cielo, 
toda su gloria, 
los hombres parecemos hormigas, 
apenas vale algo 
un solo ser humano, 
apenas significa nada 
más allá de su propio corazón, 
¡qué soledad infinita la suya, 
qué terrible vacío, qué desolación, 
carecer de nombre y de rostro, 
aplastado y sofocado 
por el peso insoportable de los otros! 
Duro es el destino 
a que nos condena la vida, 
ser menospreciados 
por ser lo que somos, 
por mostrarnos diferentes 
cuando no velamos nuestra faz 
pero tú has acogido 
en tu regazo de miel 
mi desnudez más profunda, 
has permitido que sea en ti, 
has saciado 
la sed de mi pecho, 
ansioso de manifestarse 
y descubrirse, 
de ser fuera de sí mismo, 
¿qué fortuna puede haber 
mayor que esta en mi vida, 
hallar un alma que se abra 
a mi más insólita esencia, 
que se sienta una conmigo 
aun sin que yo finja ser otra cosa? 
Solo tu mirada cálida 
me sabe redimir, 
solo tu aliento es recipiente mío 
y tu espíritu perfumado 
me place tanto 
despojado de todo disfraz 
que también yo soy para ti 
un manantial de libertad. 

Brisas del ansia. XCI

La abeja ayuda a las flores 
cuando de ellas se sirve, 
el herbívoro abona con sus excrementos 
el suelo del que come 
y el carnívoro protege 
la especie que lo nutre 
mermando algo su población 
y, aun siendo el Sol 
una bola de fuego voraz, 
se comporta con la Tierra 
como una dulce madre, 
no, nada en este mundo tiene 
sed de destrucción 
excepto nuestros semejantes, 
obcecadas criaturas perturbadas 
por el desprecio y el sufrimiento. 

La miel de mi desvelo. XXXIX

Se estila en nuestros días 
la sexualidad jactanciosa, 
el otro apenas es nada, 
una cosa, un desperdicio 
comparado con el amador, 
que busca a toda costa 
su provecho y satisfacción, 
solo él es un ser humano, 
su amante recibe 
los más burdos halagos 
porque para él no es más 
que un sucio animal, 
si yo te hiciera el amor, niñita, 
no querría 
humillarte y degradarte 
para obtener placer, 
mi prioridad máxima sería 
que tú lo pasaras bien, 
haría lo imposible 
para que tú gozaras lo suficiente 
y me preocuparía muy poco 
lo grande o pequeño 
que eso me hiciera. 

Brisas del ansia. XC

No es de buena educación 
amar ni vivir, 
en la sociedad de los hombres, 
el dolor es prioritario. 

sábado, 23 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. XXXVIII

Quizá piensen tus padres 
que merecerías un compañero 
con menos años, 
un poeta más aparente, 
un hombre más elegante y cultivado 
que te hablara del nouveau roman 
y llevara guantes blancos 
cuando fuera a la ópera 
quizá crean
que una mujer como tú 
tan hermosa e inteligente 
no debería conformarse conmigo,
seguramente tendré
que llevarles una caja de naranjas
y unos buenos limones
y componer
una oda emocionante
a los habilidosos artífices
de mi preciosa niña
para que me quieran bien
y no sufran por tu suerte. 

Brisas del ansia. LXXXIX

Que sople la brisa tibia 
sin que nada la detenga 
y esparza con desembarazo 
los perfumes del campo 
meciendo ramas, acariciando la hierba, 
aliviando el calor 
que un Sol tirano impone 
bajo un cielo lleno de claridad, 
que se mezan en las alturas 
orgullosos, los pájaros, 
al atardecer del día 
rozando con sus pequeñas alas 
la eternidad infinita, 
afán de sus corazones inocentes, 
enamorados del viento 
y libres como el amanecer, 
que desfilen lentamente 
las etéreas nubes blancas, 
espíritus de pureza y luz, 
cerniéndose con mansedumbre 
sobre las cumbres del horizonte 
como ensoñaciones de la Tierra 
que el suspirar del aire 
se va llevando, 
que el mundo me envuelva 
en su remanso sereno 
y la paz de la existencia 
traspase mi alma ahora, 
que la calma del Universo 
disipe toda mi angustia 
y el placer de la vida  
conquiste mis entrañas. 

La miel de mi desvelo. XXXVII

Te puedo asegurar que sé muy bien 
lo que es el sufrimiento, 
sentí la fatiga muchas veces 
siendo agricultor 
pero no me importó, 
lo insoportable de verdad 
fueron el tedio y la angustia 
de aquellas horas de mi vida 
que se perdían en medio de una parcela, 
tan ajenas a mi corazón, 
tan crudas y sombrías 
pero más doloroso aún 
fue el tormento de la culpa, 
mi vida erró 
lejos de los otros muchos años, 
mi alma se sentía 
sucia ante mis semejantes, 
mil veces sufrí el horror 
de creerme envuelto en su desprecio, 
mi desvarío me entregaba 
a fantasías de humillación 
donde yo no era más 
que un mero objeto de escarnio 
carente de todo valor, 
juguete de la crueldad de los hombres, 
mis oídos ya no sabían lo que oían, 
mi mirada no se atrevía a levantarse 
pero dentro de mí vislumbraba 
el horror de un agravio, 
la mancha de una terrible afrenta, 
mi mente todavía bebía 
de los duros años de mi infancia 
donde pude ver abismos de maldad 
abriéndose en las almas más niñas, 
sé lo que es el sufrimiento, 
mi soledad y mi agonía  
se prolongaron toda mi vida 
hasta el día que tú llegaste 
pero solo tardaste un par de horas 
en aliviar el peso de mi pecho, 
te volviste imprescindible 
siendo no más que una desconocida, 
tu presencia amable 
era tan gozosa para mi corazón 
que parecía que amanecía 
cada vez que te acercabas, 
redimiste mi espíritu 
del frío remordimiento, 
trajiste la indulgencia 
para mi desdichada conciencia, 
permitiste que mi camino 
se desembarazara hasta el horizonte, 
te debo el placer de la vida, 
solo por ti ha cesado 
mi estela de desolación, 
has convertido mis días 
en un remanso de gozo, 
has trasmutado en esperanza 
mi oscura melancolía, 
te amo tanto 
que, mientras viva, te estaré exaltando 
y haciendo conocer al mundo 
la pureza y resplandor 
de tu portentoso aliento. 

Las musas coloquiales. LXXXIV

A Delia Morales 

Los ángeles llenan de luz la Tierra, 
con el brillo de la verdad desnuda, 
su roce dulce no envuelve la duda, 
su mirada honesta el placer encierra, 

no lleva su aliento sombras de guerra, 
el frío de otros su pecho no escuda 
y, si un tiempo dejan su boca muda, 
un olor suave por el aire yerra. 

Mas los demonios causan confusión, 
su negro desprecio, su hipocresía, 
su lengua gélida, su cobardía, 

traen gran sufrimiento al corazón 
sembrando soledad y humillación, 
desesperación y melancolía. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Las musas coloquiales. LXXXIII

A Nadia Benkouider 

Quisiera que se impusiera  
una amable dictadura 
al mando de la cordura 
donde el buen corazón fuera 
ley opresora primera, 
nadie ser frío podría 
y cada pecho tendría 
que cargar con su verdad 
renunciando a la maldad 
y a la odiosa cobardía. 

La miel de mi desvelo. XXXVI

He de vestirme de calle 
para escribir poemas, 
voy muy sencillo, 
con las ropas más humildes 
y menos ostentosas 
y, aún así, me siento muy solo 
embutiendo en estas ropas 
mis más hondos sentimientos, 
como si no fueran bellos 
en su realidad sencilla, 
como si lo que yo soy 
mereciera mi pudor, 
quiere el mundo que me avergüence 
de lo que siente mi corazón, 
quiere que me oculte el alma 
con una máscara de urbanidad, 
solo me permite expresarla 
si la disfrazo de cultismos 
y audacias verbales, 
si, con estudiado decoro, 
me someto a las formas consensuadas 
y renuncio a la esencia de mi sentir, 
me siento muy solo 
en la fría calle, 
los hombres no gustan 
despojados de vestimenta, 
tienen que huir de la verdad 
para que se les acepte, 
no han de ser ellos mismos 
para conseguir el afecto, 
no hay perdón 
para quien muestra su fragilidad, 
solo alcanzan la gloria 
quienes fingen fortaleza 
y ocultan todo lo que son, 
tú eres silenciosa, 
apenas hablas, 
sabes que no lo necesitas 
para hacerme entender 
toda la verdad de tu amor, 
no necesitamos ropas 
para acercarnos el uno al otro, 
nunca nos hacemos avergonzarnos 
de lo más hondo que somos, 
contigo no me siento 
solo como en la calle, 
tú nunca has querido 
que fuera otro ser, 
el consensuado, 
el impasible, el imperturbable, 
el que finge normalidad 
aunque muera por dentro, 
tu espíritu es mi hábitat, 
mi destino, mi gloria, 
la plenitud de mi libertad, 
ningún otro ser 
me ha visto desnudo,
tu mirada llega
hasta mi más escondida hondura
y tiene para mí
la dulzura de la indulgencia. 

Brisas del ansia. LXXXVIII

Que sople el viento con furia, 
que traiga un espíritu nuevo 
que no transija con el mal 
y despierte los corazones 
al misterio y la inmensidad, 
que sople el viento y arroje 
al precipicio el error, 
que se lleve un vendaval 
el cinismo y la indolencia, 
que no quede un hombre vil 
atormentando a otro hombre, 
que los pechos se abran 
al amor más profundo 
y el sufrimiento se ahogue 
sofocado por un mar de manos, 
que la mezquindad no tenga 
un rincón donde esconderse, 
que se la lleve el viento 
y solo queden 
el honor y la esperanza. 

Brisas del ansia. LXXXVII

Infortunado es 
cuanto bulle bajo el cielo, 
solo hay una vida 
donde gozar el Paraíso 
y está cargada 
de miseria y amargura. 

La miel de mi desvelo. XXXV

De tu boca de miel, 
brota el misterio, 
tu corazón tiene la hondura 
de los enigmas profundos, 
tu aliento perfumado 
vislumbra la realidad en su pureza 
sin mutilarla ni empequeñecerla, 
tienes valor 
para asomarte al infinito, 
tu alma está 
poblada de inmensidad. 

Brisas del ansia. LXXXVI

No ha sido fácil nunca 
ser lo que soy, 
los otros 
nunca lo vieron muy bien, 
mi padre 
me tenía por algo burro 
y, a mi hermana, 
todo de mí le enfadaba, 
mi madre no podía soportar 
mi manera de ser feliz 
porque creía que era 
una sarta de manías 
y mis tíos me veían 
como un chico tonto y mimado, 
en el colegio, me hería 
muchas veces el escarnio, 
¡qué honda tristeza encerraba 
el regocijo del recreo 
en que tocaba por fin 
bocadillo de atún! 
Aquel bocadillo 
me traía el recuerdo 
de la ternura de mi madre 
en medio de la vida dura y fría 
de mi absurdo colegio 
donde los corazones eran 
de basta arpillera 
y no mostraba por lo común dulzura 
ni el amigo más íntimo, 
mis profesores del instituto 
preferían cualquier cosa 
a mi humilde persona, 
querían adolescentes 
normalitos y corrientes, 
que no hicieran cosas raras 
que los dejaran desconcertados, 
¿y qué le iba a hacer yo 
si tenía mucha vergüenza 
y todo me parecía vergonzoso? 
En la universidad, 
a las parejas de mis amigos, 
les caía gordo 
y mis amigos 
no me tomaban en serio, 
solo si hubiera sido 
desleal y malicioso, 
habría conquistado 
su admiración incondicional, 
yo vi muy negro el mundo, 
la gente no era nada fácil 
de complacer, 
lo había comprobado 
hasta aquel momento, 
en vista de lo cual, 
por miedo a ser objeto 
de las chanzas de mis alumnos, 
decidí quedarme en casa 
y trabajar la tierra, 
costaba mucho esfuerzo 
cualquier cosa que hacía, 
la sequía obligaba 
a regar con bombas de agua, 
dos horas se necesitaba 
para extender y unir las mangueras 
e instalar el motor 
y días enteros 
para regar una parcela 
y había que rezar 
para que el agua no mermara tanto 
que, ni con motor, se pudiera extraer, 
me sentí muy tonto aquellos años 
trabajando como un buey 
después de haber conocido 
los análisis textuales 
de A.J.Greimas, 
huía de todo el mundo 
porque, si me preguntaban algo, 
tendría que confesar 
que era agricultor de pega 
y que no sabía 
ni hacia dónde corría 
el agua de la acequia, 
había vivido en la vida 
tanto menosprecio 
que, cuando oía una carcajada, 
la amargura me hería 
porque, sin dudarlo en absoluto, 
pensaba que era yo la causa, 
cuando mi padre enfermó de muerte, 
luchando contra mi terrible timidez, 
recorrí centros médicos, 
farmacias y pasillos de hospital 
para el cuidado de sus males 
y, en esos lugares, 
muchas veces me sentí 
tan grotescamente ridículo 
por ser lo que era 
que odié mi civilización, 
capaz de subestimar 
grandes sacrificios por el bien 
si se falta en las formas 
al absurdo protocolo, 
ahora soy escritor 
pero no me compran libros, 
erizo el vello de emoción 
pero mis blogs no llegan 
a los diez seguidores, 
medito cada palabra que escribo 
pero algunos de los que me conocen 
se marchan e incluso 
me impiden el contacto para siempre, 
muchos piensan que es absurdo 
que me sienta culpable, 
dicen que soy complicado 
y, en extremo, susceptible 
porque no han vivido la vida 
que a mí me ha tocado, 
una vida en que los otros 
esperaban otra cosa 
y no un hombre que no puede 
renunciar a su corazón, 
se me ha hecho la una 
escribiendo este poema, 
si les gusta o no a los lectores, 
quizá no lo sepa nunca, 
mi escarmiento me empujaría 
a pensar que no les va a gustar 
porque nunca he gustado, 
los otros siempre han querido 
una cosa distinta 
pero ya digo basta, 
yo no soy el traje de nadie, 
nadie tiene derecho 
a buscarme los defectos, 
hago lo que me da la gana 
porque soy un hombre libre, 
mis letras y mis actos  
no son rehenes de la forma, 
obedecen solo 
al impulso de mi pecho, 
que se eleva en el aire 
como las aves dichosas, 
si a nadie gustaran, 
es cosa que nada importa, 
se inspiran en la verdad 
y buscan la libertad 
y no hay nada más alto 
en este mundo 
que esas dos cosas 
pues el amor, 
que es lo más bello, 
tiene su misma estatura. 

jueves, 21 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. XXXIV

Dicen que el amor no existe 
los cautivos de su carne, 
que solo hay fango 
y escondido egoísmo, 
que el alma es un cuento, 
que a las estrellas, se llega 
a bordo de los cohetes, 
que las metáforas son 
eufemismos cobardes, 
que un sentimiento no vale 
lo que un manual de Física, 
que ser realistas es 
carecer de esperanza, 
que crecer es 
aprender a ser educado 
y a creer en las normas, 
que los humanos somos 
muy poquita cosa, 
casi nada, 
no más que torpes remedos 
de un obrero de metal... 
¿Qué vamos a hacer, mi niña? 
¿Cómo explicar a estos hombres 
de tan frías entrañas 
lo que sentimos nosotros 
si mi frente es tan torpe 
que no alcanza a comprenderlo 
y mi boca, tan ignorante 
que no lo sabe nombrar? 

Brisas del ansia. LXXXV

Es muy afortunado 
quien no tiene corazón, 
sus tristezas no le agobian 
pues, a su entender, no existen, 
no se afana tras deseos 
que su panadero no comprenda, 
todas las imposiciones 
las encuentra razonables, 
es un vecino exquisito 
de su propia persona, 
a nadie envidia con tanta fuerza 
como al espejo que mira 
y no se aburre jamás 
pues nada le agrada tanto  
como escapar del placer. 

miércoles, 20 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. XXXIII

No habrá una llama viva 
en el pecho de la muerte 
cuando me arrastre a su reino, 
sus yertos labios no llevarán 
derretida miel 
cuando rocen mi frente, 
sus ojos no brillarán 
como un cielo estrellado 
cuando se vuelvan hacia mí, 
solo habrá frío en su mano 
cuando sujete la mía 
en el amargo camino 
pero mi alma no será suya, 
solo mi cuerpo, 
solo arrancará el amor 
de mi carne derrotada, 
mientras ella se goza en mi lecho 
con su cuerpo helado y áspero, 
mi corazón irá a mirarte, 
a besar tu dulce rostro, 
quizá arrugado y triste 
pero niño y hermoso, 
a rozar tus tiernas manos 
para apaciguar tu aliento, 
a decirte que me marcho 
y que sigo siendo tuyo, 
solo tuyo, 
no me iré con la muerte 
a un sórdido sepulcro, 
el resplandor de mi afecto 
alcanzará el infinito 
y mi espíritu, 
vertido en la inmensidad, 
será un perfume de júbilo 
que colme el Universo 
porque todavía estaré 
enamorado de ti. 

Brisas del ansia. LXXXIV

Quiero el vacío,
no quiero más que la brisa
acariciando mi frente,
una rosa abierta y fresca
adornando mi estancia
y la llama de mi sentimiento
agitándose en mi corazón. 

La miel de mi desvelo. XXXII

Mi rama crece sobre tu rama, 
se hace eco de tus nudos, 
de tus brotes, de tus hojas, 
te remeda y replica, 
mi viento se desliza con el tuyo, 
busca los confines junto a ti, 
se extiende en la inmensidad 
mezclado contigo, 
mis alas se agitan a tu compás 
remontándose hacia lo alto, 
escapando a tu zaga 
de la condena del barro, 
mi ola ondula tras la tuya, 
es el valle de tu cresta 
y la cresta de tu valle 
errando en el mar azul, 
te envuelvo y abarco, 
doy refugio a tu delicadeza, 
soy la respuesta a tus afanes 
colmada de miel y fuego. 

martes, 19 de agosto de 2014

La miel de mi desvelo. XXXI

Eres la mar 
de mi desembocadura, 
en tus aguas, 
halla remanso mi cauce, 
tu oleaje me mece, 
me acompaso a tus ondas, 
a tus infinitos rizos, 
a tu sosegada inmensidad, 
en ti encuentro 
el destino de mi ímpetu, 
el desenlace de mis ansias, 
mi río te busca 
desde su cabecera, 
sin cesar tiende a ti 
anhelante de libertad. 

Brisas del ansia. LXXXIII

El alma mezquina no quiere 
toda la felicidad, 
solo la que está mandada 
y no hace hablar a los vecinos, 
la que cuesta poco esfuerzo 
y tiene fácil recambio, 
la que hace bostezar 
sobre un mullido sofá 
con la libertad muerta 
y el corazón enterrado. 

Las musas coloquiales. LXXXII

Abre tus cercados, 
da un techo a tu hermano, 
levanta templos para sus dioses, 
deja que camine por tus calles, 
dale la luz de tu corazón 
para que no tenga que marcharse 
porque todos somos extranjeros 
que yerran desnudos y desamparados 
desterrados por un día 
del vasto reino de la nada. 

Las musas coloquiales. LXXXI

¿Cuándo descansa el alma
del hombre que mata niños? 

Brisas del ansia. LXXXII

Alma de dura piedra, 
espíritu obvio y literal, 
apegado al lodo y a la carne, 
a lo que miran los ojos 
y hurgan las manos, 
a lo que muere y se corrompe, 
a lo que encierran límites 
y obligan normas, 
nunca entenderás un poema mío, 
nunca llegará 
a tu corazón empobrecido 
la esencia de mi llama, 
nunca sabrás quién soy, 
seremos para siempre extraños, 
tu roce hiela mi pecho 
y perturba mis entrañas, 
traes sombras cuando te acercas 
y oscureces la esperanza, 
me arrebatas 
todo mi placer 
y me dejas sin aire para volar, 
sin nubes que alcanzar, 
sin luz, sin nada... 
causa asombro que tengas 
tan ciega fe 
en la sórdida mezquindad 
que guía tu razón. 

La miel de mi desvelo. XXX

Amada niña, digo yo 
que, a muy poca gente, 
le deben interesar 
mis poemas de amor, 
solo a los sentimentales 
que lloran 
por el más leve motivo, 
lo que gusta es el erotismo 
y el desamor rabioso 
cuando no los homenajes 
a célebres monumentos locales, 
no interesa mucho 
el amor de verdad, 
aburre en nuestros días 
en que se buscan beneficios 
a velocidad de vértigo 
y solo hay ojos 
para lo más contundente 
y espectacular, 
se prefiere 
contemplar un hábil gol 
a besar un rostro de ángel, 
que, al fin y al cabo, no sirve 
para ganar un trofeo 
y presumir de grandeza, 
se quiere mucho a las novias 
pero lo que, de verdad, más se aprecia 
es una cuenta en el banco 
con muchísimos ceros, 
¿cuándo se ve saltar a alguien 
con la alegría con que saltan 
los premiados con el gordo 
porque una niña preciosa 
le haya abierto su corazón? 
Los políticos 
levantan los brazos 
con júbilo desbordado 
y chiribitas en los ojos 
cuando ganan las elecciones 
pero, a ciencia cierta, 
que sus esposas 
o sus maridos 
les hacen gozar mucho menos 
porque, en el amor, encuentran 
demasiada sinceridad, 
demasiada sencillez, 
demasiada claridad, 
demasiada honradez y ternura 
para su gusto 
y, si vamos a las estrellas 
de la televisión, 
empeñadas en hacer del hombre 
un puro depósito 
de trivialidades e inmundicia 
porque nunca han visto en sí mismos 
nada que valga la pena, 
¿qué comino puede 
importarles el amor 
si haciendo lo que hacen 
se dan baños de multitudes? 
No, mi dulce bien, 
tú y yo no valemos nada 
a los ojos de la mayoría, 
los poemas de amor no se venden 
ni envolviendo las hamburguesas 
ni regalando vales 
para una tómbola 
pero poco me importa, 
fui veinte años agricultor 
y ni un solo día disfruté de ello 
y, ahora que soy poeta, 
no hay hora que no lo bendiga 
porque, aunque a pocos les importe 
lo que en mis versos digo, 
sé que estampo la verdad 
en mis sílabas macizas 
y doy fe de lo que es el bien 
y la inocencia, 
propósito elemental 
de un artista que se precie, 
yo no miento en mis poemas, 
es así como te amo, 
es eso lo que siento que eres, 
eres así de hermosa, 
así de luminosa, 
así de pura y niña, 
tan digna de este amor 
que expreso en mis letras 
como mi palabra da a entender, 
no soy alma 
que ame con tibieza, 
un poco fría, 
un poco escéptica, 
un poco ufana 
como se usa en el amor 
en estos tiempos de vanagloria, 
yo he visto la vastedad 
de tu insólito aliento y sé 
que he de inclinarme ante ti 
ante tu gloriosa humanidad, 
no concibo nada más digno 
que tu espíritu de mariposa, 
satisfaces toda mi sed 
de infinito y divinidad.