martes, 30 de septiembre de 2014

La miel de mi desvelo. CXXXVI

Eres la esencia de la vida, 
penetras mi fundamento 
y otorgas aliento a mi espíritu, 
me sostienes el ser 
como un columna sólida y solemne, 
eres mi amparo y mi redentora, 
el dios en el que me refugio 
con la inquietud de la reverencia 
y, sin embargo, 
te siento frágil y delicada 
y cavas en mi pecho un afán 
de protegerte y darte mi fuerza, 
de defenderte y confiarte a mi regazo, 
aproxima tu dulce alma, 
lléname las venas de tu perfume, 
empápame de ti, cúbreme de besos, 
arráncame de las entrañas 
esta soledad de siglos, 
esta añoranza de amor alimentada 
en tantas horas de desilusión, 
en tantos años de sufrimiento,
dame el calor de tu mirada
y la suavidad de tus manos,
dame tus palabras hondas,
que parecen pétalos,
y los abrazos de tu cuerpo,
ceñidos y francos
y yo recogeré toda tu miel
y ensalzaré tu debilidad. 

La miel de mi desvelo. CXXXV

Habrá un día para un roce
sencillo de nuestros labios
donde se toquen nuestras almas
con cálida confianza
ofrendándose cercanía
para demostrar que son hermanas,
habrá miel en tu pecho
y querrás dármela toda
y, en el mío, habrá un abril
repleto de abiertas flores,
llevaré mi luz ardiente
por tus senderos oscuros
y tú me acogerás dócilmente
en tu casa de paz. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

La miel de mi desvelo. CXXXIV

Nuestra equivalencia me conmueve, 
somos el mismo río, el mismo aire, 
tenemos francas nuestras puertas 
para penetrarnos, para nivelarnos, 
para sentirnos, para unirnos, 
mi corazón te ampara y exalta 
transido de infinita ternura, 
mis manos te atraen hacia mi cuerpo, 
te dibujan, te ciñen, te aprueban, 
te manifiestan afinidad,
la piedad me traspasa el alma
y querría darte mi aliento,
envolverte en dulzura,
hacerme remanso para tu pecho. 

Las musas coloquiales. CXVI

A Viangel 

La Roja perdió el Mundial,
no pudo lucirse nada,
aunque fueran los mejores,
el balón no les entraba,
el Alcoyano tampoco
asciende esta temporada,
nuestro hockey sobre hierba
no venció en las olimpiadas,
ganó Kenia la carrera
San Silvestre Vallecana,
los españoles quedaron
cansaditos y a la zaga,
debería estar llorando
pero no baño mi cara
porque, barriendo tristezas
y las angustias amargas,
el júbilo está brotando
del fondo de mis entrañas.

Mucho ha sufrido en su vida
Belén Esteban, la honrada,
no la quiere la familia
de su hijita tan amada,
es tratada como un perro
y se siente fracasada
porque Jesulín la quiso
no más que para la cama,
sus protestas justicieras
van llenando los programas,
madre coraje parece
esta dama tan porfiada,
tendría que conmoverme
viendo a la doliente dama
pero me deja muy frío
pues, inundándome el alma,
el júbilo está brotando
del fondo de mis entrañas.

Tiene a Rajoy preocupado
la consulta catalana,
si se hiciera el referendum
y la secesión ganara,
se vería en un aprieto
toda la unidad de España,
si la independencia quieren
las urnas limpias y claras,
¿quién se la niega a tal pueblo,
quién tendría tanta cara?
El territorio español
puede quedar hecho rajas,
se diría que yo tengo
que dar sollozos con gana
pero me viene muy mal
pues, como torrente de agua,
el júbilo está brotando
del fondo de mis entrañas.

La libido nos domina
y muy hostil nos ataca,
Freud nos lo cuenta en sus obras,
meticuloso nos habla,
hay que practicar el sexo
es necesario que se haga,
quien lo tenga reprimido
al psicoanalista paga,
las neurosis nos acechan
y las paranoias malas,
el alma quiere lujuria
y no poesía vana,
debería estar muy triste
por dormir solo en la cama
pero poco me preocupo
pues, con furia desbordada,
el júbilo está brotando
del fondo de mis entrañas.

No reconoce mis obras
la autoridad consensuada,
quiere que humille mi rostro
ante sus insignes caras,
solo me aplauden y leen
minorías muy mermadas,
no halagan mi vanagloria
unas muchedumbres anchas,
tendría que estar quizá
con la cabeza muy gacha,
muy mohíno y humillado
añorando la alabanza,
al parecer, solo valen
las apariencias más vanas,
pero la tristeza me huye
pues, con energía brava,
el júbilo está brotando
del fondo de mis entrañas. 

El mar de dentro. XLI

Se hiela su corazón, 
siente en su hondura ansias 
de herir y herirse 
cuando un hombre no se sabe 
digno y valioso, 
sufre infinitamente, 
se inclina al mal 
sin esperanza ni lealtad a sí mismo, 
aborrece a sus semejantes 
porque envidia su mejor suerte 
y deja en el mundo 
una huella de desolación 
antes de irse de él 
con el alma sola y amargada; 
que no se le pida a un niño 
que se revuelva contra lo que es 
porque eso lo convertiría 
en sufrimiento para la humanidad. 

Las musas coloquiales. CXV

A Katy Reyes 

Hay quien sospecha afligido 
y piensa casi seguro 
que no vale un triste duro 
y que su caso es perdido 
y cree los halagos ruido 
sin sustancia ni verdad 
nacidos de la piedad 
y, si su suerte sonríe, 
no hay forma de que se fíe 
de su gran felicidad. 

La miel de mi desvelo. CXXXIII

Si hubiera venido a este mundo
solo para sufrir desdichas
y solo debiera esperar de la vida
montañas de dolor,
serías una mujer mala
en lugar de una inocente niña,
serías falsa y traidora
en lugar de sencilla y honesta,
escucharías mis versos
no más que por vanidad
en lugar de por el amor
que he sembrado en tu corazón,
seguirías a mi lado
para hacerme sufrir
en lugar de para hacerme vivir
un desmedido paraíso,
escucharías liviana
requiebros de otros hombres
en lugar de solo a mí
que soy quien más te ama en la Tierra
y te irías a casar con otro,
tal vez un guapo holandés
con larga y sedosa melena
y carrera de ingeniero
que escribiera poemas
casi tan buenos como los míos
y fuera un prohombre en su país
y relevante figura internacional
en lugar, niñita,
de casarte conmigo
que soy un campesino español
normalito y calvo,
que aprobó por pelos
la carrera que estudió
y, a dos pasitos de su casa,
ya no lo conoce nadie
pero que tiene en su corazón
más amor para entregarte
que el más perfecto de los hombres
y te dará
infinita felicidad
aunque con pequeños disgustos
porque su cabeza es
de burro mostrenco. 

La miel de mi desvelo. CXXXII

Acabarás casándote conmigo, 
bichito precioso, 
me amas tanto 
que sabes que lo harás, 
ahora estás muy lejos 
y no puedo darte 
abrazos de entrega, 
ni rozar tu carita 
con mis amantes labios, 
ni acariciarte las orejitas 
tan blancas y tan bonitas, 
ni tomarte las manos 
para entrar en tu alma, 
ni escuchar tu voz de niña, 
ni recibir en mi mejilla 
los besos de tu boca, 
ni mirarte a esos ojos, 
que son misteriosos 
como el cielo en la noche, 
ni contemplar tu rostro y tu figura, 
que encierran toda la miel de la vida, 
tendrás que acabar 
casándote conmigo, ranita, 
porque tu corazón me adora 
y el mío te ama tanto 
que resplandece como el Sol. 

domingo, 28 de septiembre de 2014

Las musas coloquiales. CXIV

A David López Rodríguez 

El camino de la vida 
no debe tener barreras, 
nuestro instinto es bondadoso, 
y no hay que cortar su senda, 
somos siempre lo que somos 
aunque nadie nos comprenda, 
si se vive siendo libre, 
no se pierde la inocencia, 
nadie vale menos que otro 
por lo que, en el fondo, sea 
ni tienen mancha sus manos 
porque sin reglas se mueva 
mas yo anhelo de otra voz 
su inequívoca aquiescencia 
y es que no me tengo fe 
y mi afán me desespera. 

Soy, según dice la gente, 
un excelente poeta 
además de un narrador 
de probada competencia, 
nadie lo quiere negar 
y yo puede que lo crea 
pero, a menudo, me siento, 
en las sórdidas afueras, 
hundido en el abandono 
sin un alma que me quiera, 
todo mi valor cuestiono 
dudo de las apariencias 
y, el alivio, echo de menos 
de una inconfundible prueba 
y es que no me tengo fe 
y mi afán me desespera. 

Me educaron para actuar 
con respetuosa obediencia, 
en la autoridad, tenía 
la vía que me era impuesta, 
no era justo ni valioso 
hacerlo de otras maneras, 
no tenía que ser yo 
sino lo que ella quisiera, 
era, la vida, no más 
una carretera estrecha 
y aún hoy siento temor 
de las ingratas sentencias, 
y ansío escuchar un juicio 
que no dicte mi condena 
y es que no me tengo fe 
y mi afán me desespera. 

Vuelan los pájaros alto, 
nada, en el aire, los frena, 
baten sus alas sedientos 
de las alturas excelsas, 
su corazón es de viento 
y hasta el infinito reman, 
son libres y venturosos 
en esa escalada eterna 
pero yo, a veces, me inquieto 
mientras dan pasos mis piernas, 
sospecho algún yerro grave, 
me veo el alma pequeña, 
siento que soy miserable 
por prescindir de cadenas 
y es que no me tengo fe 
y mi afán me desespera. 

Despreciar a un semejante 
es una aviesa creencia, 
cuanto somos y hemos hecho 
merece sana indulgencia, 
quien a los otros acusa 
a sí mismo se violenta, 
el alma buena perdona 
los errores con clemencia, 
poco vale una opinión 
cargada de intransigencia 
pero mi pavor es grande 
y muy profunda mi pena 
temiendo que juzguen otros 
vil y mezquina mi esencia 
y es que no me tengo fe 
y mi afán me desespera. 

La miel de mi desvelo. CXXXI

Yo no quiero
comprarte con mi afecto,
quiero que seas del viento
y que, como los pájaros, lleves
el infinito en el alma. 

El mar de dentro. XL

Aún no confío en mí, 
aún el tormento 
de la tristeza y el miedo 
ensombrece algunos de mis días, 
aún siento riesgo en mis pasos, 
aún me creo incapaz e insuficiente, 
aún ansío 
el apoyo de los otros, 
su aprobación, su confirmación, 
su afecto,
era esto lo que querían
quienes me educaron,
quienes me dictaron los caminos,
quienes demandaron mi obediencia,
querían que fuera
un esclavo triste
incapaz de echar a volar,
sumiso a la voz de los amos,
que lo diera todo
por una limosna de amor. 

La miel de mi desvelo. CXXX

Eres dulce como una niñita 
y tímida como un pajarito, 
criatura tan tierna como tú 
yo no la he visto en el mundo, 
cuanto más calladita estás 
con más desmesura te requiebro 
pues tu graciosa compostura 
me enardece las ansias. 

sábado, 27 de septiembre de 2014

La miel de mi desvelo. CXXIX

Este mundo no es suficiente
para contener todo el amor
que sería capaz de entregarte. 

El mar de dentro. XXXIX

Si, de pronto, me llegara 
mi última hora, 
¿como soportar 
tanto amor sin entregar 
ardiendo en el cofre de mi pecho 
y tanta sed de afecto 
prendida a la raíz de mi alma? 

El mar de dentro. XXXVIII

Para algunas personas,
no importa si existo o no,
me prefieren
lejos de su sendero,
lo que valgo para ellas
no es mucho,
me ven con desdén,
entienden que soy molesto
solo por estar cerca,
por vivir, por respirar,
por sentir orgullo,
por ser y por desear,
no reservan
su generosidad para mí,
me cerrarán su corazón
hasta su último suspiro,
me niegan la esperanza
que me traería su indulgencia
y la libertad
que, en su vastedad, alcanzaría,
me niegan su posada
en mi peregrinar por el mundo
como si no fueran mis hermanos,
como si su secreta hondura,
tan gélida para mí,
no pudiera ser herida. 

El mar de dentro. XXXVII

Mi espíritu es
hermano del amanecer
y de los pájaros y las estrellas
y de la hierba y el viento,
ante nada se humilla,
a nadie obedece,
nada le frena
en su vuelo al infinito. 

La miel de mi desvelo. CXXVIII

Como los de toda mi vida, 
este sábado lo voy pasando 
entre las paredes de mi casa 
buscando en las emociones de la música 
consuelo para mi soledad 
y soñando con el día en que los otros 
ya no necesiten 
negar que me conocen 
ni se avergüencen 
de que los vean conmigo, 
soy un poeta 
sin nombre ni cara 
al que no es preciso leer 
para estar al día 
ni siquiera en mi propia ciudad, 
los poetas de prestigio 
no me miran cuando pasan, 
no soy bastante para ellos, 
pueden prescindir de mí, 
creen que mi mar no es 
suficientemente ancho, 
ni mi primavera, 
lo bastante ardiente, 
ni mis montañas y praderas, 
tan inmensas como las suyas, 
ni mis bosques y lagos, 
tan hermosos y misteriosos 
y que mi llaga de amor 
no tiene raíz en la tierra 
ni puede estremecerla 
con el frenesí de su ansia 
pero yo sé que sí, 
no hay lugar 
lo suficientemente sublime 
adonde no lleguen mis palabras 
ni amor 
tan puro y exaltado 
que supere al nuestro. 

La miel de mi desvelo. CXXVII

Tienes carita de aire, 
de viento, de luz del Sol, 
de mañana, de primavera, 
de mar, de cielo, 
de hierba en las praderas, 
eres esencial como una perla, 
sencilla como el amanecer o el rocío, 
has entrado en lo más íntimo 
de mi corazón huraño 
porque cuanto hay dentro de mí te reconoce 
como su más puro fundamento. 

La miel de mi desvelo. CXXVI

Bien mío, tengo un público
muy exigente,
mis poemas y cuentos
salen de mis manos
pulidos y llenos de esencia
pero no me aplauden,
aplauden hasta a los leones
por pasar por un aro
pero yo me quedo en ayunas
como si, en lugar de escribir,
estuviera picando piedra
en una cantera de esclavos,
tú, en cambio, me diste
tu corazón de miel
mientras leías un poemario
que te había dedicado,
mayor recompensa a un poeta
es imposible
pues lo que tu pecho vale
no lo vale cosa en el mundo
y por él doy
todos mis pasos en la vida
y él me guía y da aliento
con su belleza infinita,
mis lectores parecen
entrañas impasibles
pero tu tuviste
que entregarme el alma
porque, si me dabas menos,
no acababas de pagar
todo el amor de aquellos versos. 

Las musas coloquiales. CXIII

A Yen Aguilar 

Dicen que los grandes capos 
y hombres de inmensa maldad 
son cerebros competentes 
de asombrosa habilidad, 
burlan la ley con astucia, 
no se les puede cazar, 
cual ratas de alcantarilla, 
roban con impunidad 
e infestan el mundo entero 
con diligencia letal, 
dicen que son hombres listos, 
mas creo que no es verdad 
pues no hay borrico más grande 
que el aficionado al mal. 

Los hombres que nos gobiernan 
demuestran su iniquidad 
pero, como saben mucho, 
se les tiende a respetar, 
han cursado sus estudios 
en una Universidad 
se expresan con corrección 
y sutileza especial, 
causan mucho sufrimiento 
siendo los que saben más, 
se habla de su inteligencia 
pero es un hablar mendaz 
pues no hay borrico más grande 
que el aficionado al mal. 

Se mira a los egoístas 
como genios del lugar, 
se admira su desvergüenza 
y su indolencia brutal, 
alaban su entendimiento 
porque renuncian a amar, 
las emociones se creen 
ociosa banalidad, 
a un hombre que nada siente, 
nada le puede estorbar 
y, por eso, el vil no es necio 
mas lo tengo que dudar 
pues no hay borrico más grande 
que el aficionado al mal. 

Los que arrastran multitudes 
no tienen de ellas piedad, 
como borregos las tratan, 
las saben manipular, 
les sacan lo que ellos quieren, 
dinero y notoriedad 
y algunos piensan que es eso 
saber vivir y pensar 
porque el dinero y la fama 
es lo que se estima más 
mas la verdad es que es tonto, 
a las masas, despreciar 
pues no hay borrico más grande 
que el aficionado al mal. 

viernes, 26 de septiembre de 2014

La miel de mi desvelo. CXXV

Muy pocos creerán en mi sensatez 
si pondero 
la extrema gravedad 
y la prioritaria relevancia 
que, sin dudarlo un segundo, 
tengo que atribuirle 
al besito en la nariz 
que voy a darte en cuanto te vea, 
ranita graciosa y linda, 
pero, si no te lo doy, 
¿cómo vas a saber que eres 
lo más precioso y tierno 
que habita este mundo 
y lo que más ama mi alma? 

El mar de dentro. XXXVI

Niños malos 

Sus gélidos pechos 
cargados de desprecio y crueldad, 
ávidos por hacerme sentir 
el tormento de la humillación 
se parecen al hálito
que alienta a la Muerte, 
mi valor flaquea ahora, 
no por sus necias figuras, 
que mueven a compasión, 
sino porque presiento su horror, 
desmedido, infinito 
y también lo hago mío. 

La miel de mi desvelo. CXXIV

Los dioses más poderosos 
envidian la sencillez 
con que tú y yo nos amamos. 

El mar de dentro. XXXV

No movería 
ni siquiera un músculo de mi rostro 
por fingirme mejor de lo que soy. 

La miel de mi desvelo. CXXIII

Tú me engañas,
tú no eres esa mujer
tan colmada de perfecciones
y tan sublime
que me llena de asombro y respeto,
tú lo que eres es
mi hermanita pequeña,
mi tierna chiquitina,
mi dulce bien,
mi pajarito,
lo más bonito de mi vida,
lo que más quiero en este mundo. 

El mar de dentro. XXXIV

Sospecho que el mundo esconde 
el mar de felicidad  
que el corazón desnudo codicia 
y puedo hacerme con todo él 
con solo creerlo posible. 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Las musas coloquiales. CXII

A Eya Jlassi 

(Regalo de cumpleaños) 

Cuando nuestro corazón se entristece, 
es necesario escuchar su lamento 
como el de un niño sin salud o hambriento 
pues su angustia, si la ignoramos, crece. 

Pero hay una luz que nos estremece 
cuando penetra nuestro sentimiento, 
felicidad la llaman y contento, 
hagamos que su buen reinado empiece. 

La bruma de nuestras cavilaciones 
disipemos colmados de esperanza 
y llenemos el alma de emociones; 

abramos nuestro pecho con confianza 
y, amor llevando a todos los rincones, 
dichosos, regresemos a la infancia. 

La miel de mi desvelo. CXXII

Como ese día de abril
desbordante de luz y calidez
cuyo amanecer deslumbrante y puro
hemos contemplado
y donde todo parece haber cambiado
sin que nos hayamos apercibido cómo
devuelve la inocencia al mundo
y hace amable el devenir
llenando de vida nueva
cada rincón donde nos hallemos
y despojando de sombras
la tierra y el cielo,
de esa forma has liberado tú
mi corazón pesaroso
porque estás repleta de claridad
y traes la esperanza en tu regazo. 

El mar de dentro. XXXIII

Perdí los días de mi adolescencia 
en la soledad del cuarto de estar 
escuchando música triste 
mientras añoraba dignidad 
para mi orgullo humillado 
y soñaba con la libertad y el amor, 
que presentía imposibles para mí. 

La miel de mi desvelo. CXXI

No hay mucha verdad
donde hay mucho ruido,
las palabras sobran
cuando habla el corazón,
calladas son mis horas,
solitarios, mis pasos
pero tu amor y el mío
son reales como el rocío
o como la brisa de la tarde,
no hace falta más
para llenar una vida,
poco importa que me lean
menos que a cualquier otro
o que, cerca de los tres mil poemas,
aún no me conozca nadie
en mi propia ciudad,
al menos, soy un hombre libre,
orgulloso y feliz
al que nadie puede engañar
por mucho que se esfuerce. 

Las musas coloquiales. CXI

A Mavi Gómez 

Es el alma silenciosa, 
no tiene lengua que hable, 
su mudez inevitable 
es amarga, dolorosa, 
vasta, profunda, asombrosa, 
tan desmedido rigor 
hace infinito su ardor 
y, ahíta de soledad, 
al ansiar la libertad, 
clara voz le da el amor. 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

El mar de dentro. XXXII

Hay hombres 
que no viven con valor su soledad, 
se traicionan a sí mismos 
a cambio del abrazo de los otros, 
acallan a su corazón 
y escuchan solo las sílabas 
de viejos libros llenos de polvo 
y profusamente anotados 
porque así lo quieren sus amigos, 
el afecto que reciben 
y el honor que consiguen 
son tan espurios 
como una flor de plástico, 
mueren rodeados de boato 
pero con amargura en el alma 
porque la suya no ha sido 
una vida de verdad. 

El mar de dentro. XXXI

Era obediente y humilde, 
temeroso de Dios 
pero sentía horror hacia mis semejantes 
incapaz de soportar su condena 
porque en ellos veía 
la autoridad a la que me debía, 
ansiaba ofrecer a los demás 
lo que exigían de mí 
pero el temor a fallar 
paralizaba mi vida 
porque demasiadas veces 
mis errores habían sido
con estridencia criticados,
eran, la moral que me oprimía
y las virtudes que se demandaban,
banales y arbitrarias,
desconocidas del corazón,
alejadas del instinto,
en el fondo, nadie era
leal a ellas
y, cuando murió mi padre
y pude ver de qué manera
la hipocresía y el egoísmo
domina a los hombres
y cómo la muerte se abate
sin piedad contra cualquiera,
perdí mi miedo
y levanté mi orgullo
e hice de mi propia esencia
la ley que me guiara
con mi voluntad atenta
al verdadero bien,
sin embargo, aún a veces,
me imagino pequeño ante los otros,
excluido de su redil,
perseguido por su intransigencia,
objeto de su cruel apremio,
herido por su gélido desdén
pues penetraron muy hondo
los golpes de la sinrazón
de un mundo donde no gobierna
la ternura y la vida. 

La miel de mi desvelo. CXX

Si yo fuera un profesor 
y tú fueras 
mi bonita alumna, 
estaría tan enamorado 
de tan hermosa flor 
que, al creerte de otro mundo, 
la tristeza oscurecería mi ánimo, 
ansiaría tu mirada y tu sonrisa, 
el calor de tu afecto, 
el roce de tus labios de niña, 
no habría para mí en la Tierra 
tesoro más valioso y deleitoso que tu aliento, 
luminoso y alegre 
como bandada de mariposas, 
serías la miel 
que colmara mi pecho, 
serías mi deseo, 
insensato e imposible, 
pensaría que nuestra distancia 
era insalvable y definitiva 
y que carecer de tu amor 
era una condena eterna 
tan inapelable 
como una ley de la naturaleza 
pero, un día, te acercarías 
con decisión a mi tarima 
y, con infinita piedad y ternura, 
pondrías tu mano sobre la mía 
y me dirías: "Te quiero"
para abrirme el horizonte 
y redimir mi vida. 

El mar de dentro. XXX

No son lo que yo quiero 
abrazos tan enfáticos 
que me constriñan el aliento 
y me dejen sin habla, 
ni bienintencionadas tertulias 
a voz en grito 
donde los otros me quieran imponer 
su egoísmo y su desesperanza, 
no quiero que me den la mano 
con guantes de astronauta 
como si estuvieran en la Luna 
y yo fuera un selenita, 
ni que me hagan caricias 
con ánimo de someterme 
como se las da el domador 
a su tigre más rabioso, 
no está bien que nos rocemos 
con pieles de lija 
ni que nos contemplemos 
como entretenidos en un escaparate, 
lo que yo quiero es sentir 
a mis hermanos como una brisa 
que se mezcla con la mía, 
como un bálsamo en el corazón, 
como pluma que apenas toca 
la piel de mi palma, 
como una renuncia a mí 
llevándome todo adentro, 
no quiero grandes cosas 
tan solo 
los privilegios de un ser humano. 

La miel de mi desvelo. CXIX

Mi niña preciosa, 
quiero ser tu papá, 
tenerte abrazada contra mi pecho 
llenándote de besos la carita, 
arrullarte y mecerte en mi regazo 
para que te quedes dormidita 
y tengas hermosos sueños 
reclinada contra mi cuerpo, 
comprarte golosinas 
y limpiarte la boquita 
si te la manchas de chocolate, 
contarte cuentos donde seas tú 
la reina de las hadas 
y llenes de belleza un bosque 
tan grande como un país, 
sentarte en mis rodillas 
y explicarte lo bonita que eres 
porque no hay flores en el mundo 
tan lindas como tu rostro 
ni es el amanecer más sublime 
que tu apariencia angelical, 
arroparte en la camita 
y besarte en tu nariz, 
tan chatita y graciosa 
para que se te ilumine el semblante 
de mariposas alegres 
y tu pecho se apacigüe 
y no temas la oscuridad, 
quiero que seas mi hijita, 
la hijita con la que me case 
y a la que mime mientras viva 
para que no te falte nunca 
la inocencia de la infancia. 

martes, 23 de septiembre de 2014

El mar de dentro. XXIX

Son los hombres
desleales al corazón,
desprecian los sentimientos y arremeten
contra el orgullo y la inocencia,
casi no vale nada
la dignidad de un alma,
solo despierta indiferencia
el suave murmullo de un pecho,
se le quita valor
a una emoción sincera
por ensalzar
la más gélida banalidad,
los hombres están locos
y muertos por dentro,
el mundo es un desierto sombrío
donde casi no quedan
alientos humanos. 

La miel de mi desvelo. CXVIII

He merecido de ti 
que me entregaras tu aliento franco 
en su entera plenitud 
pero, en la calle, 
apenas se dignan a mirar mi rostro, 
apenas notan mi presencia, 
apenas saben que estoy vivo, 
apenas creen que soy como ellos. 

La miel de mi desvelo. CXVII

Tu roce es ligero
como el de las patitas
de una mariposa
pero me deja el alma en llamas
entregada al gozo
de la libertad más extremada. 

El mar de dentro. XXVIII

Carnicero 
que destruyes la vida 
y haces brotar en la Tierra 
un sufrimiento infinito e inútil 
buscando tu propia expiación, 
ten piedad de ti; 
amigo del dolor 
que envuelves en sudor a los hombres 
y traes a su existencia 
hambre del cuerpo y el alma 
y un llanto que nunca se acaba, 
ten piedad de ti; 
guardián de las patrias y las piedras 
que humillas a tu hermano 
imponiéndole tu ley caprichosa 
y expropiándole con sangre y violencia 
su dignidad y su libertad, 
ten piedad de ti 
pues la desolación que siembras 
a ti mismo te está devastando. 

Las musas coloquiales. CX

A Chelo Olmos Pérez 

No se mendiga el cariño, 
ni se ha de ir exigiendo, 
el calor de los demás, 
cuando ha de ser verdadero, 
se mueve con libertad, 
sin que lo sujeten hierros, 
quien pide que se le mime
es un sujeto molesto 
pues hace que otros trabajen 
para su solo provecho
brindándole carantoñas 
que suponen mucho esfuerzo 
yo no obligo a que me aprecien 
porque lo encuentro muy feo 
pero, al menos, que me dejen 
entregarme a mis lamentos 
porque me siento morir 
cuando no noto el afecto.

Los adultos son más fríos
que los niñitos pequeños,
no precisan la ternura
ni tampoco escuchar cuentos,
¿para qué tantas caricias,
tantos abrazos y besos
si conocen ya de sobra
cuánto los están queriendo?
Yo no ansío los halagos
ni los ardientes te quiero,
soy de muy pocas palabras
y muy distante y discreto,
me gusta pasar el día
en apacible silencio
pero, si no me habla nadie,
de melancolía enfermo
porque me siento morir
cuando no noto el afecto.

No es peor el solitario,
puede ser un hombre bueno,
no acompaña mucha gente,
a veces, a los honestos,
no por ser muy diligente
se hacen muchos compañeros,
tienen la suerte torcida,
a veces, los grandes genios,
la soledad no es indigna,
ni es ofensa el desapego,
el orgullo no depende
de los aprecios ajenos
pero yo anhelo con ansia
las presencias y su aliento,
no soporto con paciencia
que todos se vayan lejos
porque me siento morir
cuando no noto el afecto. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

El mar de dentro. XXVII

En medio del mar inmenso, 
navega sola mi barca, 
el horizonte está abierto 
y es infinito y puro 
pero me parece una puerta 
angosta y prohibida 
donde mi vida peligra, 
avanzo sin vacilaciones, 
siguiendo mi ruta con firmeza 
pero, a menudo, me abate 
la aflicción de ser tan frágil, 
tan capaz de errar el rumbo, 
tan pequeño y flaco, 
la inquietud me atormenta 
en tan hondo desamparo 
y, creyéndome abandonado, 
siento que la soledad me hiere 
como un avieso puñal. 

La miel de mi desvelo. CXVI

Quiero ser tu alimento idóneo, 
la savia que te llene, 
la fruta de la plenitud 
para el hambre de tu aliento, 
quiero ser agua fresca 
para tu boca sedienta, 
miel que alivie tu amargura, 
medicina de tus sentimientos, 
quiero ser tu meta, tu ansia, tu apogeo, 
tu regocijo más hondo, 
quiero ser hermano de tu raíz 
y cauce para tu naturaleza 
porque te amo sin límites 
y mi afán es 
colmarte de ventura. 

El mar de dentro. XXVI

A veces, queda mi alma encadenada 
por la culpa y la humillación, 
a veces, me siento sucio 
como si no fuera yo mismo, 
como si la bondad que ha de conducirme 
hubiera abandonado mi corazón, 
no puedo aguantar un minuto 
fuera de mí, 
el dolor de un orgullo abatido 
es cruel y desesperante. 

El mar de dentro. XXV

No se le reprocha al alba su rocío 
ni, a las flores, su perfume 
pero a los hombres se les culpa 
por ser lo que son. 

El mar de dentro. XXIV

Tanto tiempo he estado 
arrostrando una soledad sin límites 
luchando por salvar mi alma 
encerrado en mis propios pensamientos 
sin ojos para el mundo, 
tanto tiempo esperando el amor 
atormentado por la culpa y la vergüenza 
vencido del miedo 
buscando la salida 
sin atreverme a mirar muy lejos 
para que no muriera mi esperanza, 
tanto tiempo abandonado 
de todos mis semejantes 
sin la piedad de un alma que quisiera 
aliviar mi desesperación 
sin otro placer 
que el de alcanzar para mi espíritu  
unos minutos de sosiego 
entre siglos de tormento 
viviendo bajo la luz del Sol 
una existencia 
cruel y tenebrosa 
que me cuesta hacerme a la idea 
de que mi fortuna ha cambiado 
y la felicidad me está entregando 
su gozosa esencia. 

domingo, 21 de septiembre de 2014

La miel de mi desvelo. CXV

No puedo descifrar 
los motivos por los que te amo 
pues, cuando te contemplo, 
no veo nada que no colme de placer 
mis entrañas conmovidas. 

Las musas coloquiales. CIX

A María Jesús Alaez Couceiro 

La luz arrogante de la razón 
violenta ignorante los sentimientos, 
aplica sus fríos conocimientos 
sin conceder al alma una excepción. 

Misterio y sombra anhela el corazón, 
no entiende de motivos y argumentos, 
inefables fluyen sus pensamientos, 
el instinto mueve su inspiración. 

La esencia del hombre es individual, 
es invisible en los foros y esquiva 
a la curiosidad intelectual. 

Dejémosle al ser humano que viva 
en libertad su senda personal 
sin que una lógica ajena lo inhiba. 

La miel de mi desvelo. CXIV

Las almas sin calor 
no saben amar, 
sus corazones no florecen 
para ofrendarse generosos, 
su raigambre no siente 
el aliento de la eternidad, 
no saben lo que es el bien 
aunque no dejen de fingir 
una bondad obvia y pretenciosa, 
las almas sin calor 
viven un amargo exilio 
de la consciencia de vida, 
sus placeres son 
efímeros y banales, 
desconocen el Paraíso en la Tierra, 
no alcanzan con sus pechos el infinito, 
su maldad se revuelve contra ellas 
y un agrio sinsabor 
las atormenta sin cesar, 
las almas sin calor, 
en sueño, pasan la vida 
sin encontrarse a los otros 
sumergidas en su egoísmo, 
persiguiendo intereses vanos 
con los que malgastan sus días 
quizá sin saber muy bien 
lo que están perdiendo, 
quizá creyendo que viven 
una vida de verdad, 
las almas sin calor 
no saben amar 
pero tú eres todo dulzura, 
luz y vehemencia, 
entrega y anhelo 
sin que lo quieras hacer notar 
porque el pudor te refrena. 

La miel de mi desvelo. CXIII

¿Querrá la eternidad 
abrirnos su puerta 
para que gocemos siempre 
de esta felicidad sin límites? 

El mar de dentro. XXIII

El diálogo con los otros, 
lógico y obvio, 
razonable e indiferente, 
exilia del corazón, 
que es pozo hondo y oscuro 
al que solo se llega 
con una alargada cuerda 
hecha de asombro y silencios, 
los otros me piden palabras 
y que les mire los rostros, 
quieren claridad y evidencia 
y que olvide lo que siento 
pero yo vivo para beberle 
la vida a ese dulce pozo 
escondido y enigmático, 
cálido e inevitable. 

La miel de mi desvelo. CXII

Eres delicada 
como la brisa al rozar 
las hojas de los árboles 
haciéndolas balancearse lentamente 
entregada a una apacible debilidad 
o como las olas de un mar calmo 
que van arribando a la playa 
serenas y discretas 
como recuerdos que se encadenan. 

sábado, 20 de septiembre de 2014

Las musas coloquiales. CVIII

A Susana Escarabajal Magaña 

¿Por qué dicen que nos quieren 
quienes algo nos desprecian 
si sus mentiras arrecian 
el dolor que nos infieren 
y, con su afecto, nos hieren 
más hondo que con desdén? 
¿Por qué piensan que es un bien 
amar a la pura fuerza 
haciendo que se retuerza 
el alma vuelta un rehén? 

La miel de mi desvelo. CXI

No quiero nada con la maldad 
ni con la crueldad o la hipocresía, 
a ti te amo solo 
porque eres un ángel puro, 
no quiero nada con nadie 
que no tenga el alma inocente 
y hermosa como una flor. 

El mar de dentro. XXII

Lo corriente es que la vida 
se vaya desperdiciando 
en un devenir monótono 
sin significado para el corazón, 
la gente nos entierra 
mucho antes de que muramos, 
pensando que nada tenemos 
que les pueda interesar, 
la soledad se nos mete 
en las raíces del alma 
así como el frío se filtra 
por las ventanas en invierno, 
perder nuestro tiempo 
es amargo como la hiel, 
no debería vivirse 
un solo instante sin emociones, 
los sentimientos se duermen 
bajo la sucesión de muchos días 
iguales y fatigosos 
y el sufrimiento se vuelve 
la rutina habitual, 
muchas veces se llega a la muerte 
con hambre de vida 
y se exhala el último suspiro 
con infinita decepción. 

El mar de dentro. XXI

Con intransigencia, me exigen 
que sacrifique mi felicidad 
por su bienestar 
y, si, atormentado, 
pierdo la paciencia, 
tan solo por eso, 
piensan que no soy bueno 
y que merezco el desprecio, 
quieren que sienta y actúe 
conforme a sus voluntades 
y, cuando, con furor, me rebelo 
asfixiado y desesperado 
anhelante de libertad, 
dicen que soy un salvaje 
que no conoce los modos, 
desagradable y malvado, 
me acusan de ingratitud 
cuando protesto y me irrito 
pero nada de lo que hago 
lo agradecen como deben, 
no me harán un esclavo 
con el arma de la culpa, 
soy inocente y puro, 
honesto y generoso, 
quieren que me odie el alma 
iluminada por el bien 
mas yo sé que no soy malo 
y que merezco la paz 
que, con egoísmo y malicia, 
quieren matarme por dentro, 
soy un idiota para ellos 
inconsciente y perturbado 
pero ¿quién sino ellos mismos 
desbordan todas las medidas 
de la más llana estupidez? 

El mar de dentro. XX

En la calma del mundo, 
mi alma teme y se angustia 
con tanto sobresalto 
como si la muerte se emboscara 
entre las sombras del placer, 
ansío la paz pero me atormenta 
una inquietud penetrante 
como si me apremiara un peligro 
o una amenaza se cerniera sobre mí, 
el miedo ha perturbado mi espíritu 
y lo ha enfermado gravemente, 
pese a la Medicina, 
todavía a veces siento 
un horror invisible y frío 
rozándome los adentros 
no más que por la más leve 
e insignificante incidencia, 
mi felicidad no ha importado 
a lo largo de mi vida 
tan solo unos intereses 
estrechos y miserables, 
la sensación de un riesgo 
ineludible y permanente 
está adherida a mi aliento, 
no me puedo liberar 
de su desesperante influjo, 
las demandas y acusaciones 
han mutilado mi sosiego, 
no ha habido nunca indulgencia 
para mis negligencias 
pero no quiero temer más, 
este desasosiego es 
insoportable y dañino, 
todo es posible, 
no estamos seguros de nada 
pero únicamente eso 
hace intensa y gozosa la vida, 
hincho mi pecho, 
dejo que vague 
mi mirada hasta el horizonte, 
me encomiendo a la libertad y al amor 
y, llamando en mi auxilio a la esperanza, 
que nos acompaña hasta el sepulcro, 
asumo el azar 
como si fuera mi destino. 

La miel de mi desvelo. CX

Niña, el amor no es 
para los prisioneros de los sentidos, 
para amar, se necesita 
viajar con desembarazo 
por la tierra de los sentimientos, 
hay hombres que solo creen 
en las noticias de la tele 
y, si acaso, también un poco 
en lo que dice la ciencia, 
viven aburridas vidas 
de cadáver viviente, 
que solo hace lo que tiene 
la forma de lo sensato, 
sus enteras personas 
son mercancía, 
no hay nada que no hagan 
con un claro interés, 
se ofrendan únicamente 
a lo que puede pesarse 
y jamás encuentran motivos 
para no darse un festín, 
nosotros dos disfrutamos 
el Paraíso en la Tierra, 
nos sabemos hechos de luz 
y no de sombrío lodo, 
es dulce para los dos 
rozarnos el alma desnuda 
rebosante de inocencia 
y cargada de sueños, 
brillamos como una estrella 
envueltos en el afecto 
y la eternidad es nuestra 
aunque la ciencia lo niegue. 

viernes, 19 de septiembre de 2014

La miel de mi desvelo. CIX

Deja que mi boca beba 
esa gotita de miel 
que le rebosa a tu ser. 

El mar de dentro. XIX

Pedía amor a la vida, 
ternura, aceptación, 
un aliento a mi condición 
por la que tanto sufría 
pero nadie me ofrecía más que culpa, 
todos esperaban 
que fuera otro, 
no se acusa a quien se ama, 
no se le carga de reproches, 
no se le hace avergonzarse 
de su esencia ineludible, 
no se le usa y se tira 
cuando ya no es útil, 
no hubo amor para mí 
durante mucho tiempo, 
tan solo desazón y miedo, 
humillación y amargura. 

La miel de mi desvelo. CVIII

En ti me culmino, amada,
en ti no me trunco,
nada estorba a mi corazón
cuando camino hacia ti,
acoges mi esencia
como espejo de tu perfección,
me dignificas y haces idóneo,
me liberas y elevas,
en ti me extiendo
y alcanzo la plenitud. 

La miel de mi desvelo. CVII

Me hinches de tu aire, 
luminoso y alegre, 
mi corazón, ávido, 
se apresta a abarcarte, 
a contenerte cuan ancha eres 
hambriento de ti, 
eres una niñita 
menudita y linda 
con el alma feliz y dulce, 
mi más hondo deseo es atraparte 
y, en mi regazo, guardarte. 

El mar de dentro. XVIII

El confortador olvido 
del turbulento deseo 
trae alivio y consuelo 
para los remordimientos. 

El mar de dentro. XVII

Mi deber de hombre 
es ser pájaro libre 
que abre a la inmensidad su corazón, 
divino árbol 
que la brisa transfigura con su roce, 
pradera infinita 
que se ofrenda al horizonte y al cielo, 
mi deber de hombre 
es seguir mi instinto irrefrenable y puro, 
atender la voz de mis sentimientos 
sin que vacile mi conciencia, 
ser bosque, amanecer, rocío, 
inocente sol de la mañana 
que, inexorable, sigue su impulso, 
tengo un deber de hombre 
y es extender el bien por el mundo 
con los dones de mi aliento más hondo, 
sin que me importe nada 
lo que los otros crean 
que ha de ser la bondad. 

Las musas coloquiales. CVII

A mi amada 

El alma es agua de aljibe 
que, a poco que se la mueva, 
se llena de inquietas ondas; 
cuando el dolor la doblega, 
el temor y el sufrimiento 
la perturban y la ciegan, 
quiere escapar de su mal 
con desesperada urgencia 
y, empujada por su insania, 
tal vez se muestra violenta, 
humilla y golpea fuerte 
como la más fría fiera 
pensando que está acabando 
con su sombría dolencia, 
muchas veces, la locura 
llena de furor mi lengua, 
levanto falsas calumnias 
contra quienes tengo cerca 
porque dudo de su afecto 
perdida toda certeza, 
debemos tener los hombres 
un camino de coherencia, 
donde no haya espacio alguno 
para las iras y afrentas 
que, de nosotros, nos sacan 
dolorosamente fuera, 
mis padres me protegieron 
con excesiva cautela, 
sembraron sobre mi instinto 
inseguridad extrema, 
no me creyeron capaz 
de ninguna gran proeza, 
destruyeron mi confianza 
con su autoridad estrecha, 
su desdeñosa mirada 
paternal y mal dispuesta, 
recelosa y exigente, 
controladora y austera 
sembró una duda profunda 
en mi dolida conciencia, 
metido en su angosto cerco, 
temiendo su intransigencia, 
incubé un desmesurado 
horror a las negligencias, 
ahora me falta fe 
en la realidad más cierta, 
extiendo sobre mi vida 
las más absurdas sospechas, 
mirándome con los ojos 
con que mis padres me vieran, 
no diré que carecieran 
de la debida inocencia 
pero fueron incapaces 
y una muy mala influencia, 
quiero salir de mis dudas 
y de mis iras eternas, 
no quiero causar más daño 
ni ocasionarme más penas, 
los temores de mis padres 
merecen mi indiferencia, 
en el mundo, soy el rey 
y no me apresan cadenas. 

jueves, 18 de septiembre de 2014

La miel de mi desvelo. CVI

Quiero ser brisa
en las praderas de tu cuerpo,
rozar tu hierba y tus lagos,
tus arroyos y tus colinas
con mis dedos de aire. 

El mar de dentro. XVI

No necesito elogios, ni abnegación, 
ni gestos de reconocimiento, 
ni voceadas enumeraciones de virtudes, 
no necesito siquiera 
una palabra de afecto, 
mi orgullo solo escucha 
la escondida verdad 
que guarda el corazón del otro, 
tan decepcionante a veces 
y tan amarga. 

El mar de dentro. XV

Una sombra me fatigaba, 
lento tormento, cruel agonía, 
me sentía pequeño, 
insignificante, indigno de atención, 
nada de lo que hiciera merecía 
mi propio reconocimiento, 
no tenía piedad para mí, 
me reprochaba la vileza 
del hombre más miserable, 
no creía en la verdad 
del calor de los otros, 
el horror me turbaba, 
la amargura y la desesperación 
hacían desdichados mis días, 
con la mayor angustia, vivía 
una soledad sin ilusión, 
mi corazón vacío añoraba 
la satisfacción de mi orgullo 
sediento del honor 
que no querían concederme 
las almas a las que debía amor, 
no supe darme cuenta 
de que no era mía la culpa 
de su decepcionante tibieza 
sino de la desventurada pobreza 
de sus estrechos espíritus. 

El mar de dentro. XIV

Muerte mezquina 
portaba su regazo, 
era la madre 
de mi desesperanza y mi dolor, 
su espíritu ruin estaba 
cargado de odio y menosprecio, 
fieramente combatía 
contra mi aliento de vida 
estrangulando mi ilusión y mi orgullo 
y arrancando de mi corazón 
el placer y la paz 
y, sin embargo, ella creía 
que me estaba haciendo bien 
y que el Cielo la bendecía. 

La miel de mi desvelo. CV

A una niña que es 
más preciosa que las flores, 
¿cómo no voy a quererla 
con todas mis fuerzas, 
cómo no voy a entregarle 
mis entrañas ardientes, 
como no voy a sentirla 
llenándome el alma 
hasta el mismo borde? 

El mar de dentro. XIII

Las heridas de mi orgullo 
perturbaron mi alma 
y una vez estuve 
en un centro para enfermos mentales, 
querían que aprendiera maneras 
para comunicarme con mis semejantes, 
querían hacer de mí 
un imbécil educado y diplomático, 
un tonto que no molestara a nadie, 
un primavera útil y simpático, 
sumiso con la autoridad; 
me sentía tan humillado 
al ver mi identidad encadenada 
a la categoría de los hombres menores, 
de los que nadie ama, 
de los que se mira con aprensión 
y se apartan de la sociedad 
para que nadie se escandalice 
que apenas me atrevía a decir palabra 
y se agravó mi aislamiento; 
no les preocupaba mi felicidad, 
nada les importaba 
el bienestar de mi espíritu, 
solo querían volverme hipócrita, 
que aprendiera a mentir, 
que ocultara mis sentimientos, 
que encerrara mi alma 
en la prisión de mis adentros 
con infinito pudor 
como si fueran saludables 
la vergüenza y la asfixia. 

miércoles, 17 de septiembre de 2014

La miel de mi desvelo. CIV

Eres brisa que me invade, 
agua que fluye, 
sol que amanece en mí, 
no quiero encerrarte 
ni detener tu llama, 
solo quiero que me atravieses, 
que me traspases, 
que me roces la hondura, 
mis brazos están 
abiertos al infinito, 
mis manos nada sujetan 
pero estoy rebosando de ti, 
viviendo de tu vida, 
soñándome libre 
en tu desnuda vastedad. 

El mar de dentro. XII

Hiere hondo 
la sombra de la muerte, 
deja el alma vacía 
y con una sed infinita, 
quien hunde la mirada en el abismo 
se turba y horroriza 
contemplándose en la nada
y, con angustia, vuelve 
el rostro hacia el mundo 
lleno de ávida codicia 
pero la agonía 
se hace aún más grande 
pues todo cuanto acopia 
es reflejo inerte de lo que teme, 
solo se redime el hombre 
si abre sus manos con valor 
y deja que lo traspase 
el río de la vida. 

El mar de dentro. XI

Un agridulce rencor 
hacia mis semejantes 
ha poblado de soledad y tristeza 
todo mi camino, 
me creía despreciado 
y sentía nostalgia 
del reconocimiento de los otros, 
cargaba mi conciencia con el peso 
de las dudas más humillantes 
porque no tenía fe en mi valor, 
no me permitía tenerla 
pues, en los humanos, veía 
los jueces más extremados, 
mi profundo orgullo sufría 
y yo vivía un martirio 
infinito y desesperante, 
mi mal no encontraba remedio 
porque nunca había hallado un pecho 
lleno de indulgencia. 

La miel de mi desvelo. CIII

Tú y yo creemos 
en la inocencia de la humanidad, 
nos sentimos puros, 
liberados de culpa, 
hermosos y opulentos, 
no nos cerca la mala conciencia 
del que se somete y obedece, 
nos sabemos infinitos y excelsos 
porque vivimos 
y hemos nacido humanos, 
nos amamos con claridad, 
sin reservas ni recelos 
como si fuéramos dioses, 
anhelamos la eternidad 
y por eso nos buscamos 
con las almas en llamas, 
penetrados del seductor misterio 
que hace sublime 
el cielo en la noche. 

El mar de dentro. X

Casi toda mi existencia, 
la vida me ha negado sus riquezas, 
la ternura, el orgullo, la libertad, 
la paz, la confianza, la inocencia, 
la alegría, el respeto, 
la ilusión, la salud del alma, 
un monstruo sin corazón, 
en su vacío reinado 
de frío y apariencias, 
truncaba mis deseos 
y sofocaba mi aliento, 
yo era de su propiedad 
por obra del miedo y la culpa 
y él chupaba de mi savia 
con indolente egoísmo, 
mi espíritu mutilado 
apenas se movía, 
apenas veía luz en la inmensidad, 
apenas se concedía 
el alivio de la esperanza, 
para mi dueño, 
amorfo y desmesurado, 
estúpido y arbitrario, 
helado y hueco, 
yo no era nada 
ni merecía nada 
pero me liberó una niña 
cargada de miel y pureza, 
indulgente y cálida, 
de entrañas sencillas, 
lúcida y generosa, 
que llegó a mi puerto 
para fundar el amor 
en mi pecho desolado 
y me entregó su afecto claro 
llenando de asombro mi sentimiento 
pues nunca nadie 
había anhelado tanto mi ventura 
ni abierto su alma 
a mi sed abrasadora. 

martes, 16 de septiembre de 2014

El mar de dentro. IX

Es muy posible
que la última visión de mi espíritu
en el postrer instante de mi existencia
sea el recuerdo
de todos mis sábados,
sábados que no se celebraban,
decepcionantes y solitarios,
solo especiales para el resto del mundo,
solo cálidos y gratos para las otras almas,
de circunstancias más propicias
y con menos heridas en el orgullo
pero, entre tan amargas reminiscencias
de soledad y desilusión,
veré también brillar la luz
de aquel dulce sábado
en que la conocí a ella,
fuente interminable de esperanza,
aliento de realidad para mi ser,
redención infinita
que, con su claridad sublime,
traerá dulzura a mi agonía
para que me marche
bendiciendo la vida. 

Las musas coloquiales. CVI

A Ricardo Muñoz Fajardo 

Los versos no son para acariciar 
amablemente los pechos ufanos 
con deleites inútiles y vanos
sino para el corazón desgarrar. 

Al bien, el poeta debe empujar 
a la comunidad de los humanos 
dejándoles sus espíritus sanos, 
anhelantes de ofrendarse y amar. 

Nace el hombre con toda su bondad 
mas, al roce con la opresión, se muda 
cautivo de la culpabilidad. 

Un poema, a nuestro espíritu, ayuda 
a recordar su noble dignidad 
llegando hasta nuestra hondura desnuda.