viernes, 31 de octubre de 2014

La miel de mi desvelo. CCIX

Me importan
los sentimientos de los otros,
en los otros, veo
el reflejo de mí mismo,
los vivo dentro de mí
porque son mis semejantes,
no soy ajeno a su sufrimiento,
ni a su odio,
ni a su solidaridad,
ni a su desprecio,
los siento
en mis propias entrañas
porque, entre ellos y yo,
no hay separación,
su felicidad es la mía,
su orgullo, el mío
y también, su animadversión,
son parte de mí mismo
y, en mi pecho, hay siempre
un momento para ellos,
mi corazón no duerme,
los otros lo hieren con facilidad
la piedad lo perturba
y también, la vergüenza
porque palpita vivo
y me empuja hacia el bien
del mismo modo que hacia la felicidad
pero los otros no son
raíz de mi alma,
los otros no empapan
los cimientos de mis entrañas,
los otros no son
mi aire, mi luz, mi fundamento,
no me explican, no me dan sentido,
no son aliento de vida,
no están
en cada lugar donde haya algo de mí,
no me nutren, no me dan el ser,
no me alumbran, no me llevan
a la cumbre de la existencia,
no abren las puertas
del Paraíso para mí,
no son mi rosa blanca,
mi amanecer, mi estrella añorada,
no hacen miel de los días,
no vuelven posible la eternidad,
solo en ti, encuentro eso,
solo tú eres
lo mismo que yo. 

El mar de dentro. CXXVII

No soy
resplandor de amanecer en el horizonte,
soy llama débil, mortecina,
que se debate en noche eterna
por triunfar de la tiniebla,
no soy
pájaro dichoso, dueño de la brisa,
soy cautivo del barro
que vive en su prisión
una odisea hacia todos los sueños,
no soy
poderosa inmensidad de confines sublimes,
soy mota de polvo impotente
que, en su seno frágil y bajo, esconde
un eco del infinito,
no soy
ímpetu de tempestad, furia de volcán,
soy tibia y delicada brisa
que acaricia flores y ramas
un fugaz día de primavera. 

El mar de dentro. CXXVI

No hay otra fuente
de dignidad y ventura
que el calor que entregamos a los otros
porque es manifestación de orgullo
y de plena libertad. 

Las musas coloquiales. CXLVI

A Anmer Merinhio

Quisiera un mundo sin hipocresía,
sin frío, sin ley para el corazón,
que entregara afecto sin condición,
que ofrendara ternura sin falsía.

Quisiera amigos para el alma mía
que aliviaran mi desesperación,
alientos no vacíos de emoción
y ajenos a la humillación umbría.

Tengo una sed honda de humanidad,
duerme en mi pecho antiquísimo hielo,
fruto de mil años de soledad.

Arranco de mis entrañas el velo
y exhibo claro mi fragilidad
que, de la bondad, ardo en el anhelo. 

La miel de mi desvelo. CCVIII

A tu lado, es 
eternamente de mañana 
bajo cielo despejado y luminoso, 
todas las flores se abren 
cuando miras y hablas y caminas, 
tu alma es todo dulzura, 
tu apariencia, todo regocijo. 

jueves, 30 de octubre de 2014

La miel de mi desvelo. CCVII

Un manantial de ventura
brota de mi rincón de tristeza,
un fulgor de felicidad
destella en mi llama de fragilidad,
de lo oscuro, nace mi luz,
de mi cuidado, mi gozo,
no temo a la vida,
no temo a mi corazón,
atiendo a mi instinto
libre de frenos sombríos,
mi debilidad es mi refugio,
mi humildad me protege,
no quiero honores huecos
no quiero riquezas banales,
solo, mi música,
sublime y pura,
latiendo en mis entrañas,
solo, vivir,
ser fuego en las alturas,
conquistar la eternidad
desde el calor de mi pecho,
mi amor no es baladí, dulce muchacha,
te amo porque mi llaga te desea,
te amo
porque la brasa de mi ternura,
raíz que me alienta y fundamenta,
arde
estremeciéndome el alma
en tu hoguera gozosa. 

El mar de dentro. CXXV

Un corazón hueco y frío 
detrás de una máscara afable 
es la sórdida deuda 
que contraemos con la sociedad, 
en la calle, no importa el bien 
sino su forma, 
la tiranía de las apariencias 
llena de monstruos este mundo 
y de pavor, 
nuestras vidas. 

El mar de dentro. CXXIV

En el freno, 
en la deuda a las máscaras, 
en el vacío de la calle, hallé 
todo el mar de mis horrores, 
todo el manantial de mi angustia. 

La miel de mi desvelo. CCVI

¡Qué solo estoy, niña! 
Mi madre es 
incapaz de entenderme, 
nada que no pueda ver con sus ojos 
despierta su atención, 
vivimos la vida 
como si fuéramos vecinos, 
casi no existe 
el uno para el otro, 
yo me paso el día 
en mi desierta habitación, 
escribiendo libros 
que nadie compra, 
metido en internet 
entre vecinos virtuales 
que casi no se hacen notar 
y tú estás muy lejos 
y calladita 
como un pajarito asustado, 
parezco un fantasma 
en el mundo de los vivos 
del que nadie sabe 
y al que nadie ve, 
siempre me he sentido fuera 
del redil de los humanos, 
indigno de ellos, 
merecedor de su desprecio, 
si te tuviera a mi lado, 
me desquitaría 
de esta soledad contumaz, 
no te llenaría la cabeza 
con mis problemas y debilidades 
pero sí te mostraría 
el corazón de mi consciencia, 
allá donde más yo mismo soy, 
porque te hablaría de mi amor, 
de tus bellezas y perfecciones, 
de lo hondo que entras en mí 
y, hablándote de ti, 
estaría enseñándote 
lo más profundo de mi propio ser 
y quedarían satisfechas 
mis ansias de ser mirado y entendido 
por otro ser humano, 
tú serás algún día 
la presencia más habitual de mi vida, 
vivirás en mi misma casa 
porque me amas y deseas 
la cercanía de mi cuerpo 
y, algunas veces, bastará 
un beso en tu blanca mano 
para que mi sed de comunicación 
quede saciada enteramente. 

La miel de mi desvelo. CCV

Cuando pienso en cómo eres, 
una chiquita inocente, 
tan frágil, tan dulce, 
tan delicada, tan flaquita, 
tan graciosa, 
la ternura me desborda 
y me derrito de amor. 

Las musas coloquiales. CXLV

A Stella Maris Stemar 

Hay madres de hielo puro, 
dominantes y egoístas, 
agrias y materialistas, 
su corazón es tan duro 
que rechaza como un muro, 
dan a sus hijos amor 
como si fuera un tambor, 
redondo y estrepitoso, 
evidente y ampuloso 
pero sin ningún calor. 

miércoles, 29 de octubre de 2014

La miel de mi desvelo. CCIV

Camina por mi sendero, 
tengo una primavera para ti, 
tengo aire, luz, calor, espacio, 
libertad para ti, 
camina por mi sendero, 
es tu vía al infinito, 
en él, puedes ser tú misma 
con toda tu raigambre, 
en él, tu instinto puede 
desatar sus cadenas, 
camina por mi sendero, 
huéllame, 
súrcame, atraviésame, 
mi sendero es desembarazado, 
sin peajes que pagar, 
lo sentirás tu patria, 
la cuna donde naciste, 
la paz de tu pecho, 
el regocijo de tu orgullo, 
no encontrarás en su ruta 
ni la culpa ni el reproche, 
ni el miedo ni la amargura, 
ha nacido todo él  
solo para tu regalo. 

El mar de dentro. CXXIII

Puedo vivir sin su afecto,
sin ese afecto en el que creí
con supersticiosa fe
para no zozobrar,
puedo vivir sin su absolución,
instrumento de sus coacciones,
ya no me importa que me acuse,
que piense que soy un malvado
y que debo expiar mis culpas
con dolor y con vergüenza,
ya no tengo miedo
ni al sufrimiento ni a la opinión,
sé que merezco la vida,
la libertad y la ventura,
no se me da nada
por el chantaje de la hipocresía,
mi alma busca el bien
y no merece la humillación
solo porque se equivoque
o muestre su fragilidad,
no daré ni el más escueto
refugio al abuso
pues he podido saber
que estamos solos en la muerte
y también, en la vida,
merecemos estarlo. 

El mar de dentro. CXXII

Nunca acabé de ganar
la indulgencia de su corazón de piedra
porque no quería mi bondad
sino mi servidumbre. 

El mar de dentro. CXXI

Su tiranía es frío y vacío 
pues ha tomado su nombre a la muerte 
y, con sus ásperas manos, 
arranca de mi pecho la luz. 

La miel de mi desvelo. CCIII

Hay personas en mi vida,
en cuyo corazón,
no he sabido nunca entrar,
me conocen desde hace mucho
y creen preciso afectar
el calor del amante
pero sé que las puertas de su pecho
no se abren de verdad para mí,
tú, en cambio, ninguna emoción
te preocupas por manifestarme
y, sin embargo, no es posible dudar
de que tu alma es toda para mí,
tus entrañas son de mermelada,
eres una niña pequeña,
un ángel de labios de aurora,
en cuyo seno, no existe
refugio para la deslealtad. 

Las musas coloquiales. CXLIV

A Lluvia Rojo

Las personas malvadas, Lluvia,
no son bellas,
sus rostros pueden satisfacer
los prejuicios de la lógica y la razón
con sus formas regulares y proporcionadas
pero no alegran el corazón
porque todo, en ellos, es mueca,
el egoísmo los deforma,
los ensombrece y estira,
los sesga y enfría,
solo expresa hermosura
un alma buena,
un alma que no se ata,
que no somete ni utiliza,
que vuela y deja volar,
muchos humanos no aprenden
a amar el aire,
extinguen su llama
para servir a dioses de piedra,
entregan sus fuerzas y su existencia
a sus obcecaciones,
no son las cosas
el secreto de la vida,
el tenue brillo de las estrellas
es nuestro más alto tesoro,
cuando yo era niño, en el colegio,
se burlaban de mí
porque les parecía ridículo
mi aspecto físico,
yo me sentía indigno
y, cada vez, me fui creyendo
menos valioso,
acabé siendo un enfermo
en manos de psiquiatras incapaces,
mi camino ha sido
atormentado y sombrío,
todavía no confío
en mi propia valía,
necesito el reconocimiento
para no creerme culpable,
para no creerme horrible,
para creer en mí,
muestro en lo que escribo
mi aliento desnudo,
palpitante y vivo,
generoso,
abierto a la dignidad humana,
humillo a las tropas de la muerte
y exalto la emoción y la esperanza,
no me rindo al desencanto
porque he hecho de mi espíritu un jardín
y, sin embargo,
una llaga aún fatiga mis adentros
porque aún me siento feo,
humildemente feo,
sin un rostro
lleno de dignidad. 

martes, 28 de octubre de 2014

El mar de dentro. CXX

Mi vida no ha sido nunca 
empresa fácil, 
todo parece que me cueste más 
que a cualquier otro, 
mis pasos son lentos 
como dados sobre el lodo, 
los otros llegan antes 
sobre sus flamantes bicicletas. 

La miel de mi desvelo. CCII

No, niña, no me jacto,
no humillo al débil,
al impotente, al pequeño,
al inocente,
hiero la conciencia del hombre frío,
del alma hueca
henchida de vanagloria
y ansia de control,
hiero las murallas
del corazón del mal en la Tierra,
no me jacto,
siembro esperanza y libertad,
busco la felicidad y el placer
para mis semejantes,
poco valdrían mis poemas
si, con ellos, solo hablara
de ti y de mí,
que no somos más
que dos niños pequeños
que juegan solos en un rincón,
felices
porque los mayores no los molestan
con su estúpida lógica. 

El mar de dentro. CXIX

No es decente 
que un niño tenga que apartarse 
para que pase un político, 
no es digno 
que los enamorados se besen 
con besos de experto, 
no es honrado 
que los poemas lleven 
sello de academia, 
mi corazón está abatido, 
cansado de cumplir con obligaciones, 
quisiera que cayeran derribadas 
todas las coacciones, 
que me dejaran ser, que no me usaran, 
que no me hicieran comportarme 
como ha de comportarse un hombre 
porque lo que soy es un pájaro, 
un árbol, 
una gota de rocío, 
una estrella. 

El mar de dentro. CXVIII

No disfruta nadie 
la virtud de que se jacta 
y es casi seguro  
que ni siquiera la tiene. 

La miel de mi desvelo. CCI

Tu corazón es agua clara, 
luz de la mañana, 
verdad desnuda. 

El mar de dentro. CXVII

El ser que nos ama nos alimenta
y se funde con lo que somos,
el ser que nos usa chupa de nosotros
y cuelga de nuestro costado. 

El mar de dentro. CXVI

¿Por qué razón tendría 
que dejar de creer 
si, al hacerlo, perdería 
todo cuanto tengo? 

lunes, 27 de octubre de 2014

La miel de mi desvelo. CC

¡Qué grandes son tus ojos, 
qué llenos de delicadeza, 
qué cargados de pensamiento! 
¿Es veleidad sin sentido amarlos, 
desear que me miren 
como a lo más suyo, 
anhelar para mí los ensueños 
que pueblan su retina? 
No hay un refugio tan dulce 
en ningún lugar de este mundo 
para mi corazón desolado 
como tu mirada tierna 
flotando entre las tenues volutas 
del fuego de tus pestañas. 
¡Qué grandes son tus ojos, 
qué irreprimible añoranza 
me encendieron en el pecho, 
qué afán de ti me arrastró 
cuando pude contemplarlos! 
Habrá límites para la tiniebla 
donde se siembran las estrellas 
pero no para la hoguera de amor 
que ha hecho nacer en mí 
la miel que hay en ellos. 

Las musas coloquiales. CXLIII

A Susana Escarabajal Magaña 

Prima, para el prepotente, 
nada importa la bondad; 
el corazón de los otros 
y su sana dignidad 
daña cruel y fríamente, 
como bestia sin piedad, 
piensa que solo son dignos 
los que pueden ostentar, 
solo las formas le importan 
y muy poco la verdad, 
contemplándose al espejo, 
una máscara verá, 
amasada en vanagloria 
y en bajeza y zafiedad, 
no tiene pizca de orgullo 
y les cede a los demás, 
por la pobreza de su alma, 
su sagrada libertad 
porque renuncia a su instinto 
por su afán de aparentar, 
hiere su palabra aviesa, 
solo quiere sojuzgar, 
los sentimientos ajenos 
los cree cosa trivial 
y, por ensalzarse el ego, 
los sabe infame atacar, 
no es hombre bueno el soberbio, 
carece de humanidad, 
está vacío su pecho, 
que solo sabe agraviar, 
por darse valor, no siente 
vergüenza de degradar, 
piensa que el débil no vale, 
solo el que avasalla más. 

El mar de dentro. CXV

Contentos y optimistas, 
estrepitosos y plenos de energía, 
llenaban el patio de recreo 
los otros niños 
pero yo miraba el mundo 
con ojos de extranjero, 
ellos vivían 
una dulce existencia, 
tan satisfechos, tan ajenos, 
tan envidiablemente optimistas, 
tan capaces, tan perfectos, 
a ellos la vida les daba 
el paraíso que querían, 
a mí, tan solo, 
la desazón de una pena 
que ocultaba mi seno, 
el dolor de no sentirme 
tan digno como los demás. 

Las musas coloquiales. CXLII

A los oídos de Lluvia Rojo

El desprecio ha golpeado
mi dignidad con frecuencia,
lo merecí por castigo
y también por indulgencia,
me lo daba el enemigo
y el que muy amigo era,
lo tenía de mayores
y de personas pequeñas,
despreciaban mi idiotez
y mi gran inteligencia,
cuando erraba me agraviaban
y aun superando la prueba,
apremiado me sentía
incluso en la Nochebuena
porque dudaban de mí
si alegre estaba en la cena,
un hombre más oprimido
en el mundo no se viera,
sudaba un río de sangre
sin que admirarme quisieran,
me fatigaba en el campo
y hasta durmiendo la siesta
sin que me dieran valor
ni algo me reconocieran,
era un insignificante
hiciera yo lo que hiciera,
mis trabajos no tenían
ni vacaciones siquiera
y, aun así, yo no valía
lo que otros hombres cualquiera,
me han sacado las entrañas
a cambio de una merienda,
yo no sé si a los cerditos
tan gran provecho le encuentran
pero nunca me decían
que gran cosa yo valiera,
hasta los pájaros tienen,
que en las jaulitas encierran,
más libertad que tenía
yo mismo con esas fieras
pero no lo agradecían
haciendo que honor tuviera,
Lluvia, puedes comprender
que me falle la cabeza
y crea que me escarnece
quien elogia mis poemas
o que se ríe de mí
el que sonríe y se alegra
porque he vivido una vida
de exagerada dureza
e imagino a las personas
interesadas y aviesas. 

El mar de dentro. CXIV

Cuando, en el colegio, tenía una pelea 
para defenderme de las humillaciones 
la chiquillería de alrededor 
tomaba partido por mi oponente, 
no era plato de gusto para mí 
pegarme con nadie, 
me sabía tan amargo como la hiel 
pero saberme despreciado por la multitud, 
que es la soberana, 
la que elige y manda, 
era desolador y ensombrecía 
mis días de niñez, 
cuando salí de ellos 
y me convertí en un joven, 
apenas podía confiar 
en la buena voluntad de mis semejantes, 
seguía sintiéndome odiado 
y escarnecido por los otros, 
me creía tan diferente 
como para desagradar a todos 
y entregaba mi vida 
a la soledad y el aislamiento, 
es difícil para mí creer 
en el afecto de las personas, 
no se me ha mostrado en la vida 
excesiva indulgencia, 
mis errores siempre encontraron 
el desdén de alguien 
como si fuera el único en el mundo 
que no merecía la inocencia, 
hay quienes me aseguran 
que ahora soy muy querido, 
que mis poemas se aprecian 
y también mi corazón, 
pero yo todavía me siento 
rodeado de niños que me increpan, 
que se ríen y creen que soy tonto, 
mientras peleo duramente 
con el alma abatida 
y el pecho agraviado. 

La miel de mi desvelo. CXCIX

De la naturaleza humana, 
solo deberían hablar los corazones 
y no todos 
sino los que, como el mío, 
han entregado la vida a un semejante 
y, aun si lo perdieran, 
seguirían dándole toda el alma 
hasta la misma raíz, 
mi aliento, 
a tu pecho, está atado, 
y, hasta mi muerte, seré tuyo, 
no me importa lo que traiga el mañana, 
yo sé que tus entrañas son de ángel 
y que mereces 
hasta la última gota de mi adoración, 
solo un corazón como el mío 
sabe qué es la felicidad, 
cuánta tristeza encierra 
y cuán infinito gozo depara 
a los días de este mundo. 

domingo, 26 de octubre de 2014

El mar de dentro. CXIII

Tienen, los hombres arrogantes, 
el mundo en sus manos, 
el saber es suyo, 
el dinero es suyo, 
la lógica es suya, 
las cárceles y las leyes son suyas, 
la patria es suya, 
solo ellos pueden pensar 
y gobernar y juzgar 
y poseer y decidir destinos 
y ser escuchados y hablar al pueblo, 
yo soy muy pequeño, 
solo tengo orgullo 
y ansia de libertad 
y corazón y amor en mi pecho, 
no soy arrogante, nada tengo, 
estoy desnudo como cuando nací 
pero sueño 
con arrancar a la Humanidad 
el yugo de la autoridad 
y arrojar a un sucio abismo 
la vileza y el sufrimiento. 

El mar de dentro. CXII

Mi soledad no se cura, 
la soledad soy yo, 
mi lamento abarca 
toda mi raigambre. 

La miel de mi desvelo. CXCVIII

Bendigo la vida jubiloso 
lleno de gratitud el corazón 
porque la mujer que amo
está henchida de inocencia
como el sol de la mañana. 

El mar de dentro. CXI

Mi corazón 
no se somete al consenso, 
no sigue pautas ni códigos 
no es más que puro instinto, 
me aleja de los otros, 
me hace extraño y sombrío, 
huella sendas solitarias 
hasta rayar la locura, 
no quiere dulces prisiones 
ni cadenas de oro, 
yugos pueden perseguir 
las multitudes obcecadas 
pero él no quiere uncirse 
ni refugiarse temeroso 
sino volar al viento 
donde más libre sople la brisa, 
los pechos dormitan
en su letargo de tibieza,
no se quiebran en amor,
no arden en llamas
y mi corazón encuentra
soledad en su cielo
como si sus alas fueran
un sombrío destierro. 

El mar de dentro. CX

Tiene, el buey uncido, 
fatigada la vida, 
sus entrañas se rajan 
a la par que la tierra, 
el látigo le castiga 
por su pecado de ser. 

La miel de mi desvelo. CXCVII

Cuando vivamos juntos, 
quiero hacer de papá tuyo, 
quiero que seas mi hijita pequeña, 
mi criaturita indefensa y tierna, 
te llenaré la carita 
de caricias y besos, 
te apretaré muy fuerte 
contra mi pecho de papaíto, 
recostaré tu cabecita en mi hombro 
y besaré tu pelo y te meceré 
hasta que, dulcemente, te duermas 
en el regazo de mi cuerpo, 
pasarás media tarde 
en tu sueño tranquilo 
y yo aguardaré muy quieto 
hasta que despiertes 
imaginándome los sitios 
que, solita, has recorrido 
alrededor del mundo 
para que me dé más gozo 
tenerte en mis brazos 
hecha un ovillito. 

El mar de dentro. CIX

He sentido muchas veces
el letargo de otros pechos
en su roce frío y áspero,
en su regusto a banalidad,
escuché sus razones,
cargué con sus acusaciones
perdiendo luz y esperanza
porque me decían que no era bueno,
que mis pasos no eran rectos,
que había algo mejor,
herían mi corazón,
atormentaban mi orgullo,
sembraban miedo en mis venas
pero muy poco les importaba
porque no palpitaba una llama
cálida e infinita
en su seno secreto. 

El mar de dentro. CVIII

Y, al final, el otro 
casi siempre es el peor lugar 
donde buscar el orgullo. 

El mar de dentro. CVII

No es malo que no gustes a la mayoría 
si a ti no te gusta ella. 

El mar de dentro. CVI

Si alguien ha sembrado en tu alma 
tales dudas que no te dejan vivir, 
estudia su trasero, 
quizá sea solo un cerdo, 
todos ellos acaban 
en signo de interrogación. 

sábado, 25 de octubre de 2014

El mar de dentro. CV

No me pidáis que me comporte 
con etiqueta y decoro, 
ni que camine en línea recta 
obedeciendo solo a la razón, 
mi corazón no me deja 
pues rebosa de sueños locos. 

El mar de dentro. CIV

Amar a la patria
es como amar a una piedra
y llenarla de besos
sin que nos estén mirando. 

La miel de mi desvelo. CXCVI

Hay personas, tierna niña,
que creen más
en el valor de la vil moneda
que asen sus dedos
que en el corazón desnudo y puro
de un ser humano,
traicionan los sentimientos
porque los creen de poca sustancia
frente a la apariencia de realidad
de lo trivial y evidente,
que imaginan perla de la vida
a la que se debe servir
pero mi ansia honda
no tiene sed de posesión
ni quiere extinguir la llama
que te hace infinita,
me empuja tan solo a iluminar
mariposas en tu pecho
cada jornada que pasa
para merecer tu amor
y que no te marches nunca. 

El mar de dentro. CIII

¿Qué parajes recónditos de mi alma, 
qué simas oscuras y abismales 
abrigan esa pena de soledad 
y esa irremediable melancolía 
que, en horas de zozobra, 
aún dejan oír su rumor 
desde su distancia ineludible? 

Las musas coloquiales. CXLI

A mi amada 

Tu aliento es todo de luz inocente, 
transporta una infinita primavera, 
en tu orilla, mi pecho, ni siquiera 
el más irremediable afán, presiente. 

Un puro amanecer resplandeciente, 
una miel deleitosa, lisonjera, 
una brisa clara que me libera, 
eso eres tú en mi corazón ardiente. 

Amarte es un privilegio sublime 
que extiende eternamente la esperanza 
y del helado desencanto exime. 

Florecita de tan suave fragancia, 
pon en mí tus bellos ojos y dime 
a qué ángel debes tu fulgor de infancia. 

El mar de dentro. CII

Áspera alma, 
que perdiste la ilusión tan pronto, 
arrancada por la perfidia 
y, desde entonces, no descansas 
ansiosa de negar la vida 
por no hallarte con la muerte, 
¡cuántos rincones de tu existencia 
tienes que vaciar de luz a cada instante, 
cuánto trabajo tienes por hacer 
buscando la tiniebla 
en medio de tanta claridad! 

La miel de mi desvelo, CXCV

Niña mía, no dan mucho 
por un poema de ternura, 
nadie ofrece a cambio de él 
ni un bocadillo de chóped, 
la bondad viste muy poco 
en estos tiempos compulsivos, 
lo que cuenta son los números 
y las frías estrategias, 
no se aprecia a las personas 
sino el brillo de las apariencias, 
no dejan sitio en el mundo 
para los sentimientos sencillos, 
no se hace nada por los otros 
sin un beneficio seguro, 
el amor vale tan poco 
que no cotiza en la Bolsa 
pero vayan por este calvario 
los que viven para siempre 
que yo iré por tu sendero 
de luz y primavera 
porque tu aliento es la miel 
que me nutre la raíz 
y, sin tu amor, no tendría 
cosa que valiera la pena. 

viernes, 24 de octubre de 2014

El mar de dentro. CI

Lloviendo está 
alegría en mis adentros, 
nubes de dicha descargan recio 
en mi pecho jubiloso, 
el placer riega mis entrañas 
en miríadas de gotas 
y redondas ondas danzan 
sobre cada bache, 
el viento es esperanza, 
el oxígeno, libertad, 
el rumor del trueno, gozo, 
el rayo, orgullo, 
el afán de la tormenta, serenidad, 
la felicidad me puebla 
y conquista mis arterias, 
la negra sombra del desprecio, 
tizne diluido, 
culebrea por los desagües 
y la grieta seca del miedo, 
fundida y desmoronada, 
se cierra y muere, 
lloviendo está 
alegría en mis adentros 
dejándome húmeda el alma, 
empapada de ventura. 

El mar de dentro. C

En el arte y en la vida, 
los caminos están desiertos 
y llenos de dificultad 
porque solo los huella un alma 
y una sola vez. 

El mar de dentro. XCIX

Todo el mundo tiene
derecho a expresar su opinión
y a llenar el aire
de sus constructivas o destructivas proposiciones,
pueden decirme
en cualquier idioma del mundo,
por escrito o a voz en vivo,
en traje de etiqueta o haciendo el pino
que me estoy equivocando
y yo no los escucharé
porque sirvo a mi corazón libre
y él sabe bien lo que quiere. 

Las musas coloquiales. CXL

A mi amada 

Yo no puedo convencer, 
niña de mis pensamientos, 
a las muchedumbres grandes 
de que soy valioso y bueno, 
muy fríamente me tratan, 
me aíslan con su silencio, 
si escribo cosas sublimes, 
no me muestran su contento, 
si me quejo de abandono, 
pierdo el trabajo y el tiempo, 
muchas veces, me deprimo 
y mi amargura confieso 
porque me ignora la gente 
y me mira con desprecio 
y, aun así, vuelven su espalda 
con un desdén manifiesto, 
su opinión es que no valgo 
mas yo se bien que no es cierto, 
que se queden con sus juicios 
y les hagan buen provecho. 

No despierto el interés 
de los críticos expertos 
ni me sacan en sus blogs 
los afanosos blogueros, 
no quieren que dé una charla 
los que organizan eventos 
ni me entrevistan las radios, 
para todos, estoy muerto, 
no soy nadie en Orihuela 
pese a mis hermosos versos, 
mis poemas ya son miles 
pero muy solo me encuentro, 
se reservan los honores 
a poetas sin talento 
y a mí, que perfumo el mundo 
me dejan el sufrimiento, 
piensan que yo soy mediocre 
pero yo así no me siento, 
que se queden con sus juicios 
y les hagan buen provecho. 

Hay personas que me quieren 
por intereses diversos, 
no les importa mi dicha, 
solo mi sometimiento, 
cuando no hago lo que esperan 
me recriminan muy recio, 
poco amor sienten por mí 
aunque ellas finjan afecto, 
dudan de mi dignidad 
si un poco las descontento, 
no soy nadie en sus consciencias 
que merezca su respeto, 
soy para sus almas tibias 
no más que un trapo mugriento, 
dicen que me quieren mucho 
más no es eso lo que veo, 
me tienen por hombre necio 
mas yo por sabio me tengo, 
que se queden con sus juicios 
y les hagan buen provecho. 

Mi vida ha sido una senda
de desolación y miedo,
anhelaba con afán
digno reconocimiento
aunque, con frecuencia, hallaba
el oprobio más sangriento,
dudaba de mi valía
con profundo desaliento
obediente a los dictados
que me estaban oprimiendo,
no sabía en mí confiar
pues mi orgullo reprimieron,
me imponían unas normas
para tenerme sujeto,
me hicieron creer astutos
que una ley seguía el viento,
hay quienes dicen que fallo
pero yo sé que no yerro,
que se queden con sus juicios
y les hagan buen provecho.

Los humanos somos libres,
corceles sin ningún freno,
nuestras leyes más sagradas,
en el pecho, las leemos,
no vivimos para un dios
ni esclavos, somos, de un dueño,
merecemos desde niños
la libertad de los cielos,
como pájaros, volar
todos los hombres queremos
si un alma gozamos sana
y, en fuego de vida, ardemos,
no hay mal en el corazón,
es inocente en extremo,
nos lleva hasta el sumo bien,
mejor guía no tenemos,
quieren que siga las pautas
pero yo a ninguna atiendo,
que se queden con sus juicios
y les hagan buen provecho. 

La miel de mi desvelo. CXCIV

Ahora estás muy lejos, 
sumergida en las brumas 
de la distancia y el silencio 
pero algún día 
estarás frente a mí, 
mirándome sin decir nada 
con esos ojos que parecen 
mariposas de luz, 
aguardando a que yo desahogue 
el ansia de mi ternura 
y, entonces, llevaré 
mis manos a tus mejillas 
para sentir en mis dedos 
la miel de tu rostro 
y asegurarme 
de que, de verdad, estás a mi lado, 
muy tiernamente rozaré 
con mis yemas tu blanca piel 
pues quiero que tu corazón de niña 
descanse y se alivie 
serenado por mi caricia 
y, luego, retiraré mis manos 
para cambiarlas por mis labios 
que creerán tu carrillo 
umbral del Cielo 
y lo oprimirán con la piedad 
que se le debe a lo más sagrado, 
a lo más bondadoso, 
a lo más sencillo y niño, 
así meteré en mi existencia 
tu carne palpitante 
y toda la niebla que nos separa 
quedará detrás de nosotros 
porque habré arribado a ti 
en un beso de inocencia. 

El mar de dentro. XCVIII

Mi mar es inmenso y oscuro, 
me puebla y fundamenta, 
me perturba y regocija, 
es lo único que tengo, 
solo su oleaje en mi pecho, 
solo sus aguas saladas, 
me alejo del mundo 
por sus sombrías rutas, 
como en un fatal exilio, 
y mi mar cava en mi alma 
hasta hacerme inefable e insólito, 
estoy solo, 
solo con mi piélago 
mas, donde más dista de la costa, 
mi mar toca con el de todos. 

jueves, 23 de octubre de 2014

El mar de dentro. XCVII

Maravilla industrial 

Reducidos al imperativo de la lógica, 
exhaustivamente expurgados 
de los caprichos del corazón 
y circunscritos 
a la obediencia humilde a las autoridades, 
se pueden enlatar cinco hombres 
en un solo envase de bolsillo. 

La miel de mi desvelo. CXCIII

Hay sujetos tan mezquinos
que piensan que me hacen un favor
cuando chupan de mi sangre
y, para agradecerla, creen que basta,
un irreverente eructo,
semejantes chiquilicuatros
agotan mi paciencia
y me los comería asados
con zapatos incluidos,
tu amor y devoción por mí
no creas que son derrochados,
mientras viva, mi corazón
te ensalzará fascinado,
los besos que te prodigue
excederán en el número a las estrellas,
mi afecto será infinito
sin un día de vacilación,
no habrá en mi mirada
ni una sombra de desprecio hacia ti,
serás mi divinidad,
lo más alto que mi espíritu
alcance a concebir,
mi pecho desbordará de ti
porque seré todo tuyo,
puedes tener por seguro
que no sentirás a mi lado
la pesadumbre que a mí me inspiran
tan pesados zascandiles. 

El mar de dentro. XCVI

No, no es lógico
que un poeta se lamente
de su propia soledad,
tiene pacientes lectores
que repasan sus versos con interés
y, además, ha de mostrar compostura
porque representa un papel de dignidad
y un personaje público
jamás,
jamás puede derrumbarse como yo lo hago
pues da un mal ejemplo
a la sociedad que atiende sus palabras
pero yo no aguanto el papel
de figura seria y responsable
que actúa razonablemente
y gana medallas honorables,
soy demasiado frágil,
mi corazón es de niño,
de niño que tiene miedo
y se asusta cuando está solo,
no quiere que mienta,
me pide que no finja,
que diga siempre la verdad,
aunque no sea bonita,
aunque no se explique,
que diga solo lo que siento
sin importar si debo o no sentirlo
o si me meto en un lío
del que no podré salir,
quiere que cante la duda
que los otros sembraron en mí,
que exprese la incertidumbre
que la vida me inspira,
el horror y la amargura
de mis momentos de fragilidad,
quizá a nadie le interese,
quizá mis poemas
no valgan ni un ardite
porque me empeño en escribir
sobre lo que siento en lo hondo,
si eso fuera así,
más se perdió en la guerra,
no puedo hacer otra cosa
porque cuanto busco en las letras es
mi más completa felicidad. 

El mar de dentro. XCV

Mansamente comulgan los feligreses 
temerosos de lo desconocido, 
almas educadas para ser esclavos 
pero que no se llagan de amor, 
no quieren galopar sin freno 
ni alzarse sobre el viento, 
no más que tomar su sitio 
en la fila de la Hostia, 
no son felices sus vidas 
más que algunos ratos, 
no ilumina su espíritu 
una luz demasiado poderosa, 
no hay bondad en sus corazones 
más que la imprescindible, 
no merecen mi rencor 
sino la flor de mi paciencia. 

La miel de mi desvelo. CXCII

Dulce niña, colma mi gozo 
la magnitud de tu inteligencia, 
eres penetrante, profunda, 
te mueves entre misterios, 
tu palabra es opulenta, 
tu fantasía, exuberante, 
eres muy niña pero tan sabia 
como los más ancianos, 
tu boca es manantial para el espíritu, 
de ella brotan todos los goces del corazón, 
entra en mi alma perfumándola 
como si le arrancara música, 
tu boca es el eje de tu ser, 
es la puerta 
de la verdad y la bondad 
pero también una rosa de miel, 
tierna sublimación de la carne, 
tan pura que, si se besa, 
se toca la luz de los ángeles. 

El mar de dentro. XCIV

Muchas personas 
me han subestimado durante mi vida, 
quisiera reunir 
en un desmesurado salón 
a todas ellas, 
a quienes me hacían burla 
en el colegio, 
a mis jactanciosos primos, 
que se gloriaban de su superioridad, 
a mis tíos, 
que pensaban que yo era tonto, 
a mis compañeros del instituto, 
cargados de un sarcasmo estúpido, 
a los habitantes de la ciudad 
donde estudié mi carrera, 
maliciosos y ásperos, 
también 
a mi frívolo y hostil psiquiatra 
y a mis agresivos psicólogos 
para los que yo seguía enfermo 
no más que por obstinación 
y a todos los que han tenido a bien 
increparme con dura intransigencia 
cuando he protestado 
por sentirme despreciado 
como si fuera un crimen 
no ocultar mi amargura, 
tras reclamarles silencio 
y detener la cháchara 
que, entre todos, se formaría 
cuando estuvieran juntos, 
con total serenidad, les diría: 
-Estimada multitud, 
lo vuestro es ensalzaros 
sobre el resto de la Humanidad 
pese a que muy poco hacéis 
para ganaros tal honor, 
vuestro desprecio demuestra 
vuestra propia miseria, 
vuestra gloria vana no vale 
ni la mitad de un ochavo, 
vuestra lengua os encumbra con firmeza 
pero vuestro corazón está cargado de dudas, 
tenéis el alma 
raquítica y famélica, 
sois náufragos de la dignidad, 
caminantes a pie del orgullo, 
apenas os sentís 
más valiosos que un puñado de lodo 
y, con avaricia, robáis 
amor propio de los demás, 
vuestra verdad es que no tenéis 
un solo rincón tranquilo en vuestra conciencia, 
mi consejo es que respetéis 
con sana humildad a los otros 
y así encontraréis al fin 
el respeto de vuestro propio pecho. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

El mar de dentro. XCIII

Me aconsejan 
que no me inquiete por los otros, 
que acepte su desapego, 
su frío, 
su decepcionante indiferencia 
y yo no dejo de sentir por dentro 
que los tengo que convencer 
de que ya he cambiado 
de que, aunque, cuando era niño 
y aún muchos años después, 
me gané su rechazo 
porque para ellos era feo 
y tonto y torpe 
y débil y ridículo 
y cobarde y molesto y perezoso 
y no era interesante, 
ni maduro, ni normal, 
ni honesto, ni digno, 
y solo había para mí 
escarnio, reproches y desprecio, 
ahora tengo 
algo bueno que ofrecerles, 
ahora creo belleza 
y alimento el espíritu 
y trabajo por el bien de la Humanidad 
y consuelo los corazones 
y abro manantiales de esperanza 
y, sin embargo, siguen 
volviéndome la espalda 
como si aún fuera el de antes, 
como si fuera el de siempre, 
el que nadie quiere, 
el que no vale nada. 

Las musas coloquiales. CXXXIX

A Soy Esperanza 

Dos personas son hermanas 
aun de razas diferentes, 
aun discrepando en sus mentes, 
aun estando muy lejanas, 
aun si solo el ser humanas, 
las consigue, en algo, unir; 
gran odio pueden sentir 
y dañar su dignidad 
y atacarse con maldad 
y, siendo hermanas, seguir. 

Las musas coloquiales. CXXXVIII

A Lenara Cherneva

Son, algunos, reticentes
a aplaudir con entusiasmo;
como si tuvieran pasmo,
observan indiferentes
y comentan indolentes
lo que creó mi emoción;
tan tibia valoración
agravia mi dignidad
pues su juicio, en puridad,
puntúa mi corazón. 

El mar de dentro. XCII

"Se está usted haciendo poeta, 
ya apunta maneras"
me adulan con tibieza algunos 
cuando, en algún poema, 
expreso un odio visceral, 
intransigente y violento, 
producto de un eventual malestar; 
sin que abiertamente me lo confiesen, 
querrían ellos que dedicara mis versos 
a la hiel y el invierno, 
que me olvidara de la ternura, 
no es mi voz aún para ellos 
la de un corazón verdadero, 
la de la realidad de la vida, 
la que tiene que premiarse, 
que ganar certámenes, 
que recibir honores, 
que hacerse célebre y leída 
porque confía en el amor, 
que para ellos es una mentira, 
una fábula ingenua 
en la que sus mentes pragmáticas 
hace tiempo ya 
que dejaron de creer 
pero yo ya fui poeta 
después de mi primera sílaba 
porque la escribí con el alma, 
sin ceder a la hipocresía 
y, aunque mi pecho no está frío, 
yo sé que no me engaño, 
mi instinto vivo me lo asegura, 
un hombre ha de sentir 
con la fragilidad de un niño, 
refugiar en sus venas 
la sagrada llama 
y llegar a la muerte 
con el aliento inocente. 

El mar de dentro. XCI

En la tiniebla del ataúd, 
solo hay 
soledad y afrenta. 

martes, 21 de octubre de 2014

El mar de dentro. XC

Cuando salía de la infancia 
y me encontré ante el reto 
de abrirme al mundo, 
no pude hacerlo 
porque todo a mi alrededor 
me mostraba su banal hostilidad, 
mis padres, mi hermana, 
mis tíos, mis primos, 
mis compañeros de estudios, 
los profesores, la gente de la calle, 
el cura de mi pueblo, 
los humoristas de televisión, 
mi manual de Filosofía, 
Dios, los pájaros, el tiempo, 
mi imagen ante el espejo, 
solo en la locura y el delirio, 
se hallaba un poco de dignidad 
en aquel triste reino 
del prejuicio y el desprecio, 
los sueños se habían confinado 
a los rincones solitarios. 

La miel de mi desvelo. CXCI

Ponte para mí una falda 
que deje ver tus rodillas 
y una blusa sin mangas 
que muestre tus hermosos brazos 
y una perla en tus orejas 
y el pelo como tú quieras 
y los labios sin pintar 
y tus ojos me es indiferente, 
solo quiero que me miren 
con su tierna sencillez, 
con eso basta para que parezcan 
flores del Paraíso, 
cuando estés así de hermosa, 
quiero sentir toda esa belleza 
encerrada entre mis brazos 
y apretada contra mi pecho 
y, al compás de esos abrazos, he de darte 
la miel de mis entrañas 
en los besos de mis labios ávidos 
sobre tu inocente rostro 
pero, por más que te abrace y bese, 
el ansia viva de ti 
agitará mi corazón, 
la luz de tu gracia 
deslumbrará mi espíritu y mi deseo 
se hará desmedido, infinito, 
no sabré cómo saciarlo, 
llagará mi hondura, 
me abordará como un suplicio 
porque querré meter en mí 
toda tu dulzura, 
que se habrá vuelto tan inmensa 
como un vasto océano 
querré encerrarte toda en mí 
y no podré, 
seguirás toda fuera 
por la fatalidad del mundo 
pero semejante tormento 
no me engendrará 
ni una gota de sufrimiento, 
iluminará mi aliento 
como el más sublime placer, 
será tan gozoso 
que el Sol empalidecerá a su lado, 
no traerá dolor ni sombra 
sino extremo regocijo 
pues en él reconoceré 
el fuego de tu divinidad 
y, sintiéndolo recorrer mis venas, 
sabré bien que sí estás dentro. 

El mar de dentro. LXXXIX

Siempre he tenido este capricho, 
no merece que por él 
inflija un perjuicio a nadie, 
ni pierda mi dignidad, 
ni deje de ser dichoso 
disfrutando mi fortuna, 
a nadie le quito si lo consigo 
ningún derecho legal, 
ni me cargo la conciencia 
con un peso insoportable, 
ni tengo que bajar los ojos 
con vergüenza por un desafuero, 
no me inspira la vanagloria 
porque tengo buen orgullo 
ni el desprecio a los demás 
pues respeto a mis semejantes, 
no me guía el resentimiento 
ni la banal ambición, 
no me desvío de la verdad 
para acercar más mi sueño 
ni traiciono mi instinto 
haciendo sufrir a mi corazón, 
mi capricho es que quisiera 
ganar la inmortalidad 
y estremecer al mundo 
con la emoción de lo sublime, 
no es asunto 
de gran importancia 
que inste al poderoso Sol 
a detener su eterna marcha 
no es nada más que un capricho, 
fútil veleidad, 
que la brisa de mayo 
y la Luna llena del verano 
han sembrado en mi sentimiento. 

La miel de mi desvelo. CXC

Tu corazoncito hermoso 
quiero que esté henchido de mí, 
tu espíritu sublime y lleno de talento, 
de pensamientos sobre mí, quiero que rebose, 
tus hermosos y nobles versos 
quiero que hablen de tu amor por mí, 
eres una mujer sobresaliente 
que desempeña tareas de responsabilidad 
pero yo quiero ser también tarea tuya, 
de tu pecho de miel y mariposas, 
eres un cerebro privilegiado 
y tienes una educación exquisita 
pero quiero que me sientas tuyo 
aunque yo sea solo 
un agricultor loco y sin modales, 
quiero que hables con tus honorables padres 
y les cuentes que estás enamorada, 
que, por tu mala suerte, 
quieres mucho a un poeta borrico de Orihuela, 
cascarrabias y desdentado 
que va a desentonar en la familia 
con su urbanidad de huertano 
pero que no has podido hacer otra cosa 
porque no has sido capaz 
de sortear la evidencia de que soy tu hermano, 
tu hermano del alma 
pero que no se preocupen 
porque vivir a mi lado te va a hacer 
la mujer más feliz de este mundo, 
quiero ser importante, niña, 
por ocupar tu atención, 
quiero ser el esposo 
de una mujer prestigiosa e interesante 
y darle besitos 
en su cabecita de niña. 

Las musas coloquiales. CXXXVII

A Josefina Rubio 

Mi amor es un alma buena, 
muy sencilla, inteligente, 
valerosa e inocente, 
indulgente y muy serena, 
aunque, de pelo, es morena, 
su piel es muy blanca y suave, 
y, aunque su semblante es grave, 
es de hermosura extremada, 
guapa, joven, espigada, 
¿qué tendrá que no le alabe? 

Las musas coloquiales. CXXXVI

A Begoña Gómez Suárez 

Frío mi pecho sentía 
pues pensaba que, de amar, 
me tenía que guardar 
porque era daga que hería 
y, a los otros, ofendía 
y, al comprender que el afecto 
era inocente y correcto, 
el asombro me arrobó, 
un velo espeso cayó 
y el mundo se hizo perfecto. 

Las musas coloquiales. CXXXV

A Sunny RM 

Bendición de la existencia, 
avenida de esperanza, 
dulce bienaventuranza, 
gozosa y tierna presencia, 
enigmática experiencia 
deleitosa e inefable, 
fuerza grande, formidable 
imposible de frenar: 
eso se alcanza al amar 
con denuedo insobornable. 

Las musas coloquiales. CXXXIV

A Vicky Rodríguez 

Mis fuerzas me alcanzarían 
por mi conciencia salvar 
a condenarme a una vida 
sin amor y en soledad 
o a vivir en la pobreza 
sufriendo necesidad 
o a renunciar al buen nombre 
que los honores nos dan 
o hasta a perder dócilmente 
mi sagrada libertad, 
las amarguras más grandes 
las podría tolerar, 
con el dolor de mi pecho, 
me sabría resignar 
aunque nada en este mundo 
me supiera consolar, 
todo lo consentiría 
por salvar mi dignidad, 
el mayor bien de los hombres, 
su más profunda verdad, 
lo que obliga a nuestras almas 
y guarda su honestidad, 
lo que mantiene despiertos 
la emoción y la bondad 
y permite la esperanza, 
que jamás ha de cesar. 

lunes, 20 de octubre de 2014

El mar de dentro. LXXXVIII

Solo un corazón despierto comprende 
que la dignidad es 
el más alto de los intereses. 

La miel de mi desvelo. CLXXXIX

Quisiera verte aparecer de pronto 
en la puerta de la farmacia 
o en un pasillo del supermercado 
o saliendo de una tienda 
de todo a un euro 
y tomarte de las manos 
para cerciorarme con el tacto 
de que no eres una alucinación 
o un espectro engañoso, 
preguntaría a tus ojos 
qué tienes de mí en tu corazón 
y recorrería los dominios de tu mirada 
ansioso de hallar a esa hermana 
que tan dentro del alma se me ha metido, 
¡qué día de luz infinita, 
qué hora para el encuentro 
con la cumbre de la existencia 
y el significado del mundo, 
el momento en que, por primera vez, 
mis brazos ciñan tu cuerpo inocente! 

La miel de mi desvelo. CLXXXVIII

No goza tanto un pájaro joven
cuando, con avidez, escala el aire
colmando de brisa e inmensidad su pecho
y rozando cada segundo la eternidad,
no goza tanto un río
cuando llega a su final
y el mar le deja extender sus aguas
en su vastedad infinita,
no goza tanto el campo
cuando amanece en el horizonte
y los primeros rayos del Sol
alumbran su prodigiosa primavera
como yo cada minuto de mi vida
en el regazo de tu corazón,
jardín para mi regocijo,
manantial para mi sed,
sendero para mi libertad. 

El mar de dentro. LXXXVII

¿Por qué dicen que amar es pecado,
por qué dicen que no es rentable,
que es de tontos, de ciegos y cursis,
por qué dicen que no es urgente,
que no es necesario,
que se puede vivir sin amar,
por qué dicen que, amar, no se debe
si un día en que no se ama
es amargo como la hiel? 

La miel de mi desvelo. CLXXXVII

Iría a pie 
hasta el santuario de Lourdes, 
me bañaría con agua fría 
en Nochevieja, 
leería las obras completas 
de Benito Pérez Galdós 
si, a cambio, pudiera 
rodear con mis brazos 
tu fino cuerpecito, 
ceñir tu cinturita 
con mis manos enternecidas, 
apretar contra mi pecho 
tu delgado torso 
y deshacerme en besos 
sobre tu carita graciosa. 

Las musas coloquiales. CXXXIII

A Mónica Mera

El comercio con la vida
es hiriente e infernal,
ser diferente es normal
y es de ley que se nos pida
la misma, a todos, medida,
tenemos que reprimir
nuestro anhelo de vivir
atropellando el instinto
por no parecer distinto
y del otro disentir.

Pero, al hallar el amor,
en el otro, liberamos
las ansias que acumulamos,
despojados de temor
y del amargo pudor,
expresamos nuestra esencia
con desatada inocencia
derramando el sentimiento
con la libertad del viento
y gozamos la existencia.

No es la noble inteligencia
lo que a los otros nos une
sino el prejuicio, que, impune,
extiende su pestilencia,
sembrando nuestra indolencia
y apagando el corazón,
pierde el hombre la razón
detrás de su dignidad
y de su felicidad
al destruir su emoción. 

domingo, 19 de octubre de 2014

La miel de mi desvelo. CLXXXVI

En tus labios, no hay corrupción, 
tienen la inocencia de la infancia 
y el resplandor del sol de la mañana, 
son dulces como olas de miel 
pero serenos 
como un atardecer de otoño, 
tus sonrisas son mariposas de luz 
que se esparcen por el aire 
ansiosas de juegos y alegría 
pero, en la boca, tienes también el rigor 
del amante de la soledad 
y del espíritu indomable, 
te la he de besar 
con la pureza de un niño 
y gravemente como si se tratase
de un asunto vital
dándote en el beso la sobriedad
de mi afán por tu dicha
y el fundamento real
del sentimiento que nos une. 

La miel de mi desvelo. CLXXXV

Como un jardincito repleto
de flores abiertas,
como un lucero resplandeciente
en medio de la oscuridad,
como una aurora de esperanza
asomando hermosa en el horizonte,
así de bonito, mi niña,
es tu corazón sencillo
y, porque beba mi miel
y aparte toda tristeza,
tengo que cubrir de besos
tu carita de rosa
cada vez que aparezcas. 

El mar de dentro. LXXXVI

Frente a los otros, me siento 
tan frágil, 
tan pequeño, 
tan sucio, tan indigno, tan impotente, 
tan insignificante 
que me creo medio hombre 
viviendo una media vida, 
merecedor de un medio afecto 
y una media dignidad, 
tan culpable, me siento, tan humillado, 
tan digno de compasión, tan oscuro, 
tan triste, 
tan despreciable y horrible 
que mi voluntad recela sofocada 
y mi corazón, cargado de incertidumbre,
teme, duda y se atormenta
sin paz y sin libertad,
los otros son el prejuicio,
la arbitrariedad, el hielo,
levantan alambradas,
murallas de piedra ante sus pechos,
no atienden a sus sentimientos
sino a la hueca llamada de los sentidos,
no hay sitio en la calle para mi instinto,
el instinto es error y mancha para ellos,
no soy lo que ellos exigen
con intransigente apremio,
quizá detrás de su máscara
haya verdadera indulgencia
pero eso es un enigma
que me perturba y hiere,
me siento tan extraño,
tan lejos de mis semejantes,
tan insólito, tan desconocido, tan diferente,
tan odioso,
tan inoportuno y deplorable
que no sé por qué he nacido
ni por qué habito entre los humanos. 

La miel de mi desvelo. CLXXXIV

Niña, mi locura te preocupa 
y la combates de firme 
con el ejemplo de tu propia sensatez, 
tan sencilla es tu filosofía 
que seguirla no deforma mi esencia 
y, cada vez, mi espíritu 
se comporta más saludablemente 
y se hace más libre, 
eres lo que más quiero en la vida 
y ¿como no voy a sentir placer 
en parecerme cada vez más 
a mi tierna niña? 
Soy, de natural, encogido y temeroso, 
melancólico y exagerado 
y tú eres muy diferente 
y, aún así, eres indulgente conmigo, 
me amas tal y como soy, 
no esperas a que me corrija 
para tributarme adoración 
como harían los otros; 
hay quien se ofende 
porque rehuyo la conversación 
siendo yo de pocas palabras 
y de poca ociosidad 
porque me debo a mi trabajo, 
otros me exigen 
finura en mis maneras 
y buena educación 
como si no fuera de peor gusto 
denigrar mi buena crianza, 
hasta hay quien me amarga el día 
apremiándome a sentir alegría, 
otros me recomiendan 
técnicas para avasallar a la masa 
y venderme mejor 
cuando yo trabajo por una humanidad 
de individuos libres y orgullosos 
y algunas almas amargadas 
y sumamente atormentadas 
me vienen a presionar 
para que reprima mi tristeza 
porque la tristeza no entra 
en sus obcecados esquemas, 
el mundo está 
mucho más loco que yo, 
la lógica de los hombres 
es la de la sinrazón, 
la vida, a menudo, 
trae humillaciones sin fin, 
apenas queda sitio 
para el corazón en las calles 
y, en cambio, tú transportas 
la luz del Paraíso, 
te he convertido 
en reflejo exacto de mi ser, 
no hay otra alma en la Tierra 
tan parecida a la mía, 
solo a tu lado, 
se libera mi instinto, 
que, para tantas personas, 
es motivo de incomodidad.