sábado, 31 de enero de 2015

Refugio de sensatez. CXXIII

Son los sábados 
para sentirse valioso 
disfrutando del afecto sencillo 
pero mis sábados han sido 
sombríos y tristes, 
solitarios y tediosos, 
las estrellas de sus noches 
no brillaban para mí, 
la brisa de sus atardeceres 
no penetraba mi pecho, 
la esperanza de sus mañanas 
no llenaba mi corazón, 
en afrenta y aflicción 
pasaban sus horas monótonas 
sin conocer la luz 
de un alma afín, 
hoy es sábado y estoy solo 
en mi silenciosa estancia 
inmerso en un mundo interior 
oculto a los sentidos, 
mi alma es insólita, 
exigente para los otros, 
no hubiera podido encontrar 
en una calle corriente 
el fin de mi soledad 
pero, al llegar el sábado, 
echo de menos los espacios libres, 
las zonas frecuentadas, el tumulto, 
la animación, las risas, las voces, 
todo eso que siempre he temido 
desde que, en mi infancia, me dejara 
honda huella el escarnio, 
quisiera que la mujer que amo, 
que es tan linda como una flor 
y tan elegante como una princesa, 
estuviera hoy conmigo 
para irme a pasear con ella 
a la glorieta de Orihuela 
y caminar con orgullo 
delante de todo el mundo 
demostrándoles 
que también yo soy digno 
y merezco los sábados. 

Refugio de sensatez. CXXII

Quieren que participe 
en una revista de poetas 
con un solo poema 
que no ocupe más de una página, 
he escrito en cuatro años 
lo que más de un autor célebre 
no ha podido escribir en toda su vida 
y solo quieren darme 
menos de una página 
en medio de un enjambre 
de vates desconocidos, 
tendrán lo que me han pedido 
pero no compraré su revista 
porque no es ningún honor 
el que tan doctas autoridades 
tienen a bien ofrecerme, 
no sé si es más lo que merezco 
pero sí es más 
lo que mi corazón espera. 

Estante luminoso. XLVI

Muchas veces, me doblega 
la aflicción de no existir 
antes que mi aliento muera 
porque por algo nací, 
de no asentar en el mundo
mi más genuina raíz, 
de que mis ramas no crezcan, 
ni florezca mi sentir, 
muchas veces tengo pena 
porque me apiado de mí, 
algo me pide el instinto 
lo puedo muy claro oír, 
que me afirme, que me alumbre, 
que haga mi esencia vivir, 
llenar de significado 
todos mis pasos aquí, 
refulgir con claro brillo, 
extenderme hasta el confín, 
conquistar la dignidad 
por lo que yo soy en sí, 
no quiero mal para nadie, 
ni a los otros oprimir, 
la vanidad no me inspira, 
es más hondo mi latir, 
no es vanagloria vacía, 
lo puedo en mi pecho intuir, 
lo que me agita y perturba 
cuando pregunto mi fin, 
es un ansia de volar, 
y mis sueños conseguir, 
de respirar la grandeza 
y las venas redimir, 
de alcanzar el infinito, 
a lo más alto, subir, 
quiero la luz para el mundo, 
quiero una Tierra feliz, 
nada de los otros quiere 
mi inocente orgullo asir 
pero mi espíritu anhela 
su cometido cumplir, 
alcanzar la misma cumbre, 
salvarse y sobrevivir, 
muchas veces, me entristezco 
porque no quiero morir 
sin volverme mediodía 
y, en mi plenitud, lucir. 

Fruta madura. CLXXXI

Eres mi tierra, mi mundo, 
mi elemento, mi apogeo. 

Fruta madura. CLXXX

Voy a serte infiel 
con los dedos de tus manos, 
me los voy a llevar de paseo 
hasta mi lado del sofá 
y voy a juguetear con ellos, 
a acariciarlos, 
a darles besitos, 
a contarlos y recontarlos, 
a ponerles nombre 
y me voy a casar 
con cada uno de ellos 
en ceremonia solemne 
con música tarareada, 
casamiento tras casamiento 
hasta que los diez sean 
mis abnegadas esposas 
pero tú no protestarás 
porque te dormirás 
presenciando tantas locuras. 

Fruta madura. CLXXIX

Tú y yo nos llevamos dentro, 
nos hemos visto la raíz 
y estamos conmovidos 
por nuestro palpitante misterio, 
ahora estamos 
más solos que antes, 
cargados de ansia el uno del otro, 
la más mínima distancia es un abismo 
que nos turba y llena de afán, 
la ternura nos hiere y agita, 
nuestro deseo es miel y desazón, 
ímpetu y regocijo, 
nuestros cuerpos quieren abrazarse 
y nuestros labios besarse, 
anhelamos rozarnos, 
empaparnos de realidad, 
contagiarnos de la existencia y la vida 
que encontramos en el otro, 
despertar nuestra libertad 
desenredándonos del mundo, 
ven aquí, amor mío, 
vamos a juntar las bocas un minuto 
y a pegar nuestros pechos un corto tiempo 
para que podamos seguir 
siendo distintos. 

viernes, 30 de enero de 2015

Estante luminoso. XLV

A Anne Kathrine Michelsen 

Dos mitades como a mí 
conforman a la belleza, 
la que juzga la cabeza 
y la de la cosa en sí, 
que, aunque yo nunca la vi, 
la intuye mi corazón; 
la belleza es perfección 
para el sutil intelecto 
y, para el sentir directo, 
existencia y emoción. 

Aunque la belleza ofrece 
una forma a los sentidos, 
no son nunca percibidos 
los brazos con que nos mece 
la aurora cuando amanece, 
solo el corazón los ve 
cuando nuestro pecho esté 
desbordando tierno amor 
pues, ido nuestro calor, 
medio universo se fue. 

Fruta madura. CLXXVIII

Tus piernas son 
delgadas y regulares 
como troncos de ciruelo, 
son chorros de manantial 
que, al contemplarlos, avivan 
mi sed de ti, 
son sembrados de flores, 
caminos de primavera, 
corrientes de brisa fresca, 
arroyos de miel, ríos de blanca seda, 
siéntate frente a mí 
con la falda un poco remangada 
y los muslos cerrados 
para que pueda apoyar mis manos 
en tus tiernas rodillas 
y, acariciándolas dulcemente, 
retenerte a mi lado. 

Refugio de sensatez. CXXI

Que no se degrade a los hombres, 
que, sobre sus cabezas, 
no haya más que cielo y estrellas, 
que sus pechos respiren libres 
redimidos de la esclavitud. 

Refugio de sensatez. CXX

El escarnio y la degradación 
no es tarea de almas libres 
sino de esclavos sumisos 
cuyo roce hiere 
como un grillete vil. 

Refugio de sensatez. CXIX

Que no me llamen 
para linchar a un hombre 
que no tengo tanto estómago 
ni soy tan cobarde. 

Refugio de sensatez. CXVIII

¿Quién persuadirá a la humanidad 
a que no sea mezquina? 
¿Llegará el día 
en que se respete el corazón 
tanto como una ley? 

Refugio de sensatez. CXVII

En el país de los cuadrados, 
las conjeturas son ángulos rectos. 

Refugio de sensatez. CXVI

A ti, a quien todo el mundo desprecia 
por tu vanidad y tu jactancia, 
a ti, de quien dicen todos con desdén 
que te ciega el ego, 
a ti, que, aun después de apercibirte de esto, 
sigues atado a tu presunción 
porque es tu tabla de salvación, 
a ti quiero hablarte, 
este poema es para ti, 
para decirte que mi corazón te comprende 
y que, aunque tú no lo creas, 
las estrellas que arden en el cielo 
mientras tú mueres de frío sobre la Tierra 
admiran y envidian 
todo aquello de lo que te avergüenzas 
y que tienes de mí todo el respeto 
que te negó quien te enseñó 
a odiarte y a sentir dolor. 

Fruta madura. CLXXVII

¿Y si te dijera 
que mis manos son puras e inocentes, 
leales y honestas 
pero anhelan explorar 
la ternura de tus pechos? 
¿Me dejarías pasear mis dedos 
por su delicada piel, 
llenarme las palmas 
de su mullida materia, 
acariciar tus pezones, tan bonitos 
como flores del campo, 
dejarte en el alma 
la huella de mi veneración? 
¿Me abrirías tu jardín secreto 
para que yo me deleitara 
con su belleza infinita? 

jueves, 29 de enero de 2015

Fruta madura. CLXXVI

Tu tierna languidez 
quiero envolverla en mi solicitud, 
en mi afán, en mi fuerza, 
en mi vehemente afecto 
para contagiarte el júbilo 
que enciendes en mi corazón. 

Fruta madura. CLXXV

No ceso un instante en mi esfuerzo 
por demostrarte que adoro 
más allá de la apariencia, 
en lo más secreto de mi corazón, 
la realidad esencial 
que te subyace y fundamenta, 
no es el mío un amor tibio 
vehículo de soledad y frustración 
sino un fulgor de amanecer 
penetrando en nuestras entrañas, 
brindo al mundo una sombra 
de la ventura que nos colma, 
expreso con palabras ante él 
la emoción que me inspiras 
como si el sentir tuviera forma 
buscando en mis semejantes 
el reflejo de mi enigma, 
casi es capricho de la locura, 
patético afán de la impotencia 
pero posee mis versos
el espíritu de la verdad 
lo mismo que los besos 
que ansío entregarte, 
mi pecho no tiene
máscaras para fingir 
ni aposento para la tibieza 
porque no me empuja un interés 
sino la felicidad y el bien. 

Refugio de sensatez. CXV

Para casi nadie somos alguien,
solo un instrumento,
un provecho, un interés,
casi nadie entrega su caricia
si no te pliegas,
si no te humillas,
si no das algo a cambio,
si no borras tu rostro,
casi nadie espera de ti
que te exaltes, que sientas orgullo,
que aborrezcas los límites,
que odies la sumisión,
casi nadie te da su calor
cuando más claramente te manifiestas,
cuando más tú mismo eres,
cuando solo tú eres el fin,
casi nadie te muestra un afecto
verdadero y libre,
cargado de admiración y gozo,
deseoso de tu bien y tu ventura,
casi nadie siente tu muerte
y el vasto enigma
que nos fundamenta y hace reales
se hace polvo en la tumba
sin que a casi nadie
le haya estremecido nunca. 

Fruta madura. CLXXIV

Soy maravilloso, 
soy un gran hombre, 
soy un genio, una figura mundial, 
soy digno, importante, soberbio, 
soy valioso y hermoso,
necesito serlo
para resultarte interesante 
porque tú eres el ser 
más fascinante que he conocido. 

miércoles, 28 de enero de 2015

Refugio de sensatez. CXIV

Sí, quiero tocar el cielo 
para la humanidad 
y que los ángeles se estremezcan 
con el ímpetu de mi afán. 

Refugio de sensatez. CXIII

Camino solo 
por mi sendero de tierra 
sin que me aleje de él 
la pleitesía ni la servidumbre, 
llevo desnudo mi rostro, 
mis palabras solo sirven 
a mi instinto y mi ventura, 
poco me cuido 
del falso halago del alma tibia 
o de la amenaza de la opinión, 
nací para el bien y lo sublime, 
no pido permiso 
para sentir y existir, 
un día, me iré vacío 
pero con mi deber cumplido, 
quiero la vida para sembrar 
amor y libertad 
y, en mi tumba silenciosa, 
volverá a crecer la hierba 
porque la vanidad no me tienta 
ni la arrogancia pueril. 

Refugio de sensatez. CXII

Que tu mano suelte lo que agarra 
y se vuelva ala, 
que tu pecho deje entrar el universo 
y se extienda hasta el infinito. 

Fruta madura. CLXXIII

Si fueras mi propiedad 
y yo castrara tu orgullo y tus deseos, 
mi vida sería una tumba oscura 
porque solo canta el corazón 
cuando la libertad lo alienta 
y lo penetra el bien. 

Refugio de sensatez. CXI

No te enrolles, 
suelta tu nudo, 
libera tu corazón. 

Refugio de sensatez. CX

La felicidad es 
la expresión del instinto, 
de lo que nos late en lo hondo, 
de lo que solo nosotros somos y sentimos, 
la infelicidad es llevar 
una fría máscara 
y entregar el alma 
a la vanagloria y el rencor. 

Fruta madura. CLXXII

Ponte de pie frente a mí 
vestida con tu pantalón 
y sesga tus finas caderas, 
adelanta la rodilla, 
saca hacia atrás tu culito, 
ponte con los brazos en jarras, 
mírame con desdén mayúsculo 
y quédate así 
para que yo te contemple y goce 
en mi hondo interior 
de la miel del deseo 
y del placer de la gracia. 

martes, 27 de enero de 2015

Estante luminoso. XLIV

En este mundo moderno, 
si intentas hablar del bien, 
encontrarás pronto a quien 
te mande con sorna al cuerno 
porque no existe el infierno 
y se vive en libertad 
pero aceptar la maldad 
es herir el sentimiento 
y, alcanzando hasta el contento, 
matar la felicidad. 

Estante luminoso. XLIII

Cuando se agolpa la gente 
y se arma una barahúnda 
no anda causa muy profunda 
ni motivo inteligente 
pues el mundo es indolente 
y no se mueve ni agita 
si no oye una voz que grita 
mas lo que chillan muy alto 
de sutileza está falto 
y es cantinela refrita. 

Refugio de sensatez. CIX

Mi alma es libre 
como viento que se extiende, 
nadie dirige mis pasos 
y a nadie le debo nada, 
busco la paz de mi corazón, 
tristemente humillado 
por un mundo enfermo 
que no respeta el orgullo, 
escribo sin ocultar 
mi fragilidad humana 
despojado de palabras 
y de hueca vanagloria, 
muestro mi rostro desnudo 
al sentir de los otros 
pero mi secreto pecho 
muy pocos lo conocen, 
la autoridad no me guía 
sino mi vivo instinto, 
quisiera cambiar a los hombres, 
arrancarles su indolencia 
y su negra mezquindad, 
ellos llenaron mi espíritu 
de sufrimiento y frustración 
mas yo busco para ellos 
la luz de la libertad. 

Fruta madura. CLXXI

Estás abierta 
igual que yo, 
desguarnecida, desvalida, 
casi desnuda, esperando terminación, 
yo soy tu complemento, 
en la belleza infinita 
que tus umbrales desprenden, encuentro 
todo lo que a mí me falta. 

Fruta madura. CLXX

Para pronunciar 
el nombre verdadero de un ser humano 
hace falta mucha sencillez, 
mucha inocencia, mucha sinceridad, 
hace falta tentar su herida 
con la sutileza del respeto 
y llevarle el alivio 
de la paz y la esperanza, 
hay hombres que jamás 
han escuchado su nombre 
y otros que a ningún otro 
lo han sabido llamar 
pero nosotros nos llegamos 
a lo más profundo con la mirada 
y nuestros adentros están 
poblados e iluminados. 

Refugio de sensatez. CVIII

Hace el hombre de la calle ostentación 
de fortaleza, templanza, virtud 
porque no hay lugar en el mundo 
para la debilidad, la sencillez, 
la inocencia, la sinceridad, 
la Tierra no es para quien vacila 
y sufre y falla y llora y pierde las batallas 
y se detiene y desconoce, 
la Tierra no es para el amor, 
ni para la verdad, ni para la libertad, 
la Tierra es para las piedras, 
a las que nada les importa, 
la Tierra es para el mar 
que extiende un frío silencio... 

Fruta madura. CLXIX

Eres princesa 
del reino del amanecer, 
lleno de castillos dorados 
que resplandecen venerables 
y yo, un campesino de Orihuela 
consciente de su humildad 
que codicia la belleza 
y añora el roce de lo sublime, 
toda mi vida ha sido un afán 
de tu noble cima, 
de las rosas blancas de tus manos, 
de las perlas de tus ojos 
y el oro de tu corazón, 
eché de menos tu remanso 
inclinado sobre la azada 
en el mediodía ardiente 
y bajo la luz de las estrellas 
en noches de agrio trabajo, 
mi pecho presintió 
tu luminosa grandeza 
en los días de mi infancia 
cuando el escarnio y la humillación 
me atormentaban con pertinacia, 
intuía y esperaba 
tu brillo de esmeraldas 
en la soledad de mi adolescencia 
cuando el mundo para mí era solo 
escenario para la vergüenza, 
el instinto de ti me mantuvo en pie 
en mi juventud triste y dolorosa, 
cuando mi esperanza yacía 
exánime y derrotada, 
fuiste un grito amargo en mis entrañas 
al llegar la madurez 
atrapado en el silencio, 
con el aliento sofocado y prisionero 
y, al fin, llegaste un día 
en tu caballito de sueños 
envuelta en tu sencillez 
pero con un fulgor fascinante, 
tu majestuoso manto 
alcanzaba las altas estrellas 
pero tu alma era cercana 
como la de una hermana eterna, 
pensé que no merecía 
tu excelso regazo, 
era un bien excesivo 
para un hombre tan desengañado 
pero tú me lo entregaste 
libre de intereses, 
desnudo y entero, 
el asombro desbordaba en mis venas 
y mi espíritu desdichado 
alcanzó su liberación. 

Fruta madura. CLXVIII

Tu pelo es noche frondosa 
que desborda y empuja 
y tu rostro, el amanecer 
con gotitas de rocío. 

lunes, 26 de enero de 2015

Refugio de sensatez. CVII

¡Cómo se abate el alma, 
qué desolación la socava, 
cómo declina y cae derrotada 
cuando la empuja y doblega 
el deseo de los otros! 

Refugio de sensatez. CVI

La verdad no es un erial gris 
que, con fría impasibilidad, 
recorre la razón para cerciorarse 
de que la esperanza es imposible, 
la verdad son los deseos 
que estremecen nuestro aliento 
y hacen abrirse las flores 
en el corazón del invierno. 

Refugio de sensatez. CV

Todas las estrellas 
con su luz consoladora, 
todo el universo 
hasta la quietud del infinito, 
toda la eternidad 
en su hendidura inexorable 
a mí me pertenecen, 
los tengo dentro de mí 
llenándome el corazón. 

Refugio de sensatez. CIV

En tu mundo perfecto y pulcro, 
expurgado de emociones vigorosas, 
gobernado por la razón y el decoro, 
ceñido a las formas consensuadas, 
ordenado, tranquilo, habitual, correcto 
solo falta una cosa, la más esencial: 
tú mismo. 

Refugio de sensatez. CIII

¿Por qué me humillas 
sino porque te sientes bajo, 
por qué me atemorizas 
sino porque tienes miedo, 
por qué me amenazas 
sino porque te deseas mal, 
por qué me haces sufrir, 
por qué me niegas tu afecto, 
tu ayuda, tu indulgencia, 
por qué haces de este mundo un infierno 
sino porque no crees en ti, 
te temes y te aborreces? 

Fruta madura. CLXVII

Déjame 
que te abrace por la espalda, 
desde donde no me ves pero me evocas 
con ese recuerdo mío 
que almacenas en tu corazón, 
él besará tu pelo negro y tus hombros, 
acariciará tu abdomen y tu cintura, 
te estrechará contra su cuerpo 
para haceros uno, 
no será mi abrazo, 
será el de la presencia 
que te habita el pecho, 
el de la llama que vive en ti 
desde que nos conocimos, 
el del sueño de amor que te ilumina, 
el de la ventura que regocija tu alma 
mientras que yo estaré 
abrazando tu ausencia, 
esa ausencia en que no dejas de estar, 
de poblarme y colmarme, 
de henchirme por dentro, 
de alentar mi camino día a día, 
de traerme el júbilo del Paraíso, 
te estaré abrazando pero será 
como si estuviéramos solos, 
solos con el afán que nos habita, 
con la herida que nos atraviesa, 
con el susurro que albergamos 
mas, cuando te des la vuelta 
y nos miremos a los ojos 
y nos rocemos las bocas 
y la realidad nos invada, 
no será distinto 
porque estamos hechos de luz 
y no de ingrato barro. 

Refugio de sensatez. CII

La peor plaga 
que oprime a la humanidad 
es el miedo 
en sus infinitas especies. 

domingo, 25 de enero de 2015

Refugio de sensatez. CI

Quieren que sienta culpa 
de ser débil, 
de ser diferente, 
de ser vulnerable y falible, 
de ser un hombre 
las almas cautivas 
atormentadas por el miedo. 

Fruta madura. CLXVI

Que no me nombren virrey 
de doce partes del mundo, 
que no levanten estatuas 
celebrando mi grandeza, 
que no graben en letras de oro 
el nombre con que me llaman 
que el honor que yo deseo 
es hacerte sonreír 
y abrir flores en tu pecho, 
sembrado de mi ternura. 

Refugio de sensatez. C

El bien no es una ceremonia 
con incensario y vestiduras talares 
o una brillante escenificación 
con lágrimas y grandes palabras, 
el bien es 
el irreprimible instinto de ser, 
la verdad que esconde el corazón, 
el júbilo que nos estremece y turba, 
la dulce llave de la libertad, 
el bien lo tenemos dentro 
y nunca nos miente. 

Refugio de sensatez. XCIX

Muchos hombres van a las guerras 
pero pocos tienen la intrepidez de firmar 
el armisticio con su propio corazón. 

Fruta madura. CLXV

Amarte, luz de mis entrañas, 
es lo que muero por hacer 
y no lo que me manda nadie 
ni un precio que esté pagando. 

Refugio de sensatez. XCVIII

A veces, el miedo solo es 
generosidad reprimida. 

Estante luminoso. XLII

A Vicky Rodríguez 

Dictan los amargos fijo sendero 
para el aliento del hombre y su vida 
y quieren la felicidad prohibida 
para el espíritu libre y sincero. 

Absurdo ese camino considero, 
me aparto de su regla consabida 
que tiene a la humanidad reprimida 
y baña en agria sangre el mundo entero. 

Oprime el necio vil su corazón 
huyendo de su esencia individual 
ansioso de la paz de una prisión. 

¡Qué cobarde presuntuoso y banal 
es quien golpea con la humillación 
a quien no lleva la ruta habitual! 

Fruta madura. CLXIV

Un día te grité que te marcharas 
pensando que me despreciabas 
como si el amor fuera 
un camino de vanagloria. 

sábado, 24 de enero de 2015

Fruta madura. CLXIII

En el pecho, llevas 
mariposas rosadas, 
tienes el alma inocente y brillante 
como el sol de la mañana, 
tu mirada es pura 
reflejo de la luz de un ángel 
y tus labios son dulces 
cual olas de un mar de miel, 
toda tu carita es 
resplandor de candidez 
y espíritu de la ternura, 
tus manos son bondadosas 
y no hieren con su roce, 
tan hermoso es amarte 
que no es posible hallar más dicha 
en la Gloria Celestial. 

Fruta madura. CLXII

Lo más sublime de este mundo 
y lo más grato, 
la comezón de mi debilidad 
y el placer de mis días, 
la alegría que me traspasa, 
la claridad que me invade, 
el alborozo de mi ternura, 
el júbilo de mis venas, 
eso eres tú, 
perlita de mis entrañas. 

Refugio de sensatez. XCVII

Con astucia, intriga el alma mezquina 
buscando el calor de la opinión, 
no da a los otros cuanto tiene 
sino no más que lo imprescindible. 

Refugio de sensatez. XCVI

Que desprecien mis poemas
los hombres de grandes miras,
los que viven para escalar puestos
en la jerarquía de los alientos,
que mantengan sus corazones
dormidos y apagados,
sin echar de menos las emociones
por tenerlas en poco,
que arrostren su existencia gris,
apegada a su negocio,
creyendo que la felicidad es
acumular dinero y bienes,
vanagloria y poder,
que sigan pensando tranquilos
que me equivoco
y teniendo en muy poco
a sus semejantes y a sí mismos,
que renieguen de su grandeza,
de su libertad, de su deber de hombres
por el mezquino salario de paz
que les proporciona su sumisión,
ellos pierden más que yo,
ellos pierden la vida
y, en su secreto interior,
lo saben y sufren. 

viernes, 23 de enero de 2015

Refugio de sensatez. XCV

Vuestro sofá 
está tejido en sangre y humillación, 
no es vuestro, 
no lo ha ganado vuestro corazón, 
os está devorando el alma, 
está enterrando vuestra vida 
sin daros más 
que una paz vendida que os afrenta, 
dejad de mirar la tele, 
miraos hacia dentro, 
hacia lo que os late en lo hondo 
y considerad si es sabio que se lo entreguéis 
a la sumisión y al sepulcro. 

Refugio de sensatez. XCIV

Ya no quiero seguir 
pagando un tributo de vergüenza y culpa 
por lo que siento y soy, 
ya no quiero rendir cuentas 
por lo que puedo y no puedo hacer, 
por lo que aparento o no aparento, 
soy un hombre 
con rostro y con alma, 
real y vivo, 
no se puede humillar 
un corazón humano, 
es noble y alto 
como una estrella en el cénit, 
que dejen todos los premios 
para los pechos huecos 
que el mío palpita vivo 
y ya se sabe honorable. 

jueves, 22 de enero de 2015

Fruta madura. CLXI

¿Dónde habrá una rosa tan fresca, 
tan sublime, tan delicada, 
tan exuberante y bella 
que se pueda comparar 
con los labios de tu boca, 
fascinante fruta del Paraíso 
que estremece mi alma 
y conmueve mis entrañas? 

Refugio de sensatez. XCIII

Tengo plena fe 
en la perfección de mi arte 
y me quedan pocas dudas 
sobre las ideas que defiendo, 
amo a quien debo amar 
y quiero a quien mi corazón desea, 
mi orgullo es firme y mi libertad 
no se deja doblegar 
pero vacilo en la soledad 
como un cristo en su fría cruz 
y el silencio me inquieta 
como una culpa. 

Fruta madura. CLX

No te tengo entre mis brazos, 
no estoy besando tu rostro, 
no te acaricio, no te contemplo, 
estás muy lejos, muy escondida, 
huyendo de las ataduras 
porque reverencias la libertad 
pero sé quién eres 
y lo que eres 
y mi aliento está 
rebosando de ti. 

Refugio de sensatez. XCII

Quisiera no dudar 
de que soy un hombre digno 
pero no puedo, no soy capaz, 
me falta fe, 
me la quitaron o la perdí por el camino, 
no quiero entrar en el redil 
de las almas sin rostro, 
que no quieren ser más 
que lo que esperan de ellas, 
por eso estoy solo y tengo frío 
y avanzo hacia la muerte 
con la amargura del vencido. 

Refugio de sensatez. XCI

Hay personas más rudimentarias 
que bestias de muladar 
con oficio de escritores, 
no hay gramática para ellas 
y menos aun 
tema del que hablar. 

Fruta madura. CLIX

Tú y yo somos personas, 
sensibles, buenas, sencillas, 
vivimos de sentimientos, 
en poco nos parecemos 
a toda esa tropa de divinidades 
que voy topándome en el camino 
atadas a su atributo, 
invulnerables y mezquinas. 

Refugio de sensatez. XC

No quiero más que vivir como hombre 
mi única vida 
y mantener muy lejos de mí 
a los alientos de pedestal. 

Refugio de sensatez. LXXXIX

¿Y qué, si soy débil? 
¿Y qué, si fallo y muestro mi torpeza, 
si parezco incapaz, vulnerable, 
mediocre y cobarde? 
¿Qué saca de la vanagloria el corazón, 
para qué sirve negarse a sí mismo? 
¿Hay un oprobio mayor 
que traicionarse para los otros? 

Refugio de sensatez. LXXXVIII

El hombre ha perdido el alma 
a fuerza de creer en las explicaciones. 

Refugio de sensatez. LXXXVII

El malvado es un cobarde que teme 
la venganza de su corazón. 

miércoles, 21 de enero de 2015

Refugio de sensatez. LXXXVI

¿Pero hay felicidad alguna 
en faltar al deber? 

Refugio de sensatez. LXXXV

En esta sociedad tan atemperada, 
hasta los asesinos 
pueden hablar de amor. 

Fruta madura. CLVIII

¿De qué me precio yo? 
Del sufrimiento que he arrostrado 
sin apenas ayuda ni consuelo, 
de no creer ya en las caretas 
de la calidez urbana, 
de no haber prestado nunca oído 
a la voz de la deshonestidad, 
tan seductora para tanta gente, 
de estar solo y desnudo ante mi corazón 
y no tener la cobardía 
de fingir acatamiento y lealtad 
a una moral tibia y podrida, 
paraíso de los hipócritas, 
no me precio de poeta bueno 
sino de amante de lo sublime, 
no me precio de culto o entendido 
sino de tener el alma estremecida 
y no me precio 
de haber conquistado el pecho 
de una mujer bellísima e inteligente 
sino de sentir el amor 
atravesándome las entrañas 
y existir para ti 
y darte hasta la última gota 
del aliento que me fundamenta 
sin que el desagradecimiento vil 
me lleve a mezquinarte 
el infinito bien que te debo. 

Estante luminoso. XLI

A Maripy Gutiérrez García 

Un mundo injusto y brutal 
atacó mi sano orgullo 
y el dolor, como un murmullo, 
entró en mi sima abismal, 
puedo combatir mi mal 
soñando con lo sublime, 
no otra cosa me redime 
de la vil humillación 
y habita mi corazón 
para que en mucho me estime. 

Estante luminoso. XL

A Giordano Genghini 

Quienes siembran sufrimiento 
y humillan la dignidad 
sin motivo y por maldad 
y matan su sentimiento 
y encarcelan el aliento 
y acaparan bienes vanos 
y ansían honor ufanos 
y no saben bien amar 
y viven de aparentar 
¿qué rincones tienen sanos? 

Quien ama con lealtad, 
y es sencillo y generoso 
y sanamente orgulloso 
y adora la libertad 
y no sabe de maldad 
y expresa su hondo sentir 
sin, por la opinión, fingir 
y por los otros trabaja 
y al burdo lodo no baja 
¿qué placer no va a vivir? 

Tiene el hombre condición 
luminosa y bendecida, 
ha de caminar la vida 
guiándose por el son 
de su amable corazón, 
le empuja al bien el instinto 
pues, aunque siente distinto 
cada individuo normal, 
nadie nace con el mal, 
lo creo cual os lo pinto. 

Estante luminoso. XXXIX

A Sharif Jhurry 

Para el mundo poseer, 
hay que asirlo con el pecho 
sin buscar nuestro provecho, 
vivirlo en su mismo ser, 
sentirlo en el alma arder, 
atraparlo en la prisión 
de un sencillo corazón, 
huir del materialismo 
estimándose a sí mismo 
y querer sin condición. 

Estante luminoso. XXXVIII

A Consuelo González Rodríguez 

Las palabras del sentir 
no significan igual 
que las del uso habitual 
porque tienen que servir 
al oficio de vivir 
mas los signos consensuados 
están muertos y enterrados, 
son solo cáscaras huecas, 
pieles frías y resecas, 
caminos ya rematados. 

Fruta madura. CLVII

¿Quién puede tener un corazón
más tierno y bueno que el tuyo
si no te encuentro ni un rinconcito
para la malicia o el odio?
Eres un albaricoque rosado,
dulce y sabroso,
gala de la primavera,
esplendor de la vida,
te he de dar cada día
un río de besos
y un mar de caricias
para que no tengas que volverte nunca
ni vieja ni maligna. 

martes, 20 de enero de 2015

Fruta madura. CLVI

¡Qué valor da la gente a las palabras! 
Por un buenos días
brilla el hombre vil 
en la opinión de los hipócritas, 
por un que se mejore
se cambia un testamento a última hora, 
por un chiste trillado y fácil, 
estalla en estrepitosas risas una reunión. 
¡Qué fe tienen en la forma los hombres, 
qué ansia de apariencias y ruido 
los agita y arrastra 
como si no creyeran en nada 
y quisieran adormecer su desolación 
con el esplendor de una escenificación! 
Nosotros dos no actuamos, 
ni hablamos con las palabras, 
ni nos amamos según las normas, 
entregamos cada minuto 
al corazón y a la vida, 
no volvemos sobre nuestros pasos, 
cada amanecer volvemos a nacer, 
cada sílaba de nuestra boca es 
un eco de nuestra alma. 

Refugio de sensatez. LXXXIV

Cuiden de su castillo de hielo
los que vayan a vivir mil vidas
que yo, que solo tengo una,
solo me ocuparé de mi corazón. 

Refugio de sensatez. LXXXIII

A diez metros bajo la nieve,
los poemas de Verlaine
suenan igual de exquisitos
para los eruditos exigentes. 

Refugio de sensatez. LXXXII

Todas las formas de vida 
que subsisten en las proximidades 
del cero absoluto 
se muestran muy afectadas 
ante los familiares de sus difuntos. 

Refugio de sensatez. LXXXI

No tiene que quererme nadie 
que lo considere improcedente, 
por seguro, que merece 
toda mi comprensión 
y todo mi encomio. 

Refugio de sensatez. LXXX

Yo no soy tan importante 
como el alcalde de mi pueblo 
ni valgo tanto 
como los amigos de mi cuñado, 
siempre he sido muy consciente 
de mi insignificancia, 
de mi pequeñez, 
de lo irrelevante que soy 
para los otros, 
y aun así añoraba el calor 
de los espíritus de oro, 
de esas raras joyas 
que el Cielo regala a la Tierra, 
soy así de codicioso 
siendo tan mezquino 
porque la vida es baldía si no nos roza 
la luz de los ángeles, 
no es muy fácil encontrar 
a uno de ellos, 
hay pobres que no parecen ángeles 
pero sí lo son 
y ricos que lo parecen 
aunque no lo sean, 
puedes errar toda la existencia 
sin reconocerlos, 
no pensé tampoco probable 
que ellos me quisieran a mí, 
exhibía para seducirlos 
la profundidad de mis sueños 
pero no les podía ocultar 
lo que, en esencia, soy, 
mi miserable realidad, 
la soledad terrible de mi alma, 
el agravio de mi debilidad, 
me han abierto la puerta 
para mi asombro unos cuantos 
pero uno de ellos brilla 
con el fulgor deslumbrante 
de la más sublime belleza, 
me ha acogido en su dulce seno 
donde he hallado el Paraíso, 
le pedí piedad 
cuando necesité su perdón 
y un corazón frío 
cuando esperaba la verdad 
y, pese a ser yo tan poco, 
he conseguido la gloria 
que traían sus albas manos 
un sábado silencioso 
del mes de febrero 
con una primavera emboscada 
para mis entrañas, 
yo no quería honores 
ni vanagloria, 
no quería poder 
ni privilegios, 
no quería humillar a nadie 
ni quitar a nadie nada, 
solo quería el amor 
del ángel más radiante 
pese a mi bajeza y ruindad 
porque hasta la más pequeña partícula 
de mis adentros viles 
ansiaba el Edén 
y soñaba merecerlo. 

Estante luminoso. XXXVII

A Eya Jlassi 

El que no quiera agotar 
el interés por la vida 
y hacerla gris y aburrida 
sin nada más que esperar 
guárdese de traicionar 
la verdad de su sentir 
por a los otros seguir 
o sacar banal provecho 
pues un corazón deshecho 
no aguarda más que morir. 

lunes, 19 de enero de 2015

Fruta madura. CLV

Cielo mío, para mí tú eres 
como la isla misteriosa de Julio Verne: 
en ti encuentro de todo, 
tienes todas las cosas que necesito, 
si me siento frente a ti 
y me pongo a mirarte y a acariciarte, 
no echo en falta ya nada, 
todo lo que preciso 
lo estaré viendo y tocando, 
desde tu pelo negro 
hasta las uñas de tus pies, 
todo lo que tienes lo quiero, 
todo es bueno para mí, 
todo me vale y aprovecha, 
todo me es imprescindible 
y, si te miro el alma, 
que me ocultas con pudor 
como un pajarito tímido, 
me pasa lo mismo 
porque la tienes tan bella, 
tan sublime y fascinante 
que ya no puedo vivir sin ella 
y se me ha pegado al aliento, 
cielo mío, estás muy bien provista, 
cuanto pueda desear 
en ti se halla, 
no me gusta abusar ni acaparar 
pero te quiero entera 
porque vine al mundo 
con tu hueco en las entrañas. 

Refugio de sensatez. LXXIX

Ascienda mi corazón 
hasta la corte de los ángeles 
y encuentre la luz 
de sus sublimes pechos 
rebosantes de bondad y libertad 
y niégenseme con rigor 
los honores fatuos 
o la hueca reverencia 
de los hombres crueles 
que mi aliento halla alivio 
no más que en el bien puro 
y en la suma belleza 
y no tengo más orgullo 
que la inocencia 
y el servicio a la verdad. 

Refugio de sensatez. LXXVIII

Silencio y frío, 
olvido y distancia 
para un corazón vivo, 
para un alma sedienta 
porque al mundo no le importan 
los hombres pequeños, 
los que solo dicen 
la verdad desnuda. 

Refugio de sensatez. LXXVII

Ilustres, bondadosos y sabios rabinos, 
soy solo un poeta, 
no tengo poder alguno, 
mi lengua es mi única arma 
y no la dirigiré contra vosotros 
pero decidme, 
si vuestro dios es amor, 
si bendice en vuestro pueblo 
a todos los hombres, 
si tiene un pecho 
infinitamente misericordioso para los justos, 
¿por qué Israel mata niños, 
por qué tortura a adolescentes, 
por qué extermina a un pueblo 
y lo atormenta sin compasión? 
¿Qué creéis que dice de eso Yahveh? 
Contestadme honradamente, 
sin que os domine el interés, 
abriendo vuestras manos 
al compás de vuestros corazones, 
¿qué creéis que dice de eso vuestro dios, 
vuestro dios de piedad, 
vuestro dios de justicia, 
vuestro dios de misericordia, 
vuestro dios de paz, 
vuestro dios generoso y grande? 
¿Qué espíritu habrá en su mirada 
mientras contempla el cadáver diminuto 
de un niño palestino 
sacrificado por Israel? 

Fruta madura. CLIV

Tu apariencia es miel esperada,
alborozo bienvenido 
porque está llena de mí mismo, 
de mi esencia más irrenunciable, 
de lo más hondo que me fundamenta, 
tu belleza emana del bien puro 
y yo lo sirvo a él 
y vivo para él
desde el mismo instante en que nací. 

Fruta madura. CLIII

No soy poeta de carnet, cielo mío,
podrían denunciarme y obligarme
a pagar una multa
por no tener permiso de la autoridad
para escribir versos,
soy un pseudopoeta
sin título acreditativo
expedido por un catedrático
custodio del consenso
y las buenas costumbres,
soy un poeta ilegal
que te habla de su amor
sin licencia y a hurto,
no tengo en regla los papeles
para cantarte mis sentimientos
pero nadie en la Historia podría
hacerlo mejor que yo
porque, aunque no sirvo a ningún amo,
mi alma desborda
de fuego y vida. 

domingo, 18 de enero de 2015

Fruta madura. CLII

Tienes las piernas bonitas 
como ramas de manzano en flor, 
deja que me deshaga en besos 
sobre tus dulces muslos, 
remangada tu falda 
para mostrar tan blancas rosas, 
deja que roce los poros 
de tu piel sedosa y fresca 
con mis labios inocentes 
besando con devoción tu tierna carne 
que quiero reverenciar 
tu realidad amada 
y dejarte en el alma 
la miel de mi afecto. 

Fruta madura. CLI

Tu carita es miel y rosas 
y ansío acariciar 
tus mejillas blancas 
con mis dedos reverentes 
para que tu corazón sepa que eres tú 
mi sueño de belleza. 

Estante luminoso. XXXVI

A Lluvia Rojo 

¿Y si el corazón humano 
un buen día comprendiera 
que su esencia verdadera 
es abrir franca la mano, 
y soltar su peso vano, 
y, a la bondad consagrado, 
diera al mundo su cuidado 
y hasta le supiera mal 
nutrirse de un animal, 
por el bien, iluminado? 

Refugio de sensatez. LXXVI

Quien traiciona a su corazón
esconde veneno para la Humanidad. 

Refugio de sensatez. LXXV

Siempre ha sido un error sentir, afligirse, 
sucumbir a la debilidad, estremecerse, 
amar, querer, añorar, ilusionarse, 
siempre ha sido un error vivir, gozar, 
buscar la felicidad, ser un hombre, 
siempre ha sido lo mejor el odio y el sufrimiento, 
el desprecio y la humillación, 
la intransigencia y la violencia, 
la autoridad tiene muy claro 
que ser es una infamia. 

Refugio de sensatez. LXXIV

Aquellos días en el campo, 
cuando vi que, para mis primas, 
yo no era nadie 
añoré un reino 
con castillos de oro y diamantes 
para merecer su mirada 
y no, el frío desprecio 
de sus corazones desdeñosos. 

Refugio de sensatez. LXXIII

Desterraría de mi alma las tristezas
que brotan de mi obcecación
arrojándolas a un abismo
pero las que siente mi corazón
quiero escucharlas
con la miel amarga que destilan
porque me tocan la raigambre
y sin ellas no soy libre. 

Estante luminoso. XXXV

A mi amada 

Cielo mío, nuestro amor 
es más puro que la aurora 
y su llama redentora 
es la ventura mayor, 
este deleitoso ardor 
no tiene par en el mundo, 
es un bienestar profundo 
que envidiarían los dioses, 
quieren ellos que reboses 
de la miel donde me hundo. 

Cielo mío, nuestro gozo, 
nuestra gran felicidad 
desborda la inmensidad, 
es un extremo alborozo, 
encierra nuestro retozo 
los placeres del Edén, 
todo en él es sumo bien, 
todo apacible dulzura 
pues la más alba ternura 
nuestros corazones ven. 

Esta dicha pocos gozan, 
no han nacido muchos sabios, 
no saben decir mis labios 
lo que mis adentros rozan 
y con qué gusto retozan, 
pocos aman de este modo, 
se idolatra el sucio lodo, 
se venera la maldad, 
se mata la libertad 
y se reverencia el odio. 

Vivan los otros su infierno, 
mientras nosotros gozamos 
y, en el bien, nos deleitamos, 
nuestro cariño es eterno 
nunca llegará el invierno, 
surcamos la primavera 
más hermosa y lisonjera, 
somos dueños de la vida 
y un ángel bueno nos cuida 
con su llama verdadera. 

Estante luminoso. XXXIV

A Susana Escarabajal Magaña 

Si otro ser te menosprecia, 
no te sientas desolada, 
abatida ni humillada 
porque es persona tan necia 
y de ignorancia tan recia 
que, en comparación, los pavos 
tienen cerebros más bravos 
y las bestias más salvajes 
parecen humildes pajes 
aunque les cuelguen los rabos. 

sábado, 17 de enero de 2015

Estante luminoso. XXXIII

A Teresa Quintanasánchez 

Para vencer una duda, 
yo me toco el corazón 
por recordar la emoción 
que, aunque esté escondida y muda, 
todos mis pasos anuda 
y fundamenta mi vida 
y, su evidencia sentida, 
poco me importa si ignoro 
lo accidental y accesorio 
pues la esencia ya es sabida. 

Estante luminoso. XXXII

A Txaro Cárdenas 

¡Qué latoso es el temor! 
Quítenme esas inquietudes 
que acuden en multitudes 
esquilmándome el valor, 
que no me acuda pavor 
por ociosas fantasías, 
que no me amarguen los días 
absurdos presentimientos, 
que se me lleven los vientos 
tan mostrencas agonías. 

Refugio de sensatez. LXXII



Las estrellas brillan en lo alto, 
en su corte de honor 
pero yo estoy solo y humillado 
en la oscuridad miserable de la noche 
dolido por mi pequeñez, 
mi mezquindad y mi impotencia. 

Fruta madura. CL

Soy fiel a la verdad, 
siempre he vivido con lealtad 
a lo que soy y siento, 
nunca me ha conducido la vanagloria 
porque tengo un orgullo sencillo, 
he conquistado tu pecho 
con mi corazón desnudo, 
nos ha anudado el bien y la inocencia 
y no el interés y la mentira, 
la armonía del mundo me penetra y colma, 
mi alma palpita viva 
con el pulso del universo, 
soy un hombre honrado 
que nació y morirá 
con las manos vacías 
pero que, en el puro amor, se siente 
digno de ti. 

Fruta madura. CXLIX

Mi mayor gloria en la vida 
es que sigas a mi lado 
aun pudiendo marcharte para siempre, 
no hay poder en la Tierra 
que merezca tan extremo privilegio, 
no hay dignidad tan encumbrada 
a la que se haga tan excelso honor. 

Refugio de sensatez. LXXI

No soy de nadie,
no obedezco a nadie,
no sigo a nadie,
no aprendo de nadie,
vivo, respiro, siento,
camino libre. 

Refugio de sensatez. LXX

Mi corazón es dulce 
y los ángeles me protegen. 

viernes, 16 de enero de 2015

Fruta madura. CXLVIII

Tú y yo somos 
el mismo soplo de vida, 
el mismo sueño, 
el mismo camino, 
la misma flor, 
el mismo rayo de luz, 
el mismo impulso de existir, 
no puedo abandonarte, 
ni hacerte mal, ni despreciarte 
porque somos lo mismo 
y queremos lo mismo. 

Fruta madura. CXLVII

Como se querría a un ángel 
que nos iluminara el corazón 
con el resplandor de la bondad y la vida, 
así te quiero yo, alma mía, 
con tanta pureza y vehemencia 
que no me acuerdo de mí. 

Refugio de sensatez. LXIX

Amo, siento, sufro, me estremezco, 
luego existo. 

Fruta madura. CXLVI

Dudo de la luz del Sol,
dudo del frío sórdido y desapacible
de mi sombría estancia,
dudo de las montañas
que se yerguen en el horizonte,
no estoy seguro del mundo,
la evidencia no conquista
las murallas de mi corazón duro,
dudo de que esté vivo,
de que haya nacido, de que camine
y sienta y perciba,
temo que nada sea, que solo haya tiniebla,
que repose en la tumba,
que ya haya muerto,
que la luz del Paraíso solo sea un sueño,
evanescente como una niebla,
acércate a mí
y ase mis manos,
quiero mirarte a los ojos
y reconocerme en tu mirada,
dudo de mí,
no sé quién soy,
no sé a qué he venido a la vida,
mírame a los ojos
y llena de verdades mi pecho,
atraviesa la inmensidad que nos separa,
todas esas tierras y esos mares
que te alejan de mí
y recoge mi suspiro
de agonía y miedo
mientras me miras sin hablar
empapándome el alma
de la certeza de ti. 

Refugio de sensatez. LXVIII

Tengo miedo,
el mundo me parece
helado y vacío. 

Fruta madura. CXLV

Eres tan bonita que tu belleza 
merecería un nombre distinto. 

jueves, 15 de enero de 2015

Refugio de sensatez. LXVII

Todos los hombres 
estamos unidos por el corazón, 
lo más insólito es 
lo que llevamos más hondo. 

Estante luminoso. XXXI

A Sonia Corrales 

No es opinión lo que escribo 
sino la llaga más honda 
que, en mi corazón, se esconda, 
las palabras me prohíbo, 
cada renglón late vivo 
sin lugar para fingir 
retratando mi sentir, 
quien me quita la razón 
obra mi exterminación 
pues digo para existir. 

Estante luminoso. XXX

A mi amada 

Me afano por tus deseos, 
mostrarte mi amor profundo, 
volver más libre este mundo, 
curar mis arranques feos, 
acallar mis gimoteos, 
doblegar mi desconfianza, 
tener bienaventuranza 
y, en todo lo que me pides, 
con mi voluntad coincides 
colmándome de esperanza. 

Fruta madura. CXLIV

Eres el enigma más profundo, 
ni siquiera es más impenetrable 
el espíritu de la noche 
o el abismo de la eternidad, 
la raíz de tu mirada se hunde 
en la inmensidad infinita, 
no tienes orillas, 
bebiendo tu misterio, me hago dueño 
del universo y la vida. 

Fruta madura. CXLIII

Al bien no se puede renunciar, 
no puedo renunciar 
a la rectitud de mis actos 
ni a la luz de tu corazón. 

Fruta madura. CXLII

Culmina tu blanquísimo rostro 
abundante pelo negro, 
tienes facciones de ángel bueno, 
cargadas de miel y ternura, 
las guardo muy dentro 
de mis entrañas amantes, 
déjame sentir en mis dedos 
los pétalos de tus mejillas, 
la seda de tu cabello, 
el nácar de tu frente, 
deja que cubra de besos 
tu carita divina, 
la bondad de tu corazón 
es mi único refugio. 

Refugio de sensatez. LXVI

¿A quién tengo que obedecer,
ante quién tengo
que abatir con vergüenza el rostro,
quién es mi maestro, mi dueño,
mi tutor, mi autoridad,
quién puede premiarme o castigarme,
ensalzarme o humillarme,
absolverme o condenarme
si mi secreto pecho me dicta
el bien en toda su pureza? 

miércoles, 14 de enero de 2015