sábado, 28 de febrero de 2015

Fruta madura. CCLIV

Si yo fuera 
solo un poco inteligente, 
me afanaría por conseguir 
lo que me muestran los sentidos, 
siervos de la decepcionante evidencia, 
sin reparar en que no soy
huésped del mundo 
sino de la eternidad, 
haría lo que los hombres grises, 
empeñarme en acaparar 
sumergido en frías tareas, 
sin permitirme tiempo alguno 
para escuchar a mi corazón, 
que solo quiere sentirse vivo 
y expresar su misterio 
y me creería muy inteligente 
cuando tuviera las manos llenas 
y el estómago bien provisto 
y vería en los otros 
negros adversarios de mis intereses 
y pugnaría contra ellos 
por la hegemonía en el mundo 
pero yo no soy 
solo un poco inteligente 
pues no tengo nada de necio 
y por eso no busco 
el grosero provecho 
sino la luz del sentimiento 
y el alma de la dignidad 
y amarte es el más esencial 
de los deseos que me mueven 
sin importarme que no entrañe 
una cifra en crecimiento. 

Estante luminoso. LXXXVI

A Zoila Saavedra Alvarado 

¡Qué mezquina es la cosecha 
de los hombres en la Tierra! 
Cuanta hacienda el mundo encierra 
queda a la muerte deshecha. 
¡Qué desmedida es la brecha 
entre el dentro y el afuera! 
No retenemos siquiera 
el aliento que tomamos. 
¡Qué vanamente esperamos 
pertenencia verdadera! 

Somos hijos de los sueños, 
vapores de las estrellas, 
no dejamos nuestras huellas 
pues de nada somos dueños 
sobre senderos pequeños 
hechos en el barro frío 
sino sobre el vasto río 
que atraviesa el ancho cielo, 
misterioso como un velo, 
del deseo labrantío. 

Refugio de sensatez. CCXXVII

Deja el estío 
las tierras vacías y arrasadas 
así como a los hombres 
el rigor de la muerte, 
cosechan los campos 
con favorable opulencia 
pero mis frutos solo son 
soledad y silencio. 

Refugio de sensatez. CCXXVI

Quiere este mundo de lodo y piedra
dejarme amargo despertar
este sábado de esplendor distante,
mi pecho está tibio,
el camino, desierto
y, bajo un cielo claro y deslumbrante
de primavera precoz,
el insidioso desencanto se afana
por invadir la vida. 

Estante luminoso. LXXXV



A los oídos de Lluvia Rojo 

Yo no quiero dos esposas, 
soy honrado y muy leal 
no debe tener rival 
mi manojito de rosas 
mas las mujeres hermosas 
conmueven mi corazón 
sin moverlo a la traición 
y le causan regocijo 
pues, por su rostro, colijo 
su benigna condición. 

En tu cara luminosa, 
puedo leer tu bondad, 
tu sana sinceridad, 
tu sencillez candorosa, 
tu condición afectuosa 
y, aunque es este mundo oscuro 
y con frecuencia, muy duro, 
al mirarte a tu semblante, 
tan sereno y tan brillante 
me represento el bien puro. 

Fruta madura. CCLIII

Lléname la vida,
colma mis días
de la luz de tus bellezas,
haz opulentas mis horas,
ocupa todo mi mundo
con tu gozoso resplandor,
libérame del desencanto
que oscurece mi existencia. 

Refugio de sensatez. CCXXV



Reino de la muerte que se extiende, 
vil cementerio es Israel, 
sombra del cuervo, noche de la esperanza, 
ruin mortaja al viento, 
cadáver insepulto 
pero Palestina es la doncella 
que se esposa con la vida, 
la bella hermana de los hombres  
que creen en la dignidad, 
la mujer orgullosa y noble 
pretexto de la última batalla 
por la decencia de nuestro mundo. 

Refugio de sensatez. CCXXIV

Vil condena es el vacío 
de las horas de mi existencia, 
tedio infinito devorando 
recreos de colegio 
o años de juventud, 
desolada travesía 
de mares y desiertos 
sin momento para el solaz, 
soledad y silencio, 
decepción y agonía, 
maldición de la vida. 

viernes, 27 de febrero de 2015

Fruta madura. CCLII

No te amo relativamente, 
ni con desencanto o tibieza, 
no te quiero con pragmatismo, 
no me guía mi provecho, 
mi afecto no es desengañado, 
ni resignado, ni gris, 
no mitigan mi reverencia a ti 
ni la rutina ni la costumbre, 
la decepción o el desprecio, 
no enfría mi pecho 
el tedio o el escepticismo, 
la desilusión o el distanciamiento, 
mientras estoy a tu lado, 
mientras te hablo, mientras pienso en ti, 
mientras te contemplo o te analizo, 
tu resplandor me está atravesando el alma 
y mi corazón es incapaz de ver 
otra cosa que pura luz. 

Fruta madura. CCLI

Te quiero infinitamente porque eres tú, 
desnuda de la Tierra, 
solitaria e insólita 
como una estrella remota. 

Fruta madura. CCL

Emanan rayos de ti, 
ondas y llamaradas, 
flecos y pliegues, 
perfumes y vapores, 
rizos y festones, 
prominencias y colinas, 
estás rodeada 
de prolongaciones sutiles, 
tienes pétalos y estambres 
como las tiernas flores. 

Fruta madura. CCXLIX

Tienes la plenitud y la benignidad 
de un sol de primavera, 
eres belleza pura, gracia extremada, 
vitalidad vehemente, gozo desbordante. 

Estante luminoso. LXXXIV

A Gladys Arce 

Quien no me quiere querer 
ni me inculpa ni me agravia, 
tengo un alma justa y sabia, 
nunca falto a mi deber 
no siembro más que el placer 
con simiente de esperanza, 
quien me niega la confianza 
de su helado corazón 
sigue su libre opinión 
pero sin más relevancia. 

Que me desprecie quien quiera, 
autorizo a cada quién 
a que muestre su desdén, 
mi conciencia está ligera, 
mis días son primavera, 
mi camino es luminoso, 
mi aliento es el de un coloso, 
que me acometa altanero 
el arrogante más fiero, 
poco me importa su acoso. 

Mi camino es el amor, 
sigo mi senda seguro 
buscando el afecto puro 
tras un pasado de horror, 
no quiero ver otro honor 
que el de lograr ser amado 
y, si de alguien soy odiado 
como lo he sido en mi infancia, 
no verá en mí la arrogancia 
de quienes me han maltratado. 

jueves, 26 de febrero de 2015

Refugio de sensatez. CCXXIII

Por ser amar el placer sumo, 
evitarlo es un pecado 
que se expía a sí mismo. 

Refugio de sensatez. CCXXII

El afecto autoritario es paraje 
con montañas de desprecio 
y helado viento lamiendo 
las ciénagas de la culpa. 

Refugio de sensatez. CCXXI

Atados a la opinión, 
sumisos a las formas convenidas, 
temerosos del disenso 
como ovejas amenazadas, 
obedientes a la autoridad y persuadidos 
de la verdad absoluta de cuanto aprenden, 
los hombres corrientes entierran 
en rutina y apariencia 
el secreto de la vida. 

Fruta madura. CCXLVIII

Tu mirada encierra la inmensidad 
y reprime volcanes 
de libertad y miel. 

Fruta madura. CCXLVII

Eres un sol resplandeciente 
y, cuando te miro, 
alumbras mis entrañas 
y les traes la primavera. 

Refugio de sensatez. CCXX

El ser humano siempre 
ha soñado con volar 
porque anhela la libertad 
pero este tiempo tan represivo cree 
realizado de sobra tan dulce sueño 
porque existe la aviación segura. 

Fruta madura. CCXLVI

Eres belleza suma, 
rebosante y deslumbradora, 
manantial de deleites, 
amanecer de inocencia y libertad, 
cima de verdad y ternura, 
plenitud de la vida. 

Estante luminoso. LXXXIII

A Sairah Josefina Choque Condori 

El hombre con sentimiento, 
expresando su tristeza, 
atempera la dureza 
de cada padecimiento 
mas no conoce el lamento 
el que tiene el pecho frío 
y donde otro llora un río 
él calla, aguanta y se frena 
haciendo mayor su pena 
y su trance más sombrío. 

Refugio de sensatez. CCXIX

¡Qué tristes son 
los corazones grises! 
Almas frías y exangües 
que no comprenden la fragilidad, 
alientos de cartón piedra 
que solo atienden a la apariencia, 
autómatas egoístas 
ambiciosos de gloria y honor 
que no sacian su orgullo 
más que humillando y dominando, 
¡qué tristes son, 
qué sombría es su vida, 
qué digna de compasión, su ceguera! 
Su amor es vil prisión, 
su afecto, solapado desprecio, 
su lealtad, hueca máscara, 
guía sus pasos la razón helada, 
no tienen instinto para la vida, 
están secos por dentro, 
no creen en los otros, 
no esperan más que su provecho 
y, sin embargo, nada hacen 
por su felicidad, 
no la ven, no creen en ella, 
no caminan por su sendero, 
¡qué tristes son 
los corazones grises, 
qué vacío y gélido, 
el pecho donde palpitan! 

miércoles, 25 de febrero de 2015

Estante luminoso. LXXXII

No busques explicaciones 
para el fluir de tu vida, 
no son ciencia conocida 
tus secretas emociones, 
que no pongan condiciones 
para entregarte el amor, 
ya tiene enorme valor 
ser lo que naciste siendo, 
emancípate sintiendo, 
mujer, sin ningún pudor. 

Refugio de sensatez. CCXVIII

Dicen que el bien es lo obvio, 
que los hombres dignos son 
fuertes, capaces, indolentes, 
que ni sueñan ni desean, 
que sentir es tonto, innoble, innecesario, 
que escuchar al corazón  
no es razonable, ni lógico, ni convenido, 
ni aparenta bien, 
que se debe ser lo que está prescrito, 
que hay que hacer lo que está mandado, 
someterse, aguantar, 
aceptar la humillación, avenirse, 
conceder, obedecer, morir, apagarse 
que hay que volverse uno más 
para ser usado, aprovechado, dominado, 
apresado y sojuzgado 
pero yo sé que el sufrimiento
es una estafa 
pues quien nos exige
tan agrios sacrificios 
está cargado de hipocresía 
y jamás hace nada más allá
de su vulgar interés. 

Fruta madura. CCXLV

Cuando era muy niño 
me llevaron a una playa y me despojaron 
de toda la ropa para bañarme, 
había que hacerlo porque el agua del mar, 
según un médico, 
mejoraría mi delicada salud 
pero mi corazón me llamó al llanto, 
un llanto desconsolado y profundo 
porque me vi sin querer 
desnudo ante un horizonte infinito, 
raso, ineludible, inexorable, despiadado, 
los hombres de entonces 
eran violentos y jactanciosos, 
despreciaban la fragilidad 
así como cualquier cosa 
que valiera la pena en el mundo, 
la gente a mi alrededor 
concitaba mi pudor, 
mis genitales estaban 
expuestos a su mirada fría 
y yo lloraba, 
lloraba ante aquella llanura de agua, 
ilimitada, absoluta, poderosa 
despertando la impaciencia de mi madre, 
en aquella playa, no quedaba sitio 
para mi alma pequeña, 
para la cajita de sentimientos 
escondida en mi amargado pecho, 
para mi debilidad infantil 
y mis sueños sencillos, 
deseé una gran sequía 
que acabara con aquel mar 
porque aquel mar me estaba quitando 
toda la esperanza, 
tú me la devolviste, 
arrancaste la culpa y la vergüenza 
de mi aliento encadenado 
con tu mirada indulgente y dulce 
de mujer honesta y valerosa 
deseosa de un mundo 
sin agravio ni sufrimiento. 

Fruta madura. CCXLIV

Tu sembradito negro 
es el jardín más hermoso 
que encierra este mundo, 
déjame que lo contemple, 
ábreme su cercado 
para que lo pueda ver. 

Fruta madura. CCXLIII

En nuestro mundo, es corriente 
el alma que combate la verdad 
y obstruye la justicia 
por ansia de poder y vanagloria 
perdidos en el viaje de la vida 
todo su orgullo y su esperanza, 
es sembradora avezada 
de sufrimiento y mal 
y su roce es nefasto 
para el corazón de los otros 
pero tu pecho tiene 
la honestidad de los ángeles 
y no osas perturbar ni un ápice 
la dignidad y libertad ajenas, 
tu presencia es puro gozo y resplandor 
como la de una divinidad 
y quien te acompaña encuentra el camino 
de la bondad y la ventura. 

Fruta madura. CCXLII

¡Qué profunda y tierna es tu mirada 
y qué hondo se clava en mi corazón! 

martes, 24 de febrero de 2015

Refugio de sensatez. CCXVII

Tú no eres, mujer,
el trofeo de nadie,
que no te conviertan
en fuente de vanagloria,
tú no eres
el alivio para la afrenta
de un hombre con el orgullo muerto,
no entres en su laberinto,
no caigas en su pozo,
no navegues su corriente,
tú no eres
esclava de nadie. 

Estante luminoso. LXXXI



Cuatro quintillas a Lluvia Rojo 

Tienes la luz en la cara 
de los sembrados de trigo, 
nadie se quiere enemigo 
de una mirada tan clara 
ni a oscuras se ve contigo. 

Les das a los animales 
tu defensa y protección 
pues tienes el corazón 
de los ángeles reales 
que hacen bien sin condición. 

Tu rostro es pura alegría 
como el alma de una flor, 
hace sentirse mejor 
tu dulce fisonomía 
como si diera calor. 

Por la fortuna propicia 
de alcanzar tu noble afecto, 
me arrojaría directo 
a un río de vil malicia 
de agria hipocresía infecto. 

Refugio de sensatez. CCXVI

Los campos nazis de exterminio 
descendieron 
al fondo del abismo 
de la maldad humana, 
la maldad no es alemana, 
ni de ninguna etnia, 
la maldad es la servidumbre 
del hombre que ha perdido el valor, 
la maldad está 
en la mano que no se abre, 
en el corazón que no se desnuda, 
en la mirada que rehuye el espejo, 
la maldad está ahora 
en el pecho de los israelíes, 
que nada han aprendido 
de la lección de la Historia. 

Fruta madura. CCXLI

Tras su máscara de hielo, 
afectando un frío brillo,  
se aparean con rapiña 
las cimas de nuestra especie, 
almas sin otro interés 
que escapar de sí mismas 
perdido todo su orgullo 
por los caminos de la vanagloria, 
se abrazan y copulan 
arrogantes y ufanos, 
gozando la libertad falsa 
del que desprecia y se jacta, 
cuanto más humillan más disfrutan 
ansiosos de poder y honor, 
yo no arribaré a tu piel 
con sombrío espíritu de conquista 
ni mancharé tu cuerpo 
con el oprobio de la esclavitud, 
no habrá en mis dedos más que ternura 
ni en mis labios, más que reverencia. 

Refugio de sensatez. CCXV

No es brutal el ser humano 
pero aprende a serlo. 

Fruta madura. CCXL

Tu bondad no es 
de catecismo y vista gorda, 
tienes el corazón desnudo 
y lo alejas del error y la incoherencia 
porque odias el sufrimiento y estás hecha 
de luz de las alturas. 

Fruta madura. CCXXXIX

Tu corazón me alboroza
y me colma de esperanza 
porque es libre y verdadero 
y no sucumbe a la debilidad. 

lunes, 23 de febrero de 2015

Fruta madura. CCXXXVIII

Algún día, tocaré 
las yemas de tus dedos 
suprimida enteramente 
cuanta distancia nos aleja 
y mi aliento hallará sosiego 
como el de un náufrago 
que arriba a la costa. 

Fruta madura. CCXXXVII

Hiere y se hiere el alma cautiva 
con su lacerante amor al prójimo, 
carga con la servidumbre amarga 
de sus sentimientos obedientes, 
se envanece de su sumisión 
como si fuera verdadera 
y arroja a sus semejantes 
hiel envuelta en compasión, 
que no me llamen fiel 
de tan hipócrita fe, 
que no me atribuyan el afecto 
tibio y falso que ella impone, 
yo te amo sin doblez, 
sin el bajo desprecio 
de un corazón desleal, 
con la libertad y el orgullo 
de un pájaro lleno de vida. 

Fruta madura. CCXXXVI

Mi corazón es sencillo, 
te reverencio sin artificio, 
desde la verdad desnuda, más allá 
de las palabras y las razones, 
enternecido por tu aliento de ángel, 
en un afán de colmarte de luz 
y saciar toda tu sed. 

Refugio de sensatez. CCXIV

Conquisten todos los premios, 
todos los reconocimientos y honores 
los ávidos de vanagloria, 
disfruten humillando y despreciando, 
vean tan sólida su superioridad 
como un bloque de hierro, 
gocen con los éxitos más esplendorosos, 
siéntanse grandes 
rebosantes de alborozo, 
que no teman de mí 
que dispute sus victorias 
a gente tan vacía y triste y con el alma 
tan fría y malvada. 

Refugio de sensatez. CCXIII

Quiere el perezoso combatir 
mis medidas y trabajosas palabras 
con contentadizas frases hechas. 

Estante luminoso. LXXX

Da golpes duros la Historia al tubal 
en vuestro baile negro de agonía, 
oye la arena la música fría 
que marca los pasos de vuestro mal. 

Oscuros tambores, danza brutal, 
amarga y desapacible armonía 
os sujetan fuerte a su tiranía, 
solo agravio y duelo deja el ritual. 

Saharauis desdichados, bailad 
con esperanza este trance penoso 
pues aún sois dueños de la dignidad. 

Este baile sombrío y afrentoso 
un son ha de tocar de libertad 
y transformarse en dulce y jubiloso. 

Refugio de sensatez. CCXII

Yo no soy 
como los hombres cabales, 
como los que merecen amor, 
como los que son respetables, 
como los dueños de la calle, 
yo no soy fuerte, no soy hábil, 
no soy provechoso, ni divertido, 
no soy como los que se ufanan 
de su gran valía, 
como los invencibles, los grandes, 
los que lo acaparan todo, 
los que no necesitan querer, 
los que están convencidos de que son 
justo lo que hay que ser, 
yo no soy en rigor otra cosa 
que lo que ellos desprecian 
y condenan sin piedad. 

Fruta madura. CCXXXV

Te quiero más allá 
de tu rostro de amanecer, 
más allá de tu bondad de ángel, 
más allá de tu sencillez, de tu inteligencia, 
de tu gravedad, de tu delicadeza, 
del placer que tu forma encierra, 
más allá de cuanto manifiestas, 
más allá de tu nombre, 
de tus promesas, de todas tus ventajas, 
te quiero incluso allí donde no sé qué eres, 
en esa llama muda que habita tu mirada, 
en ese latido que alienta tu raíz, 
en ese impulso primordial que te empuja 
a vivir y a respirar, 
estoy solo en el mundo, 
nadie me conoce, nadie traspasa el umbral 
de mi secreto seno 
excepto tu luz esencial, 
tu enigma insondable, que envuelve 
toda la esperanza de mi corazón. 

domingo, 22 de febrero de 2015

Fruta madura. CCXXXIV

Quien hace su camino
escuchando a los otros
en lugar de a su corazón
pasa por el mundo en sombras
y está en una prisión estrecha
aun rodeado de aire libre y horizonte,
yo no te escribo los poemas
con el consenso de conocedores,
cargados de doctrinas y normas
sobre lo que ha de hacer un poeta,
yo te escribo
con el ansia de mi pecho,
con el orgullo de mis venas,
con el fuego que me empuja y conmueve,
con mi alma sencilla y libre
y, haciéndolo, se me olvida
todo lo que está mandado. 

Refugio de sensatez. CCXI

Quienes dan más brillo a una verdad 
engendran una mentira, 
solo las almas sencillas 
viven con honestidad, 
solo las manos abiertas 
alcanzan la ventura. 

Refugio de sensatez. CCX

Solo se indulta a sí mismo 
quien suelta toda su carga 
y se desprende de cuanto ase, 
el corazón es un tirano celoso 
solo amable 
con quien se somete solo a él. 

Refugio de sensatez. CCIX

No se le escapa a nadie
el interés por el que le quieren
y solo es dichoso el amado
por un corazón libre. 

Refugio de sensatez. CCVIII

El niño que no recibe amor 
se vuelve un tirano que vive 
para herir y humillar, 
tan sediento de mal 
que cree el infierno más hondo 
un luminoso paraíso. 

Refugio de sensatez. CCVII

Marruecos, mírate al espejo, 
levanta tu mirada, no la abatas, 
ahora es cuando estás viendo 
lo que desprecias, lo que ansías humillar, 
aquello que quieres someter y oprimir, 
a ti mismo, 
tu libertad es lo que estás destruyendo 
porque la culpa con la que cargas 
te atormenta y enloquece. 

Refugio de sensatez. CCVI

¡Ay, si la existencia en el mundo 
se llenara de luz e inocencia 
y despuntara una aurora plena 
para la vida en la Tierra  
tras tan larga y desdichada noche 
volviendo la realidad ensueño! 
¡Ay, si pudiera 
mirar hacia el horizonte 
sin que la sombra del mal 
me ocultara el último confín 
y ni siquiera los animales 
tuvieran que ser ya 
víctimas de la opresión! 

Refugio de sensatez. CCV

¿Que tengas por compañero 
a un hombre que te hace daño...? 
¿Que quien ha de ser tu libertad 
sea prisión y condena...? 
¿Que solo haya frío y rigor 
para tu ternura y tu soledad...? 
¿Que tengas que llorar callada 
sin que la esperanza acuda...? 
¿Que renuncies por necesidad 
a buscar la felicidad...? 
¿Que tu corazón generoso 
sufra el desagradecimiento...? 
¿Dónde se han visto 
desdichas más tristes? 

Refugio de sensatez. CCIV

Por ser vulnerable y frágil, 
merecí una enfermedad mental, 
sucumbí a ella 
en mis años de universidad 
entre almas indolentes, 
tediosas y banales, 
con tan huecos intereses 
y tan mezquino sentir 
que mi pecho se agostaba 
y mi esperanza moría, 
era aquel un mundo 
para alientos secos y exangües, 
anodinos y evidentes, 
envueltos en vanagloria, 
egoístas y hostiles, 
intolerantes y sarcásticos, 
en su estrecho cercado, 
no cabía la sencillez, 
la inocencia, la dulzura, 
la imaginación, la ilusión, 
el misterio, la cordura, 
no cabían los monstruos, 
no cabía la libertad, 
ni el instinto, ni la intuición, 
ni la indulgencia, ni la paz, 
no cabían 
los hombres de verdad, 
solo, las máscaras 
pendientes de la opinión, 
merecí la locura 
por ser tan débil que aquel vacío 
socavara mi aliento, 
por no ser fuerte para aguantar 
tanta oscuridad, tanto frío, 
tanta maldad y arrogancia. 

Fruta madura. CCXXXIII

Sé que estás ahí, 
en tu mundo invisible 
contemplándome en silencio, 
escuchándome, amándome, 
velando por mí, 
sé que tus manos ansían las mías, 
que tu corazón está 
colmado de primavera, 
que me sueñas, que me añoras, 
que me escribes poemas, 
no necesito verlo, 
sé que estás ahí 
respirando mis versos, 
sucumbiendo a mi amor, 
rebosando de ternura. 

sábado, 21 de febrero de 2015

Estante luminoso. LXXIX

A Lluvia Rojo 

Tu rostro se abre a los otros 
como una flor generosa, 
tu corazón es sencillo, desnudo, 
no es cautivo de la vanagloria, 
eres indulgente y no sirves 
a los dictados de la hipocresía, 
te importa más ser persona 
que figura que triunfa. 

Fruta madura. CCXXXII

Eres espiga de trigo, 
honrada, esencial, 
generosa y sencilla, 
humilde y hermosa, 
rebosante de bienes. 

Refugio de sensatez. CCIII


No lo niegues, Israel, 
no lo niegues, 
te sientes insignificante, innoble, 
mezquino, ruin, 
tu hueca jactancia es solo signo 
de cuán pequeño te ves ante el espejo, 
contemplas a Palestina 
envidioso de su inocencia, 
de su belleza, de su nobleza, de su libertad, 
la avaricia te hace 
desleal a ti mismo, 
renuncias a tu honor 
por una tierra manchada 
pero es amarga para ti 
la dignidad de Palestina 
porque es lo que tú has perdido 
por tu estúpida ambición. 

Refugio de sensatez. CCII

Aún tengo en el pecho
oleajes de soledad,
nostalgia de dignidad,
de compañía indulgente,
de confianza y risas y cálidas miradas,
aún temo
que solo merezca escarnio
la apariencia que me envuelve,
tan innoble y grotesca
que haga incómoda mi presencia,
aún sospecho estar fuera
del redil de los seres felices,
de los que sí son
como es preciso ser,
de los fuertes y bellos,
de los hábiles y capaces,
aún guardo una queja
para las almas cautivas
con cuerpos de niño
que destruyeron mi vida
y me robaron el amor,
ya no estoy solo ni me falta honor
pero aún siento en el corazón
montañas de melancolía. 

Fruta madura. CCXXXI

Eres mi igual, 
realidad ineludible, 
presencia verdadera, 
velada evidencia, 
propiedad de la vida. 

Refugio de sensatez. CCI

De la culpa, nada me agrada 
sino el anhelo de los otros 
porque añorar al hermano 
hace dulce mi soledad. 

viernes, 20 de febrero de 2015

Refugio de sensatez. CC

Detrás de la violencia 
se esconde el odio a uno mismo, 
la desazón de quien se siente 
manchado por el error, 
nunca enloquecemos tanto 
como ante el espectro de la culpa, 
nadie nos perturba tanto 
como quien concita nuestros remordimientos, 
no hay destino más terrible 
que el humillante castigo 
cuando, en nuestro oculto seno, 
nos sentimos impuros, 
el brazo que pelea 
está luchando por su inocencia, 
la mano que hace daño 
está buscando su expiación. 

Refugio de sensatez. CXCIX

No siente su injusticia 
el hombre que actúa con maldad 
persuadido ciegamente 
de que está ejerciendo el bien 
mas nunca alcanza la paz 
porque su corazón está muerto 
y desconoce su instinto. 

Fruta madura. CCXXX

Tú me abres hueco, 
haces sitio en tus entrañas para mí
y yo deposito en ti mi corazón, 
mi alma, mi vida, mi aliento, 
tú me indultas, me escuchas, 
me comprendes, me soportas 
y yo hago de ti 
la cima de mi admiración, 
el destino de mi oleaje, 
la horma de mi voluntad, 
tú despliegas mis alas, 
me reconcilias con mi esencia, 
espoleas las ansias de mi sano instinto 
y yo te reverencio y exalto 
y hago de la veleidad de tu llama 
mi rigor y mi ley, 
mi deseo y mi fundamento. 

Refugio de sensatez. CXCVIII



Mi fragilidad exaspera
al hombre ávido de expiación
y enemigo de sí mismo,
deseoso de imponerme
su virtud descarnada. 

Fruta madura. CCXXIX

Sé muy bien 
que hay personas malvadas, 
son de inteligencia mediocre 
y sin muchas emociones, 
a falta de sentimientos, 
se guían por su entendimiento 
y creen estúpidas 
las muestras de fragilidad, 
su voluntad brota 
de una lógica descarnada, 
creen justo causar daño 
a quienes les parece que actúan 
de manera caprichosa 
porque su única ley 
es la razón más seca, 
la libertad para ellos 
es egoísmo, 
viven para sí mismos y en los otros 
no ven más que ataduras, 
son presa fácil 
de la exasperación 
porque no comprenden el valor 
de los afectos humanos, 
no son muy felices 
sus vidas llenas de hiel 
porque solo el corazón 
nos da la ventura, 
su orgullo está enfermo 
porque carecen de instinto, 
no reconocen su imagen 
en el espejo, 
solo creen encontrarse 
en el brillo de las apariencias 
y son ufanos y arrogantes, 
violentos y posesivos, 
aprendieron de muy niños 
a traicionarse a sí mismos 
porque hubo quien les enseñó 
que el mundo es un escenario hueco 
donde solo cuenta el interés, 
su amor es arte de herir 
y de causar sufrimiento 
porque solo empiezan a sentir 
ante la degradación y el dolor, 
sé muy bien 
que hay personas malas, 
tan grises que no pueden 
reconciliarse consigo mismas, 
buscan el poder 
sedientos de dignidad 
y por eso nuestro mundo 
ha sido siempre tan oscuro, 
tan plagado de sufrimiento, 
tan doloroso y asfixiante, 
te hice daño algunas veces 
cuando me sentí humillado, 
volqué mi rabia contra ti 
yendo tras un honor perdido, 
fueron tiempos ya pasados 
cuando, en mi alma, aún pesaba 
la duda de mi valor, 
cuando mi corazón temía aún 
abrir por entero su flor, 
mis palabras te golpearon 
sin que yo percibiera mi iniquidad, 
enfurecido por tu sensibilidad 
porque mis fríos prejuicios me cegaban, 
por defender mi apariencia, 
ataqué tu honda esencia 
y no me sentía malo 
sino justo y razonable, 
fui víctima de la locura 
de tantos hombres en la Historia 
y te marchaste sintiendo 
el dolor del agravio, 
deja que ahora me dirija 
a las mujeres que sufren 
la agonía del maltrato 
y confiese ante ellas 
que alguna vez mi furia 
se dirigió contra ti 
pero que el dolor de perderte 
ha transformado mi corazón 
que ha despertado por completo 
al amor verdadero, 
a la luz de la generosidad 
y he encontrado al fin indulgencia 
para mi propia fragilidad, 
lo que se ama es una llama 
inaprensible y veleidosa 
pero tan poderosa que estremece 
toda la inmensidad. 

Estante luminoso. LXXVIII



Tres quintillas a Cherien Dabis 

Tienes aires de murciana 
o de andaluza morena, 
tu cara brilla serena 
como el sol de la mañana 
con la luz de tu alma buena. 

Eres un ángel del Cielo 
entretenido en la Tierra, 
puedes terminar la guerra 
quitando a tu faz su velo 
por la dulzura que encierra. 

Por ser tu amigo fraterno, 
a tu puerta cantaría 
cayendo una nieve fría 
en lo peor del invierno 
nobles versos todo el día. 

jueves, 19 de febrero de 2015

Fruta madura. CCXXVIII

No ha sido fácil en mi vida 
conseguir sueño alguno, 
muy mezquinos han resultado 
los placeres del camino, 
apenas he sido dueño de nada 
que mereciera la pena, 
he conocido casi tantas decepciones 
como puestas de sol 
pero el destino ha querido 
compensarme por tanta desdicha 
dándome tu corazón, 
que es el mismo Paraíso, 
el premio a todas mis fatigas 
y a mi lealtad a la inocencia. 

Fruta madura. CCXXVII

En tu cara, asoman 
los fulgores del sol de la mañana, 
eres mi camino de vida, 
el manantial que me sacia, 
la cumbre de mis ansias, 
tu cara es una rosa blanca, 
tu cara es brisa tibia de abril, 
ternura profunda, miel infinita, 
tu cara es la puerta del Paraíso, 
la claridad de la aurora, 
tienes esencia de eternidad 
y tu luz inocente alumbra 
el universo entero. 

Refugio de sensatez. CXCVII

Somos artífices de nuestro sufrimiento,
que es producto sin provecho
pero intensamente trabajoso. 

Fruta madura. CCXXVI

Tu ausencia es una sombra hostil 
que se lleva la luz y trae inquietud, 
el mundo sin ti es 
un desierto helado y tenebroso, 
una mazmorra estrecha, 
un camino estéril y vacío, 
soy alma solitaria, avezada 
a los senderos deshabitados, 
apenas preciso el alivio 
de las voces de los otros 
pero tú eres mi sueño de ventura 
y solo tu claridad inocente 
consuela mi eternidad, 
los hombres somos abismos 
impenetrables y herméticos, 
nada nos puede salvar 
de nuestra ardiente soledad, 
nuestra vida es una lucha 
por soportar esa amarga llaga, 
estaremos siempre solos, 
sumergidos en el silencio 
de nuestro incomunicable misterio 
pero, en el amor, nos liberamos 
de nosotros mismos 
y ese oscuro enigma 
pierde su importancia. 

Fruta madura. CCXXV

Me trató un psicólogo 
que llegó a la certera conclusión 
de que yo era una persona fría, 
le regalé un libro de poemas míos 
con el que algunas personas 
se han estremecido 
pero para él mi problema era 
que no escuchaba a mi corazón, 
era riguroso en sus métodos, 
no usaba la misma silla 
para hablar conmigo que para tomar notas, 
a los fumadores les obligaba 
a apuntar la hora en que consumían 
cada cigarrillo 
y a castigarse a sí mismos 
si sobrepasaban la dosis que les permitía, 
los enfermos para él 
eran personas obcecadas 
y empleaba con ellas un tono 
agrio y malhumorado, 
individuo de tal guisa fue 
quien me creyó carente de emociones 
y, con gran empaque, me recomendó 
que no reprimiera mis sentimientos, 
por supuesto que él 
se creía libre de semejante dislate, 
un ejemplo de humanidad, 
de calidez y ternura 
pero yo solo merecía 
su condena y sus invectivas, 
me daba una cita de una hora 
cada tres meses 
con la advertencia previa 
de que avisara si no iba 
para que otro paciente 
pudiera disfrutar su consulta, 
abandoné su tratamiento 
a la segunda cita 
por razones de salud mental 
haciéndome cruces por la plantilla 
de la seguridad social, 
si lo que él diagnosticó fuera cierto, 
nosotros dos nada tendríamos que ver, 
si nos cruzáramos por la calle, 
nos saludaríamos tibiamente 
y seguiríamos camino 
con completa tranquilidad, 
miraría tus fotos 
entre bostezo y bostezo, 
sentiría tus ausencias 
con la paz de quien se rasca un hombro, 
hablaría contigo 
de economía y finanzas 
y leería libros de Historia en lugar 
de expresarte mi hondo amor, 
la interrupción de mi terapia 
quizá parezca mal 
a los espíritus altamente responsables 
porque un loco ha de estar 
asesorado por especialistas 
y es posible que mi mente no cumpla 
con los requisitos reglamentarios 
pero, por lo menos, te tengo a ti, 
que es suficiente 
para vivir satisfecho. 

Refugio de sensatez. CXCVI

Yo sé que los otros 
no me esperan a mí, 
todos buscan otra cosa, 
otro horizonte, otro aliento, 
otra luz, otra presencia, 
se afanan en sus intereses 
importantes o banales, 
corrientes o excepcionales 
pero siempre urgentes, 
diferentes de los míos, 
van a otro lugar, a otras tierras, 
en busca de otros rostros, de otras almas 
menos insólitas que la mía, 
menos ininteligibles, 
nada les importo ya 
cuando dejo de serles útil, 
estoy muerto dentro de ellos, 
solo tibieza y desprecio 
me ofrecen sus corazones, 
apenas siento que soy hombre, 
quizá solo sea una bestia 
sin razones, sin nombre, 
inconveniente, molesta, 
no me esperan a mí 
siempre lo he sabido, 
soy demasiado extraño para ellos, 
ridículo, insustancial, 
no me entienden, no soy como ellos, 
no hablo claro a sus mentes, 
siempre los he exasperado, 
dicen que me ahogo en un vaso de agua, 
que me imagino lo que no es, 
que me aprecian aunque yo no lo crea, 
que a todo el mundo le pasa lo mismo 
pero mi pena es tan grande 
que llena un poema 
porque está claro que los otros 
no me esperan a mí. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Refugio de sensatez. CXCV

El afán de mi pecho 
estremece los confines de la inmensidad. 

Refugio de sensatez. CXCIV

No me afano tras los trofeos de caza, 
soy dueño del calor de mi pecho 
y eso es todo cuanto necesito. 

Refugio de sensatez. CXCIII

La vanagloria no es plato de mi gusto 
y no lo pruebo cuando me lo cocinan 
con el insidioso arte 
de los anzuelos. 

Estante luminoso. LXXVII


A Cherien Dabis 

Eres un ángel verdadero 
y no te fatiga la bondad. 

Fruta madura. CCXXIV

Quiero que tu corazón consiga 
todo lo que añora, 
no seré freno ni llaga 
de la bondad que te habita. 

Fruta madura. CCXXIII

Quiero tocarte el alma 
con la levedad con que rozan 
una hoja de hierba las gotas de rocío. 

Fruta madura. CCXXII

Tu poeta tiene 
ocasos en el pecho, 
llegan las noches sin ti 
como olas de soledad y sombra, 
tu poeta tiene 
ocasos en el pecho, 
ardores de miel y rosas 
fatigando su corazón. 

Fruta madura. CCXXI

Mi paloma vuela, 
a través de los días, vuela, 
vuela los años, vuela los siglos, 
vuela eternidades 
con sus alas blancas, 
con su luz, con su resplandor, 
mi paloma vuela 
hacia el paraíso en la Tierra, 
hacia tu regazo de rosas, 
hacia tu dulce nombre, 
sin descanso, sin pausa 
todo su aliento hecho fe, 
mi paloma vuela 
con el ímpetu del amor 
henchida de esperanza 
sobre el abismo de la tiniebla, 
hasta ti vuela, dulce destino, 
abril de estrellas, claridad de la vida, 
mi paloma vuela, 
en la oscuridad, te vislumbra, 
tú eres su afán, su única meta,
tú la vuelves fulgor y llama, 
mi paloma vuela, mi paloma vuela 
hacia su hermoso mañana. 

Estante luminoso. LXXVI

Tres quintillas para tres deseos

Que los ángeles del mundo
bendigan mi corazón,
que acojan mi devoción
en su regazo profundo
y me alienten la ilusión.

Que la justicia se extienda
por el manto de la Tierra,
que se extinga toda guerra
y todo el mundo defienda
que el corazón nunca yerra.

Que me dé su noble mano
ese espíritu de rosa,
esa perla tan hermosa,
ese corazón hermano
al que quiero por esposa. 

Refugio de sensatez. CXCII


Llora Palestina 
la amargura del amor perdido 
y, junto con lágrimas, mana esperanza sabiendo 
que nada vence al corazón. 

Fruta madura. CCXX

La ternura rebosa en tu apariencia, 
quiero asirte, removerte, envolverte, 
toda tú eres grata, delicada, deseable, 
te quiero rozar, ceñir, recorrer, apretar, 
tu debilidad me subleva y ansío 
someterte a mis fuerzas. 

martes, 17 de febrero de 2015

Refugio de sensatez. CXCI

El hijo de mi maestra 
fue mi amigo 
pero su trato era humillante 
porque tenía la arrogancia 
de los desleales a sí mismos, 
yo lo admiraba 
por el prestigio que aparentaba 
pero él solo guardaba desprecio 
para lo que yo era en esencia, 
sus aires de superioridad, 
que alentaba el rango de su madre, 
muchas veces me hirieron 
en lo más profundo, 
parecía muy orgulloso 
de su propia persona 
pero, recordándolo hoy día, 
a mis ojos, no es más 
que un ser pequeño y débil, 
sin valor ni siquiera para él mismo 
porque no se perdonaba 
su inmensa fragilidad 
asfixiado por el ardor religioso 
que dominaba a su familia, 
sin embargo, su odio 
está clavado en mi corazón 
y, muchas veces, 
aún echo de menos con amargura 
las muestras de reconocimiento 
de algún espíritu superior. 

Refugio de sensatez. CXC

Hay ángeles 
que no quieren mi luz, 
¿no resplandeceré lo suficiente? 
Hay flores 
que no crecen en mi jardín, 
¿no es buena mi tierra para ellas? 
Hay estrellas 
que no brillan en mi noche, 
¿habré de ser 
todavía más oscuro? 

Refugio de sensatez. CLXXXIX

Esta tarde he estado 
de visita en un hospital, 
donde mucha gente pasa 
los últimos días de su vida, 
casi olvidada de todos, 
suscitando no más que indiferencia, 
tratada con suma tibieza 
por cuantas personas se le aproximan, 
como si no ocurriera nada, 
como si su adiós definitivo no mereciera 
el calor de quienes la ven marcharse, 
a mi mente, viene la muerte cuando pienso  
en todas esas miradas que me desprecian, 
que no me dan ningún valor, 
que no creen que sea útil en el mundo 
porque, cuando me vaya, 
me iré recordando su frío, 
su injusto desapego 
y harán que la soledad 
de mi viaje eterno 
me parezca más profunda. 

Refugio de sensatez. CLXXXVIII

No es graciosa 
la broma que hiere. 

Fruta madura. CCXIX

No soy de los necios que disfrutan 
con el desprecio y la vanagloria, 
mi ansia es encontrar hermanos 
y no tristes vasallos, 
los halagos no me guían 
sino la voz de mi instinto; 
aunque me falte el aplauso, 
lo sublime es mi patria, 
como brisa, mi pecho se extiende 
buscando a los otros 
deseoso de acogerse 
en el regazo de la especie, 
pocos se abren a mi aliento 
encendido y afanoso, 
algunos ángeles me ofrendan 
la miel de su mirada, 
en ella habita mi fuego 
y se deleita mi alma 
pero tus ojos son 
mi destino más hondo, 
el paraíso de mis entrañas, 
la luz suprema de mis días, 
el país de mi libertad, 
el espejo de mi corazón. 

Refugio de sensatez. CLXXXVII


Al mundo no le preocupa Palestina 
porque no hay un papel donde diga 
que es un país, 
a falta de ese papel, 
se permite que a sus hijos 
los expulsen de sus hogares, 
los asesinen, los torturen, 
los humillen, les quiten la esperanza, 
la libertad, la paz, la dignidad, 
el mundo dice que es un problema 
de difícil solución 
y baja las manos porque Palestina 
no tiene un papel 
como todos los demás, 
Israel es un estado 
de extrema derecha 
pero para todos es más digno 
porque sí tiene el papel, 
glorioso papel que le permite 
entregarse libre a su labor de exterminio 
porque, a decir la verdad, 
al mundo no le preocupan los seres humanos 
sino los papeles 
y da más importancia a la tinta 
que a la sangre derramada. 

lunes, 16 de febrero de 2015

Refugio de sensatez. CLXXXVI

Mujer, no te dejes atrapar
en un laberinto de humillación,
nuestra sociedad es fría,
no nos gobierna el amor
sino una razón descarnada
edificada en el prejuicio,
yo mismo he sido víctima
del helado desprecio que domina
a los espíritus cautivos,
mi mente enfermó
porque, en mi niñez, el escarnio
me castigó sin piedad,
la culpa y la vergüenza
ensombrecieron mi vida,
la amargura y el horror
se hicieron dueños de mi existencia,
el sufrimiento que arrostré
no me otorgaba dignidad
ni siquiera ante el médico que me trataba,
que transparentaba su desdén
tanto como su incompetencia,
no alcancé la paz
hasta muy tarde
cuando unos ojos de mujer
me miraron sin acusarme,
sin herirme, sin menospreciarme,
sin buscar provecho en mí,
es un alma libre y solo por eso
su amor me dignifica
pero el mundo en que vivimos
apenas nos permite el orgullo,
nos educan para la esclavitud,
nos apartan de la voz del corazón,
nos vuelven desleales
a nuestros semejantes y a nosotros mismos
para poder explotar
nuestro pozo de sufrimiento,
la humanidad que padecemos
vive para el dolor
porque no cree en la inocencia
del instinto que respiramos
y mata la libertad sin saber
que está sembrando el mal
y extendiendo la desolación,
no dejes que te convenzan
de que vales solo un poco,
tan poco que mereces
que se hagan cargo de tu persona,
las estrellas, en el cielo,
están brillando para ti,
nada es mejor que tú misma,
nadie vale más que el ser desnudo
que se asoma a tu espejo,
despójate de cadenas,
libera tu corazón,
absuélvete y vive
toda la ventura que sueñas. 

Refugio de sensatez. CLXXXV

La vanagloria es una locura 
y solo halla razón en el delirio, 
creen los líderes de Marruecos 
que les dignifica sojuzgar 
y maltratar a otro pueblo 
y no es sino un baldón sangrante 
que los difama y condena. 

Fruta madura. CCXVIII

La brisa de abril,
que recorre los campos
recogiendo su perfume, calla
pero, en mi pecho, introduce
el clamor de la plenitud,
el ocaso manso
con su sol cansado y moribundo
sangrando en el horizonte calla
pero, en mi pecho, introduce
el clamor de la plenitud,
el mar de los días cálidos
ondeando azul y sereno
bajo un cielo claro calla,
pero, en mi pecho, introduce
el clamor de la plenitud,
la lluvia tenue de otoño,
que, como llanto triste de las nubes,
va cayendo muy dulce en la tarde, calla
pero, en mi pecho, introduce
el clamor de la plenitud,
el destino de la Humanidad,
que mantiene oculta a los hombres
la luz que pronto ha de traerles, calla
pero, en mi pecho, introduce
el clamor de la plenitud,
tú callas,
ocultas tu pensamiento
como en el fondo de un lago,
me rozas en silencio
como una ola la playa
pero, en mi pecho, introduces
el clamor de la plenitud
pues tu mera presencia es estrépito
de amor e indulgencia,
y manantial exuberante
de júbilo y libertad. 

Refugio de sensatez. CLXXXIV

La muerte es un sábado eterno, 
sin visitas, sin salidas a la calle, 
en la soledad que impone 
la indiferencia y el desprecio de todos, 
añorando con amargura la dignidad 
que sí tienen los demás 
mientras se recorre una habitación desierta 
infinitas veces 
para aliviar un asfixiante tedio 
con un cigarrillo en la mano 
que siempre está terminándose. 

Fruta madura. CCXVII

¡Cuánto te añoraré, qué sed 
tendré de tus besos, 
de tus manos, de tu rostro, 
de tu mirada, de tu voz 
en la eternidad de mi muerte! 

Estante luminoso. LXXV

A la fe de mi aliento

Eres mi dulce jardín,
mi cofre de los placeres,
el mayor de mis haberes,
mi corazoncito afín,
mi carita de jazmín,
mi bellísima sirena,
mi muchachita morena
mi alhajita presumida,
la claridad de mi vida,
mi hada delicada y buena. 

Refugio de sensatez. CLXXXIII

La mayor gloria de un hombre
es el bien que ha hecho a los otros
y no, las batallas
donde los ha vencido. 

Fruta madura. CCXVI

Deja que te abrace, quiero sentir 
el tacto de tus senos, 
quiero aplastarlos pegándolos a mí 
para regocijar mi carne y la tuya 
confundidos afecto y placer 
en el impulso de hacernos uno, 
abandona tu atributo de madre, 
tu manantial de abundancia y vida 
a la fuerza de mis brazos, 
que se alise contra mi ropa, 
que me roce y me presione, 
que invada mi piel su dulce contextura, 
quiero estar un siglo 
tocándome con tus pechos, 
empujándolos contra mi cuerpo 
hundiéndomelos en las entrañas, 
trabado a tus mamas 
con el nudo del amor. 

domingo, 15 de febrero de 2015

Refugio de sensatez. CLXXXII

La felicidad es
un trofeo a los testarudos. 

Estante luminoso. LXXIV

A Dulce María Alonso 

Cayeron todas las hojas 
en un otoño perpetuo, 
el viento ha quedado quieto, 
frenado por sus congojas, 
las ramas, grises y flojas, 
de los árboles vencidos 
son los huesos consumidos 
de un bosque de soledad, 
que cruza una eternidad 
de cielos desentendidos.