viernes, 31 de julio de 2015

El placer en el bien ajeno. 140



Sentir es 
ser dueño de una certeza, 
no poder dudar, 
así me habla el corazón, 
mostrándome tu evidencia. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 124

El ojo de Israel 
rebosa de paranoia, 
tan metidos están en su demencia 
que huyen de su remedio. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 123

¡Despierta tu corazón, mujer,
vives en una sociedad de esclavos
y a ti te toca la peor parte,
rebélate, sueña, siente, vive,
renuncia a la limosna de placer que recibes,
cree en la felicidad, en la luz, en la esperanza,
el mundo pertenece al hielo,
a la maldad, a la opresión,
libera tus adentros,
deja que la decencia gobierne tu pecho,
levanta tu conciencia,
redime al bien! 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 122


Tu muerte, Haidala,
fue la acción inmunda
de unos hombres degradados
por el reinado de un asesino
tan paranoico y estúpido,
tan bajo y mediocre
que su única autoridad
es la de la violencia. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 121



Me conformo con poco,
de honores, me basta el de seguir vivo,
de dinero, el que precise,
de fama, la de los que me quieren,
poder no necesito
porque el hombre solo ha de gobernar
su propia vida,
de la admiración,
también hago gracia a mis semejantes,
es suficiente con que ni me agravien
ni me impongan sus criterios,
me duele que me desprecien
porque también yo desprecio mucho
y que me nieguen amor
aunque yo no lo doy a cualquiera,
por lo demás, soy dichoso
porque me ama un ángel
y no me falta el afecto
de algún amigo verdadero,
la ambición que yo tengo
es ser el poeta más grande
pero con más afán deseo
que no me molesten las moscas. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 120



No me siento bien si causo 
a mis semejantes un dolor inútil, 
no los hiero si no es 
para condenar sus desmanes, 
no les muestro mi rencor 
si conservan su inocencia 
porque mi deber de hombre 
obliga a mi voluntad 
y, sin embargo, no puedo 
querer a todo el mundo 
ni tener la humildad 
de ensalzarlos sobre mí, 
solo pongo sobre mi cabeza 
a la mujer que amo, 
ante nadie más me inclino 
pues, aunque ningún hombre es mejor, 
en mi corazón, también murmura 
el desprecio y la ambición. 

El placer en el bien ajeno. 139



Por mucho tiempo,
no hubo más que un invierno
que llenaba de horror mi pecho,
hasta el horizonte, era todo
vacío y decepción
sin refugio alguno
para mi corazón desolado,
la visión de un semejante
me estremecía como si fuera
la de la misma muerte
y ahogaba el llanto
que mi aliento anhelaba
porque nadie lo acogía,
tenía aquel frío
oscuridad de abismo
profundo y sin esperanza
pero bastaron unos minutos
hablando contigo
el día que llegaste
para que el mundo entero
me pareciera mi hogar
y el calor del afecto
redimiera mi vida. 

jueves, 30 de julio de 2015

Clamor desde el Sáhara Occidental. 119



Que suelte su honda David, 
que deje de matar gigantes, 
que les deje vivir, 
que haga él un gigante 
de su diminuto corazón 
y llene de amor su pecho 
liberándolo de la envidia. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 118


Todos los seres humanos
han de tener dignidad
en la mirada de sus semejantes,
de ello depende
el futuro de la especie
y la felicidad del mundo,
es absurdo padecer
el escarnio y el desprecio,
la violencia y la opresión
del igual a ti,
nada lo justifica,
salvo el empecinamiento en el error,
la obcecación del hombre vacío
que no escucha su corazón,
el hijo que se te murió, Takbar,
murió por su raza,
otra culpa no contrajo
sino ser saharaui,
si no se juzga al asesino
y se libera a vuestro pueblo,
llegará un día en que ser persona
ya no sea posible. 

El placer en el bien ajeno. 138



Yo sé que la verdad 
no es el áspero dolor 
que a veces se abate sobre una vida, 
ni la desesperanza que tiene 
quien se entrega al desengaño 
resentido con el mundo 
sino la luz de los sueños 
que alimenta el corazón 
y abre los caminos, 
yo te soñé 
cuando las tinieblas 
cubrían mi horizonte, 
no creía merecerte, 
no pensé que llegaras nunca 
pero el deseo de ti nunca cesó, 
ni siquiera habías nacido 
cuando anhelaba tu amor, 
tu ternura, tu dulce mirada, 
el remanso de tu indulgencia, 
que en ningún otro encontraba, 
pasaron las décadas 
antes de que vinieras, 
en ti se encerraría 
toda mi ansia de dignidad y paz, 
tú serías la claridad 
de un amanecer milagroso 
después de una noche fría, 
solitaria y opresiva, 
te intuí cuando estabas cerca 
como el anhelo de un verso 
que no acertaba a pronunciar, 
como una historia de amor 
que no tributara a lo sórdido, 
me afligía muchas veces 
en mi profundo desencanto, 
te añoraba y no veía 
el camino hasta ti, 
eras fruta prohibida 
para mi mísera condición, 
un bien demasiado alto 
para un hombre tan vil 
y, sin embargo, viniste a mí 
a entregármelo todo 
con la sencillez de una niña 
como si fuera un destino 
inexorable y dichoso 
que la Tierra me reservaba. 

El placer en el bien ajeno. 137



Qué profunda fue
la agonía de mi agravio,
qué vil me hicieron sentir,
qué inmundo me vi, qué merecedor
del desprecio y la humillación,
cuánto eché de menos
la luz de la dignidad y el afecto,
qué bajo y sucio me llegué a creer
por haber dado ocasión
al sarcasmo y la ironía
de unas almas jactanciosas
sedientas de vanagloria,
yo no me burlo de ti,
te muestro un profundo respeto,
una devoción reverente,
hago de ti mi dios,
la realidad más sublime,
la más bella, la más noble y majestuosa,
yo te exalto
sobre todas las cosas
sin sombra de menosprecio,
tú eres mi refugio
de pureza e inocencia
para escapar de la insidia
de las almas corrompidas. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 117


Hasta en su llamada a la felicidad,
herían con la desesperanza
porque nunca terminaba
el invierno en sus entrañas,
los verdugos de Guernica
lucharon contra la inocencia
y cargaron con la culpa
los sueños y la fragilidad. 

Estante luminoso. CLXXXVII



El deseo supremo 

Recobrar aquellos sueños 
rutilantes de la infancia 
que enterraron su esperanza 
fracasados mis empeños 
y de mis dedos pequeños 
se quisieron escapar, 
yo no espero más que amar, 
alcanzar la dignidad 
y hacer que la humanidad 
vuelva mi pecho a habitar. 

El placer en el bien ajeno. 136



Tu corazón leal
es mi lecho de descanso,
la verdad de tu amor
doblega mi inquietud,
manantiales de esperanza
brotan de tu mirada,
tu pecho acoge
todo el afán de mi afecto. 

miércoles, 29 de julio de 2015

El placer en el bien ajeno. 135



No hay nada más idiota
para un alma obcecada
que un sencillo sentimiento,
opondrá contra él
para vencerlo
todo el peso de su erudición
y la aplastante carga de su lógica
como si el hombre fuera libre
de desobedecer a su corazón
y como si fuera dañino
el mero hecho de sentir,
no le importa la verdad
que esconde un pecho
sino las frías formas
que conservan las apariencias,
no es capaz de perdonar
un desliz en las maneras
pero, sin escrúpulos, humilla
la bondad del hombre puro,
no me creo su virtud,
ni su exhibida inteligencia,
no me engañan sus melindres
de ética aprendida
en manuales de lujo,
yo sé que el bien lo hace
quien lo nota dentro,
quien ama como nosotros
sin buscar explicaciones,
quien ve en su semejante
un misterio siempre nuevo
y, como tú haces conmigo,
no lo juzga por lo que hace
sino por lo que quiere. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 116


Las manos codiciosas 
de colonos de alma yerma 
lo golpearon y cortaron su garganta 
con unas tijeras 
por defender su orgullo enfermo 
y sus robados predios, 
brutalidad de seres degradados 
que exige justicia y reparación 
y la condena de la humanidad entera, 
los médicos que le atendieron 
torturaron su cuerpo y aceleraron su muerte 
sin respeto por su más elemental dignidad 
inducidos por las autoridades 
que solapan el exterminio de un pueblo 
con la aquiescencia de Occidente, 
que, con frío cinismo, 
llama amigo al verdugo. 

El placer en el bien ajeno. 134



Tienes primavera en tu apariencia,
auroras y jardines hay en tu piel,
miel y sol de la mañana,
rosas y suaves olas del mar,
cielos azules y enjambres de estrellas,
todo en tu manifestación es apacible
porque es la expresión
de un espíritu majestuoso. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 115



Qué poco importante es 
lo que me hace dichoso, 
qué evanescente, qué inaprensible, 
qué intrascendente y banal, 
qué ajeno a mi voluntad, 
qué difícil de conquistar y de justificar, 
mi corazón es caprichoso, 
se empeña en las empresas imposibles, 
desea lo que no tiene sentido 
y no se puede explicar, 
todo me dice 
que no ocurrirá y, sin embargo, 
cuánta ventura va llegando, 
qué feliz es mi existencia. 

El placer en el bien ajeno. 133



No dan importancia ni respetan
los hipócritas a mis poemas
porque no saben que yo no miento
ni guardo las apariencias,
cuanto amor te expreso
y cuanta dignidad te atribuyo,
cuantas palabras te escribo
y cuantos pensamientos doy a la luz
los siento en mi corazón,
mis versos son sencillos,
sin revueltas traicioneras,
el valor de mi voz
es la verdad que encierra
por eso los hombres falsos,
que no viven para amar
sino para mantener las formas,
no creen que merezca atención. 

Estante luminoso. CLXXXVI



Las tres cosas que no hay que hacer al amigo en quintilla 

Al amigo no hay que dar 
muestra de envidia ninguna 
pues emoción tan bajuna 
en el oficio de amar 
no es la propia ni oportuna. 

No le niegues al amigo 
la expresión de su sentir 
pues, si se ha de reprimir 
cuando conviva contigo, 
no te podrá resistir. 

Guárdate la vanagloria 
cuando estés con el que quieres 
porque con ella lo hieres 
y grabas en su memoria 
lo vacío y frío que eres. 

El placer en el bien ajeno. 132



No hay bien que no desee hacerte, 
te quiero con inocencia y pureza, 
sin reservas, sin fingimiento, 
orgulloso de mi altruismo, 
dichoso porque tengo en mis manos 
poder para regocijarte. 

El placer en el bien ajeno. 131



La dignidad más alta 
que puedo concebir 
es que me ame tu corazón, 
la más preciosa maravilla 
que en el mundo existe. 

El placer en el bien ajeno. 130



Eres innombrable y ubicua, 
estás siempre a mi lado 
como alma del mundo 
aun cuando no te vea. 

martes, 28 de julio de 2015

Clamor desde el Sáhara Occidental. 114



Duerme el bien
en el espíritu de Israel,
no brilla la luz divina
en su corazón abandonado,
ha edificado un infierno
con la porfía de su demencia,
su historia es un rastro de sangre
como la de un psicópata brutal. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 113



Sherezade 
usó la magia de los sueños 
para templar el rigor 
de un macho explotador, 
él quiso hacer uso de ella 
como de un utensilio vil 
y arrojarla después a la muerte 
como si no valiera nada 
pero ella supo despertar 
su inocencia de niño, 
le colocó con su gracia 
frente a su corazón reprimido 
en mil y una noches de instinto y misterio 
y redimió su alma 
para que amara libre 
derrotada la codicia 
y la vanagloria. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 112

Los hombres reales son dóciles, Takbar, 
anhelan la armonía y el bien 
y buscan la felicidad de sus semejantes 
tanto como la suya propia 
pero los que mataron a tu hijo no eran hombres 
sino autómatas rotos 
sin corazón ni cabeza. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 111


Mataron a los guernikarras 
como si no fueran hombres 
con alma y con corazón, 
los amasaron en sangre 
como material de desecho 
olvidando que eran llamas 
sutiles y sagradas. 

El placer en el bien ajeno. 129



Una civilización para la esclavitud nos enseñó 
que el dolor era la esencia de la vida, 
que la felicidad era una vana esperanza, 
que el Paraíso estaba en otro mundo 
porque los hombres no lo merecían, 
que el alma humana era inmunda 
y los ángeles no soportaban la Tierra, 
he sentido que te perdía muchas veces 
porque creí esa patraña, 
con frecuencia se ha abatido sobre mi aliento 
el temor de que desaparecieras 
dejando mi existencia tan vacía 
como estaba cuando llegaste, 
la educación del esclavo 
exige desesperanza y resignación 
pero tú no te irás nunca 
porque eres realidad y salvación 
y has venido a la vida 
para extender el amor. 

El placer en el bien ajeno. 128



Estrecha más tu distancia, 
acógete a mi regazo, 
júntate conmigo, 
recibe mi calor y mi afán, 
nótame, siénteme, ábrete a mí, 
soy tu hermano, 
el amigo de tu corazón, 
el alma leal a ti 
y necesito envolverte en mi ternura. 

lunes, 27 de julio de 2015

Clamor desde el Sáhara Occidental. 110



Su espíritu enfermo
imagina que debe algo
a quienes la han destruido
que, para ser bondadosa,
tiene que obedecer y callar,
ocultar y sufrir,
someterse y morir,
imagina que la quieren,
no puede renunciar
a ese afecto corrompido y falso,
interesado y destructivo,
condenó mi corazón
cuando lo desnudé
como hacen los niños
ajeno a su malicia
y hablé de mi soledad
y del agravio en que me veía
desde mi fría infancia,
no consentía mi queja,
execraba mi dolor,
no me dejaba sentir
lo que tenía que sentir,
ella, que reprime su voz
por sumisión a la autoridad,
ella, que se está muriendo
y no hace nada por sí misma,
me acusaba a mí
de no ser natural
por decir que nunca
se me había querido,
me hirió con su insidia,
humilló mi inocencia
tal como hace ella
consigo misma. 

El placer en el bien ajeno. 127



Algún pedante podría pensar 
que tú eres 
lo que llamarían los sociólogos de postín 
un producto de las nuevas tecnologías, 
creerá que con eso lo explica todo 
y se irá a la cama tranquilo 
sin preocuparse nada 
por amar y practicar el bien  
y sacudirse su egoísmo y maldad 
pero tú eres simplemente 
un ser humano 
con el corazón tan grande 
que acoge a toda su especie 
y evita hacer daño  
dondequiera que se halle, 
tu bondad no es una foto 
sino la realidad más constante, 
no llevas una máscara 
para usarla ante el teclado 
porque tu alma es verdadera 
como el agua clara, 
que escriban sus doctos libros 
los científicos sociales 
y nos llamen a ti y a mí 
fenómenos de la modernidad 
pero los inteligentes saben 
que solo somos personas 
que se quieren con el alma, 
que es como se ha de amar. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 109


Es difícil el mundo, Takbar,
la vida trae mucha desdicha,
muchas desgracias y desilusiones
porque muchos hombres
no son hijos de la verdad. 

El placer en el bien ajeno. 126



Vuelve, caminito de placer, 
da final a esta ausencia, 
hazme una señal de que estás bien 
y acaba con mi inquietud, 
tráeme el perfume de la vida 
en tus manos inocentes, 
alumbra mi corazón 
con tu roce silencioso. 

El placer en el bien ajeno. 125



Eres el devenir del universo,
el desarrollo del mundo,
el ritmo de la Tierra,
tus ciclos y tus ondas son la gracia
que puebla la inmensidad,
reverberas en mis entrañas y las colmas
como eclosión de primavera,
en lo más profundo de la noche,
siento tu resplandor
aliviando mis tinieblas. 

El placer en el bien ajeno. 124



Tu piel es suave y tersa
como pétalo de flor,
tiene el color de la aurora
y la luz de la infancia,
el sendero de tu cuerpo
rebosa de amenidad
y está plagado de delicias
como si lo vistiera
el espíritu de abril. 

El placer en el bien ajeno. 123



Hablando sinceramente,
en el mundo, apenas he encontrado
motivos para el afecto,
los otros no pudieron tocar
muy hondo en mi pecho,
anhelé rostros bellos
cuyas almas me decepcionaron,
tuve amigos grandes
con los corazones pequeños,
conviví con mi familia
como con extraños
pero, cuando sentí
la asfixia de la desesperación
y me parecía que solo la muerte
me deseaba de verdad,
apareciste tú
y me atravesaste el alma
con la brisa de tu aliento,
me traías a mí mismo
al que había olvidado,
todo lo tuyo me roza
con su miel las entrañas,
eres inherente a mí
como las olas al mar,
me alboroza tu mirada
sobre mi frágil esencia,
encierras todo mi júbilo
de habitar en la Tierra. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 108



No me han dado mucho afecto
a lo largo de mi vida,
con frecuencia, solo he cosechado
traiciones y humillaciones,
he buscado la pureza,
la inocencia y la sencillez
porque tengo un corazón
frágil y sincero
pero pocas personas posan
sus miradas en lo esencial
porque casi todas llevan
un invierno en su pecho. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 107



Algunas personas creen
que la grandeza de los demás
disminuye la suya propia
y emplearían cualquier vileza
para provocar su menoscabo,
cuanto más grandes quieren ser
más ruinmente se comportan
porque la maldad les guía
y no, su corazón,
sus espíritus helados
sienten sed de sojuzgar
y castigan la inocencia
de las víctimas que apresa
su siniestra hipocresía,
hunden en el sufrimiento
a los pechos que conquistan
porque no quieren amor
sino fría vanagloria,
con frecuencia, me han herido
con su cruel altanería
y aun tuvieron el cinismo
de afectar humildad. 

El placer en el bien ajeno. 122



Un día podrías desaparecer
sin que mis sentidos notaran
que nada hubiera cambiado,
solo el tiempo me mostraría
que ya no leías mis mensajes
ni me respondías nada,
nada sería tan horrible
como tener que vivir sin ti,
ahora estoy inquieto
sufriendo una de tus ausencias,
con frecuencia, desapareces
sin avisarme siquiera,
tu corazón es libre
y huyes de la rutina,
siempre regresas provocando
mi suspiro de alivio
porque mi vida ha sido tan dura,
tantos sueños he perdido
y tantos desengaños ha visto
mi desdichado pecho
que solo espero del mundo
amargura y fracaso. 

domingo, 26 de julio de 2015

El placer en el bien ajeno. 121



Toda mi sed de bondad e inocencia,
todo mi afán de sencillez y verdad
en ti ha encontrado su alivio
después de tantos años prisionero
de la oscuridad y el silencio,
tu aliento es delicado y puro
como el de un arcángel,
tienes la infinita dulzura
de la luz de las mañanas. 

El placer en el bien ajeno. 120



Los arrogantes y fatuos no esperan 
amor de sus vidas 
sino un montón de apariencias 
a lomos de su hipocresía, 
nosotros nos queremos 
con humildad y respeto 
y solo servimos 
a la desnuda verdad. 

El placer en el bien ajeno. 119



Quisiera entregarme a contemplarte
cuando estuvieras metida en la ducha,
sin la inquietud del deseo,
sin mancharte con un ánimo sucio,
mirándote
como se mira el cielo estrellado
estremeciéndose con su misterio,
te observaría toda, llagándome de amor,
gozando la gracia
de tu cuerpo delicado,
la sutileza sublime
de tu feminidad,
al final, me detendría
en tus purísimos pechos
regados por el agua corriente,
mostrándose a mí como dos soles
amaneciendo radiantes,
estudiaría tus pezones,
su color, su forma, su tamaño
con infinito asombro,
como un amante de las flores
que descubriera una nueva especie
y, después de embriagarme
con la visión de tu desnudez,
mis ojos quedarían
prendidos de tu boca,
solo de tu boca,
tierna como una rosa fresca,
dulce como la brisa del mar,
infantil y graciosa
anhelantes de un beso tuyo
que ofrendara tu riqueza
a mi corazón desvalido. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 106



La tumba eterna clausura 
el camino hacia los otros, 
tinieblas y silencio exige 
el hábito del sepulcro, 
¿seré ya su habitante? 
Tengo miedo, tengo frío, 
todo es bruma y sueño 
más allá de mi desierta estancia, 
el tiempo pasa baldío 
y el tedio me desespera, 
¿habrá acabado mi día, 
será esta vida la muerte? 

Estante luminoso. CLXXXV


Desolación en Guernica 

Manos de hierro atenazan 
tu corazón libertario, 
el dolor es su salario, 
al hombre desnudo cazan, 
la Tierra entera amenazan, 
no conocen la inocencia, 
gozan de la incongruencia 
como absurdos humoristas, 
dejan sus huecas conquistas 
el invierno por herencia. 

El placer en el bien ajeno. 118



El esplendor de tu cuerpo
da luz al mundo
y me penetra de esperanza,
tu apariencia saludable y delicada
encierra un atisbo de la eternidad,
una intuición del absoluto
como un ave de niebla
que volara hasta el infinito,
quisiera embeberme de tu manifestación,
mirarte, tocarte, ceñirte, besarte,
celebrarte, reconocerte,
tu belleza inteligible,
que expresa tu feminidad
como con agujas de miel
o visiones de la inmensidad,
sacia en mí el afán del embrión
y, más allá de ella,
tu belleza inalienable,
la huella de ti en tu materia,
el enigma que mi amor descubre,
me conmueve y estremece
como si calmara una sed
mucho más temprana y misteriosa.

Clamor desde el Sáhara Occidental. 105



Qué sagaz se siente el necio, 
qué seriamente cree en su malicia, 
con qué insidia ataca a la inocencia 
turbio de envidia, 
qué sediento está de mal, 
qué hambre tiene de asolar 
la fe del bondadoso. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 104



Apuré hasta las heces 
el rebosante cáliz de la humillación 
que me tendían mis semejantes 
y ni siquiera el estiércol me pareció 
más despreciable que yo. 

El placer en el bien ajeno. 117



Tus muslos son dos ríos
opulentos y claros,
beber podría en ellos
mi sed ardiente
sin quedar jamás ahíta. 

sábado, 25 de julio de 2015

El placer en el bien ajeno. 116



Qué gloriosamente ensalzas
mi ser humillado
con el calor de tu afecto. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 103


Qué hombre tan vulgar e insignificante
es el rey de Marruecos, Takbar,
tu hijo a su lado
desbordaba de majestad y esplendor. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 102



Para gustar la mujer
en esta sociedad de esclavos
tiene que no ser lo que es,
ni sentir lo que siente,
ni desear lo que desea,
ni tener los límites que tiene,
se la condena sin piedad
por existir
y no poder evitarlo. 

El placer en el bien ajeno. 115



Mañana será domingo 
y tú no estás aquí 
consolando mi soledad, 
aliviando mi frío y mi inquietud, 
tengo que sentirte 
no más que con el corazón, 
como si fueras un presagio 
evanescente y nebuloso 
y no la realidad vigorosa 
que justifica mi vida, 
mi amor no duda ni vacila, 
se mantiene firme y crece cada día, 
vivo solo para ti estés donde estés 
pero qué gozoso sería este instante 
si entraras en esta estancia 
y, con tu voz delicada, 
la colmaras de primavera.