lunes, 31 de agosto de 2015

Clamor desde el Sáhara Occidental. 221


Almas cargadas de incertidumbre
que huyen de sus dudas
con abyecta cobardía,
incapaces de piedad
ni siquiera consigo mismas,
así eran las que prendieron fuego
a la casa de Alí y Ahmad. 

Estante luminoso. CCXXVIII



Cuatro pareados de paz y plenitud

Un ángel bello es mi hermano
y me da su tierna mano.

No veré mi perdición
pues sigo a mi corazón.

Sabe el mundo la verdad
que encierra mi intimidad.

Mis adentros son del bien
no hay buenos con quien no estén. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 220


A un ser humano no se le pide 
que refrene su corazón 
y renuncie a la libertad que le sojuzga, 
no se le pide lealtad a las mentiras, 
no se le pide respeto 
al brazo que lo oprime, 
no se le pide que se humille 
para envanecer a su dueño, 
ni que pierda la felicidad 
por piedad y compasión, 
una mujer no quiere ser 
una esclava sin alma, 
Nadia deseaba reinar 
ella sola en su vida, 
quería un paraíso 
para los días de su existencia, 
la violaron y mataron 
para dar ejemplo 
pero quienes se lo robaron todo 
se creían en su derecho 
y, en sus ojos de torvos bueyes, 
ni una lágrima brotó. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 219


Me huelo yo que, en el mundo, 
no manda la buena gente 
sino los duros de corazón 
sin cabeza sobre los hombros, 
su terquedad asombra 
porque no buscan la inocencia 
sino supremacía, 
no atienden a la verdad 
porque ataca sus fundamentos, 
yo quiero para mi país 
verdadera democracia 
y decencia ética, 
por eso hablo mal de mi rey 
y de los políticos, 
que abandonan y castigan a un pueblo 
noble y sencillo como el saharaui, 
a ellos les dolería 
si leyeran mis poemas 
el desprecio con que hablo de ellos 
porque son seres humanos 
y estarán cargados de orgullo 
pero es lo que se merecen 
porque los saharauis sufren 
y a ellos no se les mueve 
ni siquiera el flequillo. 

El placer en el bien ajeno. 260



Soy flaco juguete de la muerte, 
cáscara sin sustancia, 
mi esencia lucha por sobrevivir 
a esa corriente letal que arrastra 
a la multitud sin nombre 
pero las aguas me cubren 
y mi boca no respira 
y el oprobio me atormenta 
porque no ser es lo más amargo, 
solo tú me nombras 
y me salvas de la extinción, 
no puedo prescindir de ti, 
tú me haces luz, 
me ensalzas, me alientas, 
tu pecho perdona 
mi triste insignificancia, 
soy herida que no sana 
y solo tu mano da alivio 
a mi tormento sin tregua. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 218



Siento el mal en mi mismo interior,
llamándome a la vanidad,
al desprecio, a la ira,
al egoísmo, a la soberbia,
entristece mi corazón, lo atormenta,
hace sufrir a mi conciencia,
mi espíritu es recto
pero no lo dejan en paz,
lo persiguen, lo humillan,
lo oprimen, lo critican,
lo desprecian, lo maltratan,
despiertan la maldad en mis adentros
y he de luchar contra ella
porque necesito la inocencia. 

El placer en el bien ajeno. 259



Yo te quiero y te respeto a ti 
porque mi persona es valiosa para ti, 
eres una florecilla, no te tengo miedo 
pero te reverencio como a mi dios 
porque refugias mi aliento 
en tu valeroso seno  
pero ¿por qué habría yo de rendir obediencia 
a mi presidente o mi rey 
que mantienen a mi país 
leal a una dictadura 
o a la jerarquía eclesiástica, 
que quiere que mi corazón sienta 
como ordenan viejos libros 
o a la policía y el ejército, 
que, con su máscara de fuerza, reprimen 
los sueños con que los hombres 
piensan el bien, 
por qué tendría que creer 
en los hombres que otorgan los premios 
si su obsequio es el cerrojo 
con el que cierran mi prisión 
o en los intelectuales reconocidos 
si solo dicen que es imposible 
deshacernos del absurdo mal 
o en mis honrados vecinos 
si me piden escrupulosa urbanidad 
aunque, en sus conciencias, solo hay 
gris egoísmo? 
No, mi vida, yo no acato 
otra autoridad que la del amor 
porque nadie llorará mi partida 
sino el pecho noble y cálido 
que quiso que fuera libre. 

El placer en el bien ajeno. 258



Eres abismo que llama, 
abierto, profundo, anchuroso, 
quiero sumergirme en tu misterio, 
liberarme en tu inmensidad, 
no me digas tu nombre, 
que tu enigma me transfigure, 
que tu evidencia me pueble el alma, 
déjame que abarque entera 
ternura tan esencial. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 217


¿Por qué se sienten justos los ladrones,
por qué acusan de abuso a quienes roban,
por qué no hay límites para el malvado? 

domingo, 30 de agosto de 2015

El placer en el bien ajeno. 257



A quienes me han hecho daño 
tantas veces en mi vida 
para escenificar su gloria 
hinchados de falso orgullo 
los nombro virreyes de la Luna 
para que luzcan su cargo 
delante de los vecinos 
grabado en letras doradas 
en un pedazo de cartón, 
tú nunca me has humillado 
por un honor de tres al cuarto, 
eres el ser más respetuoso 
que jamás he conocido, 
tu orgullo es el verdadero 
el que obliga a cumplir 
con el deber humano 
y no, el que mantiene en pie 
la cobarde mentira, 
por eso te amo 
y te escribo mis poemas, 
por eso te necesito tanto 
y me das tanta esperanza, 
pero a las figuras ufanas 
que, por brillar, me han agraviado 
y a cuantos otros para los que soy 
vil e insignificante 
les regalo mi sonrisa 
y una rosa perfumada 
porque su afrenta no toca 
en el fondo de mi ser. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 216


Frágil como la llama de una vela, 
así es un ser humano, 
así es su alma. 

El placer en el bien ajeno. 256



Ni un minuto quisiera estar
ocupado en los asuntos de los otros
mientras mi corazón duerme
y mi espíritu yerra en el vacío,
la vida es para los afanes de nuestro pecho
y no, para los intereses huecos
en que nos involucra el prepotente,
cuando me alejo de tu dulzura
para enfrentarme al estrépito odioso
de las almas zafias,
tan preocupadas por sí mismas,
tan ásperas, tan frías,
tan estúpidamente fieles
a las máscaras de la fuerza,
tan miserables y cobardes,
tan violentas, tan mezquinas, tan necias,
tan hipócritas, tan mentirosas,
se me enfría la felicidad
y la nostalgia de la ternura
fatiga mis adentros. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 215


Yo no me equivoco
cuando defiendo que el Sáhara debe ser libre,
la verdad no es oscura,
la verdad la sabe el corazón honesto,
el que se abre a los otros,
el que busca el bien,
muchos marroquíes
pueden pensar que soy un bastardo,
que soy despreciable y envidioso
pero a mí me guía la bondad
y a ellos, en este tema,
solo la vanidad
con que su necio rey los maneja. 

El placer en el bien ajeno. 255



Si fuéramos egoístas,
no escucharíamos nuestro corazón
sino los ruidos del mundo
y la felicidad que conquistáramos
sería tan insustancial
como un puñado de polvo. 

El placer en el bien ajeno. 254



Recién levantada de la cama,
con el pelo suelto y despeinado,
estarás muy bonita,
serás más tú, más mujer,
más real y manifiesta,
tendrás un poco de somnolencia
y estarás un poco débil,
si te viera, sentiría la compasión
que se siente por lo más frágil,
lo más sagrado e inocente,
creería que contemplaba
un ser, en realidad, remoto,
ajeno a mi mundo
de puro delicado. 

Estante luminoso. CCXXVII



Décima a la paradoja de mi vida 

Tan mal afecto me han dado 
a lo largo de mi vida, 
fue mi frente tan herida 
que ahora soy desconfiado 
y, aun siendo tan declarado 
que por fin la sociedad 
me otorga gran dignidad, 
amargado me lamento, 
ya sin ningún fundamento, 
de mi negra soledad. 

sábado, 29 de agosto de 2015

Estante luminoso. CCXXVI



A mi corazón mezquino
poca gente hay que le mueva,
los tibios, los engreídos,
los pedantes y las feas,
los dominantes, los malos
no hay forma de que los quiera,
yo quisiera ser un santo
y darles el alma entera
pero no soy más que un hombre
y paciencia no me queda,
cómo escasea el afecto,
los humanos son de piedra.

A las personas que vienen
poniéndome caras buenas
a que les cuente mi vida
mientras la suya me cuentan
yo les digo prestamente
que charlar no me contenta,
ellas se marchan dolidas
creyendo que es una afrenta
pero es que por los extraños
no hay simpatía que sienta,
cómo escasea el afecto,
los humanos son de piedra.

Tengo dos o tres amigos,
que, con mi novia morena,
hacen todos mis amores
y el corazón ya me llenan,
quiero a mi madre también
aunque tocando madera
y, para el resto del mundo
el cariño no me llega
y es que mis entrañas son
para los otros muy secas,
cómo escasea el afecto,
los humanos son de piedra.

Pude vivir largos años
en la soledad extrema
y cuanto más solo estaba
más amable y feliz era,
no extrañaba a las personas,
no buscaba su presencia,
me bastaba compañía
con una larga novela
porque mi pecho es muy frío
aunque algunos no lo crean,
cómo escasea el afecto,
los humanos son de piedra.

No quiero besar los niños,
ni abrazar a las abuelas,
sonreír no me apetece
aunque por feo me tengan,
soy más duro en el sentir
que las mismísimas peñas,
ni porque me den dinero
son más dulces mis maneras,
quisiera ser puro amor
pero el alma se me hiela,
cómo escasea el afecto,
los humanos son de piedra. 

El placer en el bien ajeno. 253



Me aceptas entero, 
me quieres entero, 
me salvas entero, 
me ofrendas la vida. 

El placer en el bien ajeno. 252



Rozas mis heridas con tu levedad de rosa 
para sanarme y confortarme 
sin que sienta dolor ni humillación 
porque tu aliento es pura luz y sutileza 
y penetra mi ser sin hacer daño, 
cuidas de mi fragilidad con la ternura 
infinita de la brisa en primavera, 
no me dejas zozobrar ni atormentarme, 
tienes esmeraldas en el alma que inflaman 
de ilusiones las raíces de mi corazón, 
eres un ángel delicado y claro 
que alivia mi sufrimiento 
con la fuerza de su dulzura, 
no escondes en tu inocente seno 
el ingrato rigor de los seres zafios. 

El placer en el bien ajeno. 251



Este sábado, como siempre, 
lo pasaré en mi casa, 
sin ver a nadie más 
que a mi autoritaria madre, 
¿a quién más podría ver 
si todo lo que tienen que contarme 
me despierta tedio y tristeza, 
quién quiere visitar a un hombre 
que pone cara de amargado 
cuando escucha risas y gritos? 
Estaré escondido en mi cuarto 
componiendo poemas 
sin contemplar unos ojos 
que me miren con afecto, 
nadie por aquí me quiere tanto 
que precise visitarme, 
solo si muriera, merecería 
el honor de la atención, 
no tendré el consuelo hoy 
de una voz que me roce el alma, 
delicada, sutil, profunda 
como la tuya, 
pasaré este sábado fuera del mundo, 
agarrándome a mis versos 
como un náufrago a su tabla 
pero, si tú estuvieras aquí, 
llenándolo todo con la luz de tu bondad, 
abrigando mi aliento en el regazo 
de tu sensible mirada, 
no sentiría esta decepción 
abatiendo mi ánimo porque mi hogar 
rebosaría de magia. 

El placer en el bien ajeno. 250



Las almas víctimas de la esclavitud 
aman solo razonablemente, 
limitada, tibiamente, 
sumisos a la autoridad, 
que les dice lo que han de sentir, 
leales a los prejuicios y a sus propiedades 
más que al corazón, 
cuando se besan, sienten 
el roce de la carne pero sus alientos ignoran 
la suma ventura de la generosidad, 
nosotros dos somos libres 
y nos envuelve el infinito, 
nos amamos con todo el ser 
porque no tenemos dueños, 
nos entregamos a nuestros sueños 
y no a los mandamientos, 
nuestra conciencia está limpia 
porque no la mancha el opresor. 

El placer en el bien ajeno. 249



Sé que me necesitas, 
que tu pecho me busca, 
que, en tu corazón, 
arde por mí una llama, 
aunque nunca me lo dices, 
tus entrañas me aman tiernamente, 
no quieres perderme, 
procuras mi bienestar, 
tu alma tímida 
no puede disimular su afecto, 
me has abierto para siempre 
la puerta de tu regazo 
pero cuánto frío hubo 
en los otros alientos, 
qué vanamente esperé 
el amor en la vida, 
qué profunda soledad 
arrastré todo el camino, 
qué presencia tan fútil 
representé para los demás, 
qué poca dignidad merecía 
en sus ásperos senos, 
tan duros e insensibles 
que parecían de piedra. 

El placer en el bien ajeno. 248



Necesito luz de los otros, 
necesito espacio, vida 
porque me aguarda un sepulcro 
vacío y eterno, 
no quiero muerte, no quiero frío, 
necesito los rayos cálidos 
del corazón de los ángeles, 
me estoy consumiendo, 
la corrupción me cava, 
los días me acercan 
al sueño que es para siempre 
pero qué solo estoy, 
nadie se apiada de mí, 
nadie agarra mi camisa 
para que no me hunda, 
solo a ti te tengo dentro 
alentándome con tu ternura, 
pidiéndome que viva. 

El placer en el bien ajeno. 247



La ley se cumple en tus rasgos, 
dibujan con propiedad 
la verdad esencial, 
tu apariencia es filosofía, 
ruta por la perfección 
de un diáfano razonamiento. 

viernes, 28 de agosto de 2015

Clamor desde el Sáhara Occidental. 214


En el corazón está la verdad,
quienes lo escuchan saben
que no hay que robar a un semejante
porque lo que es de él
nunca les pertenecerá. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 213


Si hubieras sido hombre, Nadia, 
tus asesinos habrían sido 
algo más pacientes 
pero te enfrentaste a ellos siendo mujer 
y heriste su soberbia de machos, 
los gallos no pueden permitir 
que una débil hembra les presente cara 
porque su fuerza es el prejuicio 
y sin mentiras no son nada, 
extinguieron tu voz 
porque humillaste su falsa hombría, 
queda restituido 
su corrompido honor 
de patriarcas esperpénticos 
pero no engañan a nadie 
pues para todos es manifiesto 
que son unos cobardes. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 212


A Yahveh le gusta 
el aroma de la grasa quemada, 
pidió a su pueblo 
un holocausto permanente, 
quiere Yahveh 
unos fieles sanguinarios 
para satisfacer su fatuidad, 
alimentan con asesinatos 
a su dios los Israelíes 
ajenos a la evidencia 
de que es solo un espantajo 
sacado de un mal cuento. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 211


¿De qué presume Israel, 
en qué basa su grandeza, 
dónde está su fuerza, 
por qué debería rendirle 
asombrada reverencia el resto del mundo, 
qué superioridad le honra, 
qué honores lo redimen 
si no hay más que zafia estupidez 
en cuantas acciones le distinguen? 
Ni una sola vida humana, 
ni un solo niño muerto vale 
un estado tan pueril. 

El placer en el bien ajeno. 246



Ángel de mejillas inocentes 
y boca ingenua, 
que no lo sepan los malos, 
que no lo escuchen los perversos 
para que no se burlen de nosotros 
con sus palabras de piedra 
pero te digo que siento el ansia 
de librar mi alma 
de todo amargo egoísmo 
para besar tu cara. 

El placer en el bien ajeno. 245



Eres tan flaquita, tan sencilla, 
tan bonita, tan simpática, 
tan niña, tan alegre 
que pareces un polluelo, 
tengo que agarrarte por la cinturita 
y apretarte contra mí 
y no soltarte hasta cubrir tu rostro 
inocente y bondadoso 
con un vendaval de besos. 

El placer en el bien ajeno. 244



El rizo de tu ironía, 
me abarca el alma, 
tu dulcísima tiranía 
libera mi corazón. 

El placer en el bien ajeno. 243



Un beso de esos labios 
tan dulces, tan honestos, 
tan austeros, tan sabios, 
tan graciosos, tan niños 
sobre mi rostro 
sería la mayor fortuna 
que recibiera jamás 
y poder darte los míos 
en esa cara tan bonita, 
tan noble, tan delicada, 
en esas mejillas tan tiernas, 
en esa boca de miel, 
sobre esas infantiles sienes, 
en tu pelo, en tus orejas, 
en tu suave cuello, en tu barbilla, 
un encumbrado privilegio 
más alto que la inmortalidad. 

Estante luminoso. CCXXV



Quintillas a las manos de mi amada 

Déjame tocar tus manos 
con ternura conmovida 
y, mientras mi afán las cuida, 
sintámonos dos hermanos 
viviendo la misma vida. 

Son tus manos blancas rosas, 
lenguas de brisa apacible, 
de tu espíritu sensible, 
delegadas mariposas 
que hacen la bondad posible. 

Besarte las uñas quiero, 
las falanges y nudillos, 
las yemas y montecillos 
y las palmas por entero 
con besitos menudillos. 

Acaricia sin pudor 
con tus manos mi cabello, 
mi calva frente, mi cuello, 
de mi mejilla el negror, 
ponles de tu amor el sello. 

Hay caminos infinitos 
en tus manos de rocío, 
andándolos, desvarío 
con mis dedos expeditos 
porque sé tu pecho mío. 

Estante luminoso. CCXXIV


El poder de Emma Watson 

Resplandeces triunfadora 
como el Sol del mediodía, 
se siente una melodía 
cálida y conmovedora 
cuando tu rostro se explora, 
tienes un brillo de estrella, 
una fuerza de centella, 
eres libre como el cielo, 
misteriosa como un velo, 
cumplida como una huella. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 210


Mueren los niños pequeños 
en honor de un dios miserable 
que pidió como señal de fe 
el sacrificio de un primogénito, 
hinchado de orgullo 
está el dios de Israel 
porque la compasión no hace vacilar 
a quienes le rinden culto. 

El placer en el bien ajeno. 242



Tus coqueterías abren las flores
y hacen cantar a los pájaros. 

jueves, 27 de agosto de 2015

Clamor desde el Sáhara Occidental. 209


Javier Duarte no tiene quien le quiera,
el afecto que recibe
es ritual vacío, hueca apariencia,
gris salario de unos vientres agradecidos
que se olvidan de él
cuando no lo tienen delante,
Nadia Vera se acordó de los oprimidos
aun cuando no la estaban mirando,
aun sin que ellos se lo pudieran pagar,
aun recibiendo por ello
no más que humillación y muerte,
ella lo poseía todo
porque arrostraba la verdad
pero Javier Duarte es un cobarde
y sus manos están tan vacías
como las de un mendigo. 

El placer en el bien ajeno. 241



El mundo me parece vacío 
sin tu voz, sin el ruido de tus pasos, 
sin el roce de tus manos, 
sin tus besos, sin tu mirada, 
sin tu presencia sagrada, 
siento perdidos los días 
que paso sin tenerte a mi lado, 
son como jornadas de sepulcro, 
sin rostro ni nombre, 
espurias, sin sustancia, 
extrañas, decepcionantes, 
propias de acantilado 
que no, de ser humano, 
mi ojos tienen sed de tu apariencia, 
mis manos quieren acariciarte, 
mis sentidos te añoran 
como si fueras un hábito perdido 
porque sin ti no vivo mi propia vida 
sino la de una sombra ajena 
tan inútil como una cáscara. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 208



Qué dulcemente llora 
mi corazón mi impotencia, 
lágrimas de infancia brotan 
por el vigor que no tengo, 
por la muerte, que es más fuerte, 
porque soy de viento y humo 
y necesito a los otros, 
cómo solloza mi pecho 
y se enternecen mis entrañas 
porque estoy viendo mi orilla 
y no tengo a nadie cerca. 

El placer en el bien ajeno. 240



No podría amar a una mujer 
que riera con mis chistes más normales 
o que no entendiera a Kant 
o que afectara con altanería 
ser muy culta y muy profunda 
o que no llegara jamás 
a leerme el pensamiento 
y desnudarme el alma 
o que se conformara con una vida 
medio feliz, medio justa, 
medio bella, medio honrada 
porque no supiera mejorarla 
o que, cuando hablara conmigo, 
me diera la amarga impresión 
de que me ofrecía palabras, 
apariencias, prejuicios, 
explicaciones, formas ajenas 
pero no, su sencillo pecho 
ni su espíritu infinito, 
no podría amar a una mujer 
necia y vulgar, 
frívola y deshonesta, 
tan dormida e inconsciente que decepcionara 
todas mis expectativas, 
hay mujeres obtusas 
que, al mirar a su esposo, 
piensan en el nudo de su corbata 
pero no, en su felicidad, 
que sienten mucho orgullo 
cuando abren las piernas 
pero no, piedad por los humildes, 
que creen que los poemas 
son ficciones para agradar 
y no, el aire puro que un aliento necesita 
para seguir vivo, 
tú no eres como ellas, 
tú dejas colmado mi deseo, 
rebasas mis ilusiones 
como un portento, 
como un milagro asombroso, 
tu mente es maravillosa 
y tu corazón, real, 
contigo a mi lado, 
no echo de menos nada, 
ni siquiera los libros perdidos 
de la biblioteca de Alejandría. 

El placer en el bien ajeno. 239



Ser persona es fácil, 
vivir es sencillo, 
el mundo no es 
en exceso complicado 
pero mi madre y la sociedad 
en la que nací me han inculcado 
con su espíritu controlador, 
inquisidor y exigente 
tanta inquietud, tanta culpa, 
tanta vergüenza e incertidumbre 
que han hecho mi existencia angustiosa 
y han cargado mi espíritu 
de horror y de humillación, 
he enfermado para siempre, 
para siempre quedo 
atado a la química médica 
por la demencia de un tiempo 
que amaba la esclavitud 
y que, sin embargo, se entregaba 
a la deslealtad y la indolencia, 
durante mi amarga vida, 
ningún pecho se supo abrir 
enteramente a mis sentimientos, 
hubo siempre para todos 
algo mejor que mi corazón, 
yo soñé siempre con la inocencia, 
con la dignidad y la libertad 
y con el amor que me salvara 
de tanto doloroso oprobio, 
muchas veces he dudado 
de que tu afecto fuera pleno 
y otras tantas tú, 
pacientemente, me lo has confirmado, 
tu me amas tan claramente 
como alumbra el Sol al mediodía 
después de tantos años 
sintiéndome solo en la Tierra, 
no es muy arduo 
hallar un alma hermana 
aunque quienes nos quieren esclavos 
quieran hacérnoslo creer, 
los hombres nacemos 
para ser felices 
y no para servir 
a vacíos intereses, 
tu corazón es mío, 
ya no lo dudaré más, 
te cantaré mientras viva 
con mi voz insobornable, 
escribiré mis poemas 
todos los días de mi vida 
sin que me preocupe la aquiescencia 
del aliento intransigente 
enemigo del sentir, 
solo quiero la indulgencia 
de las almas buenas 
y por eso nunca 
faltaré a mi deber de hombre, 
el camino hacia la dicha 
ha sido largo en mi vida 
pero ya no la abandonaré 
por mucho que la libertad 
esté cargada de enemigos. 

Estante luminoso. CCXXIII



Pareados elegíacos a una dependencia destructiva 

Tanta tristeza y horror 
por un exceso de amor. 

Tanta amarga frustración 
por tu ansiosa protección. 

Tanto negro sufrimiento 
por apartarme del viento.

¿Por qué dudabas de mí 
si sensato siempre fui? 

¿Por qué oprimías y atabas 
al ser que tan hondo amabas? 

Solo dolor conseguiste 
llevar a aquel que quisiste. 

Tu compasión desmedida 
hizo zozobrar mi vida. 

Tu cuidado receloso 
me hizo el mundo misterioso. 

Tu miedo a que me dañara 
hizo que mi alma enfermara. 

Sorteando el accidente 
volviste el horror corriente. 

Con la duda y la condena, 
me tejiste una cadena. 

Angustia y desolación 
me trajo tu precaución. 

Atado a ti, padecía 
como en la prisión más fría. 

Ya no había ni esperanza 
bajo tu dura ordenanza. 

Me quedé hasta sin honor 
arrimado a tu favor. 

¡Con qué celo te agarrabas 
al alma que sojuzgabas! 

¡Cuánta angustia, cuanto frío 
engendró tu desvarío! 

¿Qué quisiste hacer conmigo? 
¿Encerrarme en el ombligo? 

¿Qué he sido yo para ti 
que nunca libre me vi? 

Mi confianza destruías 
porque tenerme querías. 

Déjame vivir mi vida 
y, de mi suerte, descuida. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 207


Me cuesta convencer a mi madre 
de que ha de respetar mi libertad, 
siempre encuentra un motivo 
para contrariar mi voluntad, 
me atormenta, me asusta, 
me llena de dudas y de culpa 
y hace mi vida fatigosa e incómoda, 
nunca sería feliz 
si me resignara a su dominio, 
los padres son para los niños 
y no, para hombres adultos 
dotados de juicio, 
yo tengo cincuenta años 
y los saharauis son milenarios, 
ni a ellos ni a mí nos hace falta
que nos cuiden unos padres, 
queremos el aire limpio 
para hinchar nuestros pulmones, 
el horizonte despejado 
alentando nuestra esperanza 
y un destino propio para surcarlo 
con la desenvoltura del viento. 

El placer en el bien ajeno. 238



Mi madre cree 
que el tiempo es dueño de su vida, 
nada la aterroriza más 
que incumplir el horario 
y a mí me considera 
su subordinado 
y quiere constreñirme el alma 
con las agujas de su reloj, 
no solo dicta sus órdenes 
sino que también me apremia, 
quiere meterme en su cárcel 
con las horas como barrotes, 
poco amor me tiene a mí 
si he de hablar con rigor 
puesto que nada le importa 
lo que haya en mi voluntad, 
lucha contra ella sin tregua 
armada de culpa y duda, 
cuando me miran sus ojos 
solo ven un instrumento 
para sus propios planes 
y poco le importa si ellos 
arruinan mi felicidad, 
qué diferente eres tú, 
tan sosegada, tan dulce, 
tan transigente y respetuosa, 
no haces nunca de tu amor 
mercancía y sufrimiento, 
has liberado mi vida 
dándome un afecto puro, 
no buscas más en mí 
que lo que sienta mi corazón, 
ella quiere mi alienación 
y tú, mi ternura, 
sus manos prenden y oprimen 
y las tuyas acarician, 
su huella es desesperanza 
y la tuya, primavera, 
su mirada me humilla 
y la tuya me redime. 

miércoles, 26 de agosto de 2015

El placer en el bien ajeno. 237



Mis padres supieron ser 
diligentes en sus negocios, 
tenían el espíritu despierto 
para todo interés práctico 
pero sus corazones estaban 
cerrados y polvorientos 
como un hogar abandonado, 
nunca hice lo bastante 
para merecer su indulgencia, 
su aceptación dependía 
de que fuera útil para ellos, 
qué grises han sido sus almas 
criadas en la necesidad, 
educadas en el autoritarismo, 
huían de la verdad humana 
como de un oprobio, 
solo a tu lado descansa mi pecho, 
tu tierno aliento es consuelo infinito 
para todo el miedo y la tristeza 
que depositaron en mi seno 
tantos años sin esperanza. 

El placer en el bien ajeno. 236



Qué limitado, qué pequeño era 
el amor de los otros, 
qué inútilmente esperaba 
su corazón de sus manos, 
no había espacio para mí 
en sus helados pechos, 
yo no era lo que buscaban, 
me cerraban su puerta, 
me mataban en sus adentros, 
caminé en solitario 
demasiados años 
creyéndome tan vil 
como una alimaña, 
no hubo mirada alguna 
que me acogiera, 
solo encontré interés, 
vanidad y malicia 
pero tú tenías el aliento 
puro y franco como el de un ángel 
y, al llegar, me lo diste entero 
sin pedir a cambio nada 
que no fuera yo mismo. 

El placer en el bien ajeno. 235



No ama de verdad el que afecta fuerza 
y se ufana de merecer el amor, 
yo no te reclamo 
ninguna reverencia, 
no voy buscando honores 
de cartón piedra, 
solo quiero hacer que goce 
tu corazón humilde. 

El placer en el bien ajeno. 234



A tu orilla, me acojo 
con el ansia de un náufrago, 
en tu borde, me quedo 
estremecido de afán, 
a tu rincón, estoy prendido 
por mi llaga más honda, 
no te vayas, no me dejes, 
soy tu hermano, 
acepta mi mano, 
aquiétate a mi lado. 

El placer en el bien ajeno. 233



Se afana el poderoso 
por convencer a los demás 
de la fuerza que él sabe que no tiene 
porque, en el fondo, es tan vil 
como una lagartija, 
si supiera 
qué infinito es el vigor 
que confiere a un hombre 
un amor como el nuestro 
y qué sólido y verdadero, 
no siendo muy bobo, arrojaría 
al mar todos sus cargos 
y buscaría en el mundo 
un pecho que se le abriera. 

Clamor desde el Sáhara Occidental. 206


Franco pagó con el Sáhara 
la ayuda de Marruecos 
en el alzamiento nacional 
y los reyes de España no quieren 
contradecirle 
porque son muy católicos, muy decentitos, 
muy formales, muy guapetones 
y están muy agradecidos 
con quien repuso la monarquía 
en nuestra triste España, 
hay quien querrá 
meterme a juicio por esto, 
pero ¿es que decir la verdad 
es delito en mi país?