domingo, 31 de enero de 2016

Número y corazón. 85



Una única quintilla al tonto al que he bloqueado hoy en Facebook

Tu boquita melindrosa
canta por hipocresías,
afectas entrañas pías
mas no convences gran cosa
con tus santas melodías. 

En la órbita de la esperanza. 73



Acababa de salir de la infancia
pero los tontos habían herido
como es su afán
demasiadas veces mi orgullo,
yo era inteligente y me costaba creer
que tanta gente no lo fuera,
aquella noche era angustiosa para mí,
tenía que copiar
una pila enorme de apuntes
de una asignatura optativa presuntuosa
llamada Industrias
y no me sentía capaz de acabar a tiempo,
aquel trabajo era
infinitamente tedioso para mí,
miraba la televisión mientras copiaba
palabra por palabra lo que había escrito
aquella mano desconocida,
la película sedujo mi corazón
y entró en mi memoria sentimental,
el protagonista despertó en mí
una amargada solidaridad,
en su trabajo, se burlaban de él
como tanta gente había hecho conmigo
y le hacían sentirse indigno
suspendiendo sobre su cabeza
papelitos sujetos con hilos
por ser tan introvertido y extraño
que su única diversión
era cazar mariposas,
también yo, como él, me sentía
vil para el mundo, indigno de afecto, pensaba
que me sería casi imposible hallar el amor
en aquel mundo que solo juzgaba
la forma de mis actos,
sin escuchar lo que mi alma guardaba,
todos esos sueños que me hacían valioso,
para los que nadie tenía tiempo ni interés,
por eso no me pareció tan mal
aquel secuestro de enamorado
de una mujer tan bonita,
aquella medida despótica para arrogarse
un privilegio abusivo y vergonzoso
pero que permitía comunicar
el profundo bien de un pecho
condenado a esconderse,
cuando la muchacha murió
al final de aquella aventura
todavía sin abrir su alma
a aquel hombre tan estúpido,
sentí la mayor decepción
creyendo su fracaso mío
y la indiferencia de ella,
la de todo mi mundo. 

La evidencia ineludible. 60



Los hombres fríos no dejan 
hablar al corazón 
y cuando alguien escucha el suyo, se escandalizan 
y quisieran reprimir también 
esa ajena voz, que en el fondo, 
tan cerca les llega, 
un poema mío ha merecido 
la irrespetuosa crítica de un lector, 
en un español ininteligible, 
creo entender que me acusa 
de frívola búsqueda del aplauso y la vanagloria 
y despreciando la libertad de expresión, me incita 
a no decir las cosas que digo, 
seguramente porque su para él tan humilde persona 
la siente más capaz que la mía 
de cuidar de mi propia vida 
y de mi propia relación con el mundo, 
cree que no debo hablar 
de los sufrimientos de mi vida, 
ni de las heridas hondas de mi orgullo, 
ni desahogarme en un poema 
del laberinto de soledad en que un mundo sin alma, 
apegado a los sentidos y a la lógica, 
fatuo y superficial, me sumergió 
durante tan gran parte de mis años 
y a pesar de esta actitud suya 
tan intransigente y obstructora, 
insinúa con sus palabras 
de hombre que se cree inteligente y culto 
que he sido dañino, 
trivial, irresponsable, incoherente, 
que empleo la crueldad 
y no soy reflexivo, 
en mi poema, hablaba ingenuamente 
de la angustia que siempre me ha causado 
verme disminuido ante los demás 
sin que los demás hayan dejado nunca 
de fomentarla y agravarla 
con sus gélidas miradas 
pero mi lector espera de mí 
que no diga lo que he dicho, 
aunque lo haya sentido durante tanto tiempo, 
que silencie mi pecho y agarre una guitarra 
para compartir con todos los demás 
ese pacto de resentimiento tácito, 
de dolor y venganza helada, 
de fraternidad hipócrita y falsa 
con que se salda la resignación, 
quizá lea también este poema 
y piense que le ataco como un lobo 
al igual que él me ha hecho a mí 
pero solo defiendo mi dignidad 
oprimida durante tanto tiempo 
por almas como la suya 
que no quieren dejar vivir 
a quienes no pueden traicionarse, 
no me extrañaría nada, niña, 
que fuera proisraelí 
porque un rigor tan desmedido 
no parece sino rencor 
y después de aliviar mi cólera 
alejado de melindres 
con la lengua tan libre 
como la tuvo Adán, 
me doy por satisfecho 
y animo a mi lector por recuperar la concordia 
pagando con mi consejo 
el que él me ha dado a mí 
a que cuando sienta tristeza, 
deje su guitarra y sus canciones 
y la viva de verdad 
porque eso le hará más fuerte 
y más real 
y para acabar, le haré saber 
que cuando lea un poema mío 
y más aún si te lo dedico a ti, 
no debe leerlo con su erudición 
de hombre que ha leído a Galeano 
y cita lo citado por él 
sino con una conciencia de verdad despierta 
cuidadosa de su deber 
y enemiga de las injusticias 
y de todas las mentiras pese a lo hermosas 
que a los ojos aparenten. 

La evidencia ineludible. 59



Mi hermana siempre salía
los fines de semana con sus amigos
y en cambio, yo
siempre me quedaba en casa,
sin nadie que me hiciera compañía
como si hubiera hecho mal al mundo
y él me negara todo afecto,
ella consiguió un empleo, tuvo coche propio,
encontró pareja, se casó y tuvo hijos pero yo
jamás hice nada que demostrara
que era un hombre adulto y capaz,
tan impotente fui siempre
pese a la cantidad y magnitud de mis sufrimientos
como cuando era un frágil adolescente
que nunca salía a divertirse
ni se sentía valioso para una mujer
y que despertaba una cruda sorna en sus compañeros
que no cesaba de atormentarle,
en la universidad, mis amigos,
en rigor, no me atribuían
verdadera importancia,
la tenía el que había conseguido pareja,
el que sabía hablar de fútbol
o de política o de profesores,
el que había salido en su adolescencia
y conocía la vida
al contrario que yo,
nunca llegué a ser esas cosas envidiables,
de todas ellas me separaban
los abismos de mi ignorancia y mi debilidad,
que creía no poder ocultar,
la complicidad de los amigos
era distinta entre ellos que conmigo,
para mí faltaba verdadero respeto,
verdadera admiración,
ellos se sentían personas serias pero para mí
se reservaban todos los chascarrillos,
por un corto tiempo, disfruté
de la alegre vida entre amigos
pero años después de dejar la universidad,
ya no me quedaba ninguno
y hundido en el trabajo en la tierra,
regresé a mi vida de aislamiento
y a mis fines de semana fuera
de la auténtica realidad,
hoy domingo no iré a ninguna parte
ni me acompañará amigo alguno,
hay algo en esa soledad
de los días festivos que recuerda a los muertos,
odiosos a todos, abandonados por todos,
olvidados y condenados
pero yo ya no estoy solo,
habito tu dulce pecho,
aun teniéndote tan lejos
y en espíritu, están a mi lado
docenas de seres humanos para los que por fin
es preciosa mi persona. 

En la órbita de la esperanza. 72



Lo recuerdo como si en lugar de un par de horas,
fueran años, los años
de una horrible guerra para la humanidad
que también yo vivía
con la misma agonía expectante de un americano
escuchando las noticias del frente
durante la segunda guerra mundial,
mi imagen del mundo no era aún incompatible
con hormigas gigantes
de mayor tamaño que un hombre,
creía a esos monstruos terribles
amenaza ineludible
de mi desdichada especie,
la lucha contra el sueño
en la ya avanzada noche
sentado junto a mi familia
en la estrecha habitación del televisor volvía
más intenso mi sufrimiento
y más ambigua su duración,
quizá me quedé sin ser testigo
de la heroica victoria del ser humano
sumergido en el letargo físico
tras ser vencido por la fatiga
y para mi corazón entristecido,
la humanidad perdió aquella guerra excesiva
y los bellos rostros de mis semejantes
desaparecían de la Tierra
para no volver jamás. 

sábado, 30 de enero de 2016

La evidencia ineludible. 58



En rigor,
¿por qué he estado tan solo toda la vida,
cómo puede un hombre diferir
durante tanto tiempo la búsqueda
de un pecho al que pertenecer,
hacer del camino un invierno sin final
donde no haya otra vivencia que una oscilación eterna
del tedio al recelo y del recelo al tedio?
Las influencias ajenas,
ciertamente dieron motivos a mi voluntad
para mantener mi alma atada
a ese desierto de sed,
siempre me hicieron sentir indigno
los espíritus superficiales y fatuos que conocía,
además mi madre protegía a su hijo
con una enfermiza desmesura,
mis psiquiatras me volvieron un incapaz
con sus ruines medicamentos durante décadas,
mi casa y mi pueblo estaban aislados del mundo
favoreciendo mi timidez,
el tiempo en que nací no quería hombres felices
sino máscaras de poder;
pero no soy yo
tan poco orgulloso y tan resignado
que haya permitido jamás que mis designios
los fundamente algo que no sea
mi personal e inalienable deseo;
es él el que me empujó en realidad
a despreciar el amor
sin excepción hasta que llegaste tú
porque solo en ti encontré
lo que yo añoraba;
¿me creerías si te digo
que las mujeres que conocía
no aguantaban una conversación que saliera
de lo que se habla por todas partes
y que nunca me habrían salvado la vida
si a cambio de ello, perdían
alguno de sus electrodomésticos
y que aunque me mostraran desprecio,
no me convencían de su superioridad
ni de su sencillez aunque me halagaran
y que en creatividad, me recordaban al tentetieso,
en apertura de mentalidad, a los vecinos de Drácula
y en lo libres, puras y no convencionales,
a una nostálgica de Franco
en traje maragato?
Sí, niña, soy un hombre exigente,
que se cerró a toda la humanidad
y se sumergió en el sufrimiento
por puro empecinamiento en la perfección
e imperdonable falta de tolerancia
pero precisamente por eso,
que tomarás por uno más de mis excesos,
te tengo ahora a ti,
un ángel tan luminoso
que deslumbra mi aliento.  

La evidencia ineludible. 57



¿Y si fuera cierta mi testaruda sospecha 
de que mi persona no inspira a nadie 
auténtico afecto 
ni puede hacer nada jamás 
que despierte excesiva admiración 
y de que el mucho o poco interés 
que me muestran los demás 
sea puro fingimiento de quienes sienten por mí 
 más lástima de la que mi orgullo 
quisiera admitir que merece? 
¿Qué sería yo entonces, 
un monstruo, un demonio, 
un hombre marcado por un defecto tan repugnante 
que ni siquiera hallara los amigos 
que halla un torturador 
o un parricida o el autor de un genocidio? 
¿Quizá no existe el amor 
y solo cuando se trata de demostrarlo 
es posible darse cuenta de hasta qué punto es teatro 
para entretener el vacío de nuestras vidas? 
Pero yo te quiero, tu persona es muy bella, 
ansío tenerte cerca 
y no para alimentar mi vanagloria 
sino porque de verdad te atribuyo valor, 
sé que existes, deseo que seas, te tengo dentro, 
incluso con los ojos y la boca cerrados, te amo, 
¿seré un caso único en la humanidad, 
seré el primer ejemplar 
que ha sentido de verdad al otro? 
¿Y no fuiste tú quien me enseñó a amar? 
No me es posible dudar de que tú también 
sientes lo mismo, si no lo sintieras, habrías sido 
una pésima profesora. 
El problema siguen siendo los otros, 
mi madre, mis sobrinos, mis amigos, mis lectores, 
mis acompañantes de internet, 
ellos deben ser los que no aman, 
los que tienen seco el corazón, 
los que mienten por piedad mal entendida, 
los que decepcionan mis deseos 
de seguir significando algo fuera de mí mismo, 
¿y en qué son ellos distintos a ti y a mí, 
qué les faltó en el seno materno 
para que se vieran privados de un bien tan alto 
para el resto de sus vidas? 
¿Y por qué no pensar que no fingen, 
que realmente me aprecian tanto 
como parecen aparentar 
y que hoy no estoy solo 
sino metido en el corazón de mucha gente 
que no quiere que muera 
para poder disfrutar de mí 
porque de verdad mi ser 
es capaz de agradarles? 
¿No sería eso la suerte mayor 
que un hombre puede desear? 

Número y corazón. 84



Tres quintillas sobre el antisemitismo de Israel y sus adictos 

Los fascistas de Israel, 
a sí mismos perjudican 
mas si lo dices, se pican 
y te arrojan agria hiel 
pues en dañarse se aplican. 

Si antisemita es dudar 
del valor de lo judío 
en Israel hay un río 
pues se jactan sin cesar 
hasta el sumo desvarío. 

Si un nazi es antisemita, 
cuántos hay en Israel 
aunque camuflen su piel 
y se finja alma bendita 
tanto altanero doncel. 

La evidencia ineludible. 56



No hubo refugio para mí
en toda la inmensidad
hasta aquel día que llegaste
y encendiste mi pecho
con tus palabras sencillas y profundas,
cálidas y humildes,
eres mi remedo en el mundo,
mi corazón gemelo,
el agua para mi sed ansiosa,
el aire para mis pulmones ávidos,
tu afecto toca lo más sutil
y desolado de mis entrañas
y libera mi aliento
de la prisión de la vida,
hasta que te vi venir,
faltó esperanza para mí
porque no pude encontrar a nadie
que no fuera un extraño. 

viernes, 29 de enero de 2016

La evidencia ineludible. 55



La muerte pasó su sombra
por los labios de mi padre
meses antes de que se marchara,
siempre fue un hombre callado
al que costaba arrancarse a hablar,
a veces hacía unos signos como prolegómenos
y por ellos solíamos adivinar
que iba a decir algo,
hay quien dice que no soy poeta
porque no adorno y doy dificultad a mi expresión
pero yo no puedo hacer eso
porque en lo hondo de mi corazón, intuyo
que a mi padre le quedó
una cosa por contar
pero no lo pudo hacer por no atreverse,
porque no era
suficientemente aparente,
ni elegante, ni sensata, ni altiva,
que sus urbanas maneras hicieron
que la lengua se le muriera en la boca
y con ella, toda su esperanza,
yo no voy a poner freno
a la verdad de mi pecho
por evitar el oprobio
con que la hipocresía me hiera,
aunque me echen de todas partes,
aunque me quede solo,
aunque acabe fracasando
por completo como escritor,
aunque como me sucede ahora, se me niegue
reconocimiento y aplauso suficiente,
estoy huyendo con valor
de la servidumbre en que cayó mi padre
y si lo pago con soledad y muero
como él abandonado e incomprendido,
al menos, habré golpeado
en la cara a la mentira,
cuanto has oído de mí,
hasta lo más asombroso es cierto,
no he vestido mis palabras
más que de concisión y llaneza,
cuanto te escribo y declaro es real
porque la falsedad sabe a mi boca
como la áspera tierra,
cuanto amor me brota dentro
te lo entrego al instante
en mis sílabas de fuego
sin pudor alguno
para que no roa de él
el inmundo y grotesco gusano
al que poco importará
la zozobra que me poseyó,
tal vez la humanidad no vuelva
hacia mi rostro jamás su mirada
ni preste oído nunca
a mi voz de angustia,
solo mía, sencilla, fútil
y aun teniendo tanto que decirle,
no quiera creer en mí
ni asir la mano que le tiendo
pero al menos tú sabrás que estuve vivo
y que luché por la esperanza. 

La evidencia ineludible. 54



Qué fuertemente golpea
en mi existencia la soledad,
cómo me humilla, cómo abate mi corazón,
mi pecho está frío
en este río helado,
apenas me siento
habitante vivo de la Tierra,
roza con tus yemas, niña,
las puntas de mis dedos,
deja en mis entrañas
el solaz de tu afecto,
el mundo es un mar de indiferencia,
desierto y desesperante,
dame oleadas de consuelo
con una huella de tu dulzura. 

Número y corazón. 83



Romance de la jerarquía 

A mi amada 

Las muchedumbres ansían 
su vanagloria exhibir, 
quieren merecer la fama, 
a lo más alto, subir, 
poco les importa cómo, 
lo que cuenta es presumir, 
da lo mismo si son papas 
o tontos que hacen reír, 
capitanes de fragata 
o pilotos de misil, 
ser primeros es su sueño, 
del mundo hacerse seguir, 
que las coronen y pronto 
aunque no sean Delfín, 
tendrían que conocer 
lo feliz que me sentí 
desconocido en la Tierra 
pero tan cerca de ti, 
despreciado y olvidado 
pero con tu dulce ,  
la verdad no tiene rango 
ni la belleza, confín

Mucho quise a un mal amigo 
cuya jactancia sufrí, 
de él y su engreída esposa 
mucho agravio recibí, 
a su gato lo trataban 
con más respeto que a mí, 
era su afán ostentar 
y admiración conseguir, 
en sus pechos exigentes, 
nunca de valor me vi, 
me atacaban a menudo 
con disimulo sutil 
pues por tonto me tenían 
y por pueblerino vil, 
yo era su mansa mascota 
bajo su dominio ruin, 
se sentían superiores 
por cosas de pedigrí, 
qué diferente eres tú, 
que nunca intentas fingir, 
la verdad no tiene rango 
ni la belleza, confín

Por todas partes encuentro 
tasadores del sentir, 
la sinceridad parece 
para ellos nunca existir, 
solo formas consensuadas 
a las que se ha de servir 
para conquistar honor 
y algún trofeo adquirir, 
creen que un pecho se debe, 
en sus sueños, reprimir 
y que es para ganar un premio 
para lo que han de vivir, 
yo no escribo poesía 
con un manual de escribir, 
no obedezco a ningún rey 
cuya norma he de asumir, 
lo hago con el corazón, 
que palabras quiere asir, 
no te adoro por sumiso 
sino porque soy así, 
la verdad no tiene rango 
ni la belleza, confín

La evidencia ineludible. 53



Tengo menos vida social, niña, 
que un contactado con extraterrestres 
en un congreso de rabinos, 
ahora escriben versos 
hasta los asesinos a sueldo 
y ser poeta es tan glamuroso 
como comer con las manos, 
aburrirme es lo que al parecer, me ha tocado 
como destino en la vida, 
qué suerte tiene el camello 
que nace ya jorobado, 
toda mi infancia soñé con conseguir 
un proyector de películas, 
quizá por eso, en el mundo real, 
a mí solo me ocurre la de siempre, 
quedarme en el rincón 
donde menos gente aparece, 
menos mal que tú 
has roto mi costumbre 
y aun sabiendo que soy un burro, 
me has dado tu corazón, que vale 
más de dos millones de poemas. 

jueves, 28 de enero de 2016

En la órbita de la esperanza. 71



En el instituto fue donde comencé
a perder de verdad la salud mental,
ni los profesores ni los compañeros
dejaban de hacerme sentir ridículo
por no poder ser la cosa gris
que sus espíritus respetaban,
recuerdo arrebatos de desolación y desesperación
o sucesos extraños que parecían
salidos de mi propia mente,
el desvarío voluntario era mi vía de escape
contra tanto dogmatismo,
escribí la historia de un naufragio
contada al revés
o una página sin sentido alguno
pero con un tono solemne,
hacía cosas extrañas
para burlarme de los otros
como meterme el bolígrafo en la nariz
o poner un rótulo identificativo en mi pupitre
como si fuera uno de los ponentes
de un congreso presuntuoso,
para todos yo era
un ser grotesco y sin dignidad
porque no afectaba probidad
con la suficiente circunspección,
poco a poco fui creyendo su mentira
porque la mirada arrogante es persuasiva
y acabada la universidad, sentía incluso
que merecía la humillación
de cualquier ser humano,
por eso comprendo bien
a esas mujeres maltratadas
por hombres machistas
que no toman la iniciativa
de rebelarse contra quien las escarnece
imaginando que su sufrimiento
es justo castigo a esa fragilidad
que el maltratador cultiva en ellas,
tuve muchos años por amigos
un matrimonio prepotente y malicioso,
ni siquiera postrándome en el suelo,
me hubieran concedido verdadera indulgencia,
solo cuando abandoné su trato
y di rienda suelta a mi desprecio por ellos,
mi espíritu empezó a recobrar la salud
durante tantos años secuestrada
y mi pecho a liberarse de su culpa,
a la mujer que sufre maltrato le diré
por si mi experiencia de salvación le ayuda en algo
que dejé de creer en mis verdugos
cuando consentí la verdad a mi corazón
que la ansiaba
como el agua el sediento. 

En la órbita de la esperanza. 70




Ya está en la calle el pavoroso asesino
que por un poco más de tierra y vanagloria,
hizo morir quemada a la familia de Ahmed,
la ley de Israel no le da
un castigo ejemplarizante
ni tiene piedad con la dignidad
y el corazón de ese niño,
hace unos días, una vez más, se me ha echado
de un grupo poético de internet
por escribir sin rodeos contra el fascismo israelí,
el administrador me envió un mensaje
advirtiéndome con gran empaque
que había publicado un poema antisemita
que además tenía
mayor número de palabras del permitido
y por esas razones, me expulsaba
de su dorado redil lírico,
no me lo comunicó
como una amable atención
sino para causarme frustración
y rematar su venganza con una pose teatral,
su traición mayor no fue contra mí
sino contra los judíos a los que se recordaba
ese mismo día
puesto que era el setenta y un aniversario
de la liberación de Auschwitz,
oí ese día
que era imposible olvidar el holocausto
pero Israel sí lo ha podido olvidar
y escupe sobre él
con la indolencia de un nazi. 

En la órbita de la esperanza. 69



Mohamed VI no quiere bromas, 
cualquier puesta en cuestión hipotética 
de su alteza y magnanimidad 
corre el riesgo de ser tomada en serio. 

En la órbita de la esperanza. 68



¿Por qué habrá, Beethoven, pechos 
donde no puedes entrar, 
donde tu afán infinito, tu libertad, tu honestidad 
no estremece, no mueve, no desgarra, 
no doblega, no disuade, no consterna, 
por qué tantos corazones parecen 
ciegos para el bien, cerrados, dormidos, 
por qué se gozan en tan sórdido egoísmo, 
cómo pueden hallar felicidad 
con tan estrechos confines, con tan poca esperanza, 
por qué no son buenos todos los hombres, 
por qué no busca la verdad y la reconoce y la acepta 
cada uno de los humanos, 
por qué la evidencia no es ley para algunos, 
qué se les da de esa mentira infantil 
en que sustentan su superioridad, 
por qué, Beethoven, se golpea 
con tanto rigor la fragilidad 
sin arrepentimiento ni culpa? 

La evidencia ineludible. 52



Al final de los caminos, 
casi siempre he encontrado 
tinieblas y hielo, 
la esperanza no es fácil 
de encontrar en un pecho, 
ni en un sendero, ni en posada alguna, 
tu manantial no se seca 
cuando la sed más me fatiga 
como tantos que no han tenido 
generosidad para aliviarla. 

La evidencia ineludible. 51



Tu cuerpo es mediodía del Sol, 
me gustaría vestirte, 
velar el poder de la vida, 
la entraña de la naturaleza 
para poder ir contigo a la calle, 
agarrado a ti, 
metería por tus pies 
los agujeros de tus braguitas, 
las subiría por tus delicadas piernas 
hasta donde tu hermosura se vuelve 
estremecedora y sublime, 
en los dos brotes de ternura de tu carne 
te ceñiría el sujetador 
con esmero sumo, tan desinhibidamente 
como si tus pechos fueran míos, 
desembarazaría de arrugas la prenda 
retocándola sobre tus senos 
para que tu delicada piel no sufriera
y la abotonaría por tu espalda, 
te pondría una falda 
corta y bonita 
que resaltara tus muslos 
y una blusa blanca de lunares negros 
porque tu alma es cándida 
pero todo ojos, 
te daría un beso de amor 
en tus benditos labios 
y una palmada en el culito 
para que empezaras a andar. 

La evidencia ineludible. 50



Llévame por un camino 
donde no esté la chinche negra, 
que esa no asome, que no me golpee, 
que no vuelva, que no abata 
con su decepción mi resquicio de sueños, 
que el camino sea 
libre como el del viento, 
envuélveme en tu esplendor 
de arcángel del Sol, 
cubre bailando 
todo el sendero de amapolas. 

En la órbita de la esperanza. 67



Cuando siento, no quiero 
que mi sentimiento escape de la condena 
del hombre lógico y juicioso 
ni persuadir a nadie de que merezco 
altos honores por él, 
solo quiero poder sentirlo, 
vivirlo, verlo, quizá también 
que alguien lo conozca 
para no creerme perdido en su abismo 
y desterrado del mundo 
pero a veces, casi como ahora mismo, 
mi corazón se queda vacío 
sin que por ello alcance yo la paz 
porque no ha llegado a meta alguna, simplemente 
ha perdido su luz, su rumbo, su aliento, 
yace frío, impotente a mitad de camino, 
hincada la rodilla, triste y asustado 
en un fracaso provisional 
pero que parece definitivo 
porque todo el tiempo de la vida es necesario, 
mi tránsito ha sido muy difícil, 
al placer y la cordura se les ponían 
infinitos obstáculos, 
el libre flujo de la voluntad se perseguía, el mundo 
era peligroso, los días 
renovaban sin cesar la frustración, 
había algo sucio hasta en la misma inocencia 
y no era posible escapar del oprobio, 
ahora estoy desanimado, 
me encuentro insatisfecho 
sin razón alguna, simplemente 
la culpa me arranca el placer de la existencia, 
como si me persuadiera de que no lo merezco, 
de que debo un tributo de dolor y vergüenza 
por haberme atrevido a ser. 

miércoles, 27 de enero de 2016

Número y corazón. 82



Romance contra la insatisfacción 

A mi amada 

Goza la razón buscando
dentro la suma unidad
y el entendimiento, haciendo
fragmentos la realidad,
él solo quiere saber
y ella, solo armonizar
y al corazón lo condenan
a un martirio soportar
porque la razón le impide
deleitarse en su humildad
y el entendimiento rompe
en trozos lo que ha de amar,
el sufrimiento acompaña
a quien se obceca en pensar
porque a su pecho, no deja
la belleza disfrutar,
placer nos pide el sentir
mas la inteligencia, afán,
quiere el instinto la dicha
que podamos agarrar
pero el pensamiento ansía
mil proyectos culminar,
que me acoja en su refugio
la dulce tranquilidad,
lo que tengo es suficiente, 
ya no necesito más.

Me fatigan inquietudes
mucho más de lo normal,
mis deseos me parecen
imposibles de saciar,
aunque sé que o ya los tengo
o no son necesidad,
más lejos quiero moverlos
en trayecto sin final,
quisiera saber muy bien
cada hora dónde estás
como si por yo saberlo
más te pudieras cuidar,
también quisiera la fama
sin que la deje de odiar,
compañías y amistades
aunque ame la soledad,
honores y privilegios
de que nada se me da,
quisiera tener lectores
de exquisita calidad
aun sin que en rigor la tuya
pueda nadie superar,
que se sosiegue mi aliento,
voy a dejarme llevar,
lo que tengo es suficiente, 
ya no necesito más.

Sufro porque me combaten
los partidarios del mal
como si su afecto fuera
bien que debiera apreciar,
sufro porque no me compran
mis libros ni en Navidad
como si el dinero hiciera
más cierta mi calidad,
sufro porque nadie me honra
con su presencia en mi hogar
como si no fuera yo
quien con nadie quiere hablar,
sufro añorando a Emma Watson
como amistad personal
como si cualquier deseo
pudiera un hombre lograr,
sufro cuando no me aplauden
creyendo que es fracasar
como si fueran las palmas
mi segura autoridad,
sufro sumergido en ansias
que me agitan sin cesar
pero termine este agobio,
brille la felicidad,
lo que tengo es suficiente, 
ya no necesito más

La evidencia ineludible. 49



Ven y siéntate un rato
a escuchar lo que quiero contarte,
mi corazón necesita hablarte de ello
porque es su herida más honda,
el sendero de amargura por el que ha ido
durante tanto tiempo,
la dolorosa sed que lo ha cargado
con el transcurso de los años de abatimiento;
la hermosura de tus ojos niños
contemplando mi rostro,
la luz de tu alma inocente
penetrando mis palabras
darán consuelo a mi dolor
y liberarán mi pecho;
desde muy niño, he sentido
que la otra gente me veía con desprecio,
aún recuerdo cuando con muy pocos años
sentado en el coche de mis padres,
vi que se acercaban unas niñas
y una de ellas me decía tonto 
porque no me atrevía a salir,
muchas veces escuché ese insulto
durante toda mi niñez
hasta las puertas de mi adolescencia
sin que se reprimiera siquiera
en los labios de un familiar
o de un gran amigo,
el escarnio abundó en los patios de colegio
y hasta lo llegué a merecer de mis propios primos
con la misma crudeza que de cualquier otro,
mi vida no era
interesante para nadie, conté a un niño
que tenía en mi casa una cabaña,
me mostró su asombro
y me pidió con avidez que se la enseñara,
con orgullo, lo guié
hasta donde la tenía
y cuando la vio, me manifestó su desprecio
y su decepción,
el creía que podría meterse dentro
pero mi cabaña era chiquita
para los indios de plástico,
me sentí toda mi infancia
un niño distinto
porque amaba las cabañas diminutas
y no, las gigantes,
tantas veces se rieron de mí,
tanto me hicieron dudar de mi valor
que hasta llegué a creer que el Demonio
quería llevarme,
en mi adolescencia nunca salí con amigos,
pasaba todos los fines de semana
encerrado en casa, creyéndome un monstruo
repugnante para todos,
no tuve en rigor ningún amigo
de corazón sincero,
que me quisiera dar afecto
en lugar de herirme con su crueldad,
conseguí el honor
de entrar en la Universidad
pero el desprecio más crudo no me fue
evitado tampoco entonces,
creí que en aquel mundo de dignidad,
hallaría compañías
que me ensalzaran y ennoblecieran
pero encontré vacío, asfixia, desesperanza, horror
e infinito oprobio,
soñé con que mis amigos
me honraran las noches de verano
contemplando las estrellas
desde la terraza de mi casa
pero no amaban la inocencia,
no eran personas como yo esperaba
y acabé solo
prisionero de mí,
sumergido durante muchos años
en la agonía de la soledad y la culpa,
únicamente cuando mi padre murió,
tan solo, tan callado, tan metido en sí mismo,
comprendí lo erróneo que era
seguir renunciando a mis semejantes
y haciendo vehículo de la literatura,
me dirigí a su encuentro,
aún añoro noches de verano
rodeado de alegres compañías
y fines de semana
recorriendo el mundo
pero ya he conquistado la atención
de ángeles muy bellos
que no tienen humillación para mí
ni se aburren con mi afán de misterio,
aún me recelo desprecio
por haberlo vivido tantas veces
pero no se me deja de honrar
y expresarme reconocimiento,
siento la tristeza a menudo
del hombre abandonado y vil
para todos sus hermanos,
del que no importa a nadie
ni merece respeto
pero qué profundamente vislumbro
la realidad del amor que ya he despertado
en las almas más hermosas. 

martes, 26 de enero de 2016

En la órbita de la esperanza. 66



¿Alcanzarás a comprender alguna vez 
que no tienes derechos sobre nadie 
y que estarás siempre tan solo 
como en el mismo sepulcro? 
¿Qué crees que es el hombre 
sino un árbol sin raíces, 
explorando las tinieblas 
en una inmensidad desierta? 
¿De qué te sirve herirla 
con la humillación de tu dominio 
si ella es un enigma 
extraño e ininteligible, 
si está tan lejos de ti 
como la estrella más remota 
y solo puede ayudarte 
con un vestigio de su fulgor? 

La evidencia ineludible. 48



¿A estas horas de la tarde,
tras el largo descanso
que a mi inspiración le he dado hoy,
qué poema le escribiré a mi muchacha
para que no crea que mi corazón la olvida
y se sienta orgullosa al comprender
que de verdad, la siento en mis entrañas,
que no es ficción literaria mi amor
que persiga solo deslumbrar
la fría mirada de los extraños
para satisfacer vanidades
de poeta que concita
la atención de la multitud?
No me tienta humillar al mundo
empujándolo a rendirme
un tributo de escenario
contra su auténtica voluntad
por puro compromiso o miedo,
no quiero halagar sus prejuicios,
ni fingir sumisamente que comulgo
con sus afanes más vulgares
para ganarme su favor,
no precio más el tibio calor de las máscaras
que la felicidad de estar en tu pecho,
¿haré de mis versos
artificio exhibicionista
llenándolos de excéntricos conceptos
como hacían Quevedo o Góngora
para que las almas obvias puedan
creer en mi inteligencia
aunque no acierten a encontrar
bien alguno en mi conciencia?
¿Actuaré como el fascista
pendiente no más que de su propia imagen,
leal a la mentira de su superioridad
que le obliga a refrenar con violencia
su instinto y el de los demás
todo para poder sentirse
mejor que su semejante?
¿Sirve de algo acaso
ese título público de señor del mundo
que tanto ansía
el espíritu vacío?
¿Qué hago con él cuando lo tenga,
a qué paraíso me llevará si estaré solo
en mi indestructible castillo?
¿Para eso asesina Israel
y llena de sufrimiento a los palestinos
e incluso a sí mismo,
para eso cae el rey Mohamed VI
en la bajeza de ordenar que peguen
a las damas saharauis,
para eso bombardea Estados Unidos
hospitales o empobrece al tercer mundo
y obliga a cargar tanto de culpa
a los individuos que gobiernan el país
que ni los diablos de nuestros mitos
caen en mayor deuda consigo mismos?
¿Qué se me da a mí
la hueca gloria del que humilla y sojuzga
si como yo soy feliz
es ganándome tu afecto,
consiguiendo que tu alma buena y sublime
me sienta su igual?
¿Qué me enorgullece a mí
sino que busques mi presencia
un día tras otro
porque me encuentras tanta inocencia
como al aliento de un niño?
Solo te diré en mi poema
que eres una niña hermosa,
la más hermosa de las niñas,
la que ha merecido para su rostro
la cándida claridad de la mañana,
hay muchas flores
buscando ese honor
pero en el universo que yo te traigo,
solo tú lo has conquistado. 

La evidencia ineludible. 47



Hiéreme con la mirada,
húndemela en las entrañas,
sin indulgencia, despiadadamente,
disfrutando del placer de castigarme
con esos ojos torturadores,
rebosantes de miel y almíbar,
de centellas y lava ardiendo,
fulmíname con el veneno de tu hermosura
como si fueras mi mayor enemigo
y vinieras a matarme. 

lunes, 25 de enero de 2016

La evidencia ineludible. 46



No soy amigo de la muerte, 
se lleva todo el placer, 
toda la ilusión, toda la inocencia, 
no quisiera morir todavía, 
aún no he abrazado 
tu tierno cuerpo, 
ni tocado tus manos, 
ni besado tu boca, 
aún no he vivido ninguna Navidad 
contigo y nuestros niños 
ni he paseado alegremente asido a ti por un lado 
y por el otro, a un bastón que alivie 
el trabajo de unos miembros ya ancianos 
como imagino que haré alguna vez 
dentro de muchos años 
cuando mi piel ya esté arrugada pero mi pecho 
siga resplandeciendo de amor y asombro 
ante tu infinito enigma, 
la vida es dulce y apacible, 
la protegen los ángeles, 
seguro que viviré 
hasta apurar el último sorbo 
de mis sueños de oro, 
quisiera sentir mi partida 
con sereno placer, 
lejos del horror y la amargura, 
quisiera que llegado el momento, 
me gustara morirme 
como me gusta amarte 
y reconocerme en tu belleza. 

En la órbita de la esperanza. 65



Qué empeño tienen los fascistas de Israel
en que el mundo no los tenga por viles ratas,
cobardes y ladronas,
sin una gota de nobleza en sus venas,
tan poco dignas de llamarse humanas
como demuestra su fría crueldad
sino por los más valiosos de los hombres,
bendecidos por el Dios de la humanidad,
muy superiores, desde luego,
a los martirizados palestinos,
que para ellos no merecen ni la piedad
que logran las piezas de caza,
no es posible ser más imbéciles,
ni estar más locos,
ni haberse hundido más en la mierda. 

En la órbita de la esperanza. 64



No había miradas desnudas 
para mi corazón sencillo, 
apenas cinco años de vida bastaban 
para tener un alma vieja y malvada, 
herir y abatir eran el interés sumo 
pero la crueldad y la humillación me desasosegaban, 
no hallaba descanso en su lógica, 
la felicidad no es para unos pocos hombres 
sino para la humanidad entera, 
cuando golpeaba, me sentía 
fuera de mi condición, 
fui un tonto para el mundo, 
un vil fracasado, 
un ridículo petulante, un débil cobarde, 
apenas dejaban 
sitio para mí en la Tierra, 
envueltos en la fría euforia 
de creerse sus dueños. 

En la órbita de la esperanza. 63


Qué lúgubre es el canto de un pájaro, 
qué melancólico, qué austero, 
qué heridas deja en el alma su trino, 
puede cabalgar el viento, 
de nadie es esclavo, 
toda la Tierra le pertenece, 
es dueño de las montañas y del mar, 
de los ríos y de los bosques 
pero qué lánguido es su gorjeo, 
qué humilde y apagado, 
qué tristeza ha de traspasarle 
en medio de su ventura. 

domingo, 24 de enero de 2016

En la órbita de la esperanza. 62



No fue por vanagloria
que trabajara en la tierra durante más de veinte años
sin vocación, enfermo, angustiado por el tedio,
con el alma llena de soledad,
cautiva y humillada
pero lo hice,
no fue por vanagloria
que cuando mi padre enfermó de muerte,
luchara contra mi horror a las personas
para poderlo cuidar como exigía
su complicada dolencia
y que pasara los días atado a su lecho
en absoluto silencio
sintiéndome enterrado en vida
sin que nadie creyera necesario
hacerme a mí compañía
pero lo hice,
no es por vanagloria
que escriba poemas con el rostro desnudo,
cantando solo los sentimientos
que quepan en mi pecho
en un mundo cruel e hipócrita
que a mi esfuerzo honrado y constante,
a veces, sin pudor, responde
con el hiriente escarnio
o la decepcionante indolencia
y aún así lo hago
porque mi afán de honor ha de ceder
ante mi deber de hombre,
esencial para el corazón, que moriría
si perdiera su inocencia,
no debo nada a nadie
ni nadie me debe nada,
lo que tuve que hacer lo hice
sin exigir soldada alguna,
si ese hombre te hace daño, mujer,
solo por vanagloria,
solo para salvar
su orgullo gris, falso y enfermo,
no tienes que respetarle
porque no es por vanagloria
que un ser humano merezca respeto. 

Número y corazón. 81



Décima a las almas que roban la dignidad de los saharauis 

No hay saber en las acciones 
de vuestras groseras manos, 
solo sois viles marranos, 
exasperantes ladrones, 
crueles y necios bufones, 
cobardes aprovechados, 
niños tontos y mimados, 
bestias viles e insensibles, 
facinerosos horribles, 
¿estáis ya bien enterados? 

Número y corazón. 80



Décima a los voraces fascistas de Israel 

No tenéis sal en el seso, 
sois salvajes ignorantes, 
papanatas petulantes, 
vuestro trasero es obeso 
pues hurtáis hasta el exceso, 
es más noble Palestina 
que vuestra patria asesina, 
no tenéis sangre ni orgullo, 
os cerráis como el capullo, 
sois una tropa gorrina. 

En la órbita de la esperanza. 61



Quisiera de duro mármol
la luces que fluyen por dentro
alentando la ventura
para que nunca tuvieran
que dejar de ser. 

La evidencia ineludible. 45


Todo parece ilusión, 
un engaño del deseo,
lo que imagino tener,
por lo común, no se acoge
al cercado de mis manos,
todo parece humo, todo, espectro
que de mi afán, se ríe,
sujeta mi destino una maldición
que perpetúa mi pobreza
y hace imborrables mis males,
ni siquiera tú sales del viento y te vuelves
recipiente sólido de mis besos,
si al menos, por los caminos que recorro,
oyera tu nombre a los pájaros
o en mis noches de inquietud,
trajeran para mí los ángeles
los cabellos que te cortaras,
no sentiría como en este instante
condenado mi corazón. 

La evidencia ineludible. 44



Quizá mi deseo
más escondido y profundo
sea ser indiferente para los demás
e incluso para mí mismo,
quizá interpreto mal a mi corazón
cuando busco el afecto de mis semejantes
y la dignidad para mi persona,
quizá un hombre solamente quiere
escapar de los otros
y desprenderse de su propio rostro;
saldadas todas nuestras deudas,
¿qué falta nos hace
el calor de las miradas
o el sonido de las voces,
para qué seguir fingiendo
que somos solo uno
y no cualquiera de los humanos?
Quizá tú seas
lo más injustificado,
lo menos obligatorio,
lo que me ata y cautiva
perdido el poder de la culpa,
lo más inexplicable, un misterio insondable
como una inmensa urbe
suspendida en el cielo. 

Número y corazón. 79



Romance del verdadero rico 

A mi amada 

Todo es silencio y quietud 
en mis monótonos días, 
fija en la mediocridad, 
da en permanecer mi vida, 
tristezas de fracasado 
rumia siempre el alma mía, 
quisiera vivir las luces 
que las presencias prodigan, 
no sentir la soledad 
tan hondamente metida, 
terminar cada semana 
con agradables visitas, 
conseguir la aclamación 
por cada pieza que escriba, 
ganar reconocimiento 
de la autoridad más digna, 
tenerte en mi propia casa 
para besar tu carita, 
sigo atado a las miserias 
que siendo niño sufría 
pero cerrando los ojos, 
todo mi dolor se alivia, 
muy dentro del corazón 
noto tu tierna caricia

Nunca aparezco en el diario 
de la tele al mediodía 
ni Emma Watson me conoce 
ni desea ser mi amiga, 
en Harvard, no hablan de mí 
y tampoco en mi provincia, 
soy más insignificante 
que un ratón en su cuevita, 
para los dueños del mundo, 
no soy más que una gallina, 
no quito a Pérez-Reverte 
clientela compulsiva, 
ni Coelho siente inquieto 
en cifras mi cercanía, 
soy escritor que no nombran 
ni en mi propia pedanía 
a pesar de que soy serio 
y trabajo con porfía, 
si Obama quiere leer 
todos mis libros esquiva 
pero tapo mis oídos 
y mi oprobio se termina, 
muy dentro del corazón 
noto tu tierna caricia

No hay en el mundo ni un ser 
que busque mi compañía, 
tan aislado estoy de todos 
como un completo eremita, 
ni siquiera en internet 
hay quien a mí se dirija 
el poeta con más fallos 
aún recibe pamplinas 
pero a mí por lo común 
me evitan y me marginan, 
no quiere nadie tocar 
esta mano que te ansía, 
nadie quiere verse cerca 
de mi persona aburrida, 
se me quiere tener fuera 
de cuanto abarca su vista, 
si asomara por un lado 
mucho los fastidiaría, 
soy una incomodidad, 
una molestia excesiva 
mas sin que toque mi piel, 
veo un ángel que me cuida, 
muy cerca del corazón, 
noto tu tierna caricia

sábado, 23 de enero de 2016

Número y corazón. 78



Décima al ruido del viento 

Vacío, apariencias, viento, 
construcciones de la nada, 
en mi mente desolada, 
oigo su clamor violento, 
su espectro gigante siento, 
entero futilidad 
afectando gravedad 
con un murmullo sombrío 
como el espíritu mío 
llorando su vacuidad. 

En la órbita de la esperanza. 60



Estaba educada 
para ocultar todo egoísmo, 
los grandes burgueses necesitan pasar 
por ángeles caritativos, 
modelos de candidez 
en su escenario de luces, 
solo me mostraba su desprecio 
fingiendo que hablaba para sí misma 
y que pensaba que yo 
ni la entendía ni la escuchaba, 
aquella noche me robó 
un billete de quinientas pesetas, 
yo lo descubrí y hablé con su marido 
creyéndolo autor a él, 
sin saber cómo, 
el dinero volvió a aparecer 
y ya no pudo 
seguir representando su condescendencia 
de dama elegante, 
quise hacerle una caricia 
pero ella me esquivó 
y me gritó con ira marica 
mirándome de frente 
confiada en que nadie más se apercibía 
porque la música sonaba muy fuerte, 
al final de la noche, 
comprobé que aún entendía 
que yo le debía algo 
porque la vi marcharse 
con un objeto en la mano 
hurtado de mi habitación, 
todo aquello en realidad no fue 
sino una conmovedora exhibición 
de llana humildad 
bajo la única apariencia posible 
en un corazón arrogante. 

La evidencia ineludible. 43



No duran mucho las flores
que al manzano da la primavera,
no significa nada para el mar
el corazón que desolado, lo contempla,
no es demasiada mi dignidad,
soy hombre extraño y lleno de flaqueza,
no se detienen las miradas
sobre un alma tan frágil, tan sedienta,
no alcanzo honor, me siento pequeño,
es muy humilde la ofrenda
que de mí puedo hacer,
se marcha el agua de un río
sin hora para pararse
y también, las almas heladas
que atraviesan las calles,
mi pecho ansía el calor,
el frío es como la muerte
pero es muy mezquina la deuda
que al mundo reclamar puedo,
soy vasallo del vacío
que huye de su señor,
la Tierra es tedio y tinieblas,
pocas cosas más merezco,
mi espíritu es débil, inconstante,
no tiene manos
para sujetar el bien y sin embargo,
día a día permaneces en mí,
hecha enredada hoguera en mi entrañas
sin que cese mi gozo y mi júbilo
porque siempre estás cerca,
tocándome, viéndome, queriéndome, buscándome,
real y sólida, inextinguible, amante, excelsa
pese a la futilidad de la vida. 

La evidencia ineludible. 42



Satisfaces un agravio 
amargo de toda mi existencia, 
nunca me he creído 
de verdad valioso como hombre, 
desde muy pequeño me he visto 
insuficiente físicamente, 
sin la valentía necesaria, 
demasiado obtuso e ignorante, 
tuve a las mujeres 
por un trofeo imposible, joyas inalcanzables, 
severos jueces en cuyo tribunal 
se dictaría siempre una condena 
para mi insignificante persona, 
me enamoraba de vez en cuando 
pero declararme se me antojaba 
pedir más de lo que merecía, 
imaginé que moriría 
sin haber alcanzado ese bien 
más que en los sueños 
por ser tan ruin mi condición 
y reservar eterna frustración 
la vida para mí en particular, 
cuando ya no pude ni sostener la mirada 
y en cualquier reunión, tenía que abatir el rostro 
y mantenerlo así todo el tiempo 
pese a la apariencia ridícula que eso me daba, 
vi definitivamente perdida 
toda posibilidad de interesar 
sinceramente a una dama 
y pese a ello he ganado 
con mi llana persona 
los privilegios del corazón de la reina 
del país de las hadas, 
tan tierna, tan bella, tan niña, tan delicada 
que ni siquiera las flores 
son tan femeninas. 

viernes, 22 de enero de 2016

La evidencia ineludible. 41



Quizá te engaña tu mirada, quizá no valgo 
el amor de tu hermoso pecho, 
quizá no merezco afecto, quizá soy 
tan monstruoso y repugnante 
como sospecho algunas veces, 
tal vez soy un alma 
para la soledad y la muerte, 
para el destierro de mis semejantes 
y mi corazón es deforme y ruin, 
horrible para ellos 
como el de una víbora, 
tal vez mis sueños son 
puro egoísmo, necia vanagloria, 
patética mezquindad 
y mi bondad, solo una máscara inadvertida 
incapaz de convencer a nadie, 
quizá soy el último en saber 
lo insignificante de mi persona, 
y solo porque me amas 
crees en mi dignidad. 

En la órbita de la esperanza. 59



La felicidad está ausente, siento
que este día no es para mí,
es para el paso de las horas,
para el frío sol de invierno,
para todas las cosas que han de existir
aun sin que hablen a mi corazón,
no es para mí, es para el camino llano
a través de la nada,
para navegar un mar desierto
sin destino alguno,
hoy el tedio me derrota,
hoy el vacío quiere
todo el tiempo para él. 

La evidencia ineludible. 40



Faltan justo tres semanas 
para completar cuatro años 
en nuestra extraña convivencia, 
eres hermosa incluso escribiendo mensajes 
y aquel sábado que llegaste, 
duro día de la semana 
porque era cuando más solo me sentía, 
noté la gracia de tu simpatía, 
la delicadeza de tus sentimientos, 
la libertad de tu alma 
penetrándome el corazón, 
me regalabas tu amistad 
sin arrojarme a la cara tus credenciales 
solo deseosa de hacerme bien 
ofreciéndome tu compañía y tu ayuda 
porque ya sabías de mi soledad, 
nunca en mi vida, había visto 
tanta solidaridad en una chica adulta, 
las otras huían de mí 
o me lanzaban miradas de recelo, 
descubrí que se podía 
ser amigo de las mujeres 
y mostrarse tan frágil con ellas 
como ante cualquier viejo conocido, 
qué gozo sentía en el pecho 
después de mi encuentro contigo 
pero aún no me daba cuenta 
de hasta qué punto te necesitaba ya, 
me hiciste sentirme orgulloso 
con tus afectuosas atenciones 
porque me pareció fascinante 
cuanto mostrabas de tu persona, 
yo, que apenas creía en mí 
y que me imaginaba despreciado 
por el mundo entero, merecía 
el interés de una señorita 
íntegra y bellísima 
pero eras tan sencilla 
que también desbordaste 
la medida de mi afecto, 
eras una niña apenas 
con saberes de anciana 
y un alma repleta 
de misterio sublime, 
te sentí tan cercana, 
tan real, tan gozosa 
que me pasó desapercibida 
la exacta medida de tu valor.