lunes, 29 de febrero de 2016

La evidencia ineludible. 124



Brazos le brotan a los caminos buenos
que llevan al mal,
mis pies siempre huellan
los senderos de la honestidad,
si falto a mi deber de hombre, es solo
en la mirada que no me comprende,
en el corazón que no me penetra,
tú no ignoras que en mi pecho,
no cabe la mentira
porque hasta cuando estás dormida,
voy a besarte. 

En la órbita de la esperanza. 151



Aquel verano al inicio de mi juventud,
en las largas clases de la autoescuela, soportaba
el sufrimiento de sentir reprimidos
todos mis impulsos espontáneos
por el temor que me inspiraban las otras presencias,
tan ufanas, tan seguras de sí mismas, tan críticas,
después de pasar un fatigoso curso en el instituto
con la sensación amarga de parecer
grotesco para todo el mundo,
sufriendo la humillación
del desprecio de mis compañeros
y del autoritarismo y la prepotencia de mis profesores
y estudiando unas materias áridas
que decían muy poco a mi corazón,
el momento del descanso también lo veía perturbado
por el deseo de mi madre, que quería
que me hiciera más útil aprendiendo a conducir
aprovechando las vacaciones estivales,
me sentía oprimido
allá donde hubiera un ser humano, no podía
escapar a su condena,
por más que me esmerara en ser correcto,
alguna vez, miraba
hacia la figura de una alumna
de la que me enamoré un poco
con el dolor del resignado, desengañado
de cualquier posibilidad de llegar hasta ella,
recuerdo el extremo abatimiento y desesperanza
de aquella tarde esperando sentado
en la pista de prácticas,
tan honda era mi tristeza
que no pasó desapercibida a alguien
y me expresó su extrañeza y desaprobó
amistosa y tranquilizadoramente
aquella actitud, que le parecía
por completo inadecuada
pero yo estaba cautivo
del influjo agobiante de la culpa
por un insignificante suceso
que acababa de vivir,
en el momento de mis ensayos,
el profesor había arrojado una moneda
sobre el capó del coche
y sin que mi conciencia
de hombre honrado y formal reaccionara, la había visto
por unos instantes moverse bajo mi poder,
yo no quería quedarme
con esa moneda ajena,
mi probidad no me permitía
eludir mi deber de devolvérsela y paré
para que la recuperara,
él me dijo que continuara,
la había tirado adrede
y yo me sentí muy estúpido
como me solía pasar
por no haberlo adivinado
pero también, culpable
porque había obligado a aquella autoridad
a explicarme algo tan obvio causándole
una molestia que probablemente
humillaba su sagrado orgullo,
tan aviesamente defendido por él
como comprobaba a menudo,
sentí el ahogo de no hallar caminos
para la virtud,
cualquier dirección que diera a mis pasos
llevaba a la incorrección y el deshonor,
llegaba la universidad, la madurez, la hora
de convertirme en alguien de provecho,
de ganarme yo solo la vida
y ser honrado por una mujer
pero el mundo se me antojaba indescifrable
para mi mente incapaz
y demasiado corrupto y cruel
para mi corazón indefenso,
no quería esa moneda
viajando conmigo,
no tenía que estar sobre el capó,
no me sentía inocente y libre con ella ahí,
la realidad no era
como a mí me hacía falta,
todas las puertas
estaban cerradas para mí. 

En la órbita de la esperanza. 150



Mi amigo, el conservador,
el empeñado en que se cumplan las reglas,
el que afecta entereza moral
y modera los sentimientos para ser más juicioso,
el que comentaba mis poemas
con las responsables advertencias del hombre docto
preocupado por las formas,
metió durante nuestra amistad en mi corazón
gran parte de toda esa frustración
que acabó enfermándome espiritualmente
y yo se lo perdoné
porque asumo que es una persona
pero él no me ha perdonado
que yo haya intentado curarle
de su propia locura
y con la escrupulosidad extrema del hombre probo,
me ha retirado la palabra. 

En la órbita de la esperanza. 149



Para alguna gente que me tropiezo,
un ser humano puede no valer nada
y merecer el desprecio, la degradación, el abandono,
no me lanzan su condena de modo explícito
pero me dejan notar su murmurar entre dientes,
el retintín de sus insinuaciones,
el formulismo huero de sus palabras de afecto
para que no me queden dudas de que no me creen
capacitado para la vida
y de que ni siquiera lo lamentan
porque la repugnancia que les produzco
solo la agota mi muerte,
yo me angustio al saberlo
porque aunque es solo una persona,
se arroga el criterio de la humanidad entera
y es por eso que se aviene a comunicármelo,
como se comunica cualquier saber
para provecho de la sociedad,
por lo común, me siento inclinado
a confiar en la honradez de su juicio
porque la vehemencia de su animadversión
me convence por completo
de la firmeza de sus principios morales,
de la solidez de su compromiso ético
y deja mi ánimo deshecho
porque me revela la ruina que soy
y lo solo que estoy en medio de la humanidad
pues no es posible dudar
de la probidad de una conciencia
que pone tanto ímpetu en censurar lo malo
porque ello me hace suponerla
igual de rigurosa para reprimir
sus propios crímenes,
hasta los más inevitables, puesto que lo son
aquellos de los que me acusa con tanta intransigencia
y también, por eso, con mucha más razón,
los que sean tan evitables
como esos tan absurdos e infantiles
a los que empuja la pueril envidia,
que por tan solo un instante,
hasta se me olvida que existe. 

domingo, 28 de febrero de 2016

Número y corazón. 111



Romance al amor de derechas 

De honrados conservadores, 
merecí que me quisieran 
pero hallaba más calor 
arrimándome a las piedras, 
me daban todo su amor 
para lavar su conciencia 
porque amar es mandamiento 
de la Santa Madre Iglesia, 
me quisieron por ritual, 
no más que con la apariencia 
pero ya esa caridad 
nada el alma me alimenta, 
me da más un odio puro 
que un cariño de derechas. 

Para los reaccionarios, 
la fachada es su decencia, 
su mentira es la prisión 
en que porfiados, se encierran, 
engañándose, imaginan 
que son personas más buenas 
y aunque saben la verdad 
quisieran desconocerla, 
no quieren de corazón, 
con las mismísimas venas 
sino con alma de esclavos, 
sometidos a obediencia, 
me da más un odio puro 
que un cariño de derechas. 

Esas personas tan santas, 
si me invitan a la cena, 
es para exhibir su casa 
y afectar buenas maneras 
pero si me viene un hambre 
porque dinero no tenga, 
ya les parece fatal 
que me siente yo a su mesa 
porque la piedad sincera, 
en sus vidas, poco cuenta, 
con fingirla, ya es bastante 
para esas máscaras huecas, 
me da más un odio puro 
que un cariño de derechas. 

El amigo del dinero, 
si me quiere, me desprecia, 
como un objeto, me tasa 
sin que valioso me vea, 
con los regalos que da, 
hacerse mi dueño espera, 
piensa que los hombres son 
billetes de su cartera, 
le pone puertas al campo 
y asa bobo la manteca, 
cuando me mira, parece 
que mira una bicicleta, 
me da más un odio puro 
que un cariño de derechas. 

El conservador me mima 
cuando contento se encuentra 
pero si se ve cansado, 
ni siquiera me respeta, 
tiene una cara de diario 
y otra de días de fiesta, 
unas veces, me entroniza 
y otras, me hace pedorretas, 
no me fío de su pecho, 
que ni calienta ni hiela, 
tiene de hombre la figura 
pero el alma, de veleta, 
me da más un odio puro 
que un cariño de derechas. 

Me quiere el capitalista 
porque en algo, le aprovecha, 
no aprecia mi corazón 
sino lo que darle pueda, 
no me tiene por amigo 
sino por vil herramienta, 
su alma no toca las cimas, 
triste, reducida, y sierva, 
la alimentan los sentidos, 
la tiene toda por fuera, 
es un hombre de las nieves, 
que me fuerza y me congela, 
me da más un odio puro 
que un cariño de derechas. 

La evidencia ineludible. 123



Empujó mi pecho el dedo que acusaba
para alejarme de sí con todo el rigor
de la implacable dueña del sepulcro
y dejarme la calma invernal
que trae la helada,
mi bondad no era amada
y mi corazón rodaba
desierto por caminos largos,
ajenos y desesperantes
como si hubiera de expiar ser yo mismo,
como si nacer ya fuera un daño,
me arrancaron el alma
y dejaron aire frío
pero tú tomaste mi mano
con el dulce amor de la amiga
y amaneciste mis arterias
con fuego puro,
con miel de inocencia y ternura,
sin un reproche,
sin una traición,
sin decepciones ni agonías
porque perdonabas lo que era
y me querías cerca. 

En la órbita de la esperanza. 148



A veces, al reanudar la marcha,
toca mi pecho y lo estremece
el espectro del frío
y se me antoja otra vez posible
ver regresar el vacío
con toda su desolación. 

Número y corazón. 110



Romance para vender dos burros 

Me he cansado de rebuznos 
y de rústicas burradas, 
soy de un pueblo agricultor 
pero de alma refinada, 
ya no quiero esos dos burros 
haciendo mi vida amarga, 
que entretengan esas bestias 
a más pacientes miradas, 
uno es rubio y alocado 
con las entrañas heladas, 
tan mentecato y palurdo 
que se le nota en la cara, 
muerde y cocea por gusto 
pues tiene una sombra mala, 
toma siempre el caminito 
que más crudamente daña, 
es quisquilloso y ufano 
y cargado de artimañas, 
roba sin vergüenza alguna 
y hasta al que roba regaña, 
es tan bestia que se ríe 
incluso de las desgracias, 
si está junto al otro burro, 
son tan jumentos que enfadan, 
el otro es de pelo rojo, 
tiene el alma encadenada, 
no hace más que lo que ordena 
la costumbre consensuada, 
quiere para él su pesebre, 
darle a otro no le agrada, 
es sociable y muy urbano 
pero por dentro poco ama, 
atropella por desprecio 
a la oveja descarriada 
y camina muy erguido 
con la cabeza empinada 
como un burgués distinguido 
con el ánima letrada, 
tiene el humor malicioso 
burlarse de otro le agrada 
porque en el fondo, no tiene 
de burro sensato nada, 
de estos dos burros yo quiero 
hacer la venta inmediata, 
les di mi hogar sin saber 
que de tan palurdos, pasman. 

La evidencia ineludible. 122



No es tu afuera lo que salva mi tiempo 
y libera la esperanza 
sino tu adentro. 

La evidencia ineludible. 121



Tuve un amigo que hería
y humillaba por placer,
me degradaba con sus frías bromas
causándome gran sufrimiento
y aún así no permitía que se dudara
de la nobleza de sus sentimientos
y lo riguroso de su conciencia,
el temor a merecer su gélida condena,
cargada de fanatismo y odio
cuando hacia alguien la dirigía
o la de su fingidamente modesta esposa
llenaba de inquietud y recelo
el momento en que me aproximaba a ellos
hasta casi experimentar un miedo
profundo y delirante,
iba a su casa con frecuencia porque no tenía
otros amigos con los que hablar
y con el tiempo, para hacerlo, necesité
vencer la fuerza del horror
sin poderme imaginar que lo sentía
por un motivo sano y digno,
una de aquellas noches
en que los pude visitar
salí de su casa como era habitual
sin haber sido atacado por él
pero llena el alma de amargas sospechas
de haberlo incomodado
solo por haber pretendido inspirarle
un poco de admiración con algo
que se me había ocurrido escribir,
alguna vez, se había burlado con suficiencia
incluso de los susurros que le confesaba
que mi enfermedad me hacía escuchar
pese a lo terrible que era para mí
esa extraña experiencia
y cuando ya estaba en la calle, creí sentir su voz
lanzándome un insulto en voz baja
pero con hondo desprecio y rencor
acusándome de esa petulancia
que en sus bromas, me atribuía,
no me parece muy seguro
que fuera una alucinación,
por ti ya sé que quien te quiere
no te hace sufrir,
tú tienes para mí
un pecho indulgente y amable,
jamás me has herido
para ensalzar tu orgullo,
ni has visto en mi dignidad
un rival de la tuya,
no traicionas como él,
ni te acercas a mí con esa máscara
con la que él me intimidaba,
tú me das el Paraíso
con tu corazón de rosas
pero con él entraba en el Infierno
sin siquiera el alivio
de poder reconocerlo,
hombre tan necio y malvado
tan fingidor y desleal
que deja en el alma tal rastro
de hielo y culpa,
¿qué va buscando en el mundo
sino vacías sensaciones
que lo liberen del tedio
de vivir sin corazón? 

sábado, 27 de febrero de 2016

En la órbita de la esperanza. 147



Yo hablaba de amargas sombras
que amenazaban mi existencia
pero los otros no las veían
y negaban despreocupados su realidad,
para ellos, la vida era corriente y saludable
pero para mí, encerraba horrores
que extremaban mi sufrimiento,
los otros charlaban plácidamente
mientras yo presentía fríos demonios
con odio puro en sus pechos,
lo que para los otros era placer y provecho
llenaba de inquietud y repugnancia mis entrañas,
veía ruina devastadora
en el devenir de los días,
peligros y agonías
que nadie más quería ver,
respiraba el húmedo aire
de lo insólito del mundo y los otros
dejaban que el tiempo escapara
sin que les afligiera su pérdida. 

La evidencia ineludible. 120



Siempre he tenido que buscar 
los lugares solitarios, 
como en rigor, es este en el que te escribo ahora, 
porque en las almas que la vida me trajo, 
el espacio estaba muy escaso 
y cuando entraba en ellas, todo eran 
apretones y agobios, 
los hombres que conocí 
insistían en cerrar los oídos 
a cuanto no fuera fingir fortaleza 
o pudiera llegar a cuestionar 
la supremacía del macho 
y las mujeres, cuando me hablaban, 
no se dirigían a mi sencilla persona 
sino al tribunal de la honra 
y al oráculo de su interés 
porque eran hacendosas marujitas 
que carecían de sueños, 
pese al tono grave con que ellos los presentaban, 
los asuntos de los otros eran para mí 
áridos y lejanos 
y mientras que ellos disfrutaban 
afectando madurez con la fea murmuración 
o exhibiendo su inteligencia 
con la referencia a sus lecturas, yo era feliz 
informándome sobre los ovnis y los fantasmas 
o escribiendo disparates 
en total soledad, 
ellos buscaban amor 
lo mismo que yo 
pero yo quería uno puro y verdadero 
despojado de traición 
y de deshonestidad 
porque supe muy pronto lo poco que vale 
el afecto del hipócrita, 
no hubo la fortuna para mi corazón 
que tuvieron todos los otros 
ni pasados muchos años 
cuando ya sus hijos hablaban 
y hasta sabían ya humillar, 
y yo ya era solo para ellos 
un pequeño caso clínico 
al que obsequiaban con su lástima 
en sus momentos de amabilidad, 
a aquellas alturas de la vida, 
ya solo me acordaba del amor 
en la Nochevieja, cuando pensaba con amargura 
que tampoco en el nuevo año 
encontraría una novia 
porque no encontraba novia el hombre 
que no era como todos, 
tan capaz, tan valioso y tan fuerte que no tuviera 
que abstenerse de presumir, 
casi todo el mundo me hería 
hablándome como se habla a los niños 
pero tú me diste una dicha infinita 
haciéndome sentir de verdad 
un niño a tu lado, 
un niño pequeño jugando 
con su amiga del colegio 
lejos de la suciedad 
de la maldad y la renuncia. 

En la órbita de la esperanza. 146



Les deseo desde aquí
un bonito fin de semana
a todas esas personas que en mi vida,
han ayudado en mayor o menor grado
a que me sienta vil, grotesco,
impotente ante el mundo,
insignificante como hombre,
desde quienes conocí en el colegio,
que por enaltecerse falsamente, se permitieron
martirizarme con su escarnio
o los amigos que tenía en la universidad,
que me manifestaban afecto
pero hablándome en el tono
degradante con que se habla a los niños
hasta esos contactos de Facebook
que me han desagregado estos últimos días
incapaces de aguantar mi presencia
ni siquiera virtualmente
o aquel señor tan gracioso
que publicó una vez en mi página
fotos con el mensaje en el que le reprendí
intentando por juego desprestigiarme
pese al trabajo que me cuesta escribir
de la manera honesta y seria
en que me empeño en hacerlo,
espero que lo pasen rodeados
de personitas agradables
que no atormenten su orgullo
pese a lo chiquito que es
y que se sientan queridos por ser ellos mismos
y no la humillante y absurda cosa
que otros insistan en imaginar. 

En la órbita de la esperanza. 145



Busqué en las ficciones de los hombres
puertas para el miedo
por no poder abrirme
al que me traía la vida,
imposible de admitir
porque eran mis mismos semejantes
quienes me lo inspiraban. 

La evidencia ineludible. 119



No amo lo que no es libre,
no creo en la verdad
de quien necesita las prisiones
pero tú eres infinita
y ni el entero universo
consigue encerrarte. 

En la órbita de la esperanza. 144



Aquí estoy yo,
sentado a la mesa de mi habitación,
a la luz de un flexo viejo,
escribiendo un poema que se entiende
en la madrugada de este viernes
conectado a internet
desde un pueblo que no sale en el mapa
aguardando los likes de los lectores,
tan escasos siempre para mí,
sumergido en una ambigua soledad
porque en rigor, solo me acompaña
mi anciana madre, para quien ya he superado
el límite horario que cree decente,
poco sé
de lo que piensan de mí los lectores
o de quiénes son,
podría estar leyéndome Emma Watson
o algún premio Nobel de Literatura
o quizá solo lo esté haciendo gente
que me tiene lástima
y engaña a mi orgullo con su presencia,
mi novia es el ángel más bello de la Tierra,
ella hace infinita mi fortuna
pero también me da motivos para la tristeza
porque no la tengo aquí para besarla,
los pocos amigos que he hecho
en el mundo que se toca ya no lo son
por segunda vez he roto con ellos
pero no me duele haberlos perdido
sino todo el daño que consentí que me hicieran,
trabajo en la lucha
contra el mal y el sufrimiento en el mundo,
me enfrento a los malos allá donde estén
sin vacilar en el valor y la coherencia
y sin embargo, me han denunciado
porque publiqué una foto violenta
para condenar el bullying,
me dijo mi amigo, el rubio y alocado
cuando el primer año de carrera le confesé
que estudiaba Filología para ser escritor,
que no confiara en eso
porque había hombres con estrella
pero yo era quizá de los estrellados,
en cierta manera, tuvo razón
porque a mí todo me cuesta
el doble que a los demás. 

Número y corazón. 109



Décima para todos esos machos 
que me hicieron sentir insignificante 

Que no os confunda la gente 
con eso que tanto agravia, 
afilad mucho la labia, 
que la malicia es corriente, 
mirad ufanos de frente 
aunque os pueda la tristeza, 
demostrad vuestra vileza 
que los machos son malvados, 
haceros bien los helados 
aunque por dentro, os escueza. 

La evidencia ineludible. 118



Dulce niñita enfermera, 
tú cuidas de mis males 
y ni aun para lo más repugnante, 
me falta tu piedad. 

viernes, 26 de febrero de 2016

En la órbita de la esperanza. 143



Esos hombres tan ufanos, tan aparentes, tan cabales, 
tan tramposos, tan monicacos, tan burros que fueron 
mis amigos, el rubio de Redován 
y el pelirrojo de Desamparados 
no tienen ni gota de indulgencia o piedad 
para esa gran parte de la humanidad 
que inspira desprecio y rencor 
a sus fríos y crueles corazones, 
por ellos, la puede partir un rayo 
o aplastar una apisonadora 
por no cumplir con su obligación, que es 
ser lo que ellos dictan, 
la condena inexorable del pelirrojo 
la merecen los seres débiles 
y los informales 
porque el cura que tuvo de maestro 
le debió inculcar el perfeccionismo gélido 
de los santos de opereta, 
su cerebro reducido 
a fuerza de traicionar al bien 
se siente a gusto cuando afecta 
razonar y argumentar gravemente 
aunque en sus palabras, todo son resquicios 
por donde asoma su locura, 
la causa del capitalismo ha ganado 
con él un partidario plenario 
que hasta cree que la derecha es una víctima 
maltratada y atosigada, 
estoy casi seguro que para él, 
yo soy un necio y un petulante 
por dedicarme al amor 
y no, a ganar dinero, 
quienes el rubio margina no son 
los negros o los judíos, 
los comunistas o los masones, 
los vascos o los catalanes 
porque serían pocos 
para sus ansias de gloria 
sino los ingenuos, los sencillos, los tranquilos, 
cualquier persona normal, 
para él que de niño, robó 
una portería de fútbol 
y que no es capaz de disimular 
demasiado tiempo su locura, 
la honestidad es grotesca 
y el hombre humilde, un necio y un hipócrita, 
su sueño frustrado es ser un showman 
y el de su clasista esposa, novelista de éxito 
para que rabien de envidia 
los pobres y los enfermos, 
para esa pareja, yo fui 
tan interesante como un perro 
y me daban la importancia de un mueble, 
yo sé que él aún debe sentir 
que soy de los normales, 
de esos hombres insignificantes y cobardes, incapaces 
de empuñar un puñal, 
durante muchos años, fue 
del rubio y el pelirrojo 
y otra gente como ellos 
de quienes esperé afecto y esperanza 
pero no tenían luz para mí 
y mis sueños solo encontraron 
por ser de llama tan frágil 
refugio en la soledad. 

En la órbita de la esperanza. 142



El sufrimiento es una pesadilla 
que padecemos sonámbulos, 
no nace el hombre para sentirlo 
sino para gozar la ventura, 
la vida que soportan los saharauis 
no es la suya, el dolor 
la está viviendo por ellos. 

En la órbita de la esperanza. 141



La agonía turba mis entrañas
en el contacto con todos esos intereses
corrientes, evidentes y helados que llenan las vidas
de las almas crueles,
con esa lucha porfiada, ciega y sin final
por aumentar la propiedad,
por mantener las apariencias,
por ensalzarse a sí mismo,
siento horror, desolación, desesperación
cuando me involucran en el desprecio,
en el egoísmo, en la mezquindad, en el odio
en nombre de un supuesto provecho
que ni siquiera quiero gozar,
la avaricia material
desatada y violenta
de los corazones muertos
es cadena en mi estómago,
fría culebra, repugnancia infinita,
soy posesión de bestias innobles
que me roban la vida
y hieren mis sentimientos,
que hacen suyas mis manos
para expoliar la Tierra
en el nombre de Dios,
qué desazón, qué agobio, qué mortal angustia
tendrá si acaso existe, ese
al que llaman deidad del amor
y del que dicen que dio su cuerpo y su vida
por mero afecto a sus semejantes
y que expulsó del templo judío a los comerciantes
cuando escuche todos esos ruegos cobardes
de quienes acercándosele para rozarle,
le piden que su negocio se mantenga
o que no tengan que subir los salarios
o que se abarate el petróleo
para que no haya pérdidas ese año,
qué doloroso es el rudo roce
que penetra hasta la médula
y le arranca toda su armonía
de los dedos sin calor. 

En la órbita de la esperanza. 140



Qué angustia me causaban
las mofas maliciosas de mi amigo de Redován,
el rubio frío y alocado incapaz
de resistirse a la jactancia y la crueldad,
su maldad de hiena estaba refugiada
en su carisma y su comicidad
y nadie podía reprocharle en serio su vileza
porque caía simpática
y parecía una broma,
infinitas veces me acusó,
variando en cada ocasión la manera de hacerlo,
de ser un pueblerino ignorante
y de mentalidad estrecha,
solo porque él era de un pueblo más grande
y más urbanizado
y presumía de hombre de mundo
que estaba al corriente de los nuevos tiempos,
tampoco dejó de hacer
frecuentes insinuaciones contra mi virilidad
y de atribuirme cobardía y torpeza
y hasta falta de inteligencia,
era normal que cuando llegaba otro amigo,
se unieran los dos
en sus complicidades contra mí
para divertirse a mi costa
mientras que yo aguantaba callado
con la paciencia del que aceptaba benévolo
que todo era chiste,
solo algunas veces me enfadaba
pero ellos eran tan crueles que ni siquiera
pese a mi enojo, reconocían su mala acción,
una noche delante de sus parejas
él y otro amigo se divirtieron
insinuando con símiles que yo era gay,
yo era tan inocente que no entendí
en ese momento sus alusiones,
una de las chicas se molestó
por la fuerza con que me herían
pero también sospecho que decepcionada
de un novio que tanto placer encontraba
fantaseando con la homosexualidad
y jactándose de macho,
como si ser macho fuera
mejor que ser lo que ella era,
recuerdo que aquella noche se me dijo
que yo no agarraba el vaso con toda la mano
como hace la persona de valor,
muchas veces fui a casa de mi amigo,
no tenía otro, la otra gente
no era mucho mejor
y era normal que el horror
que me provocaba su desprecio me hiciera caer
en angustiosos delirios,
comprendo a esas mujeres
que continúan día a día con sus maltratadores,
aguantándoles sus humillaciones
porque como yo, han nacido en un mundo
de almas enfriadas por el fascismo
y por la codicia material y no son conscientes
de que haya otra opción para sus vidas
que su tributo de sufrimiento,
como yo en aquel entonces,
sienten que merecen su agonía
porque su torturador las envuelve en la culpa
para utilizarlas y anularlas,
les aseguro que son inocentes,
yo salí de mis delirios
cuando perdí de vista a mi amigo
y me desprendí de su chantaje emocional,
hace unos años que me lo volví a encontrar
he sido otra vez su amigo durante un tiempo
y ahora que ya estaba persuadido
de que soy un hombre con arrestos,
seguido por lectores de todo el mundo
a los que ha conseguido seducir y entusiasmar
sin siquiera salir de su pequeño pueblo,
ahora que la profundidad de mi pensamiento
lo ha logrado deslumbrar de verdad
y que ya no puede dudar
en manera alguna
de que no soy un mariquita,
he cortado toda relación con él y nada me importa
si juzga que estoy siendo malo
con su grotesca persona. 

En la órbita de la esperanza. 139



El bien no es tener, 
el bien es no robar, no hacer sufrir, 
el bien tampoco es vencer 
sino no humillar, no despreciar, 
no está en paz un corazón sensato 
si debe algo esencial a un semejante, 
cada hombre tiene su tumba, 
no le han de quitar lo que es suyo, 
no da provecho lo que se hurta 
porque al final, todo es polvo 
pero la culpa no puede borrarse, 
me cuesta creer 
que estén sanas las almas 
de esos colonos israelíes, 
que se asientan en una tierra que no es suya, 
manchada de sangre, racismo, sufrimiento, 
ganada con la injusticia, el exterminio, la tortura, 
¿qué es ese antisemitismo 
del que acusa Israel a todo aquel que lo critica, 
acaso se puede estar con ese país, 
con esas gentes 
al mismo tiempo que con la más elemental 
conciencia de especie? 

jueves, 25 de febrero de 2016

La evidencia ineludible. 117



¿A qué excusa recurriré
ante el entendimiento humano
y el tribunal de la razón
para tocarte el culito,
que es una de las libertades
de las que más bienestar recibo?
Diremos que esa es la parte
más cómoda de donde asirte
para tenerte abrazada
fuertemente contra mí,
que me dejen hacerlo
y pase el tiempo cuanto quiera
aunque llegue el fin del mundo. 

La evidencia ineludible. 116



Querría aplastar con mis labios
las tiernas hebras de tu vientre
en una cadena de besos
de amor e infancia. 

En la órbita de la esperanza. 138



No podría condenar en mi corazón
al hogar que no me abrió su puerta
cuando necesité su refugio,
no son pechos de culebras
o de ratas dañinas
sino de humanos como yo,
que atienden a razones
y tropiezan en su fragilidad,
de personas que intenté querer
y procuré respetar
porque en esencia, no eran malvadas,
por eso su tibieza aún pesa
como una carga sobre mi propia conciencia
y mi relativa soledad aún me parece
un castigo que me avergüenza,
si para tantos hombres he sido indigno,
decepcionante y tedioso,
no tengo motivos para la euforia,
solo para un humilde agradecimiento
a la vida y al destino por haberme obsequiado
al fin con unas cuantas almas
que sí pueden perdonarme. 

Número y corazón. 108



No hay demasiada verdad 
en el cariño que afecta 
esa máscara perfecta 
que me evita su frialdad 
por creerla fealdad 
mientras que en su hondo interior, 
me tiene por inferior, 
su mirada me condena 
mas porque se hace la buena, 
piensa que soy su deudor. 

La evidencia ineludible. 115



No me pasa desapercibido
que un agricultor de Orihuela no tiene
suficiente valor para las miradas arrogantes
de quienes tienen el mundo en sus manos
y deciden lo que importa o no,
de niño estaba orgulloso
de ser amigo del hijo de mi maestra
pero con el tiempo, comprobé
el empeño que él y su familia tenían
en que no dudara de lo insignificante y vil
que era yo a su lado,
he conocido a personas cuyas vidas encerraban
mucha más notoriedad que la de quien se inclina
humilde sobre una azada a orillas del río Segura
y con demasiada frecuencia, hallé en ellas
escasa clemencia para mi dignidad,
no porque yo les hiciera un daño
sino porque mi casta no era
tan alta como la suya,
yo no aspiro a los mullidos
asientos del palacio de un amigo
hecho a base de reconocerle
servilmente su superioridad,
todos los hombres valen lo mismo
aun teniendo forma distinta
y con todo, siempre he deseado
merecer el interés de esa gente que hace
de la delicadeza y la sensibilidad su distinción,
no me veo en el camino de conseguirlo
con mi sencillo y pobre rostro,
quizá porque solo están fingiendo
la espiritualidad con que impresionan al mundo
pero de ti lo he logrado,
tú me ofrendas todo el honor,
abres tu dorada puerta
de par en par a mi rústica figura
aun siendo tú de esos privilegiados
que siempre cautivaron mis sueños. 

En la órbita de la esperanza. 137



Fui un enfermo mental 
cuya anormalidad saltaba a la vista 
para una legión de almas tullidas, 
sumergidas en la incurable demencia 
de la crueldad y el egoísmo, 
tal vez ahora sea ya 
dependiente para toda la vida 
de la medicación psiquiátrica 
pero al menos, estoy salvado 
porque al fin he hallado quien me ame, 
quien me respete y crea en mí, 
mi pecho está inflamado, 
gozando en la paz y la esperanza 
del afecto puro, diferente 
a esa ficción a que obliga 
la culpa a las máscaras, 
yo me he salvado y al fin disfruto 
la plenitud de mi naturaleza 
pero arrastrado por la sinrazón 
y la locura de tantas almas rotas, 
conocí demasiadas veces un sufrimiento 
al que el mundo está habituado 
y que yo no puedo soportar 
ni siquiera un minuto. 

miércoles, 24 de febrero de 2016

La evidencia ineludible. 114



No es con poco trabajo 
que el Estado español conserve sus territorios, 
ni que las multinacionales medren, 
ni que las carreteras se ensanchen, 
ni que el anarquismo sea marginal, 
ni que no se acaben las guerras, 
ni que los reyes lleven limpio su traje, 
ni que mi alma enfermara, 
ni que haya conocido tanta soledad, 
tanta tristeza, tanto miedo, 
ni que la crueldad me haya golpeado tanto 
y tan dispensada de cargos, 
hay mucho egoísmo, 
mucha falta de orgullo, 
mucha falsa disculpa 
luchando contra el corazón 
pero tú y yo nos amamos 
sin ningún esfuerzo, 
permitiendo, no más, 
que los sueños venzan. 

La evidencia ineludible. 113



El deseo más profundo de un hombre
es excesivo,
quiere entrar en otros pechos,
vivir en otras almas,
no tiene ningún derecho,
no es justo pretender eso,
¿no nos dicen desde muy niños
que no se debe molestar,
que no estemos demasiado tiempo
en la casa de otra persona,
no somos nosotros los primeros
que detestamos que nos incordien,
no sabemos de sobra
lo inútil e incómodo,
lo trivial y absurdo que es un ser humano?
Es un abuso
lo que el corazón desea en lo hondo,
me da vergüenza
e inquieta a mi pudor pretender amor
y más de ti,
que eres un alto ángel,
inocente y generoso, que nunca ha hecho
verdadero daño a nadie,
si te exigiera que me amaras
sin dejarte libertad, sería una infamia,
una muestra de estupidez, un hurto,
una bajeza indignante,
nada me autorizaría a exigirte a ti,
que vives de hacer bien en el mundo
y que tan valiosa eres
que te ocuparas de mí
por encima de todo el resto
siendo yo un hombre adulto y sano
que ya no necesita que lo cuiden,
en rigor, mi sueño
no es lógico ni razonable,
no hay argumento con el que te lo pueda
reclamar sin sonrojo y sin embargo, tú
accedes a cumplirlo por entero,
me das tu pecho
para que habite en él
y aún lo haces con humildad
como si cuidaras tú también
de no ser un estorbo. 

Número y corazón. 107



Romance para destetar a la autoridad 

Arrancad de vuestras ubres
con arrestos anarquistas,
a la autoridad chupona,
que se coma una papilla
o se tome un biberón
de leche o zumo de piña,
que en vuestras tetas, no gocen
esos labios egoístas,
que sepa que manda aquí
la libertad y la vida
y no, el capricho pueril
de su infantil tiranía,
no sorba más mi pezón 
ese señor rigorista. 

La autoridad establece
hasta cómo se respira
y a quien se salta las normas,
ceñuda, culpabiliza,
enaltece su saber
como el que está más encima
siendo ignorante, incapaz,
inoportuna y mezquina,
quiere mandar sobre todos
aunque de nadie se cuida
sino de su orgullo bajo
y de su enorme barriga,
no sorba más mi pezón 
ese señor rigorista. 

Nos amenaza con dioses
que es imposible que existan,
con catástrofes enormes
para quien la subestima,
dice tener la bondad
de los ángeles de arriba
y la astucia y el valor
de las serpientes que silban
pero se lo hace decir
su bajísima autoestima,
porque se siente pequeña
y con su ficción, se afirma,
no sorba más mi pezón 
ese señor rigorista. 

Tiene el mundo hecho un desastre
con su estúpida porfía,
a toda costa se empeña
en hacer su causa mía,
dice que busca mi bien
pero es cochina mentira,
lo que busca es exhibir
una máscara que brilla
porque su orgullo no vale
lo que una moneda chica
y halla en la infantil jactancia
el remedio que la alivia,
no sorba más mi pezón 
ese señor rigorista. 

No se mira las entrañas
desnuda de cobardía
sino su careta hueca
a la que se sacrifica,
es un niño irresponsable
de necedad infinita,
una cáscara de nuez
de su fruto, ya vacía,
soy yo a ella sin dudar
quien protegerla podría
porque le falta cerebro
y es por eso que es tan fría,
no sorba más mi pezón 
ese señor rigorista. 

La evidencia ineludible. 112



Qué niño es tu rostro, 
cuánta inocencia transparenta, 
qué luz de bondad lo penetra, 
cuánta verdad, cuánta vida, cuánto calor, 
cuánta libertad dibujan tus rasgos, 
qué joven es tu alma, 
qué henchida de ilusiones y felicidad, 
cuánta miel llevaría 
a tus labios rizados. 

La evidencia ineludible. 111



Si mi suerte hubiera querido 
que no me hubiera dejado de hablar 
hace unos días mi ex amigo, 
el de Desamparados, 
el gélido y escrupuloso conservador, 
el que tan burlona complacencia mostraba 
porque en las gasolineras, hubiera 
empleadas femeninas, 
el que sentía tanto placer hiriéndome 
y entristeciéndome con su desprecio en la Universidad, 
habría tenido toda la vida 
un amigo de los formales, 
que iría a mi funeral por compromiso 
y hasta compraría con su tarjeta de crédito 
una corona de flores para mi ataúd, 
me invitaría en verano a su piscina 
y se prestaría a cruzar con su coche media España 
solo para que yo no tuviera que ir en tren 
porque está muy satisfecho 
con las infraestructuras del país, 
me haría visitas de honor 
cada cierto tiempo 
acompañado de su decente esposa, 
que tanto detesta a la gentuza 
y tan hacendosa es, 
habría tenido 
todo lo que se espera de un amigo 
excepto su corazón, 
que solo ama sus propiedades 
y el brillo de su misma apariencia 
y cuando más afecto esperara de él 
como de todos esos otros amigos que se han ido 
y que como él estaban tan empeñados 
en mostrar al mundo lo felices que estaban 
de haberse conocido a sí mismos, 
me habría dado de bruces 
con la decepción más rotunda 
pero tú, 
que tan poco preocupada estás 
por cumplir con las formas 
y que no obedeces más que a tu voluntad, 
eres fiel al bien aun siendo tan libre 
y ni aunque no vinieras a mi lado 
aun enfermo de muerte, 
dudaría mi pecho 
de que merecí tu amor. 

En la órbita de la esperanza. 136



A los moralistas 
de la apariencia, el ritual y la servidumbre, 
la bondad les parece 
un bien limitado en el hombre 
porque carecen de amor 
pues solo tiene un corazón despierto 
el hombre libre y orgulloso, 
es fácil que uno de aquellos 
se atreva a maltratar a una mujer 
y aún así no se sienta malvado 
porque lleva dinero a casa 
o porque cumple con la moral del macho, 
es casi habitual, familiar 
que un hombre mate a una mujer 
aunque un ser humano tenga 
un miedo instintivo a matar 
porque ese hombre cree 
que la ofrenda de sus actos le exime 
de la verdad de su pecho, 
no se siente hipócrita 
porque vive en una sociedad hipócrita, 
reducida a sus representaciones 
más allá de las cuales solo hay 
patético hielo. 

En la órbita de la esperanza. 135



Qué elegantemente luce
el traje del rey Felipe,
jamás se le ha visto vestir
un mono sucio de obrero,
¿dónde iría a parar España
si se rebajara hasta ese punto?
Tampoco se ha vestido nunca
de saharaui
porque para él no existe tal cosa
ni se ha puesto bajo la porra
de la policía marroquí
y sin embargo, no es más que un hombre,
no más inocente que quienes Marruecos
tortura y asesina. 

En la órbita de la esperanza. 134



El trabajo de los jumentos
que deliberan en el parlamento de Israel
es aparentar que reflexionan
y lo hacen con gran satisfacción
porque tienen un orgullo tan insignificante
que con jugar a ser hombres,
ya están a gusto consigo mismos. 

En la órbita de la esperanza. 133



Hay personas tan dominantes,
tan conformistas y con tan poco orgullo
que de seguro, querrá castigarlas Dios
de tanto que rezan,
obedecen y se sacrifican. 

Número y corazón. 106



Quintillas de una persona muy seria pero extraterrestre

A todas esas compañías indiferentes a mis sentimientos 
y a mis sueños que me ha dado la vida

Llevo escamas en el morro
y en el hombro, un alerón,
mi cabeza es un melón
con las roscas para el gorro
pero tengo corazón.

Que murmuren por la noche
en la penumbra encogidos
de mis raros sucedidos
fabulando a trochemoche
que los oyen mis oídos.

Denme forraje a comer
como al más zafio animal
si les parece anormal
y estrambótico mi ser
mas soy un hombre real.

Yo no quiero un escenario
aunque tan horrendo sea
para que el mundo me vea
como se ve un dromedario
que no tengo el alma fea. 

martes, 23 de febrero de 2016

En la órbita de la esperanza. 132



Lejano y confuso,
como una estrella en el cielo,
veía mi reflejo al salir de la infancia,
entré en la juventud como en un sueño,
fuera del camino,
recordándome no más
lleno de nostalgia,
me desterraron de mí
para servir al vacío y perdí media vida
aquellos años en el campo
helado mi corazón y sin un día
donde sentir la esperanza
y aún no me dan una tierra
los dueños del mundo,
aún me empujan y golpean
para que salga de la luz,
hoy me siento desolado
porque se llevan mi ilusión tanta violencia
y tantas mentiras. 

En la órbita de la esperanza. 131



En mi destierro, no siento
el viento y la tierra,
todo es ilusión y sueño
por los caminos del mundo. 

La evidencia ineludible. 110



Amas como una niñita, 
llena de timidez y dulzura, 
sencilla y graciosa, 
tu corazoncito es el bien 
más extremado del mundo, 
no hay ángeles en el Cielo 
con tanta ternura. 

lunes, 22 de febrero de 2016

La evidencia ineludible. 109



A un rinconcito alejado
de los intereses del mundo,
silencioso y abandonado,
vienes a buscarme
para reparar mi oprobio
con tus honores de princesa. 

Número y corazón. 105



Romance de la insignificancia de la propiedad 

A la víctima de este día, 22 de febrero de 2016, en Zaragoza 

Qué vil es la propiedad, 
qué poco admira la mano, 
poseer es encerrar 
en un innoble cercado, 
también es cerco el amor 
mas el del dueño es helado, 
el amor está muy dentro, 
es verdadero y callado 
pero el tener se aparenta 
porque es vacío teatro, 
se persigna el sacerdote 
para fingirse cristiano, 
saca mucho su barriga 
quien se finge potentado, 
el indecente critica 
para pasar por honrado, 
alza su brazo el fascista 
para que vean que es fatuo, 
cuanto se agarra y se toma, 
en rigor, es humo vano 
porque nacemos desnudos 
y despojados nos vamos, 
somos planetas desiertos, 
de amor nos vamos llenando, 
la libertad y el respeto 
atan al enamorado 
pero lo que se sojuzga 
se ata con folios firmados, 
no se ama lo poseído, 
es lo más ruin, lo más bajo, 
lo que si no da un provecho, 
se ve pronto condenado, 
lo que se vende y se compra 
y es sin clemencia tasado, 
para amar, se necesita 
viento en que volar ufano 
pero quien tiene no quiere 
más que un miserable esclavo, 
abunda en cosas el rico 
creyéndose el propietario 
pero dan su utilidad 
solo gracias a otras manos, 
finge que todas son suyas 
pero las está robando, 
lo que tiene son palabras, 
solo amenazas y engaños, 
quiere amar el hombre bueno 
porque el mundo es solitario 
pero el que quiere tener, 
de la vida, está escapando, 
es traidor a la verdad, 
un animal degradado, 
la mujer es como el hombre 
un sencillo ser humano, 
libre tiene que vivir 
desde sus primeros años, 
no, rehén del Capital 
y de orgullos minorados, 
que rediman a los hombres 
de las mentiras y el barro, 
que nos permitan ser luces 
en un cielo libertario. 

La evidencia ineludible. 108



Qué insignificante cosa soy 
para los que me ven con los ojos, 
solo una propiedad que tasan, 
qué tibio es su amor, 
qué poco placer me procuran, 
me abandonan como hombre, 
rechazan mi corazón, 
quieren que llene sus manos 
pero no siento su ternura 
y en cambio, tu altivo pecho me ensalza 
ardiendo por mí, 
buscándome sin fin alguno 
porque le cabe dentro 
todo mi ser. 

En la órbita de la esperanza. 130



Tú, que no vales nada, 
deja ya de jugar, de soñar, 
de protegerte del dolor, 
tienes que ganar dinero, 
tu trabajo es el campo, 
ve a la lonja 
a vender las patatas, los repollos, los tomates, 
aunque creas que allí 
se ríen de ti para humillarte 
por valer tan poco, 
por ser tan extraño, tan diferente, 
levántate, déjalo todo, 
deja tu mundo, tu corazón, tu esperanza 
y sube ya al coche. 

Tienes que ir al campo, 
a fumigar, a labrar, a regar, 
aunque allí estés muerto, encadenado, 
es tu sentencia, no es posible eludirla, 
no hay alternativa, lo manda Dios, 
lo manda España, lo mando yo, 
no es por dinero, es por la honra, 
la honra de los tuyos 
porque tú ya no tienes, 
no eres nada, no significas nada, 
no vales nada para nadie, 
nadie te entiende, solo eres un loco, 
un tonto inofensivo, corre a trabajar 
aunque sea tan inútil. 

Vamos al supermercado, 
a misa, al banquete, al médico, 
a la casa santa de tu hermana 
aunque te dé miedo la gente, 
aunque en medio de los otros, te sientas sucio, 
vil, despreciable, inferior 
y caigas en una agonía de horror y culpa, 
toma una tila bien hervida 
y finge que ya te sientes querido, 
pon de tu parte y vamos ya pues se hace tarde, 
no tendrás siquiera 
que bajar del automóvil 
si tan importante es para ti 
que nadie te vea... 

No culpo a los hombres,
son falibles, frágiles, ignorantes,
están atados como yo a las circunstancias,
no culpo a quienes he tenido al lado,
incapaces lo mismo que yo
de aliviar mi sufrimiento,
culpo al destino
que arrastra los tiempos hacia el error,
culpo a los fracasos del espíritu,
que tanta vida desperdician. 

En la órbita de la esperanza. 129



Mi fuerza es limitada, no he nacido
robusto toro o sólido roble,
necesito la clemencia de mis semejantes
para mi fragilidad esencial,
necesito contornos
para la agitación de mi llama,
no merezco ser condenado
por ser lo que nací siendo
y con todo, sé que mi presencia
apenas se justifica, no valgo tanto
que pueda exigir nada a nadie,
no me puedo explicar lo bastante
para que me reconozcan las miradas, soy
tan solo una equivocación,
no me dirijo al espíritu
de adustos dioses
sino a personas sencillas
capaces de sentir afecto
y compadecer la culpa
de un ser tan extraño. 

domingo, 21 de febrero de 2016

En la órbita de la esperanza. 128



Como de hielo, he sentido mis entrañas
toda mi vida hasta encontrar
por fin un corazón con belleza,
remanso a los embates
del desprecio y del odio,
creí que no era humano,
que no era capaz de amar
pero era mi maldito mundo
el verdadero traidor,
el que no abría sus puertas
a la raíz de mi desolación,
el que apagaba los sueños
teniéndolos por indecentes,
el que tenía un invierno sin límites
atravesado por dentro,
creí que estaba loco
porque no confiaba en nadie
pero no era yo el necio
sino mi maldito mundo,
qué poca cosa fui
para esas almas estrechas
como muros de mazmorra
en las que busque el afecto
sin hallar más que malicia. 

En la órbita de la esperanza. 127



Que no me golpeen más 
con la quijada de burro, 
que no me tiren más piedras vivas 
impulsadas con la honda, 
que no me den más barro por comida, 
más cemento, más acero, 
que piensen un poquito 
los felices necios, 
que no se apresuren a cumplir 
sus torpísimos propósitos, 
que no sientan tanto placer 
cargando el carro hasta los topes, 
que saquen las zancas del fango 
y dejen de arrojármelo al traje, 
que no sean tan cazurros, 
tan zopencos, tan latosos, 
que terminen de joder 
o se mueran de una vez. 

Número y corazón. 104



Dos décimas a esas personas tan serias de Alicante 
que me echan de sus grupos de Facebook 

Quieres brillando tu cara 
mas tu corazón descuidas, 
en tus entrañas dormidas, 
no te veo una luz clara, 
tu alma es estrecha y avara, 
crees que el mundo te quiere 
porque tu lengua no hiere 
mas das amor a caretas 
y acaricias marionetas, 
que no lloran a quien muere. 

No aparento delicado 
para tu círculo fino 
y aunque soy alicantino, 
de tu grupo me has echado 
de nuestro lazo, olvidado, 
chupa con gusto un limón 
y repara tu traición 
con tan agrio saborcillo, 
mojigato monaguillo, 
escrupuloso melón.